lunes, 2 de noviembre de 2015

Jack Hirschman: la poesía en la calle

Durante la reciente edición del Festival Cuba Poesía, en La Habana, participó el poeta norteamericano Jack Hirschman, compañero de generación y amigo de Karl Shapiro, Allen Ginsberg y Lawrence Ferlinghetti. Sus posiciones de izquierda y antisistema, en especial por su militancia contra la guerra de Vietnam, le valieron la expulsión de la Universidad de Los Ángeles.

Por Gerardo Burton
geburt@gmail.com




La tarde es calurosa en el barrio del este de La Habana, donde uno de los vecinos que cuida la casa de la hija de Alex Pausides riega las plantas del jardín, aplastadas por el bochorno del verano cubano. Este hombre es veterano de guerra, fue oficial del ejército cubano y tiene como segundo -o primer- oficio el contar épicas historias de su participación en la revolución y en su defensa. Ahora trabaja como chofer, custodio y jardinero de Pausides, el poeta que dirige la sección literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Uneac.

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Este texto fue presentado por los autores como cierre del seminario “Secciones poéticas: Lecturas en Torno a la poesía del siglo XXI escrita en Patagonia Argentina”, dicado por Silvia Mellado em la Universidad Nacional del Comahue, sede Neuquén, en abril de este año. La actividad está en el programa elaborado por el Centro Patagónico de Estudios Latinoamericanos y la Cátedra libre de literatura patagónica David Lagmanovich, dirigidos por Laura Pollastri y Gabriela Espinosa.

I. Sacar la lengua en mofa aguda


En agosto de 1986, en la ciudad de Neuquén, un grupo de poetas que había participado del grupo Coirón y del Centro de Escritores Patagónicos, convocó a un recital en el auditorio del subsuelo de las oficinas de la Municipalidad de Neuquén. El programa incluía, entre otros, a Eduardo Palma Moreno, autoconstituido en líder del espectáculo, a Horacio Bascuñán, Raúl Mansilla, a los hermanos Vladimir y Oscar Cares Leiva, y a una chica de poco más de veinte años que deslumbró: tímida, como pidiendo permiso para estar en ese escenario, comenzó a leer.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Tramas




















Por Jorge Isaías



"Ningún cuerpo es tierra firme", escribe mi amigo, el poeta Jorge Boccanera. Este verso, limpio como una espada, pertenece a su último libro, el mejor de todos, y se llama Monólogo de un necio. Los textos que ha escrito mi amigo son impecables, como lo es mi memoria hecha de amaneceres aún no resueltos. Como éste en que escribo en el indeciso claroscuro del alba, cuando la ciudad se recuesta con letargo y pereza sobre su río, que no nos tiene en cuenta.

Pienso que debo tirar pacientemente del hilo que se asoma incipiente, laxo, como si durmiera bajo aquella frazada de trama basta, gruesa, cuyo origen era seguramente extranjero. La habrían tejido las manos de alguna bisabuela desconocida o tal vez una que sí conocí, breve como una pasa de higo o un ramito tembloroso de ramas secas y que tenía casi cien años y que fué traída por tio Nuncio luego de la Guerra. Se llamaba Dominga y era madre de mi abuela materna, andaba como perdida y perdida estaba en mí, en mi memoria pero ella no estaba perdida y hacía esfuerzos por aprender el idioma de un país desconocido pero generoso. Habría sido ella quien tejía esas frazadas. No lo sé. Ni tengo a quien preguntar ahora, me basta con arrebujarme en ese calor que me defendió del frío helado en los tiempos ya lejanos, por no exagerar y llamar remotos.

Pero ese hilo descubre otras tramas, que no son de gruesa lana, sino que se entretejen en un relato. Ese relato es tal vez el descubrimiento de un pasión que empezó como un juego, pero que devino en mito y cuando escribo esta palabra llego blandamente al gran piamontés, sí, adivinó lector, y voy a escribir su nombre: Cesare Pavese, un gran escritor, inimitable.

Y mi relato tiene que ver con un paisaje que para muchos no es paisaje, y se trata del escenario abierto que muestra la llanura. Esos grandes espacios abiertos que supieron ocupar las mariposas, las abejas y los pájaros sobre otro verdor, el que conlleva el recuerdo y el que no volverá.

Qué poca cosa y cuánto puede conjurarlo, quiero decir que para eso tenemos la palabra. Con ella hacemos lo que podemos, ya lo dijo Borges, uno no escribe lo que quiere sino lo que le es deparado, entiendo que habla de limitación y no de disponibilidad ni destino, ya que otro poeta, Leónidas Lamborghini aseveró con respecto a la creación:

"las intenciones son enormes, los resultados son deformes".

Buscar esos hilos sueltos, es decir los de la memoria, hacen que la ventura sea posible: seguir nuestra ambición que la modestia esconde.

Y si pudiera describir aquellos amaneceres donde las tropillas rompían con sus cascos la escarcha dura sobre los campos, o los potros intentaban saltar los alambrados podía ser un poco más feliz. O poder recuperar esa sombra donde el amanecer era una promesa aún y se enfrenaban los caballos para atar a los arados, y de sus bocas brotaba un vaho que mojaba sus belfos babeantes y alguno todavía permanecía dormido, como ese niño que salía al patio con un poncho sobre el hombro para ver esa tarea que lo fascinaba, hasta que alguno de los mayores lo introducía en la cocina para que sus narices recibieran el olor maternal del café con leche, esos grandes tazones inolvidables, ya que nunca más supe por qué en las chacras de entonces se usaban esos recipientes con la leche gorda, recién ordeñada, mezclada con el café bien caliente, y el pan recién horneado que acompañaba ese desayuno que se quedó solo y firme, imbatible en el principio de los tiempos.

El relato entonces tiene sentido cuando es capaz de tirar ese hilo perdido en principio, olvidado, pero que un acto casual lo trae al presente con su carga de placer pero también de dolor, porque está irremediablemente escondido hasta que uno tira una hilachita y lo trae al presente.

Pero sabe que nunca será igual, porque la memoria es traicionera e infiel.


Y ya sabemos que para todo hay que pagar un precio y como bien escribe mi amigo Jorge Boccanera: "El precio es lo de menos/ todo cuesta la vida".





http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-50888-2015-09-03.html

jueves, 3 de septiembre de 2015

Presentación Papeles de domingo, de Héctor Mauriño

En el salón azul de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional del Comahue, en Neuquén, el 2 de septiembre de 2015

Este libro nació en torno de dos cafés sucesivos y que siempre parecían el mismo, bebidos a lo largo y ancho de varias mesas en bares de esta ciudad. Este libro fue la respuesta a una pregunta. ¿Y ahora qué hago? Y bueno, publicá un libro, fue la respuesta. Es el libro de un periodista. Pero sobre todo, es el libro de un amigo. Y también es el libro que recopila la experiencia de la palabra de alguien que, con paciencia, con perseverancia, se dedicó a hurgar en los entresijos de una sociedad que se iba haciendo compleja, se expandía y planteaba cada vez más interrogantes.

miércoles, 5 de agosto de 2015

John Connolly: "El policial negro siempre estuvo del lado de los pobres”




El creador del detective Charlie Parker se presenta en el festival BAN! Su último libro, El invierno del lobo, extrema la fusión de la novela negra con lo sobrenatural y lleva implícita una crítica al modo en que Estados Unidos trata a los más vulnerables. Esta nota fue publicada en Página 12 el 5 de agosto de 2015


Por Silvina Friera
“Pueblo chico, infierno grande.” El atormentado detective Charlie Parker perturba la tensa calma de Prosperous, una pequeña comunidad residencial en el estado de Maine (Estados Unidos), cuando empieza a investigar la muerte de Jude, un vagabundo desesperado por encontrar a su hija desaparecida en esa comunidad donde la crueldad se ha naturalizado a través de las creencias de una antigua secta cuyos orígenes se remontan a la Inglaterra del siglo XVI. En El invierno del lobo (Tusquets), la decimotercera entrega de la saga protagonizada por el emblemático detective, John Connolly extrema la fusión de la novela negra con lo sobrenatural, una combinación que refracta el mundo de una forma diferente. “La ficción no tiene la obligación de ser real. No es un espejo, es más bien un prisma”, plantea el escritor que se presentará mañana en Buenos Aires Negra, BAN!, el Festival Internacional de Novela Policial. “Los conservadores de derecha en Estados Unidos me critican bastante porque me perciben como un escritor de izquierda. Y están en lo cierto: yo soy un escritor de izquierda, vengo de una tradición europea social-liberal. Prosperous tiene la visión de que debe proteger a los suyos. Si en el camino alguien pobre tiene que pagar el precio, ¿no es ésa la naturaleza de la sociedad capitalista? Adoptar esa mentalidad es cruel porque los más débiles ya no importan”, subraya Connolly en la entrevista con Página/12.

–“Ser indigente es un trabajo a jornada completa. Ya tienen un empleo, y ese empleo es la supervivencia”, se lee en un capítulo de El invierno del lobo. ¿Escribió esto para oponerse desde la ficción a ese discurso que afirma que el pobre no quiere trabajar y que es una carga para la sociedad?

–Esto surgió de una discusión en Portland. Hace mucho frío en invierno, si uno se queda en la calle, se muere. Antes, la ciudad se aseguraba de que cada persona indigente tuviera un lugar para dormir. En este momento el estado de Maine tiene un gobernador muy republicano y algunos sugirieron que esa política alentaba a los sin techo y que la ciudad debería dejar de hacerlo. Esto implica que si algunas personas se mueren en el camino, posiblemente otros dejarían de querer aprovecharse de la situación... Esto es sociopatía, la ausencia de empatía; ser un sociópata implica no tener ningún tipo de empatía, o sea que no era sólo una discusión cínica. Es una aberración dejar de lado nuestras obligaciones sociales. Hay muchas cosas que me interesan de Estados Unidos, pero hay más cosas que no me gustan; es una sociedad muy difícil para ser pobre o vulnerable. Los lectores que escriben quejándose de mis libros dicen lo mismo: “Yo no leo una novela policial para leer opiniones políticas o sobre la sociedad”. Lo que quieren decir con eso es que no leen policiales que tengan opiniones políticas y sociales con las cuales no están de acuerdo. Esto tiene que ver con por qué la gente lee ficción. Hay muchas razones por las cuales uno lee ficción. Tal vez el que escribe piensa que está haciendo una gran lectura de la sociedad, pero mucha gente agarra un policial porque es algo bueno para leer en el viaje a Salta (risas). El policial me permite comentar con mayor sutileza los problemas de la sociedad que una novela realista, porque uno puede meter subrepticiamente muchas cosas más si está “entreteniendo”.

viernes, 17 de julio de 2015

El mismo amor, el mismo odio. 1947-2015: del Monstruo a la Yegua.


Han pasado más de sesenta años, y sin embargo, aún perduran aquél odio de clase, el mismo rechazo a la invasión, el miedo irracional al otro, al diferente. En la reactualización de la antítesis civilización-barbarie, sectores de la población se han desplazado de la figura del Monstruo a la de la Yegua. El mismo amor, el mismo odio, demuestran que en lo sustancial poco ha cambiado desde aquel octubre de 1945. (Tomado de La Tecl@ Eñe)



Por Rubén A. Liggera*
(para La Tecl@ Eñe)
Ilustración: Daniel Santoro



En una nota anterior afirmamos que según el concepto de la denominada “cultura oficial”, -pensamiento arraigado, casi de sentido común, - el peronismo no sería más que otra expresión de la “barbarie”. De tal modo que, su relación con la cultura y la literatura sería una anomalía, un hecho sumamente improbable o casi imposible. Antitético como un oxímoron.[1]
Aquél “aluvión” que en 1945 irrumpe de manera incontenible en el sistema cultural argentino-aún hoy, aunque en menor medida por suerte-resulta incomprendido por gran parte de nuestra intelectualidad y vastos sectores sociales medios y altos. “Alta cultura” versus “cultura popular”, o sea libros en disputa con alpargatas, no es más que la representación de una lucha más profunda que tiene que ver con el cuestionamiento del poder y la distribución de bienes materiales y simbólicos.
¿Qué podría esperarse de aquella “negrada” ensoberbecida? Nada más que guarangadas y ultrajes a las letras y a las “bellas artes”.

Literatura y peronismo: las invasiones bárbaras


Desde Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (Honorio Bustos Domecq), creadores de un “monstruo” peronista grotesco y feroz, pasando por el Cortázar de “Casa tomada”, “Ómnibus”, “Las puertas del cielo” y “El examen”, o por “Cabecita Negra” del malogrado Germán Rozenmacher, hasta llegar al “rolinga” de Juan Diego Incardona y sus “conurbanos” de la caótica Buenos Aires de comienzos del siglo XXI, el peronismo en el gobierno o en el llano, fue y es, tema de intensos debates políticos o de inquietantes obras literarias. (tomado de la revista digital La Tecl@ Eñe)



Por Rubén A. Liggera*
(para La Tecl@ Eñe)



“Ese cuento [“Las puertas del cielo”] está hecho sin ningún cariño, sin ningún afecto; es una actitud realmente de antiperonista blanco, frente a la invasión de los cabecitas negras...”
Julio Cortázar
En la anterior edición nos referimos a los “monstruos”, -lo diferente, lo anómalo,-en la narrativa argentina, desde Domingo Faustino Sarmiento refiriéndose a Juan Manuel de Rosas, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (Honorio Bustos Domecq) a Juan Domingo Perón y anónimos cibernautas a la Presidente Cristina Fernández (a) “La yegua”, una extrañeza de la biología y monstruosidad al fin, en el bestiario misógino de la política argentina.

jueves, 16 de julio de 2015

Borges y Shakespeare, por Horacio González


http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-277161-2015-07-16.html

Borges y Marx

Por Horacio González *
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Jorge Luis Borges y William Shakespeare.
Continúa siendo un verdadero placer recorrer las últimas librerías de ocasión de Buenos Aires, que por extensión o hechizo seguimos llamando librerías de viejo. Días pasados, encontré a un precio oportuno el único y hoy “inconseguible” número de la revista Literatura y sociedad, que dirigían Sergio Camarda y Ricardo Piglia en 1965. Ha pasado mucho tiempo. Las páginas iniciales están dedicadas a analizar las relaciones entre los escritores y la política, y surge de la pluma de Piglia una mención al vínculo de lectura que unía a Marx con Balzac. Es muy conocido, ahora, el ejemplo que da Marx respecto de cómo leer a Balzac, no como un autor monárquico –que lo era–, sino como el autor de una reflexión sobre la vida bajo el capitalismo, sobre el poder del dinero y de la ambición de triunfo personal para iluminar las condiciones en que surge una sociedad de clases. Podemos considerar esta intervención de Marx sobre la literatura de Balzac como un módulo permanente (elijo deliberadamente la floja palabra módulo) para analizar el tema que no cesa.

viernes, 22 de mayo de 2015

Lectura sobre “Código Rosa, relatos sobre abortos”, de Dahiana Belfiori

Leído en La Conrado Cultural el 21 de mayo de 2015, junto con la autora y Nayla Vacarezza. 



Muchas gracias por la invitación a presentar este libro. Gracias a Ruth, a la Revuelta y a Dahiana por su trabajo.

Me gustaría empezar hablando en voz baja, que esta presentación sea como un susurro, como el susurro de las mujeres que ofrecieron su testimonio a lo largo de la factura del libro. Me gustaría que estas palabras sean como un momento de brisa tras el vendaval, como la frescura de la lluvia cuando se fue, como la luz de la mañana apenas se abre la ventana al día nuevo, porque así es como se me presentan estos textos: una ventana en un cuarto cerrado, una brecha de esperanza en el sitio del dolor.

Palabras en la presentación de Resplandor de Madres, de Pablo Montanaro

Fue el 18 de mayo de 2015 en el aula magna Salvador Allende de la Universidad Nacional del Comahue, en la ciudad de Neuquén. Además del autor, presentaron el libro las madres de Plaza de Mayo Inés Ragni y Lolín Rigoni, la poeta Miriam Rivas y el maestro Nano Balbo. El músico y compositor Walter Cuevas interpretó cuatro canciones.



Hay un proverbio chino que dice que cuando un dedo señala la luna, los necios miran el dedo. Permítanme entonces, en esta presentación del libro “Resplandor de mdres”, navegar un poco en la necedad. No quiero ir ahora a eso que estos 24 poemas compuestos por Pablo Montanaro señalan sino a su interior, a las palabras, los hechos y las imágenes con que cada verso, cada texto fue edificado. Porque hay una construcción en la voluntad de todo autor, hay una intencionalidad que se expresa y hay otra que se guarda, que subyace mientras discurren las palabras. En este caso hay hechos que se explican por sí mismos, y ésa es la superficie. Y debajo: ¿qué hay? ¿y qué hay detrás? O ¿qué hay antes?, y ¿qué habrá en los años que vienen?

domingo, 10 de mayo de 2015

Auden: Breve defensa de la poesía

Esta curiosidad es la intervención de W.H. Auden en una mesa redonda que organizó el PEN Club en Budapest, octubre de 1967. The New York Review of Books lo rescató en una entrega de 1986. Tomado del sitio www.nexos.mx


Las discusiones sobre el papel del artista en la sociedad pocas veces dan fruto porque sus participantes no han definido qué quieren decir con los términos que usan. Mientras malinterpretemos lo que otros dicen, ni el acuerdo central ni la diferencia genuina de opinión son posibles. Empezaré, entonces, con algunas definiciones.

Individuo. En primer lugar, un término biológico: un árbol, un caballo, un hombre, una mujer. En segundo lugar, como el hombre es un animal social y nace sin formas instintivas de conducta, el término es sociopolítico: un americano, un doctor, un miembro de la familia Smith. Como individuos somos, se quiera o no, miembros de una sociedad o de varias sociedades, cuya naturaleza esta determinada por necesidades biológicas y económicas. Como individuos nos crean por reproducción sexual y condicionamientos sociales y sólo se nos puede identificar por las sociedades a las que pertenecemos. Como individuos, somos comparables, clasificables, contables, reemplazables.

viernes, 27 de marzo de 2015

Sobre libros en épocas difíciles



Texto de una ponencia sobre libros y dictadura realizada en la subsecretaría de Cultura de Neuquén, en el programa de conmemoración del día de la memoria. Una aproximación a la industria editorial argentina y una reflexión sobre la cultura nacional, el papel del escritor y del lector.



En estos minutos de charla voy a intentar proponer algunas líneas de reflexión, más que sobre los libros o la industria editorial en sí misma, sobre la cultura en general en la Argentina. Se trata de una serie de hipótesis, a veces fundadas en hechos y estadísticas, y otras en cuestiones más personales, en intuiciones.
Me interesa abordar algunas cuestiones: el modelo de intelectual o de escritor hacia mediados de la década de 1960 y la transformación que ocurrió hacia los años setenta; el libro como un espacio de escarmiento para los dictadores y, a la vez, como un espacio de resistencia y de lucha para los escritores, un dato que se prolongó durante la primera etapa democrática, ya sea por los vaivenes hiperinflacionarios que nos dejaron casi fuera del sistema, ya sea por el vaciamiento de la cultura que primó durante la década menemista que, como en otros campos, fue coronada por la transnacionalización de la cultura en general y de la industria editorial en particular.
La industria editorial argentina tiene una larga historia que comienza en la época de la organización nacional, cuando Roca y la élite gobernante necesitaron unificar pautas culturales de raigambre nacional, sobre todo ante dos políticas que se habían dado: la inmigración masiva de los países europeos para proveer de mano de obra (supuestamente calificada) a la actividad económica nacional, y la reciente derrota de los pueblos aborígenes, cuyos finales escenarios fueron el Chaco y la Patagonia. En esta etapa la literatura circulaba en ediciones baratas, en folletines y en publicaciones que se vendían o que vendían los principales diarios o partidos políticos. Así, la Biblioteca de La Nación (Payró), La Biblioteca Argentina (Ricardo Rojas) o La Cultura Argentina (José Ingenieros, a través del Partido Socialista).