sábado, 24 de noviembre de 2012

Una epopeya necesaria: Néstor Kirchner, la película

Paula de Luque dijo que su película sobre el ex presidente no era neutral y que ella es "kirchnerista a mucha honra". El documental inicia un relato épico que arranca desde el punto de disolución de diciembre de 2001 y reseña la pelea por el espacio cultural y político en el país.


Gerardo Burton

El kirchnerismo necesitaba una épica que relatase su vertiginoso crecimiento desde 2003 en adelante, y Néstor Kirchner, mejor dicho, su recuerdo, su vida, su gestión, se constituyeron en el pretexto ideal. La película dirigida por Paula de Luque apela a sentimientos arraigados en ese peronismo al que Borges calificó ni bueno ni malo, incorregible y al que Cooke definió como hecho maldito del país burgués. Es, en cierto sentido, la continuación de la "Sinfonía de un sentimiento" de Leonardo Favio.
Quizás la clave esté dada, en el filme, por Máximo Kirchner, cuando menciona el comentario que su padre formuló tras los actos por el Bicentenario: "los quebramos; les ganamos la batalla cultural". Ése fue el empeño. No tanto recordar los hechos importantes -generalmente no tienen más tiempo de desarrollo que en un noticiero, como es el caso del fin del ALCA en Mar del Plata- sino eslabonar una historia, establecer una mirada retrospectiva que explique qué es el kirchnerismo, qué significa para el país y qué país se desea. Y también por qué la cuestión se dirime en el campo de la cultura: en la recuperación del trabajo, en el rescate de los artistas y escritores nacionales, en la creación con alegría y en la conciencia de ser, otra vez, el subsuelo de la patria sublevado.
Si apela al golpe de efecto o no, si el filme es sensiblero, si es un panegírico o aquí comienza la hagiografía de Kirchner, eso lo puede decir cualquier espectador. Sin embargo, no es posible eludir una cosa: reconocer que el modelo, que ya tiene un relato, requería una historia. Y todas las historias construyen sus propias épicas. Lo interesante de esta película es que la imagen de los caminos patagónicos aparece como un símbolo. Es una apelación tácita, una invocación sobreentendida: como en las viejas series y en las historietas de hace décadas, continuará.
Una mención especial a la música compuesta por Santaolalla con variaciones sobre la marcha peronista.