domingo, 29 de julio de 2007

Hay voces en el horror


Francisco Urondo, desaparecido en Mendoza en 1977, es uno de los mayores poetas de la Argentina contemporánea. Periodista, narrador y autor teatral además de militante político.


La Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina presenta en estos días la segunda edición de “Palabra viva”, el libro que recopila textos –poemas, narraciones, artículos- de desaparecidos durante la dictadura que asoló el país entre 1976 y 1983. Esta reedición, con una tirada de siete mil ejemplares, incorpora escritos de 16 autores que no figuraban en la anterior.


Gerardo Burton


geburt@gmail.com

NEUQUEN.- Más actuales que la cobertura periodística; más profundos que los expedientes judiciales; más veraces que las fotografías, los poemas, narraciones y ensayos de los escritores desaparecidos constituyen un cuerpo que denuncia el terrorismo de Estado desde casi su prehistoria.
Está Francisco Urondo en la cárcel, antes de la amnistía de 1973; también Alcira Fidalgo desde su mazmorra en la ESMA. Y en medio, los gestos de sobrevivencia más allá de la desgracia y la derrota; de la tortura y el desamparo; de la incomprensión y el desaliento.
Son –fueron- docentes, estudiantes, periodistas, obreros, psicólocos, abogados, sacerdotes, músicos, actores, sociólogos, escritores, pintores, amas de casa, publicistas. Todos los oficios confluyen en uno: la literatura.
En 2005, el poeta Víctor Redondo, entonces presidente de la Sociedad de Escritores Argentinos se dedicó a reunir datos personales y textos de 108 desaparecidos en “Palabra viva”, un volumen que no agota lo ocurrido y constituye un muestrario apenas inicial. Dos años después, con esa primera edición agotada, Redondo insistió: obtuvo textos de 16 desaparecidos que no figuraban en el primer volumen, aportados por familiares, amigos, compañeros.
El libro recopila biografías, escritos y datos de los escritores y las escritoras que desaparecieron desde que la Triple A comenzó a operar desembozadamente en el país, en 1975.
Hay autores consagrados, que transformaron la manera de escribir y percibir la realidad en la Argentina y en la lengua castellana. Es el caso de Francisco Urondo, quizá el más alto, el más conocido, el poeta que era, nunca “el que hubiera sido”. El de Urondo es un caso comparable, por su profundidad como poeta, con Federico García Lorca, asociado también a un trágico destino. En ambos, la literatura su sufre merma con su muerte prematura; sólo deseos de más.
Están Miguel Ángel Bustos y Roberto Santoro, quizás equiparables a Urondo. Y Dardo Dorronzoro. Y Héctor Germán Oesterheld. Y otros no tan conocidos, acaso, pero cuyos testimonios son profundamente ejemplificadores de lo ocurrido.
Es que fue profunda la voz que intentó ser acallada. La palabra, como el agua, sobrevivió en forma de vapor; en forma de hielo; en forma de líquido. Pero sobrevivió. Y la piedra fue derrotada, las calaveras de hierro fueron horadadas.



(Texto y selección: Gerardo Burton)






La verdad es la única realidad
Francisco Urondo

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente el presente, pero pertenecen a la
realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

(Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973).

Urondo había nacido en Santa Fe en 1930. Murió en junio de 1976 mientras era perseguido por una patrulla paramilitar en Mendoza. Escribió varios libros de poesía: “Historia antigua”; “Breves”; “Lugares”; “Del otro lado”; “Adolecer”; “Larga distancia”. Participó del movimiento Poesía Buenos Aires, del que fue excluido en una reedición a partir de su militancia política. Fue uno de los poetas más importantes de su generación. Fue periodista, funcionario de la Universidad de Buenos Aires y militante montonero. Este poema fue escrito cuando estaba detenido en la cárcel de Villa Devoto, donde realizó el reportaje a los sobrevivientes de Trelew.




Un favor a la poesía
Lucina Álvarez

Poetas, cantores
deshollinadores de la vieja memoria
rumiadores celestes de palabras
caballeros andantes de la melancolía
buceadores de la magia
filatelistas de la ceniza
Lamas de los papelitos
amigos míos

no vayamos a olvidarnos de la luz
que no está allá arriba ni tan lejos
sino aquí
por estos lados.

Nació en Buenos Aires en 1945. En mayo de 1976 fue secuestrada junto con su esposo. Era docente. Colaboró en revistas, antologías y periódicos literarios.


II (de “De tango y lo demás”)
Roberto Santoro

pero quedar amarrado a buenos aires
a su fatal tristeza
a su agonía
y saber que hay un tango en cada traje
uno anda solo
volvé
si yo pudiera

como un hombre que se fue
no estoy
no sé
no doy un paso más
hoy algo no funciona

volver
se fue
estaba en la vereda

y nunca dijo nada
se fue
me voy
echar el resto por la calle

Santoro fue secuestrado en junio de 1977 en la escuela donde trabajaba, en el barrio del Once, de Buenos Aires. Había nacido en esa ciudad en 1939. Escribió “Oficio desesperado”; “De tango y lo demás”; “El último tranvía”; “Nacimiento de la tierra”; “Pedradas con mi patria”; “Literatura de la pelota”; “A ras del suelo”; “Desafío”; “Uno más uno humanidad”; “Poesía en general”; “Cuatro canciones y un vuelo”; “Las cosas claras”; “No negociable”. Colaboró en Crítica; Cormorán y Delfín; La hipotenusa; Amistad; Crisis y otras revistas y periódicos.




Aquellas costumbres
Osvaldo Domingo Balbi

Desenrollar los barriletes de los cables
Caminar las veredas desparejas
Atornillar el maullido de los gatos al silencio de la noche
Amanecer tantas veces como amaneceres entren en una sola historia

Desnudar el odio y el amor
Odiar el oscuro calor de las iglesias
Y sacarle la lengua a Dios
Por ser el primer gil
Que se tragó lo del paraíso.

Nació en Buenos aires en junio de 1944. Colaboraba en la revista “Todo es historia”, dirigida por Félix Luna. Publicó “Expediente para el asombro”; “Pequeña historia de dos elefantes”; “Cuatro preguntas y dos poesías”; “Buenos Aires querido”. Colaboró también en varios diarios y periódicos.




Jorge Money
Día de desfile


Y serán el espectro de una sustancia futura
aquellos soldaditos
con su rataplán rataplán
cuando algún caminante francamente hastiado
les arroje al paso
la maravillosa libertad de su saliva


Era periodista. Trabajó en La Opinión como datero. Fue acribillado por la Triple A en 1975.



Arreglo con frutas e instrumentos de viento (fragmento)
Miguel Ángel Bustos

Naranjos
hasta cuándo serán naranjos las calles del Tigre
y no el corazón de mi amor.
Pulpa de tu tremenda boca la toqué y se fue por la noche entre los naranjos volvió para pegarme como la rama más débil o la ola más fría iniciando la tormenta.
Y yo que creí que nos pondríamos juntos en nuestra vida de mil años.
Trompa apaga la luz que desciendo solo a la ciudad de los hombres. Apaga lamento de hierro y bronce entre los naranjos.
Ahí voy lava tu cuerpo y vamos. Ah santa piel joven el mundo será nuestro.
Silencio con la sorda alegría. Ahora duerme al fin. Clarín entre los naranjos.

Nació en 1933 en Buenos Aires; viajó por el norte, Brasil, Bolivia y Perú. Desapareció en mayo de 1976, mientras distribuía periódicos en barrio Norte, en Buenos Aires. Como periodista colaboró en varias revistas y periódicos. Publicó “Cuatro murales”; “Corazón de piel afuera”; “Fragmentos fantásticos”; “Visión de los hijos del mal”; “El Himalaya o la moral de los pájaros”.




Poema con brujos
Ana María Lanzillotto

Y por eso me voy de este lugar de brujos,
de gente bella, de tinieblas.
Donde mis esperanzas abortan
mis caminos terminan
y no soy capaz de conceder al tiempo
ni segundos de mi sangre
que se enfría y se calienta porque sí.
Este lugar hechizado y hechizador
que no tiene espacios ni rincones
donde dormir, mirar sin decir nada.
Estoy de más en el mecanismo complicado
de este país hostil
que me presta la última ternura
justo al abrirse mi esperanza.
Y me voy hacia el olvido
porque no debo quedarme un minuto más
tapándoles el sol como si nada.

Nació en 1947 en La Rioja. Estuvo detenida en Campo de Mayo y El Vesubio. Perteneció al ERP. Escribía poesía desde pequeña. Los únicos textos editados fueron publicados por La Gaceta, de Tucumán.



Poema
Alcira Fidalgo


Hace meses que los aguardo
a la sombra de una piedra.
Fija la vista en el horizonte,
atento el oído,
tenso el cuerpo, la espada lista.
Y no llegan.
¿En qué lugar de este mar
de arena y sol
se han perdido?
¿Dónde están?

¿Dónde están mis molinos de viento?

Fue secuestrada en 1977, cuando tenía 28 años por Alfredo Astiz y un grupo de tareas. El editor José Luis Mangieri publicó “Oficio de aurora”, en Libros de Tierra Firme. Se perdió una gran cantidad de textos suyos. Fue vista por última vez en la ESMA.



Vamos, Patria
Enrique Juárez

Vamos, Patria, a caminar yo te acompaño
Yo bajaré los abismos que me digas
Yo beberé tus cálices amargos
Yo me quedaré ciego para que tengas ojos
Yo me quedaré sin voz para que cantes
Yo he de morir para que tú no mueras.

Había nacido en 1944 y desapareció en diciembre de 1976. Fue uno de los principales dirigentes de la Juventud Trabajadora Peronista. Fue periodista, cineasta y escritor.


Monólogo
Ana María Ponce


Niño, si mañana no estoy,
quiero que recuerdes
que estuve.
Que te di mi vida,
mis mejores años,
mi ilusión,
mi abrazo cálido.
Niño, quiero que
recuerdes que fui
parte de vos mismo
y que tus manos han sido
hechas por mis manos;
que tus ojos son
parte de mis ojos,
que tu frágil cuerpo
lo construí con el amor
que te tuve,
que le tuve a él
que te tuvimos los dos.
Niño, si mañana no estoy,
quiero que sepas
que aunque te perdí
vos, vos no me perdiste.
Cada noche, viajo
a encontrarte entre los sueños.
voy rescatando tu risa,
tus lágrimas, tus dulces gestos.
Voy rescatando el abrazo
que antes te daba,
los besos que recibías
cálido, con la risa en los
ojos azul-verdes.
Ahora, sos una foto,
el día te transforma
en una pequeña fotografía
en colores.
Ah, pero a la noche,
cuando llega la noche
y voy a tu encuentro,
siento que vuelvo a vivir.
Pero otra vez el día
irremediablemente,
me trae la distancia,
el peligroso abismo de lo incierto,
y una tristeza insistente
me hace llorar,
una vez, y otra vez...
Cuánto te quiero, pequeño,
cuánto te he querido.
Qué difícil este tiempo
de estar separados,
de que tus pequeñas manos
no se sostengan cálidas
de mis hombros,
de que tu boca chiquita
no se acerque a mi mejilla,
de que tu voz,
tu diminuta voz
no me llame a media lengua.
Cuánto tiempo sin tenerte,
mi chiquitín,
pienso
que tal vez ya no me recuerds,
tal vez mi cara sea hoy
que mis manos que te acariciaron,
sean hoy otras manos,
mi chiquitín,
cuánto tiempo,
cuánto dolor,
cuánta distancia,
tal vez volvamos a vernos,
pero si no volvemos a vernos
quiero, por favor quiero
que en medio de tus confusos recuerdos
busques mi cara.

Nació en San Luis en 1952. En 1977 fue detenido su marido, Godoberto Fernández y en julio de ese año, el día del cumpleaños de su hijo, fue secuestrada por la Marina. La llevaron a la ESMA, donde estuvo hasta febrero de 1978. Dejó sus poemas y otros textos a Graciela Daleo, ante la suposición –cierta- de que iba a ser ultimada. Sus escritos se publicaron en marzo de 2004 en un libro sin mención editorial.


jueves, 26 de julio de 2007

Rep: "Borges es como los Beatles"

Un tipo de barrio, con vacaciones urbanas en Boedo y rurales en Corrientes. Nació hace 45 años en San Isidro pero su familia se mudó de inmediato a Buenos Aires. Ahora sostiene con sus tiras y sus personajes, la vida cotidiana de muchos de sus semejantes. Es ingenioso, pero prefiere el genio. Es lúdico, pero apuesta al “rigor de la literatura”. Se trata de Rep, Miguel Repiso.


Gerardo Burton
mailto:gburton@rionegro.com.ar


Miguel Repiso, Rep, parece el abuelo andaluz que, en la siesta correntina de Santa Lucía, cerca de Goya, lo inició en las virtudes pedagógicas del caramanchón. “Si te portas mal, viene el caramanchón”, recuerda Rep que le decía su ancestro, que hacía honor al frondoso imaginario atribuido a los nacidos en esa provincia española, tan árabe y gitana.
Rep es idéntico: salta de un tema a otro, no se detiene en el juego de ingenio que utiliza términos religiosos para definir su arte –“la tira es una epifanía”, por ejemplo- y de inmediato asegura “no creer en las musas ni en que el artista sea un médium de no se sabe quién”.
Sus opiniones sobre arte y literatura, dos disciplinas que roza desde su actividad como humorista, son polémicas. Y también se define como “distinto” del resto de los dibujantes de humor. Sabe que puede abordar todos los temas, inclusive los que pueden aparecer como un tabú porque “yo acompaño en el sentimiento, salvo cuando tomo distancia”. Y, finalmente, recuerda que todo es trabajo y laboratorio, que nada es casual que la inspiración llega “cuando ya hay pensamiento e ideología”.
En Neuquén, Repiso presentó los dos libros editados por Sudamericana: “Rep hizo los barrios” (revisitado) y “Bellas Artes”. Dijo que esos dos volúmenes le interesan más que el reciente que trabajó sobre Julio Cortázar, una suerte de introducción a la literatura del escritor, con textos de Carlos Polimeni.
Alude a la presión del trabajo en su estudio de Recoleta –a 15 cuadras del barrio del Retiro, donde vive en Buenos Aires- y recuerda cuando en Página/12 le pidieron una ilustración de Palermo: “lo hice de memoria, yo estaba en Gesell y mandé el dibujo”. Después le pidieron que siguiera, y así tuvo los 47 barrios porteños –que no cien- para el libro.
Luego de agotarse la edición, lo revisó: “ahora son revisitados, porque en el medio están los noventa. Es decir, el libro empieza antes de la convertibilidad y ahora los ve después de la devaluación: la ciudad es otra desde 2001”.
En cambio, “Cortázar fue a pedido” a diferencia de los anteriores -Bukowski, “que acepté porque tenía curiosidad por su poesía”; Borges “por adhesión placentera absoluta y porque me sigue dando placer”; luego vinieron Kerouac y Gramsci. Con Borges, “no sé qué pasa, nunca se va a acabar, es como los Beatles”.
Pero Cortázar “nunca fue de mis elecciones porque yo reniego mucho del ingenio, me gusta más el genio”. Se trata de “alguien que jugaba con las formas pero no tanto con el contenido. A la literatura se le pide más rigor formalista; en la historieta es bienvenida la actitud lúdica. Uno se hace historietista o libretista, dibujante de los medios de comunicación para hacer un trabajo de evasión”.
Y en ese punto afirma no saber “adónde voy a parar. Me reconozco como un dibujante y un humorista distinto de los demás. Soy un rayano a la plástica y a la literatura. No soy Condorito ni Patoruzito”.
Consideró que “no voy a ser plástico. No sé dónde voy a ir a parar porque mi curiosidad es como un imán, y tuve la suficiente apertura como para que en mí caigan un clavo del ensayo, una tachuela de la plástica, un tornillo de la literatura, van cayendo en mi trabajo, en un imán que no tiene ninguna de esas purezas. Soy una especie de librepensador al servicio de los demás, no tengo una actitud plástica de exponer para unos pocos ni en la literatura para entrar en el canon. Mi formación es la Pequeña Lulú, Anteojito”.
Se autodefinió como “un dibujante horizontal: barrial y rural” aunque como humorista es “vertical, urbano”.
La diferencia radica en que “dibujo como un paisano, no como un exaltado urbano –Sábat, rayano con la plástica y Quino-, que hablan de los demás pero poco de sí, se enmascaran mucho. Hablar de mí es como hablar del barrio, del campo. De esas casitas bajas, agarrables, y un pueblito y un barrio en damero.”.
-¿En qué trabaja ahora?
En una selección de las tiras; tienen que quedar 150 de un total de más de tres mil. Van a publicarse pintadas. Con acuarelas, lápiz acuarelable, anilinas, todo menos computadora. Muchas de las tiras que elegí se publicaron en los diarios con colores indicados, que se les pusieron con computadora. Hay una especie de armonía temática y de sabores que va formando el libro.
-¿Cómo es eso de los sabores?
Claro, no se puede decir que hay una ideología o una temática, hay un sabor. Puede ser un sabor melancólico, o celebratorio, o indignado. Les presto mucha atención a los tonos, a los sabores, a las texturas. A veces hago un montaje, como en el caso de “Postales”.
-¿Cómo es la génesis de sus historietas?
Según el caso. Alguna nace porque escuché una palabra en el subte, otra porque cruzó un pájaro mientras miraba por el balcón, otra puede ser que estaba leyendo un libro y se me ocurrió que podía hacer algo con la revolución francesa. Otra que no tenía ni idea y me metí en la sesión de psicoanálisis de Gaspar el Revolú y lo forcé a decir algo. Hay muy fluidas, otras forzadas y otras te caen; sólo hay que poner la red.
-Está operando sobre sí mismo...
Siempre cuando trabajo lo hago. Se me ocurren cuando me pongo a trabajar. Todo el tiempo me pongo a pensar en algún tema, pero con la tira ocurre una epifanía que hay que concretar enseguida. En cambio, si estoy planeando un libro siempre estoy cambiando el tono, el punto de vista, es como una carga. El libro es distinto. La tira es más instantánea.
-¿Dónde trabaja?
En mi estudio. Nunca en una redacción. El estudio me permite saltar de una cosa a la otra, sin problemas, atender varios trabajos al mismo tiempo.
-¿Siempre hay un vínculo con la realidad social?
Es imposible que no lo haya, porque yo tengo vinculación con las distintas realidades porque es algo que me interesa en lo cual estoy inmiscuido. No puedo estar ajeno. Tengo que equilibrar mi mirada hacia adentro con la mirada hacia fuera. Yo me miro mucho por dentro pero también hacia fuera. Hay tiras para afuera y tiras para adentro. Hay tiras para adentro que a veces son incomprendidas. Muchas veces he escuchado “no te entendí” y ya me acostumbré. Cuando ocurre que, por el contrario, hago empatía con la gente por lo social, por lo colectivo, ahí no me dicen nada, salvo que haya dado una vuelta de tuerca muy zarpada a lo que pasa. Uno de los accidentes de mi trabajo es que me digan “no te entendí”.



LOS SUEÑOS DE LA RAZÓN

La cocina del artista: nada de inspiraciones ni musas; sólo trabajo. Y siempre, la razón cuyos sueños “producen monstruos”, pero en ningún caso es “una idea marciana”. Miguel Repiso aseguró que “en realidad, todo son sueños de la razón”.
-¿Hay alguna similitud entre esa epifanía de la que usted habla y la inspiración que pueden tener, por ejemplo, los poetas?
La inspiración requiere una formación, un pensamiento, una ideología. No creo en el artista-médium que aparece y que uno vaya a saber instrumento de qué fuerza divina es. No. Pienso que uno llega a ese trabajo, aparece la epifanía, aparece la musa o lo que sea, pero tiene que llegar habiendo pensado. Es como un laboratorio de lo que uno ha pensado. No es una idea marciana, no. Es la suma de lo que uno ha pensado, ha razonado y a veces aparece como un monstruo. Como esa frase de Goya sobre que el sueño de la razón produce monstruos. Todo es en realidad sueño de la razón: uno piensa, uno se indigna, uno se enamora... Una vida corriente donde aparecen las creaciones en forma de palabras y mayormente en forma de imágenes. No creo en las musas, creo en la angustia de tener que entregar, en la presión.
-Maestros...
No tengo una formación. Tengo una formación aluvional que es siempre lo que ocurre con los autodidactas. Pero maestros no reconozco la totalidad de ninguno sino muchas elecciones fragmentadas de muchos, y cada vez más. Lo que haría un copista, un plagiario: tomar unos elementos que te guíen la mano y la cabeza. De esos estamos llenos.
-En la Argentina el humor gráfico es muy fuerte, en las distintas épocas políticas.
Grandes disparadores, fuerzas motrices son Quino, Oski, mucho de Fontanarrosa, admiraciones múltiples que hay. Reniego de seguir a uno y lo que pasa es que ellos me han abierto a otros, europeos y a su vez éstos las puertas de la plástica, de la literatura. Es tan grande la influencia que son pequeñas municiones.
-Su arte es una encrucijada donde se cruzan
... los placeres de uno, sí. Qué se pueden cruzar: los placeres, el dolor. En mí es muy importante; soy humorista desde el dolor, he hecho humor con los desaparecidos; con las Malvinas, con la AMIA.
-Es que el humor permite decir cosas que de otra manera no se podrían tolerar...
Igual que con la dramaturgia; se dicen las cosas de otra manera, metafóricas, solapadas. Pasa con el arte en general. No es lo mismo una novela sobre Guernica que el cuadro de Picasso o una nota periodística; hay diferentes lenguajes pero todos están diciendo la misma cosa. Es una distancia la que pone el arte. Ahora qué distancia es, se mide con tiempo, con involucramiento. Yo no tengo la misma distancia con algo que pasa en mi barrio o en mi país que con las Torres Gemelas. Soy humorista, yo acompaño el sentimiento. No escapo al bulto. Pero con las Torres Gemelas yo tengo distancia y lo puedo expresar.

miércoles, 4 de julio de 2007

Antología de poetas palestinos




Mahmud Darwich

MAHMUD DARWICH

Nació en 1942 en Birwa, una aldea cerca de Akká arrasada seis años después. Actualmente vive en Ramallah, donde dirige la revista literaria “Al-Karmel” –El Carmelo- , cuyos archivos fueron destruidos en el año 2002 por el ejército israelí.
Darwich participa continuamente de recitales poéticos organizados en países de todo el mundo árabe, pero su fama también se ha extendido en Occidente. Obtuvo los premios Lanzan Cultural Freedom Price (2001) y el Príncipe Claus de Holanda (2004). Su poesía se caracteriza por la innovación. Los críticos lo asimilan por igual al sirio Muhammad Al Magut y a los occidentales Pablo Neruda, Louis Aragon, Federico García Lorca y T. S. Eliot.
Obras publicadas: Pájaros sin alas; Enamorado de Palestina; Los pájaros mueren en Galilea; Mi amada se despierta; Elogio de la alta sombra; Menos rosas; Once astros. (de estos dos últimos hay traducción castellana).

VEO LO QUE DESEO

Miro hacia atrás esta noche
en las hojas de los árboles y en las hojas de la vida.
Contemplo la memoria del agua y la memoria de la arena.
No percibo esta noche
sino el final de esta noche,
sonidos del reloj que roen mi vida segundo a segundo
y reducen la vida de la noche.
No queda de la noche ni de mí tiempo en el que combatir
pero la noche regresa a su noche
y yo caigo en la fosa de esta sombra.


PASAJEROS ENTRE PALABRAS FUGACES

Pasajeros entre palabras fugaces:

Cargad con vuestros nombres y marchaos,
quitad vuestras horas de nuestro tiempo y marchaos,
tomad lo que queráis del azul del mar.
Y de la arena del recuerdo,
tomad todas las fotos que queráis para saber
lo que nunca sabréis:
cómo las piedras de nuestra tierra
construyen el techo del cielo.

Pasajeros entre palabras fugaces:
Vosotros tenéis espadas, nosotros sangre,
vosotros tenéis acero y fuego, nosotros carne,
vosotros tenéis otro tanque, nosotros piedras,
vosotros tenéis gases lacrimógenos, nosotros lluvia,
pero el cielo y el aire
son los mismos para todos.

Tomad una porción de nuestra sangre y marchaos,
entrad a la fiesta, cenad y bailad...
luego marchaos
para que nosotros cuidemos las rosas de los mártires
y vivamos como queramos.

Pasajeros entre palabras fugaces:
como polvo amargo, pasad por donde queráis, pero
no paséis entre nosotros cual insectos voladores
porque hemos recogido la cosecha de nuestra tierra.
tenemos trigo que sembramos y regamos con el rocío de nuestros cuerpos
y tenemos, aquí, lo que no os gusta:
piedras y pudor.

Llevad el pasado, si queréis, al mercado de antigüedades
y devolved el esqueleto a la abubilla
en un plato de porcelana.
tenemos lo que no os gusta: el futuro
y lo que sembramos en nuestra tierra.

Pasajeros entre palabras fugaces:
amontonad vuestras fantasías en una fosa abandonada y marchaos,
devolved las manecillas del tiempo a la ley del becerro de oro
o al horario musical del revólver
porque aquí tenemos lo que no os gusta. marchaos.

Y tenemos lo que no os pertenece:
una patria y un pueblo desangrándose,
un país útil para el olvido y para el recuerdo.

Pasajeros entre palabras fugaces:
es hora de que os marchéis.
Asentaos donde queráis, pero no entre nosotros.
Es hora de que os marchéis
a morir donde queráis, pero no entre nosotros
porque tenemos trabajo en nuestra tierra
y aquí tenemos el pasado,
la voz inicial de la vida,
y tenemos el presente y el futuro,
aquí tenemos esta vida y la otra.

Marchaos de nuestra tierra,
de nuestro suelo, de nuestro mar,
de nuestro trigo, de nuestra sal, de nuestras heridas,
de todo... marchaos
de los recuerdos de la memoria,
pasajeros entre palabras fugaces.



TU NOCHE ES DE LILAS

La noche se sienta donde tú estás. Tu noche es de
lilas. A veces, de los rayos de tus hoyuelos
se escapa un signo que rompe la copa de vino
y alumbra la claridad de las estrellas. Tu noche es tu sombra,
un fragmento de tierra legendaria para igualar
nuestros sueños. Yo no soy el viajero ni el residente en
tu noche de lilas. Soy el que un día fue
yo. Cada vez que la noche te rodea, mi corazón
duda entre dos moradas: y
ni el ser ni el alma se satisfacen. En
nuestros cuerpos, un cielo abraza a una tierra, y toda tú
eres tu noche... una noche que resplandece como la tinta de los astros. Una noche,
bajo la protección de la noche, repta por mi cuerpo
aletargada, cual sopor de zorros. Una noche que rezuma misterio,
luminosa sobre mi lenguaje. Cuanto más se aclara, más
temo el mañana en el puño de la mano. Una noche
que contempla segura y tranquila su
inmensidad que sólo rodean su espejo
y las canciones de los antiguos pastores al verano de unos emperadores
enfermos de amor. Una noche que florece en la poesía
preislámica sobre los brincos de Imru Al Qays y otros
y, para los soñadores, ha ensanchado el camino de la leche hacia una luna
hambrienta en los confines de las palabras...

Imru Al Qays es el poeta más famoso de la época preislámica. Es autor de una de las casidas que componen las muallaqat (las “colgadas”), los poemas más logrados de la época que constituyen el prototipo de la casida árabe. Según la tradición, recibieron ese nombre porque cada año los mejores se escribían con letras doradas y se colocaban en la Meca “colgados” en el templo de la Kaaba.




YABRA IBRAHIM YABRA

Nació en 1926 y murió en 1994. Publicó Adonis en la ciudad en 1959. Vivió en Cisjordania.

QIBYA*

Balas
en la noche de luna llena
surcaron las colinas y los caminos.

Balas
chocaron contra los muros
y golpearon las puertas y las ventanas.

Iban dirigidas a los corazones y a las entrañas.
Balas
por detrás de las piedras,
a través de los desfiladeros,
por detrás de los sacos de arena.

Balas.
Se esparcen por las piedras arrayanes de sangre
y se pegan adornos de sangre en las paredes.
Balas
y gelignita
arrojan los cuerpos a las hienas.

Sembramos el trigo pero no lo recogimos,
regamos las vides pero no bebimos el vino.

En vano se bañó nuestra noche con la fragancia de los naranjos.

Nuestra sangre corre por la tierra roja
y sobre las piedras.

Buscad nuestras manos bajo los ejércitos de hormigas.
Cerrad las puertas,
apartaos de las ventanas,
ocultaos de la luna,
protegeos de la noche.

Pero las puertas son de madera
y las ventanas no se construyen para evitar
el aire, la luna,
la gelignita
y los colmillos de las hienas.

El corazón es de hierro pero
para las balas, la gelignita y los colmillos
es más débil que la madera.

Los brazos de Fátima rodean el cuerpo de Hasan:
una alberca de sangre,
y del padre de Hasan no queda
más que el qunbaz hecho jirones.

Buscadlos bajo las piedras
y juntad los brazos a los cuerpos.

Sembramos el trigo pero no lo recogimos,
regamos las vides pero no bebimos el vino.

En vano se bañó nuestra noche en la fragancia de los naranjos.
Nuestra sangre fluye por la tierra roja
y sobre las piedras.

Buscad nuestras manos bajo los ejércitos de hormigas.
Balas
golpean las piedras.

Gelignita.
La noche se desgarra
entre nuestros olivos y viñas.

Qibya es un pueblo palestino de Cisjordania, cuyos habitantes fueron masacrados por tropas israelíes en la tarde del 14 de octubre de 1953. El actual primer ministro israelí, Ariel Sharon, fue quien dirigió las tropas en aquel día.

BROCAL
(En la masacre de Dair Yasin, el enemigo arrojó los cadáveres de las víctimas al pozo de la aldea)

Brocal,
punto de encuentro para las juguetonas manos de los niños
con el cubo vertiendo
agua en los cántaros
entre cantos y risas.

¿Acaso la boca de la tumba los ha sacrificado?
¿Es que la boca del patio se alimenta con niños
y mujeres preñadas que vierten
la sangre manchada por balas?

¿Se han secado los racimos a su alrededor?
¿Se ha quemado el trigo? ¿Se han vertido
los odres de aceite en la alforja de piedra
y sobre ella está de nuevo la cruz de Cristo?

El brocal es el segundo Gólgota para nosotros.
De su ensangrentada boca brotará
negra lava ardiendo
con la carne de los niños y de las mujeres preñadas
para aniquilar
a quienes sembraron la muerte
y alimentaron a los buitres en nuestra tierra.

De su sagrada y fértil inundación
renacerán
todas nuestras aldeas.



FADWA TOUQAN

Nació en Nablus en 1917 y murió en 2003. Es una de las principales voces de la poesía palestina contemporánea. Es la única mujer cuya obra se difundió internacionalmente antes de la guerra de los seis días. En sus textos conviven el dolor del exilio y el coraje de la lucha contra la ocupación israelí. Obras: La noche y los jinetes; Ante la puerta cerrada.

SÓLO QUIERO ESTAR EN SU SENO

Sólo quiero morir en mi tierra,
que me entierren en ella,
fundirme y desvanecerme en su fertilidad
para resucitar siendo hierba en mi tierra,
resucitar siendo flor
que deshoje un niño crecido
en mi país.

Sólo quiero estar en el seno de mi patria
siendo tierra
hierba
o flor

EN LAS OLAS

Aquella noche
las caras se desvanecieron en torno nuestro
y todo desapareció
menos el brillo azul de
tus ojos y la llamada

En aquel brillante azul
donde mi corazón
navegó cual barco
guiado por las olas.

Las olas nos condujeron
a un mar sin playas,
sin límites
y sin resistencia
a que las olas contaran
la eterna historia de la vida
resumida
en una mirada.

Y la tierra se inundó con
el impulso de la marea, el viento y la lluvia.

Aquella noche
mi jardín se despertó
y los dedos del viento
arrancaron su cercado.

En mi jardín, la hierba,
las flores y los frutos se estremecieron
con la danza del viento y la lluvia.

Todo se desvaneció
aquella noche
menos el brillo azul de tus ojos
y la llamada
en el brillante azul
donde mi corazón navegó
cual barco guiado por las olas.



SAMIH AL QASIM

Poeta palestino, nacido en Rama (Galilea), en 1939. Ha permanecido en los territorios palestinos ocupados en 1948 que actualmente constituyen el Estado de Israel. Fue encarcelado en diversas ocasiones por su actividad política a favor de la causa palestina. En la actualidad es uno de los poetas árabes más destacados. Publicó más de veinte libros de poesía.



TE QUIERO COMO AMA LA MUERTE

Más pesado,
más bajo,
cargo con mi experiencia y me marcho.
mientras seas la cima del mundo,
mientras la superficie de la tierra sea convexa,
descenderé y me alejaré,
descenderé y me alejaré.

Un día las arenas movedizas me engullirán,
me hundiré poco a poco
en la oscura eternidad de tu amor,
perderé el conocimiento,
me esconderé de las miradas,
las masas asistirán a la celebración de mi muerte,
los aventureros y los poetas me envidiarán
y tú
arrojarás una nueva joya
al cofre de tus mártires.

Te quiero,
no te arrepientas,
no tiendas la mano para socorrerme,
permíteme quererte
como ama la muerte.
te quiero como ama la muerte.


EL MIEDO

El fuego se apagará en la chimenea,
la botella se vaciará,
el disco se parará,
los invitados se marcharán,
haremos juntos la cama
y dormiremos juntos.

Te levantarás por la mañana,
prepararás nuestro maravilloso café,
los pájaros de tu apacible bosque cantarán en mi honor,
me preguntarás: ¿te despiertas?
temo que la muerte me sorprenda en mi sueño.

No, no me dormiré,
velaré hasta la mañana amiga
y observaré en tu rostro dormido
los astros de nuestro mundo futuro.
al alba
te tapo con la colcha
y me deslizo como un gato familiar,
ligero, hasta la cima del mundo,
preparo nuestro maravilloso café,
corro hacia ti,
beso tu mano dormida
y exclamo: ¡Vamos, despierta!
buenos días, razón de mi vida.

¡Vamos, despierta!
sin ti el sol no se pondrá,
sin ti el sol no saldrá.



ZACARÍAS MOHAMED

Nació en Nablus en 1951. Estudió literatura árabe en la Universidad de Bagdad y vive en Ramallah. Es editor de la revista Al-Karmel, que dirige Mahmud Darwich. Publicó tres colecciones de poesía, una novela y en 1999 una colección de obras de teatro. Vive en Ramallah y es miembro del consejo de directores del Centro Cultural Sakakini.

GOLPE DE SOL

Nacimos de un golpe del sol
del golpe de una guadaña contra el viento
y del golpe de un cuerno contra la piedra.

Arrojamos la placenta a los perros
y el alma dentro de una pileta de penumbras.

Como las mujeres pobres, bordamos
nuestros labios en la trama del silencio

En impureza, fuimos a la oración de la tarde
en el jardín de flores
y las memorias de la infancia

Arena es nuestro alimento
y arena es el forraje del caballo

Trepamos la arena entre jadeos
y destrozados, volvimos

No había pruebas de nuestros nombres
salvo un alfabeto que no aparece en el diccionario
no había rastros de nuestros antepasados
excepto el silencio de los perros en la puerta

Nos rebajamos hasta el cordón de los zapatos
y nos atamos al pelo de nuestras pestañas
y a las colas de los cometas.

Nos arrastramos como perros ante la puerta
agachados sin alegría ante la flor
y la flor es el sacrificio sangriento del mediodía

Esparcieron nuestra harina por todas partes
y la desesperación fue como hierro en los dedos

Concédenos respiro para que podamos reconocer nuestra sombra
y nuestros cascos puedan crecer

Una campana gigante pende sobre nuestra cabeza,
una campanada persistente nos hace perder la senda
rezamos en silencio en el gran repique sobre los labios de los muertos

Tómanos de la mano
y por la cintura
sosténnos por el pecho:
el polvo y el fuego nos son familiares

Nuestro dedo, húmedo
para conocer de dónde viene el viento
está herido por preguntas sin fin

Hicimos juegos tontos con nuestros nombres
y confundimos desnudez con los botones de la camisa
Empujamos las plegarias como cerdos por delante de nosotros

Atamos los burros a los tobillos de los chicos
y el otoño al verano
para calmar los escalofríos

Nos llaman de detrás de nuestras habitaciones
con una voz escandalosa que nos avergüence estar desnudos;
nos llaman con una voz que separa la madera del bambú

Lleven nuestra oración así podremos rezar más allá de los límites del deber
y nuestras almas permanecerán firmes en nuestros cuerpos.

El almuerzo es amargo
la cena, seca como piedra,
y el silencio fluye como la menstruación entre nuestras piernas

Oramos para aplastar los cálculos renales
y para romper el pan de nuestra cena


No habrá inmunidad para el canto rodado
o la rosa
todos yacen bajo el rango del trueno.

Nacimos en las dobleces del labio
y de la pestaña
nacimos del golpe del cuerno contra la piedra.


IBRAHIM NASRALLAH

Nació en 1954 en Ammán, en el seno de una familia palestina. Enseñó en Arabia Saudita durante dos años y trabajó como periodista entre 1978 y 1996. Desarrolla actividades culturales en Darat al-Funun. Tiene publicados diez colecciones de poesía, siete novelas y dos libros para chicos. Fue traducido en varias lenguas, ganó el premio Arrar en 1991, el premio sultán Oweis por su poesía en 1987 y el Tayseer Sbool por una novela.

PERPLEJOS

En el principio
los caballos dijeron: necesitamos llanuras,
las águilas, cumbres,
y las serpientes, madrigueras.
Pero los hombres permanecieron perplejos.

PATRIA

Bajo el yugo de nuestras mañanas
el sol se desmorona
y en la oscuridad de nuestros pasos
el jadeo se enciende:
estas patrias incompletas
en que parecemos ser
nada más que prisioneros de guerra.


GHASSAN ZAQTUAN


Nació en 1954 en Beit Jala, cerca de Belén. Vivió en Ammán entre 1967 y 1979 y luego se radicó en Beirut. Desde 1982 a 1986 vivió en Túnez, y ahora reside en Ramallah. Publicó varias colecciones de poesía, una novela y realizó dos documentales. Es editor en jefe de Al-Shuara (Los Poetas), revista trimestral publicada por la Casa de la Poesía de Ramallah.


LAS CUATRO HERMANAS DE ZAKARÍA

Cuatro hermanas
trepan solas la colina
vestidas de negro.
Cuatro hermanas suspiran
y enfrentan la maleza.

Cuatro hermanas en la oscuridad
leen húmedas cartas.
Pasa un tren que viene
desde Artouf, tras
la fotografía.

Un caballo que lleva
una chica desde Zakaría
relincha en la cumbre
y atraviesa la llanura.

En el cañón
las nubes pasan lentas.

Cuatro hermanas
desde Zakaría, solas
vestidas de negro
en la colina.

Zakaría y Artouf son dos aldeas palestinas en Hebrón, un áreia cuyos ocupantes uferon forzados a emigrar en 1948. Los poemas fueron vertidos al inglés por el poeta iraquí Sargon Boulus y tomados del libro “Poniendo todo en orden”, editado en 1998 en Ramallah. (G.B.)

Palestina: la poesía de una nación desgarrada

Casi en la mitad de la ruta de caravanas entre Irán y el estrecho de Gibraltar, la historia de Palestina se escribió entre el esplendor y la sangre, y acaso fueron inseparables uno del otro también en su literatura. Si bien gran parte de la poesía palestina del último siglo y medio se compuso en un contexto de urgencia –persecuciones, exilio, matanzas, devastaciones-, la épica comparte cartel con el lirismo más exquisito.
Así, como otros poetas árabes, los palestinos recuperan las tendencias, los ritmos y las imágenes que en la Europa occidental cultivaban los habitantes del al-Andalus, que se mantuvo –y se profundizó- tras la expulsión de la península ibérica a manos de los católicos españoles.
Es Mahmud Darwich, el poeta por antonomasia y principal referente de los palestinos actuales, quien devuelve a los árabes esa supuesta “reconquista” castellana: como en un espejo de Federico García Lorca, Darwich escribe que “Viajaría de nuevo por los caminos que llevan o no llevan a Córdoba... volvería, si pudiera volver, a mi misma rosa, a mis propios pasos... pero no regresaré a Córdoba”. Esa ciudad “lejana y sola” es el paraíso perdido y anhelado por la memoria colectiva de los árabes.
Darwich también evoca la gesta católica: escribe que “Castilla izará su corona sobre el alminar de Dios”, mientras que ahora “desde que he aceptado el pacto de paz no tengo presente para pasar mañana cerca de mi ayer...”
El lazo con García Lorca es aún mayor. Pide el palestino que lo maten “deprisa / bajo mi olivar / con Lorca...” pues “yo soy uno de los reyes del fin... soy el último suspiro árabe...”, y “...no hay amor que interceda por mí...”.
La épica reconstruye los acontecimientos históricos y políticos del pueblo palestino, en especial desde la partición de 1948 pero sin olvidar las dominaciones previas: turcos otomanos, británicos y más lejos griegos, persas y romanos.
Los exilios y las deportaciones de los años cincuenta, la colonización judía en las tierras que consolidó el estado de Israel y las apuestas de los sucesivos imperialismos en la antigua Palestina aparecen en los textos poéticos como expresiones de una voz nunca silenciada y configuran una alternativa a la imagen que actualmente se tiene del Cercano Oriente. Es que la urgencia bélica no agotó la inspiración poética: el lirismo convive con lo épico y así la poesía transcurre y circula por senderos que buscan la paz.


Selección y notas: Gerardo Burton
geburt@gmail.com
Traducción del árabe: María Luisa Prieto
Versiones del inglés: G.B.
Fuentes: www.poesiaarabe.org/www.banipal.org y “Poesía palestina de combate”, La Habana, Nuestra América, 2003.

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