sábado, 8 de diciembre de 2007

Mariano Villegas, finalista del premio Página 12


Presentó la novela “Bajo la barda”, ambientada en México y Neuquén y fue seleccionado entre los diez narradores preseleccionados por el jurado.

NEUQUÉN.- El narrador Mariano Villegas resultó seleccionado finalista del Premio “Novela nueva” organizado por el diario porteño Página/12. Villegas, nacido en Entre Ríos y residente en Neuquén durante varias décadas, vive actualmente en la ciudad de Buenos Aires y llegó a la instancia final del concurso con la novela “Bajo la barda”, ambientada en México y esta provincia.

El jurado estuvo integrado por los escritores y periodistas Juan Boido, Juan Forn, Rodrigo Fresán, Alan Pauls, Sandra Russo, Guillermo Saccomanno y Juan Sasturain, y difundió su veredicto la semana pasada. El premio fue para la platense Aurora Bernardini.

Las novelas finalistas fueron, además de “Bajo la barda”, “Ese verano”, seudónimo Billi Ken; “Sobre el río”, de Killcana; “El globo”, de Nina Lucha; “Desapariciones”, de Enrique Meyer; “Agosto”, de Emilia Montaraz; “Las primas”, de Beatriz Poltrinarik; “Miramar”, de Emily; “Quien juega al ajedrez con la gente sencilla”, de Salix Humboltiana y “Nelly R. la amante del General”, de Duque Orsini.

En una entrevista realizada vía correo electrónico, Villegas ratificó a este diario su adscripción a la estética del realismo, y consideró que en la Argentina “se encuentran los mejores escritores en nuestra lengua”. El autor mencionó a Juan José Saer –“uno de los mejores escritores argentinos”-, y citó como influjos en su literatura a Roberto Arlt, Leopoldo Marechal, Abelardo Castillo, Sylvia Iparraguirre y Marcelo Birmajer, entre otros.

“Bajo la barda” es un texto con “varias posibilidades” de abordaje, ya que incluye “textos mexicanos y actuales, referidos a Neuquén”. La obra demandó un año y medio de escritura.

Respecto de su método de trabajo, indicó que “hay plancitos de corto plazo, casi siempre. El ritmo de la escritura lo impone el tema, generalmente entusiasta”. Añadió que no es “un profesional que escribe todos los días”.

En cuanto al proceso de escritura, indicó que existe un incesante proceso de corrección y que, “cuando el borrador está a punto, otras personas amigas opinan y proponen modificaciones; verdaderos aciertos.

“Bajo la barda” transcurre en Neuquén y su personaje principal, Conrado Vallejos, proviene de una novela anterior, “Campo de experiencias”. Los escenarios son la capital neuquina –la Confluencia- y la localidad de Huncal –Cayanta Malal-. También hay cortes temporales que transcurren en Ciudad de México.

Conrado Vallejos se hace cargo de niños mapuches de Cayanta Malal con quienes pinta un gran mural en ocasión de finalizar el séptimo grado.

Los tiempos mexicanos tienen que ver con la situación migratoria irregular de Conrado que termina con unos días en la cárcel antes de regresar a la Argentina.

Mariano Villegas nació en Bovril, Entre Ríos en 1934. Se radicó en Neuquén en 1974 y vive en Buenos Aires desde el año pasado. Es jubilado del Consejo Provincial de Educación del Neuquén. Ha publicado en la década de 1980, cuentos premiados por la Fundación del Banco Provincia del Neuquén y dos novelas, una en México, en 1992, Premio de narrativa breve de Almería, España –“Campo de Experiencias”- y otra –“Una gesta primaria”-, publicada por Bitzoc, Barcelona, España, premio de la Fundación

March Cencillo de Palma de Mallorca (1998). Esta obra obtuvo también una mención en el concurso de novela del diario La Nación en ese mismo año.

Fragmento de “Bajo la barda”

"Era la media mañana de un día frío de septiembre y densas capas gaseosas de nieblas matinales resistían su disolución bajo un sol cauteloso, amanecido con timidez. Esos gases húmedos se negaban a desaparecer del entorno gris azulado de la pequeña estación de trenes, impregnando a los árboles cercanos, a la construcción de techo a dos aguas de diseño inglés y a las vías brillantes y gruesas, paralelas que se juntaban lejos en perspectiva hacia el oeste. Conrado había instalado su mochila en un vagón de clase única del tren El Zapalero, con asientos forrados en ajada cuerina clara. De ignotas poblaciones del Valle procedían algunos viajeros, familias completas, parejas de campesinos y algunos tipos dormidos envueltos en frazadas que habían subido al tren en Plaza Constitución. A Conrado le placía viajar en tren pese a las tremendas experiencias en las formaciones que iban desde la Ciudad del Lago al Distrito Federal, unos mil ochocientos kilómetros en asientos de madera, rigurosa pinotea, viajes eternos que duraban tres o cuatro días si los dioses mayas estaban a favor. (...)

Conrado lucía un overol térmico, campera montañesa, gorro negro de lana, zapatones Marasco y ropa interior de frisa. Momentos antes del toque de campana de salida, ese sonido seco, lánguido y triste, el autazo viejo y grande de Rogelio, un Valiant del año del cateto, hizo su entrada espectacular a la playa de estacionamiento. Frenó a pocos centímetros del andén envuelto en polvareda. De ella emergió Damasia con su equipo de montaña completo y corrió hacia el tren. Al divisar a Conrado asomado a la ventanilla, la muchacha trepó ágil al vagón. Rogelio se acercó a paso lento, sonriente. Sin decir una palabra señaló a su hija. El dedo índice apuntó luego a Conrado, acusador y preventivo, un mensaje claro: cuidá a esta muchacha que es mi hija, mi estuche de maravillas. Sonó la bendita campana y el tren se puso en marcha."

sábado, 24 de noviembre de 2007

Jorge Gamarra: "los oficios son la verdadera academia"


A contramano de las tendencias artísticas que ubican en segundo plano el trabajo con los materiales y privilegian el golpe de efecto sobre el espectador, Jorge Gamarra defiende radicalmente la relación entre el artista y la materia en el proceso de ejecución de la obra. Justamente, "Las formas del hacer" es el título de su retrospectiva en el Museo de Bellas Artes neuquino, que estará habilitada hasta finales de diciembre.

Gerardo Burton
geburt@gmail.com



Si uno pudiera hacer el recorrido inverso, es decir, comenzar desde el fondo del gran recinto dedicado a las esculturas de Jorge Gamarra, la primera sensación no sería visual sino olfativa. Un perfume de maderas que luego se identifican como cedro impregna el aire, un aire traspasado por la luz y las formas que han dejado de ser precisamente eso, luz y formas para convertirse en algo nuevo, algo distinto.
Pero no, el inicio casi obligado del recorrido son las herramientas, instaladas como en el taller de Ramallo y Zapiola, en el barrio de Saavedra, en Buenos Aires, a metros apenas de la cancha de Platense sobre la avenida General Paz. Y Gamarra recuerda cómo fue su recalada en ese taller: un edificio antiguo, de barrio, grande como para alojar enormes bloques de maderas duras –quebracho, algarrobo, cedro, pino-, oscuras o claras pero siempre dóciles a la mirada.
Entonces, uno se acerca a esa solidez líquida de la escultura donde la luz acaricia las superficies, deja ver las tersuras y las irregularidades, las deliberadas rugosidades naturales o creadas por el artista. Como las arrugas en un rostro en torno de los ojos, que han visto todo; en una mano, que ha construido todo; en un brazo, que ha soportado todo peso, así las maderas alternan superficies lisas y fragantes con cortezas raspadas, nervaduras.
Cuando la firmeza de la madera no basta, Gamarra se asoma a la piedra y transforma granitos rígidos en curvas de luz, en formas que van y vuelven y que incitan a observar la otra parte, desde el otro punto de vista, desde donde no se está. Así los títulos de las obras: "Desgarramiento" y la piedra agrietada demuestra cómo puede la fisura alojarse en lo sólido; "Cadencias", "Línea discontinua" o "Ascensión" expresan las ondas de sombra y luminosidad en secuencias de danza y contraste sobre la materia.
El taller de Jorge Gamarra ocupa una casa chorizo de esas típicas de pequeños propietarios hijos de inmigrantes que otrora fueron mayoría en el barrio donde trabaja sólo con madera, cuenta, porque para la piedra necesita de otros ámbitos: "el polvo y la erosión deterioran las herramientas". Hasta allí va diariamente, antes de las ocho de la mañana desde su casa, a quince cuadras, y allí permanece durante doce horas de trabajo, cada día. Comparte con algunos alumnos parte de ese tiempo; con ellos discute, dialoga, experimenta, busca, confronta ideas, "así no estoy tan solo en un trabajo que es de por sí solitario".
Hace preparar la piedra en una marmolería en Morón, una localidad suburbana a media hora de automóvil desde su casa. Desecha el mármol blanco de Carrara y opta por piedras más duras.
Lo explica: el mármol utilizado para las mesadas tiene un máximo de dos centímetros de espesor. Pide que en el taller corten ese bloque en forma de prisma de 1,50 por 3 por 1,50 metros y lo fraccionen en pedazos de 1,5 por tres metros por 20 centímetros. Una de las variedades más utilizadas en su búsqueda del "negro absoluto" es el granito zulú, una piedra proveniente de Zimbabue, de una dureza extrema pero que luego de trabajada adquiere una delicadeza casi transparente. "Hay una veta en línea casi recta entre el Uruguay y Africa", relata.
En sus inicios como escultor en la década de los sesenta trabajó con madera y después con acrílico, "en 1969, cuando estaba el arte cinético". El idilio con este material duró seis años. Lo tallaba como si fuera piedra o madera, porque "logra espesores importantes y puede ser tan duro como quebradizo". El trabajo se hace lento "y es difícil sacarle la luz y lograr la transparencia. El acrílico se comporta como madera muy dura, con otras características", explica.
Al hablar de sus obras se detiene especialmente en los detalles del oficio. La base es el trabajo, el duro trajinar entre materiales que no se doblegan fácilmente y de los que hay que extraer la luz y la forma, con suavidad, con delicadeza, con la caricia de las herramientas.
De nuevo con el acrílico: "Es difícil lograr bloques sólidos de 50 x 40 por 40 centímetros, la escultura se hace más en bruto". Luego volvió a la madera y al acero inoxidable, bronce, hierro y otra vez quedó con la madera, y la piedra.
¿Con qué maderas trabaja?
-Utilizo maderas duras con muchos años de estacionamiento, normalmente de color oscuro. Así, los volúmenes se destacan mejor. La madera dura tiene un brillo propio, que sale de adentro hacia fuera.
¿Cuál es su método?
-Primero hago una maqueta o detalle para saber qué busco. Así voy organizando mi trabajo. A veces parto del dibujo, voy hacia la maqueta, siempre en una escala de uno a 10. Cuando la termino, ya tengo la idea de si voy o no a hacerlo. Algunas ideas quedan en maqueta.



DESARROLLAR "UN OJO ATENTO"


Gamarra, como muchos escultores –y cita el caso de Ennio Iommi-, es autodidacta. "En mí, el oficio es predominante, y eso es algo que las escuelas no dan. En las escuelas, uno sólo aprende a modelar y es rara la cantidad de artistas que sale de una escuela".
El oficio representa "el desafío que uno se impone. Por ejemplo, se parte de un pedazo de piedra; hay que buscar la forma en un proceso paso a paso, como los otros trabajadores hacen la industria. Hay que mirar mucho, mirar, lograr lo que llamo ‘un ojo atento’. También hay que tener en cuenta la imaginación; la imaginación es válida porque en el momento de ejecutar la obra, la idea se cumple. Cuando hice la primera escultura acrílica, salió tal como la había pensado, con la misma brillantez. Eso da una satisfacción y un placer inigualables".
Según su experiencia, los estudiantes "buscan escuelas, arte. En las muestras, buscan las técnicas, aprender los secretos de un oficio. El nuestro es, en gran parte, un aprendizaje con el ojo en un taller".
A la manera de las viejas escuelas de artes y oficios, Gamarra propone "fundar escuelas de escultura en las herrerías, en las carpinterías y en las tornerías". Y rechaza esa actitud "peyorativa para con los oficios que tienen ciertas tendencias artísticas; en realidad los oficios son la verdadera academia de pintura, de artes. Los oficios son la academia propiamente dicha, y por eso es necesario hacer una reivindicación del trabajo".
El director del MNBA-Neuquén, Oscar Smoljan, recordó que por primera vez una muestra no permanente ocupa un ala completa del edificio. Mencionó las incontables pruebas de iluminación realizadas para lograr el efecto requerido por el artista en cada obra y subrayó la donación de Gamarra al patrimonio de la ciudad. Una escultura, "Herramienta sobre travertino", queda incorporada al acervo artístico de la capital provincial. Según Smoljan, Gamarra es "un alquimista en busca de la síntesis milagrosa" que "moldea y esculpe sustancias mutándolas con maestría admirable".
"Trabaja metales imprimiéndole movimientos impensados y talla maderas y mármoles para que se comporten como si fueran otros elementos, para que simulen sufrir la transformación prohibida y reservada para otras sustancias de la naturaleza".


FICHA BIOGRÁFICA
Jorge Gamarra nació en Buenos Aires el 20 de febrero de 1939. A partir de 1965, realizó exposiciones individuales y colectivas. En 1976 y 1977 residió en Roma, donde obtuvo la beca Francesco Romero, otorgada por el Gobierno de Italia y el Fondo Nacional de Artes. Expuso en Asunción, Paraguay; en Milwaukee, Estados Unidos; en Quebec y Montreal, Canadá; en San Cándido y San Vigilio, Italia y en Francia.
A lo largo de su trayectoria, recibió numerosos premios, entre ellos el Paolini (1971), Museo de Arte Moderno, Buenos Aires; el tercer premio en el Salón Nacional de Artes Plásticas en 1975; el primero de la Bienal de Escultura Agustín Riganelli, otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, en 1976; el Premio Palanza otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes en 1981; el del Salón Nacional de Escultura en Madera, Resistencia, Chaco, en 1989; el Primer Premio del Museo de Arte Moderno de México, en 1991 y el Primer Premio Jurado de los Artistas, Festival Olímpico del Arte de la Escultura sobre Nieve, en Valloire, Francia, en 1994, entre otros.
Sus obras están en los museos de Arte Moderno de Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, Eduardo Sívori, de Arte Moderno de Buenos Aires, Fundación Banco de Crédito Argentino, Banco de Galicia, Lever & Asociados en Inglaterra, y la Corporación Financiera Rothschild de Buenos Aires.
sefiní

viernes, 23 de noviembre de 2007

25 años de literatura en Neuquén

Una mirada sobre el libro "Un referente fundacional. Las letras neuquinas en elperíodo 1981-2005", por Ricardo Costa, publicado en septiembre pasado por El Suri Porfiado.

Gerardo Burton
geburt@gmail.com


Cuando uno habla de Ricardo Costa no puede dejar de pensar en su poesía con ecos de los menos leídos que recordados Alberto Girri y Roberto Juarroz. La obsesiva precisión de las palabras, la desnudez de las imágenes, casi de metal por momentos; una geometría musical y el erotismo como apuesta lúdica son algunas de sus características.
Pero hoy Costa sorprende con un as en su otra manga: no ya la del poema certero sino la de la historia de la literatura de provincias, de una provincia, de Neuquén. En un período acotado que abarca un cuarto de siglo y enlaza, justamente, las postrimerías de la dictadura militar y el final del uno a uno con su bonanza -¿bonanza?- posterior.
En realidad, el libro que presentamos hoy, “Un referente fundacional” puede dibujar, desde un costado, la historia política y social de la provincia –o quizás, más acotado, de la ciudad- de Neuquén en ese período. Están todos los rasgos: el carácter aluvional que consolidó esta sociedad; la búsqueda entre ansiosa y desesperada por la originalidad; la búsqueda también ansiosa y desesperada de los pueblos originarios y su esposmádica y compulsiva incorporación a la escritura; los vaivenes económicos –hiperinflaciones, dolarizaciones, importación indiscriminada, devaluación-; la constitución de núcleos de escritura producida por inmigrantes de otras provincias y de Chile y otras naciones latinoamericanas. Bueno, la enumeración sería larga, pero está todo.
Costa no se priva de nada: en su libro nos puso a todos, desde Coirón y el Centro de Escritores Patagónicos en adelante. Si bien el arranque es con Irma Cuña, el mascarón de proa –y la imagen es del autor del libro- fue Palma Moreno. Pero el dibujo tiene sus marchas y contramarchas, y en ese itinerario lo único que se puede establecer como denominador común es el esfuerzo tozudo, la prepotencia de trabajo, la creación a como dé. No hay casi iniciativas oficiales, salvo los concursos de la Fundación del Banco Provincia gerenciada por Berta Schapiro y algunas ediciones aisladas. Están los “libros fundacionales”: Voces a mano, de Cultura de provincia y el imprescindible y único durante muchos años “Decires de cobreazul”, de Lilí Muñoz y Marita Molfese. También el semillero de los talleres literarios –Cristina Ramos, Mame Chiocconi, Ricardo Fonseca, Mariela Lupi-. Bueno, vean el libro que allí está todo.
También los grupos y acaso la cocina de sus actividades. Pero eso es historia de la literatura.
Dice el autor, por ejemplo: “entre finales de la década del '80 y principios de los '90, la literatura neuquina manifestó un desarrollo excepcional respecto de lo acontecido con la palabra escrita en otras regiones del país. Ello permitió que en los años inmediatamente posteriores a este período varias obras de autoría local cosecharan un destacado reconocimiento en el entorno literario nacional. No obstante la performance alcanzada, cabe reconocer que la gran mayoría de las obras gestadas durante las últimas dos décadas del siglo XX no ha sido aún transferida al campo educativo. No al menos mediante proyecto oficial alguno y tampoco en la magnitud deseada”.
Acá es donde empieza a plantear su hipótesis de trabajo, que se genera en torno de dos ejes: el pensamiento utópico –subraya el papel protagónico de Irma Cuña en este nivel- que se traduciría en la literatura en una suerte de “reserva utópica”, un concepto de García Canclini, y la “tradición de ruptura” inaugurada por la revista Coirón.
De ella dice que procura “delinear un perfil poético claramente despojado de las formas más encorsetadas de la literatura. Este golpe de timón que Coirón buscaba imprimirle al rumbo de la cultura, debía proceder de manera consecuente con la coyuntura socio-política y actuando de igual modo desde cada uno de los componentes de la ruptura en cuestión, es decir, pronunciándose desde un lenguaje innovador de las formas del discurso”.
Sin embargo, Costa habla de la literatura, de todos los géneros y de todos sus autores. Es decir, no se circunscribe a la poesía, si bien reconoce que es de mayor masividad –en cuanto a creadores, no en cuanto a lectores-.
También señala “el escaso apoyo brindado a la promoción y a la difusión literaria por parte de los diversos organismos de Estado” que “hizo que no todas las obra de autores locales pudieran llegar al público lector”. Además, menciona que “la falta de un proyecto político acorde con las circunstancias impidió sistematizar y bajar a la comunidad educativa el capital literario acumulado, espacio imprescindible para que el verdadero sentido crítico y reflexivo de la palabra se capitalice.
Desde luego que entre el personal activo y jerárquico del ambiente político-educativo se tiene conocimiento del patrimonio citado... No obstante, no se registra en el historial aplicativo del Consejo Provincial de Educación (C.P.E) ningún proyecto que contemple un proceso de transferencia de esta naturaleza. Es más, esta cartera tampoco hizo aportes bibliográficos de referencia sobre el particular, como publicaciones antológicas o guías de orientación que incluyeran textos de autores locales. Pero por otro lado, hubo emprendimientos asumidos por docentes que sí tomaron en cuenta a las Letras neuquinas a la hora de trabajar contenidos afines a la materia. Pero fueron, y lo siguen siendo, esfuerzos individuales”.
Vuelvo entonces al presente: el ensayo de Ricardo Costa planteará al menos dos polémicas en otros tantos ámbitos. Aunque ambos son propios para el autor, en el literario es donde quizás se generen las discusiones más encendidas. Todos conocemos cuán aguerridas pueden ser las internas. entre artistas, escritores y otros plumíferos del arte y el espectáculo.
En el ambiente educativo se producirán acaso menos controversias: es conocida la paquidermis del sistema y su dificultad para aceptar cambios, sugerencias, innovaciones que no provengan de la corporación.
Por eso subrayo el doble aporte de Costa: a quienes escribimos y maltratamos la literatura y a los que deberían incorporarla al estudio sistemático, pues es una mirada desde otra parte, donde quizás también esté la vida.

domingo, 14 de octubre de 2007

Contar la ciudad


Una ciudad tiene múltiples voces que la describen, que narran sus leyendas, las historias de su gente, y que registran sus tonos y el habla de sus habitantes. Un siglo después de su constitución como capital, Neuquén se despojó de los relatos del origen –crónicas de pioneros; reflexiones de misioneros; recomendaciones de maestros; sentencias de jueces y discursos de políticos-. Los viajeros dejaron su lugar a los migrantes que se radicaron en sucesivas etapas y en forma incesante. Esa nueva comunidad, distinta de la anterior, que convirtió el antiguo caserío en el principal conglomerado urbano de la Patagonia, originó formas de narrar propias, con singulares características. Los primeros textos –impresiones de viaje, descripciones de paisajes, diarios y cartas- fueron sustituidos por una literatura cada vez más robusta: la ficción comenzaba a explicar a la nueva comunidad, sus autores admitían a priori todas las fuentes disponibles, fueran éstas locales o foráneas.

Gerardo Burton

geburt@gmail.com


Con menor difusión que sus colegas poetas o dramaturgos, los narradores neuquinos de la actualidad producen en forma constante una literatura que pocos conocen: casi de culto, circula en ediciones de autor o en páginas web; sus autores se conocen pero escasamente se reúnen, salvo que compartan el mismo ámbito de creación –taller literario, círculo de escritores-. Neuquén capital alberga varios narradores, pero hay grupos fuertes en otras ciudades –Cutral Co; San Martín y Junín de los Andes; Zapala; Chos Malal y el norte-.
Un denominador común caracteriza la selección que aparece en estas páginas: ninguno de los autores seleccionados en esta muestra nació en Neuquén. Sin embargo todos, sin excepción, desarrollan sus carreras profesionales y literarias en la capital de la provincia.
Justamente por lo aluvional son representativos de una comunidad que se crea por acumulación de sucesivas y constantes corrientes migratorias: de otras provincias argentinas; de otras naciones latinoamericanas. Tres son porteños; uno bonaerense, otro entrerriano y el más joven es paraguayo.
Un segundo dato en común es que no existe el canon y, en el peor de los casos, está haciéndose. Si bien cada uno mantiene sus preferencias y reconoce influjos, en todos hay coincidencias en cuanto a quiénes son los escritores del centenario aun sin rasgos que permitan definir una literatura regional. Uno de ellos, Mariano Villegas, sostiene que “toda literatura es regional así los escritores sean de Buenos Aires; Yala, Jujuy o de Zapala, Neuquén”, una definición que permite delinear un habla, un modo de ver el paisaje, una forma de representar a la comunidad.
Héctor Mendes; Carlos Tata Herrera; Ricardo Fonseca; Cristina Ramos; -Mariano Villegas añade a Eduardo Helfgott- son nombres que generan coincidencias en los autores consultados. También mencionaron la labor de los talleres literarios –María Amelia Bustos Fernández; Cristina Ramos; Mariela Lupi; Pablo Montanaro- como ámbitos de discusión sobre el quehacer de la literatura y en especial de la narrativa.
A los narradores “hay que salir a buscarlos; existen, escriben, pero esa producción está oculta, no se publica”, explicaba Humberto Bas, apoyado por Alejandro Flynn y Gabriela Grünberg, quien expresaba su “rabia porque nadie se toma el trabajo de buscar la producción literaria, de leerla y ponerla en debate”.
La situación de los narradores se diferencia de la de los poetas, que “están más en exhibición, se sabe qué están escribiendo, se los oye, se los ve; en cambio aunque se sepa quiénes son los narradores, nunca se sabe qué están escribiendo”.
La falta de organicidad se manifiesta en dos aspectos: no hay un grupo o centro que nuclee a los autores de narrativa, y tampoco circula su producción. La inaccesibilidad, tanto para los autores como para los lectores en general, se atribuye a la falta de políticas de Estado en materia cultural y al deficiente funcionamiento del Fondo Editorial Neuquino, FEN.
Al respecto, Osvaldo Pellín consideró que una de las principales dificultades existentes es “la escasa acción del Estado y la aún más escasa convocatoria de los escritores para intercambiar ideas. La aparente inexistencia de narradores en la región es absolutamente irreal”, indicó.
Además, atribuyó a los poderes públicos la misión de “detectar, promover y editar a los escritores regionales. Y los medios de prensa deben saber que recabar la opinión de la intelectualidad regional es un capítulo que aun ni siquiera han explorado”.





Hablan de la cocina
* Trato de capturar el entorno a través de una imagen sensorial, que tiene que ver con algo. Otras veces no es así, no surge del entorno geográfico. Muchas veces me inspiro en temas de la historia argentina; otras son historias que me han contado. Recuerdo a Mauricio Kartun cuando decía que uno se inspira en una imagen. (Alejandro Flynn).
* En mi caso está muy presente la historia europea, la historia argentina y la memoria. Trabajo mucho sobre una palabra o una frase y después paso a los personajes. Mis textos son muy dialogados, atravesados por la historia argentina. Creo en la literatura universal. Trabajo intensamente sobre la experiencia del hombre. (Gabriela Grünberg)
* Trabajo con el contexto cotidiano, con los paisajes del origen, nada testimonial. Los paisajes diferentes se entremezclan en forma lúdica y los tomo para el relato. A partir de ahí hay una deriva hacia el lenguaje. En mí hay un gusto por el fluir del lenguaje; puede que a otros les interese el paisaje, a mí me interesa el fluir del lenguaje en el texto. (Humberto Bas)
* Es difícil determinar el influjo del paisaje, de la sociedad en los textos neuquinos. La dificultad determinante es que no se conocen como deberían. Seguramente hay narradores instalados en sus circunstancias existenciales que brindarán algún día sus descubrimientos. (Mariano Villegas)
* A diferencia de la distancia emocional que pedía Horacio Quiroga en su decálogo, yo no puedo escribir si no me emociono. A veces los paisajes dictan la letra. (A.F.)
* Escribir es desprenderse de cualquier tipo de dogma. Un decálogo le sirve a cada uno, cada uno elabora su propio decálogo... Hay una subversión entre lo ético y lo estético. En la escritura importa lo estético, que da vida y sentido. El distanciamiento es tomar un hecho y cosificarlo, verlo como un objeto: o se escribe o se está en el dolor. (H.B.)
* Borges decía que él tenía el principio y el final del cuento, en el medio ocurría la aventura, lo que va aconteciendo... Si no se toma distancia de la historia no se puede escribir. Necesariamente hay que salir de ella para involucrarse, por eso es tan diferente lo nuestro de la crónica (G.G.)
* Algunos nombres para el seleccionado: Julio Cortázar, Haroldo Conti, Edgar Allan Poe, Jack London, Enrique Wernicke, Horacio Quiroga, Louis Ferdinand Céline, Anne Tyler, Ernest Hemingway, John Updike, Daniel Moyano, Marco Denevi, Thomas Pyncheon, Augusto Roa Bastos, Jean Paul Sartre, William Faulkner, Juan Carlos Onetti, Macedonio Fernández, Leonidas Lamborghini, Juan José Saer, Nicanor Parra, Sergio Chefjec, Antón Chéjov, Fedor Dostoievski, Leon Tolstoi, Roberto Arlt.







Osvaldo Pellín


ENJAMBRE DE AVISPAS

Nadie habría reparado demasiado en ella, de no haber sido por aquel enjambre de avispas que alojaron en las grietas de la piedra.
Algunos curiosos fueron sorprendidos al internarse en la gruta que liberaba su acceso al bajar la marea y salieron despavoridos, perseguidos por aquellos insectos.
Para probar su agresividad, dispusieron, mediante diversos ardides, obligar a unos perros callejeros a internarse en la oscura caverna. Pero la cosa no se resolvió de acuerdo a lo previsto, con una huida y el festejo por el pavor de los perros. Se aguardó en vano, porque los perros aún no habían aparecido al producirse la pleamar.


JACK Y EL AFILADOR

Mientras el afilador avanzaba por la ciudad, Jack aguardaba lujurioso por una de sus presas, en una angosta calle londinense. Oyó el silbato que se acercaba. Cuando su figura se recortó a pocos metros, despejada la bruma de la madrugada, desechó por sospechosa la idea de huir, pues ése que venía no era ella. Relajó su cuerpo, recostándolo contra el muro en actitud distraída y sacó hábilmente un enorme cuchillo que relumbró entre sus manos. Miró a los ojos del hombre que seguía anunciándose con su silbato y le pidió, con cortesía, si era tan amable de afilar la hoja de su cuchillo.

Nació en Buenos Aires en 1940. Hizo su carrera como médico en Neuquén, en el sistema público de salud.
Publicó cuentos y relatos recopilados bajo el título “Afuera de nosotros” y editado por Ruedamares en 2006. Tiene un libro de poesía “en clave de tango”, titulado “Dúo en Fa”, en colaboración con el poeta misionero Miguel Angel Ferreira. Un cuento suyo, “El caballo carneado”, fue premiado en un concurso en Córdoba. Integra el taller literario de Cristina Ramos.




Mariano Villegas


BAJO LA BARDA (novela, fragmento)

El 31 de diciembre por la tarde, Conrado Vallejos, descalzo y en short, dispuso una limpieza a fondo del lugar donde vivía con el ingenuo propósito de esperar el año nuevo en solitario de la manera más ordenada y pulcra posible. Una voz aguardentosa le decía al oído con algo de impiedad y de sentencia que mejor debería limpiar su vida.
La vivienda era un garaje de nueve metros de largo por cuatro de ancho construido bajo la barda, ese profundo barrancón en declive conformado durante siglos por el río Limay nacido en el lago Nahuel Huapi. Su marcha obstinada hacia el Atlántico, ha degradado una franja inmensa de la región en las estepas del sur continental. En esa geografía se une el Limay con el río Neuquén, otro río de montaña, conformando la región Confluencia. El nuevo y enriquecido caudal a partir de allí de denomina Río Negro, vía de agua que recorre centenares de kilómetros hasta desagotar en el Océano Atlántico. A lo largo de su ribera se fundaron numerosas poblaciones cuyos habitantes, en general, se dedican a los cultivos de manzanas, peras y uvas.
Entrando al garaje, a la derecha, había una habitación cuya ventanita en el borde superior de la pared, daba a una calle en pendiente. Todos los espacios, incluido el baño ciego, permanecían en penumbras como es habitual en sótanos y ambientes semienterrados, propicios por otra parte, para el fluir constante de pensamientos sombríos...(....)
En noches de despiadados vendavales, mezclado con aullidos de álamos y cables eléctricos, se oían escalofriantes bramidos de dinosaurios extraviados en las mesetas, perceptibles a los oídos de Conrado, al promediar la ingesta de media botella de ginebra. La lluvia es una excentricidad (excepto los aterradores aluviones que se dieron al año siguiente) y si por algunos de esos desvaríos meteorológicos se producía alguna precipitación, venía en forma de lánguidas y persistentas garúas propicias para la simplezas criollas del mate amargo y la torta frita. De truenos y relámpagos, ni rastros.


Mariano Luis Villegas nació en Bovril, Entre Ríos en 1934. Se radicó en Neuquén en 1974. Vive en Buenos Aires desde hace un año. Es jubilado del Consejo Provincial de Educación del Neuquén.
Publicó cuentos en ediciones colectivas –Fundación Banco de la Provincia del Neuquén- y las novelas “Campo de experiencias”, premio de narrativa breve de Almería, España, que se publicó en México en 1992, y “Una gesta primaria”, editada por Bitzoc, Barcelona, premiada por la Fundación March Cencillo de Palma de Mallorca, en 1998. Esa misma novela recibió una mención en el concurso del diario La Nación, también en 1998.




Oscar Castelo

SENTIDO PRÁCTICO

Quién se puede imaginar. Tremendo groncho en ese mameluco engrasado. Los pelos revueltos como recién levantado, cantando dulce y bajito.
Yo estaba en otra cosa pero por algo me había puesto alerta.
Desde la fosa me dijo, oiga miss ¿por qué no baja?
Me dije; con mi two pieces de poplin inglés, “Vaya y por qué no... sin duda la mecánica tiene sus secretos”.


TALÓN DE ENTREGA

La tarde como invierno. El fuego encendido. Música, por momentos llueve.
Penumbra y algunos quejidos de la madera. No se sabe si provienen del fuego, del agua o del viento. Hay rumores en los encastres y en los ángulos. Entre las telarañas. En el piso de parquet o en la muralla de lajas de la chimenea.
La puerta entreabierta parece despejada justo en el momento en que la casa se desplaza.
Al dorso se lee: devolver al remitente.


RURALIA

Parece despropósito. Qué se le va a hacer. Sentirse tan igual. Al menos parecidos.
Estar todo el tiempo campeando uno en el otro imperfecciones y similitudes.
Cruzamos el campo casi sin quererlo. Atravesamos el bosque medio a oscuras, el sol deambula aun dormido.
Finalmente repechar la cuesta, salir al claro amaneciendo.
Estremecidos y mojados dejarse envolver por el vapor que sube del río.
Uno contra otro. Satisfechos, hombre y caballo.


Su trayectoria literaria comenzó al obtener el primer premio de cuentos organizado por Literaria, publicación dirigida por Pedro Orgambide, Osvaldo Seiguerman y Humberto Constantini a finales de la década de 1960. Posteriormente dirigió, junto a Abelardo Castillo, Arnoldo Liberman y Constantini, entre otros escritores, la revista El Grillo de Papel.
Ilustró libros de poetas, se dedicó a la publicidad, la hotelería y realizó muestras individuales de dibujos, pinturas y grabados en galerías de Buenos Aires, Lima, Río de Janeiro y Montevideo. Colaboró en El Barrilete, de Roberto Santoro y Eco Contemporáneo, fundada por Miguel Grinberg.
Fue finalista, en 197l, del Certamen de Novela Latinoamericana organizado por el Diario La Opinión y Editorial Sudamericana, con “La galleta”, escrita en colaboración con Norman Calíbrese.
En l972 se integró a los equipos gráficos del Peronismo de Base. En 1979 se radicó en Neuquén, donde colabora con diarios y revistas y participa de antologías de escritores patagónicos.
En 2004 publicó “Barda brava”, poemas, en la Editorial Limón. Fue colaborador del Teatro del Bajo, es autor y director de teatro.


Gabriela Grünberg
Manuel (fragmento)

No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.
Prólogo de Los conjurados, de Jorge Luis Borges

Suena la sirena
de vuelta al trabajo
muchos no volvieron
tampoco Manuel
de la canción “Te recuerdo, Amanda”, de Víctor Jara

Teresa se levantó muy temprano. Se incorporó, se sentó al borde de la cama y se calzó las chinelas. Sintió los pies helados y caminó unos pasos hasta la otra pieza, para prender la garrafa. Cocina-comedor, como decía Manuel, él la había levantado con sus propias manos. Negra, no vivimos más en una choza, ves, es una casita en serio – decía y los dos la miraban extasiados, desde el patio de tierra de adelante. Y vamos a tener jardincito, ya vas a ver, mi Negra, y una parra, que a vos te gustan las uvas, vamos a plantar una parra, Tere, vos prendele una velita a la Virgen de Luján, que me siga protegiendo y tenga trabajo, más ahora que se viene el Manuelito. Entonces le tocaba el vientre hinchado su Manuel y ella reía y le preguntaba qué hacemos si es una Manuela y él la miraba serio, desde el carbón de sus ojos enormes, y le decía que con más razón, Teresita, con más razón, si es una nena me voy a volver loco de alegría y le voy a hacer muñecas y vos le vas a coser los vestidos y ella volvía a reir, si vos no sabés hacer muñecas, Manuel y él se ponía serio y contestaba que iba a aprender a hacerlas para su princesita y que ya se la imaginaba igualita a ella, a su Teresa y qué tal si la llamaban Eva, comentaba ella y Manuel meneaba la cabeza que Evita hubo una sola y ya había tenido un hombre y un destino y su hija, si es que era hija, mejor nombrarla distinto, que fuera única y mientras miraban la casita barajaban nombres porque Manuel decía que no había que cargar a los hijos con los nombres de los padres, o sea de ellos, y Teresa se lo respetaría porque él era lo que más amaba sobre la tierra y sus manos callosas sirviéndole unos mates cuando ya habían entrado y miraban la cuna aún vacía que también había hecho Manuel, con la ayuda del pelado José que era un buen amigo. Trabajaban en la misma fábrica, el pelado y su Manuel, pero el pelado no tenía ni mujer ni hijos, era medio atorrante, le gustaban las mujeres, todas le gustaban, no me decido, le confiaba a ella, a ver vos, Teresa, ayudame y ella sonreía y le contestaba que ya iba a llegar una que le diera vuelta esa cabezota pelada que tenía. Prendió la garrafa con el pensamiento aturdido y volvió a la pieza. La cuna ya no estaba, claro. Tampoco Manuel. Miró a su única hija, que dormía con ella, en ese espacio vacío que siempre estaría vacío, pensó Teresa, no importa que esté ocupado y que la quiera tanto a mi Cynthia, al final se habían decidido, nombre de lazo y puntilla, había dicho Manuel cuando la vio y ella había reído, qué lazo ni qué puntilla, mirala con los pelos negros pegoteados y la carita de viejo arrugado y Manuel la besaba y afirmaba que él se la imaginaba en el bautismo con el vestidito que le iba a coser Teresa, todo lazo, todo puntilla y ella suspiraba y le daba el pecho y pensaba que de dónde iba a sacar la plata para la tela si no encontraba quién la cuidara a la beba mientras ella trabajaba de empleada doméstica, a lo mejor la patrona la dejaba llevarla, siempre y cuando no berreara mucho y después lo espiaba a Manuel, tan encendido y no le discutía, que sí, que se llamaría Cynthia nomás, total para el bautismo falta un año, se consolaba Teresa y quién sabe todo lo que puede pasar en un año.
...

... al final pude, sabés Manuel, y va a seguir estudiando, así me dijo, nos salió buena, es duro sola, pero bueno, yo no puedo de otra manera, mirá que el pelado José me insistió todo lo que pudo, pobre, Teresa, me decía, yo me salvé porque ese día, justo ese día, no fui a la fábrica y pude esconderme a tiempo, sabés, Manuel, anduvo años guardado, a él tampoco se le van ni el miedo ni la bronca, nunca, lo único que se le fue es la pasión por las mujeres, ahí anda, solo, trabaja de mecánico, ya te dije que es el padrino de la Cynthia aunque, claro, él tampoco pudo venir al bautismo y yo le mentí al cura, le dije que el padrino iba a ser justo mi hermano pero no había podido viajar desde Santiago del Estero porque se había enfermado, mirame a mí, mintiéndole al cura, después le pedí perdón a la Virgen de Luján. Pero yo sabía, siempre supe, que vos querías que el pelado fuese el padrino de tu princesa. Padrino sí, marido no, sonrió Teresa, que el pelado aún hoy le decía, Teresa, Manuel no va a aparecer, vos lo sabés bien, no se va a enojar si te casás conmigo y yo que no, que hasta que no tenga una tumba donde llorarte no, y el pelado bufa y menea la cabeza y sabe, Manuel, sabe que aunque tuviera la tumba tampoco. Tampoco Manuel.

Nació en Buenos Aires y reside en Neuquén hace nueve años. Publicó “El titiritero y otros cuentos”, Torres Agüero, en 1996, con prólogo de Ricardo Monti y “Los nudos de la memoria”, Último Reino, en 2005, con prólogo de María Amelia Bustos Fernández. Por este libro recibió el tercer premio de narrativa “Eduardo Mallea” otorgado por la secretaría de Cultura de la ciudad de Buenos Aires. Tiene en preparación un próximo volumen titulado “La morada de las pasiones”, ilustrado por Carlos Alonso.
Es licenciada en Letras y traductora pública de inglés.



Alejandro Flynn

El Turco

Los ojos lo dicen todo. Siempre creyó esto. Espejos del alma, señales del adentro. De allí que la cara del tipo se le apareciera en sintonía con lo que se acordaba de él. Los ruidos de las frenadas de golpe, frente a la casa, después las puertas de los fálcon abriéndose como fauces del infierno. Los gritos, las puteadas y las órdenes. El saqueo de los objetos de valor, la tira de goma de cámara de auto anudada parrilla” lo insultaría mientras paseaba la electricidad deshaciendo la vida sobre su cuerpo.
La voz del Turco, la que salía entonces de la misma boca, de la misma cara del hombre que tenía ahora sentado frente a sí en el tren. La de labios finos, la del rictus siniestro por sonrisa. El semblante reconocido de pronto como una foto, una instantánea fijada cuando arrasaron la casa y antes de la goma, la que le dejaría una marca duradera sobre la piel como un estigma del espanto. El ruido de las cadenas y los gritos desgarrados, el olor a carne quemada por la picana. Los llantos y el temblor de hielo entre carne y huesos; el frío como un veneno sin antídoto posible. Y en esa usina de tormentos el Turco escupiendo obscenidades, retozando en las catacumbas pútridas de su propia humanidad vencida, rendido a la náusea, a su irreversible mutación monstruosa, al vacío sin fondo de la soledad y la caída.
Y la fuga una noche con otros compañeros. Liberarse como un milagro, como lo no posible hecho verdad. Como tan pocos, contados, ínfimos, lo conseguirían a lo largo de tanto chupadero sembrado de una punta a la otra de la tierra.
Después, los años en el medio. Y sobrevivir como diese lugar, con el dolor como una dolencia crónica. Y añorar lo que se olvidó, la alegría que apenas se entrevé mirando muy atrás, al antes de, cuando era natural y sin trabajo.
Y en este extremo, en el ahora, el estremecimiento al descubrir que es éste el rostro del horror, el que tiene adelante y que acaba de asimilar en su expresión el posible reconocimiento de su víctima. La incomodidad también como una picazón en el turco, que, efectivamente, también descubre al otro. Y todo es querer levantarse en él y huir de ese recuerdo. Nada más pretende el carcelero en ese instante, desprenderse de ese reflejo de sí, tal como se evade hace tanto de su propia imagen, de su propio chupadero interior, en el que él es el atormentado y a la vez, como entonces, el verdugo.
Se incorpora, se va yendo. Escucha a sus espaldas las palabras del otro que le dicen lo que ya sabe:
“Vos sos el Turco. Y estás más muerto que yo”.

Nació en Sáenz Peña, Buenos Aires, en 1958. En 1976 se radicó en San Carlos de Bariloche, donde integra talleres literarios. Escribe cuento, poesía y participa en publicaciones colectivas. También es dramaturgo, tiene escritas cinco obras de teatro: “Moreno”; “El cumpleaños de Ana”; “Final en Burguess Farm”; “El león y nosotros” y “El piquete”. “Moreno” fue seleccionada por el Instituto Nacional de Teatro en 1999 y estrenada en Buenos Aires por el grupo Fray Mocho, que la mantuvo en cartel entre 2000 y 2002.



Humberto Bas
La culeada (fragmento)

Sin nadie con quien hablar de estas cosas, termino hablando solo, conmigo mismo. Puedo malgastar mis palabras. ¿A qué malgastar mi silencio?... Augusto Roa Bastos.

Usted ve todo mal porque tiene la vista así. Dice que las mujeres se hacen a golpes y deja que Francisco me pegue. Ve cómo rompo las tazas cuando estoy enrabiada y me mira mal, que por qué hice eso, me pregunta, que eso no se hace, me dice.
Por eso creo que el problema está en sus ojos; en el adentro de sus ojos. Allí, por esas viboritas que le hacen de venas o músculos, por esos cables que atan sus ojos a su cerebro y le hacen trastabillar las ideas.
Mira cuando subo a bajar las bolsas de afrecho y dice, la mujer se hace a golpes, mientras ve cómo me caigo. Por las noches, cuando pega su oído a la puerta, escucha mi grito apagado en la almohada y los gritos de chancho lleno de Francisco y se siente contenta. Se siente así porque no es la que está allí. Cuando por las mañanas tengo mis ojos con sombra, dice que me maquillo y no que son moretones de sopapos.

Yo creo que tiene los ojos dados vuelta, hacia atrás, y se mira, y se retuerce viéndose toda negro adentro, como víspera de tormenta, como en esos sueños desbarrancados que uno cae en el pozo y amanece bajo el catre.
Pero cuando ve al Pancho saliendo de mi atrás, abrochándose el pantalón y secándose el sudor con olor a cochinada, usted se relame esa su boca sin dientes y se le encienden los ojos enrevesados.
Por eso pienso; cuando él me abre de atrás, como destajando sandía, cuando me hace mojar la sábana con mi sangre y mi saliva, que usted también pasó por esto. Pienso que extraña a papá haciéndole así, o que lee da pena que él ya no esté, desde que murió atragantado con locro, mientras hacían eso, y no tiene a quien latarle toda la rabia que le entró.
Pienso que extraña, no el gusto, sino la costumbre del dolor que le solía arrancar tajos de su grito en esas siestas en las que me mandaban a lo de Erótida.
No pudo vengarse de él, por sus desgarraduras, y se venga de mí. Quiere partir su dolor de antes y tirar sobre mi dolor de ahora, de pura egoísta que es nomás.
Eso pienso porque no me hace caso cuando le grito, sin palabras, con mis ojos, para que me ayude, que me socorra y sólo encuentro sus ojos qu ese escapan y entonces, mejor, quedo callada, mirando el piso, que aunque sucio, me escucha no diciéndome nada, no mostrándome de vuelta mi cara como usted lo hace.
Yo veo en su cara mi cara y me asusto, tengo vergüenza de mí. Después veo esa misma vergüenza en la cara de los vecinos, cuando me ando por la calle y me miran fiero.


Nació en San Ignacio, Misiones, Paraguay, en 1965. Publicó “La culeada”, en forma artesanal y “El Superpalo”, novela, en julio de este año. “La culeada” fue adaptada para teatro por Grisel Nicolau y, dirigida por Paula Mayorga, estuvo en cartel en la región durante varios meses.
Tiene inéditos un volumen de cuentos y tres novelas: “Bolodo poro Corloto”; “Cándido Moraleja” y “Los Julianos”.

Publicada en el diario "Río Negro", el 13 de octubre de 2007.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Alejandra Pizarnik, in memoriam


Luisa Peluffo sobre Alejandra Pizarnik: un recuerdo, una anécdota y la posibilidad de encontrar la forma de decir cómo nace la poesía en lo cotidiano. El artículo fue publicado en el diario "Río Negro", el domingo 23 de septiembre, y lo reproducimos aquí.



“Los recuerdos vienen, pero no se quedan quietos…”, observó Felisberto Hernández. El que yo tengo de un único encuentro con Alejandra Pizarnik moviliza otros: el de Olga Orozco y Valerio Peluffo –hermano de mi padre y marido de Olga– y el de mi abuela paterna. También me trae a la memoria toda una época, a fines de los ’60, en que Londres, los Beatles, Rayuela y el boom latinoamericano eran protagonistas. Mientras en Buenos Aires, la universidad y el Instituto Di Tella declinaban bajo la dictadura de Onganía, en Europa se avecinaba el mayo francés.
Olga y Valerio, vivían en aquel entonces el comienzo de una relación que, como en los cuentos de hadas, desembocaría en matrimonio. Ella trabajaba como redactora en la revista “Claudia” y él era arquitecto, pero además un lúcido y apasionado lector.
Una noche Valerio me invitó a comer, anunciándome que iría Alejandra Pizarnik. En aquel entonces yo tenía una idea “romántica” del arte y los artistas y sentí una gran expectativa. Me sabía de memoria algunos poemas de Alejandra, como el que comienza: “Días en que una palabra lejana se apodera de mí. / Voy por esos días sonámbula y transparente...” y me la imaginaba como una etérea y alucinada adolescente.
Pero cuando su figura menuda apareció en el living de mi abuela me encontré, no con una adolescente, sino con una mujer joven (tenía 31 años entonces) de ojos castaños, vivaces pero tristes, que escondía detrás de unos grandes anteojos. Tenía el pelo muy corto y estaba vestida como si quisiera afearse deliberadamente, o como si no le interesara en absoluto su apariencia.
Me acuerdo que pensé con ingenuidad que un poco más de arreglo y otra ropa, la hubieran favorecido, sin reparar que justamente había mucho de desafío en esa indiferencia de Alejandra por su aspecto.
Respecto a esto, Ivonne Bordelois le comenta a Cristina Piña (que escribió una excelente biografía de Alejandra) lo siguiente:
“...recuerdo una fiesta que se ofreció en Editorial Sur al joven poeta Etvouchenko. Toda la intelligentsia porteña se apretujaba en torno a la estrella, quien, con lúcida celeridad supo reconocer, por encima de la jauría lisonjera que lo rodeaba, aquella única, pequeña y mal vestida sirena cuya única voz podía arrebatarlo...”.
Alejandra tenía voz grave, pero a mí lo que más me llamó la atención fue su manera de hablar. Hablaba pronunciando cuidadosamente las consonantes, marcando todas las eses y separando imprevistamente algunas sílabas, o demorándose en otras. El resultado era un habla de extranjera, como ella misma dice en una entrada de su diario, cuando escribe: “…esta voz ciñéndose a las consonantes. Este asegurarse de que nada quede sin pronunciar…”.
Sin embargo, esta manera de hablar que en cualquier otra persona parecería rebuscada, en ella sonaba como algo propio y natural. Aparentemente, el origen de esta dicción minuciosa, era una tendencia a la tartamudez.
Así como para el gran poeta chileno, Gonzalo Rojas, la dificultosa pronunciación de las palabras significó el descubrimiento de la poesía, en Alejandra, la tartamudez originaba esa “cautelosa” manera de hablar y un extrañamiento consciente que vuelca en su poesía como cuando dice: “extraña que fui / cuando vecina de lejanas luces / atesoraba palabras muy puras / para crear nuevos silencios” .
Aquella noche, Alejandra saludó con ternura a mi abuela, por quien sentía especial afecto, tal vez porque “mamita”, como la llamaban Valerio y mi padre, era una abuela como las de antes, de cabeza blanca, que a pesar de sus rosarios y misas diarias, confraternizaba amablemente con los invitados de mi tío, por más bohemios o exóticos que fueran.
De todas maneras –y como suele suceder cuando se reúnen escritores– durante esa comida no se habló de literatura y Alejandra no se mostró para nada alucinada o sedienta de absoluto, como yo esperaba, sino deslumbrante de inteligencia y ferozmente irónica. Me acuerdo que secundada por Olga, se deleitó en ridiculizar a algunos escritores y personajes del ambiente literario porteño y que eran muy divertidas sus irreverencias.
Otra cosa que me llamó la atención aquella noche, fue su obsesión por los juegos de palabras obscenos y hasta escatológicos (que años después reencontré en textos póstumos (“La pájara en el ojo ajeno”, “El textículo de la cuestión”, etc.) y me acuerdo que ella detenía el juego justo al borde de lo chocante, condicionada tal vez por la presencia de mi abuela y la mirada de Olga, que tenía con ella una actitud de madre ante las travesuras de su hija.
La conversación también se centró en recuerdos nostalgiosos de un París que las dos habían compartido y contaron anécdotas que incluían a Julio y Octavio, que eran nada menos que Julio Cortázar y Octavio Paz. Yo no podía creer estar oyendo hablar con esa familiaridad de semejantes íconos literarios y aunque Alejandra me preguntaba por mi trabajo en la revista “Panorama” y por algunos amigos de ella, que también trabajaban allí, me sentí tan intimidada que apenas abrí la boca.
Cinco años después, cuando me enteré de su muerte, y sobre todo de las circunstancias de su muerte(1), tomé conciencia de que conocerla me había decepcionado y fascinado al mismo tiempo. También que me había enseñado que la poesía no es algo que está donde uno pretende que esté. Está donde uno quiere y puede descubrirla.
Aquella noche de 1967 Alejandra ya había dejado de encarnar el personaje de la precoz niña poeta, ya no había inocencia en ella, sólo causticidad, juegos verbales y sarcasmos brillantes, como un deliberado anticlímax. Y fue la sinceridad misma. Porque para ese entonces es muy probable que ella ya se hubiera negado a creer en su propio personaje poético, como anticipa en el poema titulado “Reloj”:
“Dama pequeñísima / moradora en el corazón de un pájaro / sale al alba a pronunciar una sílaba: NO.” . Hasta ese “no” rotundo, Alejandra fue “la pequeña viajera”, “la pequeña olvidada”, “la pequeña muerta”, “la niña sonámbula en una cornisa de niebla”, o “la princesa en la torre más alta”, pero al ser alcanzada por la adultez se fue alejando de esa imagen de niña clarividente, para enfrentar a “la otra”, a “la extranjera” y descubrir: “…en cualquier momento la fisura en la pared y el súbito desbandarse de las niñas que fui…”.
La otra protagonista de esa noche, Olga Orozco, transmitía en cambio la imagen de una suerte de pitonisa. Su voz profunda, oracular, el distanciamiento (usaba el “tú” , en lugar del “vos”) y el hecho de que durante bastante tiempo había tirado las cartas del tarot, coincidía con este personaje que anuncia con tono profético: “…Cuídate del amor que es quien se queda. / para hoy, para mañana, para después de mañana. / Cuídate porque brilla con un brillo de lágrimas y espadas... “ .
Tono profético que en sus últimos poemas, escritos después de la muerte de Valerio, se va humanizando: “...Encuéntrame, amor mío, en tu tiempo presente. / Mírame para hoy con tus ojos de miel, de chispas y de claro tabaco. / Sé que a veces de pronto me presencias desde todas partes...”.
Relacionado con el tema de la imagen o el personaje que se va construyendo alrededor de una persona, es interesante comprobar que tanto Olga como Alejandra cambiaron su nombre: Olga Gugliotta por Olga Orozco y Flora Pizarnik: por Alejandra Pizarnik. Dejando de lado la cacofonía resultante de “Olga Gugliotta”, los nombres paternos no coincidían con sus personajes latentes y por lo tanto no se sintieron representadas por ellos.
Olga, experta en seudónimos (como redactora en la revista “Claudia” llegó a tener ocho), adoptó como nombre literario el apellido de su madre, el resultado fue Olga Orozco: combinación sonora de perfecta redondez, digna de la poeta que fue. Esta elección fue inspirada probablemente por el nombre de su amigo y maestro: Oliverio Girondo, y evocadora del gran muralista mexicano, o karmáticamente, dados sus conocimientos astrológicos, por el casi homónimo “horóscopo”.
Por su parte el apellido Pizarnik es la transcripción errónea (cuando los padres de Alejandra hacen el trámite inmigratorio) del Pozharnik original, cuya raíz rusa “pozhar” significa “incendio”, algo que enseguida asociamos con la poesía pizarniana. Pero esto podría ser una coincidencia (aunque yo no creo en el azar), en cambio el remplazo deliberado de Flora por “Alejandra” (que lo duplica en sílabas), sugiere busca de afirmación y tal vez cierta atracción por la magnificencia implícita del nombre, reiterada en un poema: “alejandra alejandra / debajo estoy yo / alejandra” .
Y Alejandra no sólo se forjó un personaje poético que durante un tiempo le permitió aceptarse, también idealizó la imagen de su padre, el “hombre de ojos azules” que aparece en algunos poemas y que - según la biografía de Cristina Piña - le producía horror. De chica, Alejandra fantaseaba que su padre era violinista y probablemente “conde”.
Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, creo que su inteligencia y su humor deslumbrantes, encubrían una vulnerabilidad intolerable, esa vulnerabilidad que la lleva a preguntarse en el poema:
“y que es lo que vas a decir / voy a decir solamente algo / y qué es lo que vas a hacer / voy a ocultarme en el lenguaje / y por qué / tengo miedo”.
Vulnerabilidad, impotencia, desesperación, de quien ya sabe que las palabras no bastan, como cuando dice:
“…no, las palabras no hacen el amor / hacen la ausencia / Si digo agua ¿beberé?Si digo pan ¿comeré?…”.
También Olga Orozco se preguntó: “…¿cómo nombrar con esta boca, como nombrar en este mundo con esta sola boca?…”13 y admitió: “…nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía. Hemos ganado. Hemos perdido...”.
Pero el balance de Alejandra es demoledor; poco antes de morir, en septiembre de 1972, escribió:
“La noche soy y hemos perdido / Así hablo yo, cobardes. / La noche ha caído y ya se ha pensado en todo”.

(
1) La muerte de Alejandra a los treinta y seis años, a causa de un exceso de somníferos, fue una muerte anunciada. En 1970 hubo un primer intento de suicidio, al que siguieron otros y pasó temporadas internada en el pabellón neuropsiquiátrico del Hospital Pirovano.

Referencias:
Felisberto Hernández, “Por los tiempos de Clemente Colling” (Obras Completas), México, Siglo Veintiuno Editores, 1983.
Alejandra Pizarnik, “Arbol de Diana”, Buenos Aires, Botella al Mar, 1988; “Los trabajos y las noches”, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1965; “El infierno musical”, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 1971; “La última inocencia”, Buenos Aires, Botella al Mar, 1976; “El infierno musical”, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 1971; “Textos de sombra y últimos poemas” (Recopilación Olga Orozco y Ana Becciú), Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1982.
Cristina Piña, “Alejandra Pizarnik”, Buenos Aires, Planeta, 1991.
Ivonne Bordelois, “Correspondencia Pizarnik”, Buenos Aires, Seix Barral, 1998.
Olga Orozco, “Los juegos peligrosos”, Buenos Aires, Losada, 1972; “Con esta boca, en este mundo”, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1994.


(*) Luisa Peluffo nació en Buenos Aires y cursó estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Se radicó en San Carlos de Bariloche, en 1977. En 1988 obtuvo la beca Creación en Narrativa otorgada por el Fondo Nacional de las Artes. Su primera novela, Todo eso oyes, mereció en 1989 el Premio Emecé. Su segunda novela, “La doble vida” (Atlántida, 1993) el 1°Premio de Narrativa, Región Patagónica, de la Secretaría de Cultura de la Nación y el Premio “Ricardo Rojas” de la Municipalidad de Buenos Aires. Ha editado los libros de poemas: “Materia viva” (Schapire, 1976), “Materia de revelaciones” (Botella al Mar, 1983) y “La otra orilla” (Ultimo Reino, 1991) que recibió el 1º Premio del Fondo Nacional de las Artes, y en España, “Un color inexistente” (Torremozas, 2001) que obtuvo el XVIII Premio “Carmen Conde” de Poesía.
En 2005, su obra teatral “Si canta un gallo” mereció el 3º Premio del Instituto Nacional del Teatro.

viernes, 21 de septiembre de 2007

"Una nunca sabe" en la Conrado


Dos acontecimientos confluyen para algarabía del arte neuquino: la reapertura de la Conrado, centro cultural y el estreno, en su escenario renovado, de una comedia dramática que aglutina a un nutrido grupo de artistas de larga, reconocida y fructífera trayectoria en la región. El sábado 22 de septiembre se estrenará la obra teatral "Una nunca sabe" con Paula Mayorga y Chana Fernández.


NEUQUEN.- "Una nunca sabe" es una comedia dramática protagonizada por Paula Mayorga y Chana Fernández, con dramaturgia a cargo de Mayorga y la colaboración del reconocido director Luis Sarlinga. La supervisión artística de la obra así como de la técnica de varieté, estuvo a cargo de Leandro Rosati.

La cita es a las 21.30 horas, en la Conrado, centro cultural, Irigoyen 138 de Neuquén capital.

Una es mujer, vieja, empleada doméstica y también es Otra, que soñaba con ser cantante, amante, feliz; ambas son voyeur y llevan en sus cuerpos las marcas del pasado que aparecen como los viejos recuerdos: a medias y con velos que lo confunden todo. Una y Otra hablan, cantan, gritan, insultan pero, sobre todo, sueñan y recuerdan. El ejercicio de la memoria suele ser el único camino que lleva a verdades ocultas largo tiempo bajo el polvo del miedo: recordar busca liberar.

Desde la cotidianeidad de la labor doméstica aparecen los temas fundamentales de esta época: el abuso, la violencia, la soledad, la explotación, la infelicidad, las suaves maneras de la hipocresía.

"Una nunca sabe" recoge los signos más característicos de la comedia dramática, inscribiéndose en el repertorio de nuevas estéticas que abrevan en el sainete, el grotesco, el varieté, con un lenguaje desprejuiciado, descarnado y, por momentos, de una ternura que desarma.


REPARTO

Actuación: Paula Mayorga & Chana Fernández

Supervisión artística y de técnica de varieté: Leandro Rosati

Libro: Paula Mayorga con la inestimable colaboración de Luis Sarlinga

Música: Mario Silveri

Diseño, realización de puesta escenográfica y vestuario: Claudia Ganquín

Operadora técnica: Mabel Bertolín

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Palabras, arte y gestos en el MNBA-Neuquén


Con una exposición de caligrafías de Silvia Cordero Vega y la presentación de "Poemas y Gestos", de Alelí Gotlip, se realizará, en la sede neuquina del MNBA, un ciclo que incluye además danza y un taller y una conferencia sobre el arte de la escritura.


NEUQUEN.- Un ciclo en el que confluirán danza, poesía y caligrafía se realizará el viernes y sábado próximos en el café del Museo Nacional de Bellas Artes. Consistirá en una exposición de caligrafías de Silvia Cordero Vega, quien además ofrecerá una conferencia y coordinará un taller, y la presentación del libro "Poemas y Gestos", de Alelí Gotlip. Con esta publicación se inaugura el sello editorial Sapientia, que propone el cruce entre las artes; en este caso se trata de poesía con caligrafías realizadas por Cordero Vega sobre textos del libro.
El viernes 21, Alelí Gotlip presentará su libro "Poemas y gestos", una colección de textos donde las palabras aparecen de en dos planos: uno, en la composición del poema; el segundo, en la línea que conforma el dibujo. Porque los textos se repiten en las imágenes y las imágenes están en los textos y se configura un cuerpo con ambos modos de ver la poesía. En un tercer punto de contacto, la presentación incluye la danza, que, sobre la base de los textos, hará la bailarina Angela Ganquín. La cita es a las 20 en el café del Museo. También participará el periodista Gerardo Burton.
En esa ocasión se inaugurará la exposición de caligrafías de Cordero Vega, integrante de CaligrafiAR, una entidad que agrupa a calígrafos argentinos.
El sábado 22 habrá una conferencia de Cordero Vega con demostraciones de distintas herramientas y procedimientos utilizados para la composición caligráfica.
El ciclo es organizado por ediciones Sapientia, un sello perteneciente al grupo Alelí Gotlip-Sociología cultural. Con la publicación del libro se inicia una colección cuya característica principal es la confluencia de las artes, la coexistencia y la correspondencia entre una y otra. Cada publicación contendrá, al menos, dos disciplinas diferentes. En este caso, se trata de la poesía escrita y la caligrafía. La presentación, entonces, incorpora una tercera expresión: la danza.
Esto coincide con la concepción de caligrafía según Silvia Cordero Vega. Para la artista, "la caligrafía es un acto casi corporal, visceral, que tiene como medio a la escritura, ya sea históricamente correcta o reelaboradamente audaz, pero lo que sí tengo claro es que la ‘caligrafía purista’ no da pie a una mirada relacionada con el arte".
Se refirió también a "la letra como imagen, como un tajo a lo Lucio Fontana, que arrasa el papel o la tela o un cuerpo y lo rearma en otras construcciones posibles".
En cuanto a la tarea del calígrafo, si bien la idea general es que se trata de "un escriba, la mirada puede no ser tan estrecha y abrirse paso a otras nuevas experiencias".-
Brody Neuenschwander, uno de los más importantes calígrafos en el orden internacional e inspirador en cuanto a su arte y estética de los calígrafos, considera que la caligrafía es la que ejecutan y componen tanto importantes artistas –Cy Twombly, Jessica Diamond- como la escritura árabe y japonesa, el graffiti y otras. Para Newenschwander, "el significado de la palabra caligrafía no tiene nada tiene que ver con diplomas, frases shakespeareanas, invitaciones de bodas, etcétera". Por el contrario, se trata de una "búsqueda permanente que va más allá de alcanzar una gran habilidad como calígrafo o encontrar la perfección en el resultado de una escritura", explicó Cordero Vega.
En síntesis, "la caligrafía puede ser más que el mero hecho de escribir con una ‘linda letra’, esta idea del ‘buen escribir’ es muy básica y recortada".
En su conferencia, Cordero Vega se referirá a la caligrafía aplicada al diseño, la caligrafía gestual-experimental, la mirada sobre las nuevas escrituras, los estereotipos caligráficos y la nueva caligrafía.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Poemas de la turbulencia del mundo





Entre el desgarro y la vitalidad, entre la desazón y la plenitud transita “Junglaturas”, segundo libro de poemas de Thelma Encina. Uno de los textos, “Leningrado”, fue premiado en un concurso nacional el año pasado.


Gerardo Burton
geburt@gmail.com


NEUQUEN.- En el principio está la imagen. Mejor dicho, una “turbulencia de imágenes” que sólo puede ser traducida en palabras, en poemas. Es posible, entonces, que la palabra sea “la única manera posible de salvarse del vértigo”.
El poema, para Thelma Encina, se asemeja a un río cuyo fluir permite “un cierto ordenamiento del caos” que configura la existencia cotidiana con sus gozos y sus sombras, sus desgarros y sus placeres, sus insuficiencias y sus plenitudes. Símbolos de ese desgarro y a la vez de la vitalidad con que se enfrenta la vida: el tigre, el gato, los felinos en general, animales asociados con el erotismo y sus enigmas.
Rionegrina nacida en Ingeniero Huergo, Thelma Encina comenzó a distribuir, en estos días, su libro “Junglaturas”, un volumen que encierra cuatro colecciones de poesía: “Leningrado” –en rigor, un poema largo-; “amo ríos”; “ciudad ella” e “idos”. El pretexto fue la edición del primer título, que obtuvo el primer premio en un concurso organizado el año pasado por la editorial cordobesa Novelarte.
La imagen gobierna los textos: delicada, agresiva, referida al paisaje o a la intimidad, siempre se presenta como vehículo de expresión de los símbolos. Por ejemplo, el tigre, presente en varios pasajes del libro, “ilustra ese mundo caótico: acecha, de la misma manera que el otro acecha desde el afuera”, informó la autora. Ante eso, “la impotencia de la mujer al mirar el mundo que se viene abajo”.
La escritora Ana María Maldonado, en un texto impreso en la contratapa, consideró que los poemas que describen el mundo exterior –y en especial el ciclo de “idos”, que recuerda a los desaparecidos durante la dictadura cívico-militar de 1976-1983- “revelan un caos urbano pleno de agresión, locura y maldad; parecen desnudar los filos más agudos de la oscuridad humana”. En cambio, los textos referidos al “universo interno” muestran “matices” de la relación humana que por lo general aparecen en una combinación binaria: encuentro/desencuentro; plenitud/soledad; alegría/dolor; abandono/esperanza.
En todo caso, el erotismo aparece como el rasgo preponderante y, como tema, sirve para vertebrar el universo de imágenes del libro. No es tan sólo una descripción sino, sobre todo, una dialéctica que exige compromisos, que devuelve frustraciones y que, a veces, ensaya abandonos en la plenitud.
Puesta a explicar el título del libro, Encina aludió a las dificultades –comunes a varios poetas- en el momento de denominar sus trabajos. Pero en este caso, la ayuda vino del lado de la narrativa.
En efecto, Encina volvió al capítulo 73 de “Rayuela”, donde Julio Cortázar hace reflexionar al narrador “sobre las posibilidades de invención de mundos” a partir del sufijo “tura”: “todo hecho, indicó la autora, puede ser simbólico para quien analiza un objeto”. Así, se habla de “literatura; cultura; escritura; sepultura: estamos llenos de mundos ‘turas’ y por eso, ante un universo-jungla, con una animalidad feroz, salvaje y entrecruzada, nació el término junglatura”.
La relación de Thelma Encina con la poesía, es antigua: relató sus primeras lecturas de Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, a instancias de su madre. Más que de influjos, Encina se refirió a sus “relecturas” permanentes: Dickens, “Martín Fierro”, Kafka, Olga Orozco, Borges.
Luego de esas poetas iniciales, siguieron sus estudios de Letras y la proximidad con Alejandra Pizarnik, la integración a los grupos literarios en los años ochenta y la –demorada- publicación de su primer libro de poemas en 1992, “Corazones insepultos”, que el Fondo Editorial Rionegrino había premiado en 1981.


FRAGMENTOS

Curiosamente, en Leningrado
como un apátrida sin tierra
que busca la frontera de tu cuerpo
para estallar la guerra –frente a frente-
con la carátula intacta del otoño
y un poema de Borges en la boca.
Como en la antigua Rusia
camino desbocada y sin palabras
llena de sol y hojas marrones
perturbando el tránsito gris de los asfaltos,
apabullando los pétalos caídos de las flores.

(De “Leningrado”)


Perderá
el vientre en el camino,
la identidad
en la danza del oleaje.
Luego,
perderá la vida
en la fuente llena de agua
de una pobre mujer.


Me incitó
me provocó
me obligó
a asesinar el amor
y me quedé
con el sabor del delito.

(De “amo ríos”)

Premio a la trayectoria literaria: diputados recibieron a escritores





NEUQUEN.- Los diputados de la comisión de Cultura, Educación y Tecnología de la Legislatura provincial recibieron el jueves 30 a escritores que impulsan el proyecto de ley de Premio a la Trayectoria Literaria presentado por el bloque del Frente Grande. El encuentro ocurrió ayer en la sala de Comisiones de la Legislatura, donde los escritores Raúl Mansilla, Tomás Watkins y Gerardo Burton expusieron ante los diputados encabezados por la legisladora Cristina Storioni (MPN) los alcances y fundamentos de la iniciativa.
Del encuentro, participaron además los diputados Raúl Radonich –Frente Grande-, Ariel Kogan –justicialismo-, Jesús Escobar –Libres del Sur-; Silvana Maestra, Irma Vargas y Alberto Molina –MPN- y Beatriz Kreitman –ARI-.
El proyecto fue elaborado por el bloque del Frente Grande con la asistencia de los escritores Macky Corbalán, Alejandro Finzi y Burton, y está avalado por la delegación neuquina de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, SEA. Mansilla y Watkins son, respectivamente, presidente y secretario de la institución en el nivel provincial.
Según explicó Mansilla, en la actualidad la SEA tiene, a menos de un año de funcionamiento, un total de 40 afiliados, que es menos de la mitad de escritores relevados en Neuquén. Además de la situación particular del escritor como creador en la sociedad moderna, Mansilla se refirió a la necesidad de un instrumento legal que permita proteger y desarrollar el oficio en la provincia.
En cuanto a la iniciativa presentada, Burton se refirió a la legislación similar existente en otras provincias argentinas, y expuso una comparación de sus contenidos. La diputada Storioni, afirmó que la próxima semana se volverá a discutir en la comisión los alcances de la iniciativa.

sábado, 18 de agosto de 2007

Ramón Muñoz: materia, diálogo y conjetura



El viernes, Ramón Muñoz inauguró una exposición en la sala Saraco de Neuquén capital. El diálogo con los materiales –pinturas y telas industriales- resulta fundamental para configurar un universo de experimentación con el color y las texturas.

Gerardo Burton
geburt@gmail.com



NEUQUEN.- “Sín título” es el primer denominador común de las pinturas que pueblan la casa de Ramón Oscar Muñoz en el barrio Santa Genoveva; luego vienen los rasgos que caracterizan esta serie de obras pertenecientes al período 2004-2007: una paleta constituida por colores fuertes, cálidos y fríos y tierras; manchas enormes; texturas y yuxtaposiciones; tamaños diversos –pequeños, medianos y enormes-. Todo con materiales industriales: pinturas –esmaltes, asfálticas-, lonas, maderas aglomeradas.
Los chorreados tienen una lejana reminiscencia del norteamericano Jackson Pollock, pero es sólo eso. Nada de “Pollock patagónico”, Muñoz elabora pacientemente sus obras a partir de un “diálogo con los materiales, en el plano, en el color, en los conceptos de espacialidad y relieve”
Se trata de un proceso de “conjeturas sobre el trabajo” que incluyen la materia: la madera, la cerámica, las pinturas, las telas y las técnicas: chorreados, aplicación de pintura con espátulas, pinceles y las manos enguantadas. La serie de obras, que podría denominarse “Materia”, se expondrá desde el viernes 17 y por dos semanas en la sala Emilio Saraco de esta capital. La inauguración será a las 20.
Para Muñoz, será el resumen de una experimentación sostenida en el tiempo: “el ojo está acostumbrado a ver el color; sabe cuál necesita la obra y cómo va a reaccionar con las distintas yuxtaposiciones”. A lo largo de su trayectoria –más de cuarenta años con las artes plásticas- acumuló premios, participaciones en salones y exposiciones en la Argentina, América y Europa.
Al cabo de ese proceso, “el artista es el mismo pero no es el mismo”. Hay una constante: el “impulso vital que es la pintura” y que excede cualquier etiqueta o clasificación.
Indica que lo importante es el diálogo con los materiales, un proceso aleatorio que implica una “conjetura sobre el plano; a veces hay que tapar y volver a empezar”.
La elección del material depende de la economía porque “las pinturas industriales están al alcance del consumo”. Además, se preguntó, “por qué no apropiarse de ellas, y vencer el prejuicio del óleo y de la pintura para pintores o meramente decorativa”. Eso prueba que “es posible conseguir buenos resultados con recursos mínimos”.
Su lugar de trabajo es variado: el piso de la casa, del garaje y del taller; el jardín –bajo un alto tilo o en la galería-. El relevamiento fotográfico lo muestra en plena actividad –pintando, manchando, de cerca y de lejos-. La toma de distancia resulta fundamental –“ver el cuadro desde arriba y girando todo el tiempo”-.

Cerámica

La escultura, y sobre todo el trabajo con la cerámica, fue el punto de partida para Muñoz: “varios años de trabajo, con diversas técnicas transitadas fueron la base para llegar a esta obra”, explica en referencia al manejo de lo espacial; del color y las texturas.
La cerámica, añade, “me dio un sentido identitario y de pertenencia a mi espacio patagónico; y ahora lo primero en mi pintura es el paisaje”. Se refiere también a la “ausencia de la figura humana pero no de los elementos producidos por el hombre”. Y así recuerda, por caso, la serie del Cultrún referida a la cultura mapuche.




“FUERA DE LA ACADEMIA”


· Siempre “fuera de la academia, fundamentalmente de forma autodidacta. Sin embargo, realicé algunas capacitaciones en talleres oficiales y privados. Paralelamente fui conformando mi biblioteca referida a cuestiones estéticas”.
· “No creo equivocarme al afirmar que la gran mayoría de las personas que nos dedicamos a las artes plásticas lo hacemos ‘desde abajo’, con un gran empeño y voluntarismo. Desafortunadamente no abundan los incentivos para profesionalizar nuestras actividades, entonces la mayoría de nosotros trabaja en actividades docentes. Dicho de otro modo, en la Patagonia es casi imposible trabajar de dibujante, pintor, ceramista, escultor, grabador, a tiempo pleno. Además, estamos muy atomizados, y los proyectos que encaramos en común son a corto plazo”.
· Siempre ha sido una necesidad el interactuar en el plano y en el espacio tridimensional simultáneamente. Esta ‘indisciplina’ me dio la apertura para experimentar nuevas técnicas y materiales... La mayor impronta me la dejó la cerámica: esta noble materia me situó en una perspectiva identitaria y me dio el sentido de pertenencia de mi espacio”.
· “A mis años la realidad en su totalidad y la realidad estética en su particularidad me es cada vez más hermética. En esa realidad hermética, mi propuesta es fundamentalmente conjetural: por medio de indicios pretendo configurar el caos que emana de esas pinturas industriales, destinadas al consumo masivo y despersonalizado. Desde mi subjetividad, creo materializar esa propuesta conjetural, manchando, chorreando, dejándome llevar por el impulso vital de la pasión pictórica”. (Del “Diálogo”, con Sergio Sciglitano)

Publicada en el diario "Río Negro", el 16 de agosto de 2007.

jueves, 9 de agosto de 2007

Premiarán a escritores neuquinos

NEUQUEN.- El bloque del Frente Grande de la Legislatura neuquina presentó el proyecto de ley para premiar la trayectoria literaria de escritores y escritoras que hayan nacido o tengan más de doce años de residencia en la provincia. El premio beneficiará a quienes tengan más de 40 años, cinco libros publicados como mínimo en cualquiera de los cuatro géneros –poesía, narrativa, teatro, ensayo literario- y consistirá en una asignación mensual vitalicia equivalente a 36 horas cátedra de nivel medio, sin antigüedad.
En rigor, se trata de unos 2.500 pesos mensuales que permitirán al beneficiario despreocuparse de las necesidades básicas de manutención –vivienda, alimentación, vestimenta- y dedicarse a su oficio. La iniciativa, que fue impulsada por los diputados Raúl Radonich y Pablo Tomasini, y que está en estudio en la comisión respectiva, surgió de una idea de Alejandro Finzi, dramaturgo, y Gerardo Burton, poeta. Ambos están radicados en Neuquén desde la década de 1980. El proyecto está inspirado en premios similares existentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Salta, entre otras jurisdicciones argentinas.
Para la selección de candidatas y cantidatos se constituirá un jurado integrado por cuatro miembros: de la secretaría de Cultura provincial, de la facultad de Humanidades de la Universidad del Comahue, de la Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina y de la filial neuquina de esa entidad.
A continuación se transcribe el proyecto que está en estudio de los diputados neuquinos:

LA LEGISLATURA DE LA PROVINCIA DEL NEUQUÉN

SANCIONA CON FUERZA DE LEY

Artículo 1.-

Créase el PREMIO PROVINCIAL A LA TRAYECTORIA LITERARIA con el fin de defender, promover, difundir y preservar la producción literaria de la provincia. El mismo se otorgará a escritoras y escritores residentes en la Provincia del Neuquén en mérito a la obra publicada, sostenida en el tiempo y de valor para la comunidad en su conjunto.

Artículo 2.-

El PREMIO PROVINCIAL A LA TRAYECTORIA LITERARIA consistirá en una asignación mensual y vitalicia equivalente a treinta y seis horas/cátedra de nivel medio sin antigüedad.

Artículo 3.-

Para obtener el beneficio los postulantes deberán cumplir los siguientes requisitos:

a) ser natural de la provincia y/o tener una residencia en la misma no inferior a doce años en el momento del otorgamiento del premio

b) ser mayor de cuarenta años

c) acreditar una trayectoria reconocida que fundamente el otorgamiento del beneficio.

d) haber publicado cinco libros como mínimo en alguno de los siguientes géneros: poesía, narrativa, ensayo literario o teatro.

e) las obras mencionadas en el inc. d) deberán haber sido escritos en lengua española u originaria del territorio argentino, incluyendo las ediciones bilingües.

f) Los libros deberán haber sido publicados de acuerdo con las normas internacionales para las publicaciones de esta clase, que incluyen: 48 páginas, impresión industrial con datos de tirada e impresor e inscripción en el Registro Nacional de la Propiedad Intelectual y en el International Standard Book Number, ISBN.









Artículo 4

El premio será otorgado anualmente y su entrega se realizará en acto público convocado con ocasión de celebrarse el Día del Escritor (13 de junio)

Artículo 5

Para la selección de los beneficiarios/as se constituirá una Comisión Interdisciplinaria integrada por un escritor/a representante de la Sociedad de Escritores Argentinos nacional, un escritor/a por la filial Neuquén de la misma entidad, un representante de la Secretaría de Estado de Cultura de la provincia y un representante de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Artículo 6

En cada edición se premiará un género diferente entre los enumerados en el Art. 3 inc. d). Los beneficiarios/as del premio quedarán inhibidos/as de presentarse nuevamente en cualquier género.

Artículo 7

El premio podrá ser declarado desierto en el caso de que el fallo de la Comisión así lo determine fundándose en la falta de postulantes o en la inadecuación a las bases del premio.

Artículo 8

Los escritores/as beneficiarios/as del Premio se comprometen a participar, en carácter de contraprestación y a solicitud del órgano de aplicación, en actividades oficiales con carácter de: jurados en concursos literarios, recitales o lecturas públicas, conferencias u otras actividades similares a las mencionadas.

Artículo 9

El órgano de aplicación será la Secretaría de Cultura de la Provincia, la que en un lapso de 120 días posteriores a la publicación de la presente ley determinará Las Bases y Reglamentaciones para su aplicación.

Artículo 10

Las erogaciones que demandará la instrumentación de esta ley serán imputados al Presupuesto de la Provincia del Neuquén.

Artículo 11 :

Comuníquese al Poder Ejecutivo.


FUNDAMENTOS

Nuestro país se ha caracterizado por producir una gran riqueza literaria que es ampliamente reconocida por su diversidad y calidad, tanto en Latinoamérica como en el mundo. Es el resultado de un gran esfuerzo cultural que debe ser reconocido como patrimonio colectivo y columna vertebral de una sociedad, ya que permanecen de ella las obras que definen sus características, su originalidad y su identidad.

Como dice el filósofo y escritor José Pablo Feinmann: “La cultura es nuestro rostro. Es eso que permite a los demás vernos y reconocernos. Somos lo que hemos ido haciendo de nosotros, y esto es la cultura: lo que hacemos de nosotros. La cultura, entonces, es una construcción. Es lo que una comunidad ha ido eligiendo, el ser que se ha ido dando y que coherentemente, ha terminado por configurar un rostro. Una identidad, si preferimos decirlo así.”

Por eso una sociedad no tiene futuro si abandona a quienes abonan con su arte el destino de un pueblo.

En este sentido los escritores/as realizan una contribución fundamental, cuya amplia significación social es recogida por la comunidad para la que los creadore/as trabajan, ya que el sello que imprimen en sus obras es la expresión de la idiosincrasia de un pueblo, en nuestro caso neuquino y patagónico.

Esta fecunda tarea realizada por los escritores/as es un verdadero oficio, una labor profesional, que requiere dedicación, constancia y continuidad.

Sin embargo son escasos los que viven de los derechos de autor que perciben por sus obras, la gran mayoría no logra vender la cantidad de libros suficientes para vivir dignamente.

La publicación de la mayoría de las obras se realiza en pequeñas editoriales independientes que en pocos casos invierten en la edición. El denominador común es que deban pagar las ediciones de sus propias obras, lo que además de limitar su cantidad y calidad, impide la adecuada distribución y difusión en los medios de comunicación, más ocupados en las modas culturales que en su diversidad y creatividad.

Por otro lado, por no tener una relación de dependencia laboral clara, carecen de beneficios jubilatorios y de servicios sociales que les brinden cobertura médica.

El prestigio que implica ser escritor/a casi nunca se corresponde con la realidad material de quienes se dedican a este oficio; salvo por su reconocimiento moral, el que muchas veces llega solo después de muerto.

Desde hace unos años, la Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina, SEA, está gestionando diversos beneficios para sus afiliadas/os. El primero fue obtener una cobertura social asistencial para los escritores/as desocupado/as o sin aportes formales. El segundo es un proyecto de ley actualmente en el Congreso nacional para lograr una jubilación para quienes no hayan aportado durante su vida como trabajadores/as activos/as.

La presidenta de la SEA, la poeta Graciela Aráoz, dijo, al fundamentar las iniciativas de la entidad que “en general, los escritores viven de otros trabajos o se hallan desocupados; sólo una mínima parte puede dedicarse a trabajos en ámbitos afines a su actividad específica.”. Agregó que muchas veces los escritores “mueren en la pobreza, olvidados, después de haber dedicado sus vidas a la literatura, dejando libros que los trascienden y, vaya paradoja, muchas veces no hay lugar donde velarlos o no tienen ni con qué pagar su propio ataúd”. Sin dar nombres de quienes murieron en la precariedad más grotesca, Aráoz aseguró que la SEA considera que existe una “postergada reivindicación para con los autores argentinos.”

En la provincia de Neuquén también existen ejemplos de lo antedicho: Milton Aguilar, Juan José Brion, Irma Cuña, entre otros; quienes al final de su vida no encontraban garantizado su sustento mínimo, más allá de las mínimas pensiones o haberes jubilatorios que percibían. Como es conocido, su producción literaria se veía obstaculizada por esa precariedad económica en que vivían.

Esta situación resiente la cultura de un pueblo, socava los cimientos de su creatividad, oscurece su futuro. La desidia con que se trata a los artistas es un reflejo de la opinión que una sociedad tiene de sí misma y de su voluntad para construir la propia identidad cultural.

No ocurre así en otras naciones donde la actividad literaria está profesionalizada y existe una carrera demostrable desde todo punto de vista, a la que contribuyen tanto editores, gráficos, agentes literarios, libreros, como instituciones oficiales -gubernamentales o no- y el público. En esos casos todos los sectores intervinientes reconocen y admiten que el trabajo literario debe ser remunerado. Sin embargo, en la Argentina en general y en nuestra provincia en particular, hasta ahora no es así.

Con los antecedentes mencionados y considerando que es un deber ineludible del Estado apoyar con fondos suficientes a nuestra cultura, defendiendo y auspiciando a los creadores/as, se propone el presente proyecto de PREMIO PROVINCIAL A LA TRAYECTORIA LITERARIA, como un aporte para resolver algunos de las múltiples dificultades por las que atraviesan.

En el articulado se definen los requisitos para acceder al beneficio, la integración del jurado que realizará la selección y el órgano de aplicación correspondiente.

La asignación económica propuesta se asocia a la remuneración percibida en el ámbito educativo bajo la convicción de la profunda imbricación que existe entre las dimensiones cultural y educativa, ya que la educación permite la apropiación de los valores culturales que una comunidad promueve como modalidad de existencia. Como sostiene el autor ya mencionado: “deseamos crear una cultura propia y educar en ella a los nuestros”, así la educación y la cultura serán pilares básicos en la construcción de una comunidad democrática e incluyente que reconoce el derecho de todos los habitantes de acceder a los bienes culturales.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Mural en homenaje a Jaime de Nevares


La obra, realizada por un grupo de artistas plásticos coordinados por Mario Martínez, es un homenaje al primer obispo de Neuquén, Jaime de Nevares, y se instaló el domingo pasado en la Catedral neuquina. El acto forma parte del programa de recuerdo de los treinta años de la fundación de Madres de Plaza de Mayo.

NEUQUEN).- Varios artistas plásticos y las Madres de Plaza de Mayo instalaron el domingo un mural en homenaje al primer obispo de Neuquén, Jaime de Nevares, en una pared lateral de la iglesia Catedral ubicada en la avenida Argentina de esta ciudad. Es un mural elaborado por un grupo de artistas coordinado por Mario Martínez que consiste en seis paneles pintados con esmalte sintético y que reflejan varios aspectos de la vida pública de De Nevares: su participación en las huelgas de los obreros ferroviarios; el apoyo a los trabajadores de la represa de El Chocón; su protagonismo en la defensa de los derechos humanos y de los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado y la actividad fundacional en la reparación histórica de los pueblos originarios en la provincia.
Martínez explicó que la obra “es un aporte colectivo de creyentes y de profanos, quienes se unieron sin contradicciones” y se realizó en paneles de fenólico. El mural demandó varios meses de trabajo –comenzó a elaborarse en febrero pasado- que debió interrumpirse “durante el conflicto docente y en especial luego del asesinato de Carlos Fuentealba. En ese momento, no podíamos volver a acercarnos” a la obra, dijo.
El mural se descubrió el domingo en el sitio que el obispo De Nevares cedió, en 1987, a las Madres de Plaza de Mayo. Hubo allí un primer mural, realizado por Adelina Pifarré, integrante de la agrupación. Tras veinte años de la cesión, y en el contexto del homenaje a las Madres en el trigésimo aniversario de su fundación, se decidió el emplazamiento del nuevo.
Participaron los artistas Alejandra Marino, Andrea Salazar, Mario Fierro, Lorena Galdame, Elisa Zanona y Ana de Estrada en una tarea colectiva coordinada por Mario Martinez.. También colaboraron el grupo Tribu Salvaje e integrantes de la comunidad educativa del Colegio San José Obrero.

Un placer, una maldición

por Luisa Peluffo
(Publicado en el diario "Río Negro", el 7 de julio de 2007)

Hace poco me enteré de que el primer eslogan de la Coca-Cola en Portugal, allá por los años ’20, decía así: “Primero extraña. Después es extrañable” y de que fue ideado nada menos que por Fernando Pessoa, cuando era redactor publicitario.
Podríamos decir que eso es oficio. Pero algo más que oficio, algo inasible que llamamos poesía, es escribir: “No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo”, como también escribió Pessoa, en lugar de decir: “Me siento insignificante, pero sin embargo tengo grandes esperanzas”.
Y oficio poético involuntario, por ejemplo, es decir “El destino está congestionado”, que podría ser el verso de un espléndido poema, como descubre Esteban Peicovich en sus extraordinarios “Poemas plagiados”. Sin embargo no, “El destino está congestionado” es lo que dice una compañía telefónica cuando las líneas están saturadas.
En cambio –señala Peicovich–, no revela ningún oficio escribir: “pulóveres para niños de lana”, “camas para matrimonio de bronce” o “sillas para niños plegables”, como salió en un anuncio de compraventa del diario “Clarín”.
Lo que pasa es que, si las palabras son imprecisas, si resultan enrevesadas, los ojos del lector deberán volver sobre ellas. Henry James, el autor de “Otra vuelta de tuerca” y varios relatos memorables, llamó “especificación endeble” a esta malograda escritura.
Según Stephen King, que de este oficio sabe bastante, escribir es seducir. Pero también aclara que antes que nada hay que leer mucho y escribir mucho, que no hay ninguna manera de saltearse esto. Y sí, el oficio de escribir se adquiere escribiendo y sobre todo leyendo. Hoy se practica en los talleres de escritura, pero durante muchos años los escritores, desde Roberto Arlt hasta Osvaldo Soriano, se formaron en las redacciones.
Sábato escribía para las revistas “Leoplán”, “Vea y Lea” y “Mundo Argentino” y, a Borges, Natalio Botana le exigía publicar un cuento en “Crítica” cada quince días. Ada María Elflein tenía la obligación de escribir un cuento semanal para el diario “La Prensa”. Esta exigencia es formativa. ¿Por qué? Porque se escribe por encargo y con tiempo limitado, como en un taller de escritura, y otra cosa muy importante: el espacio también es limitado, uno no puede irse en palabras.
Escritores como Chejov y Edgar Poe sobrevivieron escribiendo cuentos para diarios y revistas. También Hemingway encontró “un lenguaje nuevo” cuando aprendió a escribir “sin relleno, ni adjetivos ni adverbios; sólo sangre, huesos y músculos”, como él mismo definió, trabajando como redactor en el diario “Kansas City Star”. En cada uno de los escritorios, el jefe de Redacción había dejado un cartelito. Decía: “Escriba con frases claras y concisas, no se haga el artista” y, según el autor de “El viejo y el mar” y “París era una fiesta”, fueron las mejores reglas que aprendió sobre el arte de escribir.
Raymond Chandler –padre del legendario detective Marlowe– reflexionó que cuando un libro, cualquier clase de libro, llega a cierta intensidad de realización artística, se vuelve literatura. Qué subjetivo, ¿no? Me recuerda a Edward Sapir, un famoso lingüista quien, obligado a precisar qué es la literatura, escribió: “Cuando la expresión es de extraordinaria significación, la llamamos literatura” y agregó: “No podría detenerme a precisar qué tipo de expresión es lo bastante ‘significante’ para merecer el nombre de arte o literatura. Por lo demás, no lo sé exactamente, tendremos que emplear el término ‘literatura’ dando por supuesto que todos saben lo que significa”, lo que nos remite a la frase de Benedetto Croce: “El arte es aquello que todos saben qué cosa es”. Ambas “no definiciones” hablan de lo subjetivos que son ciertos conceptos.
Entonces, esa intensidad de realización que según Chandler define a la literatura, puede ser según él “cuestión de estilo, de situación, de personajes, de tono emocional, de idea, o media docena de otras cosas”. También, este autor, que elevó el menospreciado género policial a la categoría de literatura (por más impreciso que siga resultando el término), observó que “lo más durable en lo que se escribe es el estilo y el estilo es la más valiosa inversión que puede hacer un escritor con su tiempo”.
En cambio, Erskine Caldwell, autor de la famosa novela “El camino del tabaco”, era más pragmático. Para él, el talento estaba en el ritmo y los problemas más sutiles empezaban en la puntuación.
Isaak Babel, el autor de “Cuentos de Odessa”, coincidiría con esto, porque le hace decir a uno de sus personajes: “Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde”.
El estilo es una proyección de la personalidad, y obviamente hay que tener una personalidad antes de poder proyectarla. “Pero si uno la tiene –advierte Chandler– sólo puede proyectarla en el papel pensando en otra cosa”, y tal vez esto es lo que insinúa misteriosamente en su diario de escritura la brasileña Clarice Lispector cuando se aconseja a sí misma “escribir distraídamente” porque, volviendo a Chandler, “la preocupación por el estilo no lo producirá y ninguna cantidad de corrección y pulido tendrá efecto sobre el sabor de lo que una persona escriba”.
Según él, es más bien la cualidad de su emoción y percepción y sobre todo la capacidad de transferirlos al papel lo que hace de alguien un escritor o escritora, en contraste con la cantidad de gente que tiene emociones igualmente buenas y percepciones igualmente agudas pero no logra transmitirlas.
Y como dijo otro Raymond, esta vez Raymond Carver, acerca del estilo, “…se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro…”.
También, hablando de estilo, Chandler (que fue muy plagiado) decía que “…si uno tiene un estilo, no se lo pueden robar. Como regla general, sólo pueden robar los defectos…”, escribió y agregó perversamente que “…la mayoría de los escritores tiene el mismo ego de los actores, pero sin su encanto físico...”.
Pero volviendo al oficio de escribir, lo cierto es que la única manera de adquirirlo es escribiendo. Lo importante es un espacio de tiempo, unas horas por día en que uno no haga nada más que escribir. No debe hacer ninguna otra cosa como leer, escribir cartas, resolver crucigramas, etc. Escribir o nada. Dos reglas muy simples: a) no es obligatorio escribir; b) no se puede hacer otra cosa. El resto viene solo. A Chandler le funcionaba.
Decía Isak Dinesen, autora de la novela autobiográfica “Out of Africa” (“Africa mía”), que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación.
Y en el libro “Ser escritor”, Abelardo Castillo afirma que en cuarenta años de literatura aprendió que corregir encarnizadamente un texto no es una tarea retórica o estilística sino un trabajo espiritual, y recuerda que Borges le confesó que detestaba “Hombre de la esquina rosada” porque en ese cuento había escrito la palabra “cuchillón”. También dice Castillo que en general “...cuesta tanto trabajo escribir una gran novela como una novela idiota. El esfuerzo, la pasión, el dolor, no garantizan nada...”. Es desagradable, agrega, pero es así y aconseja a los novatos a meditar en eso.
Pero las opiniones de los escribas sobre sus colegas merecen un capítulo aparte. Lope de Vega no vaciló en pontificar que “...ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote...”. Lord Byron le escribió al poeta James Hogg que Shakespeare: “...no tenía imaginación para sus historias, ninguna en absoluto. Tomó todas sus tramas de novelas antiguas y las montó en forma teatral, con tan poco esfuerzo como el que usted y yo necesitaríamos para volver a escribirlas en forma de historias en prosa...”.
También Virginia Wolf metió la pata. Después de leer el “Ulises” de James Joyce, anotó en su diario: “...acabé el ‘Ulises’ y me parece un fracaso... el libro es difuso. Es salobre. Pretencioso. Vulgar, no sólo en el sentido común sino también en el literario. Quiero decir que un escritor de primera línea respeta demasiado el acto de escribir para permitirse hacer trampas...” y en nuestros pagos, Borges y Bioy Casares consideraban a Ricardo Güiraldes y Horacio Quiroga malos escritores.
Después de tanta incomprensión, ¿qué es lo que nos impulsa hoy a escribir, en una época tan poco propicia para la escritura y la lectura...? ¿La esperanza de ganar mucho dinero? ¿El deseo de aparecer en los medios? ¿El desafío de escribir obras que sean buena literatura y al mismo tiempo entusiasmen a miles de lectores? Para mí, el oficio de escribir es partir siempre de cero. Es un camino, no una meta; tal vez, una manera de luchar contra esa muerte que se llama olvido, como dice el protagonista de mi novela “Todo eso oyes”.
También creo que la íntima convicción que Rilke le exige al joven poeta es lo que sostiene al escritor genuino: “...acaso resulte que usted sea llamado a devenir artista. Entonces tome usted esa suerte y llévela, con su pesadumbre y su grandeza, sin preguntar jamás por la recompensa...”.
Para terminar, quiero compartir una notita que le envió Clarice Lispector al linotipista en la época en que los libros se escribían a máquina y se imprimían con linotipos: “Disculpe que me esté equivocando tanto a máquina. Primero es porque se me quemó la mano derecha. Segundo, no sé por qué. Ahora, un pedido: no me corrija. La puntuación es la respiración de la frase, y mi frase respira así. Y si usted me encuentra exquisita, respete eso también. Hasta yo fui obligada a respetarme. Escribir es una maldición”.

(*) Luisa Peluffo nació en Buenos Aires y cursó estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Se radicó en San Carlos de Bariloche en 1977. En 1988 obtuvo la beca Creación en Narrativa otorgada por el Fondo Nacional de las Artes. Su primera novela, “Todo eso oyes”, mereció en 1989 el Premio Emecé. Su segunda novela, “La doble vida” (Atlántida, 1993) obtuvo el primer Premio de Narrativa, Región Patagónica, de la Secretaría de Cultura de la Nación y el premio “Ricardo Rojas” de la Municipalidad de Buenos Aires. Ha editado los libros de poemas “Materia viva”, “Materia de revelaciones” y “La otra orilla” (Ultimo Reino, 1991), que recibió el primer Premio del Fondo Nacional de las Artes, y en España, “Un color inexistente” (Torremozas, 2001), que obtuvo el XVIII Premio Carmen Conde de Poesía.
En el 2005, su obra teatral “Si canta un gallo” mereció el tercer Premio del Instituto Nacional del Teatro.

Referencias
Alatorre, Antonio: “Lingüística y literatura”, México. Vuelta Nº 133/134, 1987.
Babel, Isaac: “Cuentos de Odessa”. Relatos, Barcelona. Bruguera, 1981.
Carver, Raymond: “La vida de mi padre”, Colombia. Norma, 1995.
Castillo, Abelardo: “Ser escritor”, Buenos Aires. Perfil Libros,1997.
Chandler, Raymond: “El simple arte de escribir”, Buenos Aires, Emecé, 2002.
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La autora es poeta y escritora. Reside en San Carlos de Bariloche, Río Negro.