lunes, 6 de julio de 2020

40TENA SELECCIÓN DE POEMAS & OTROS TEXTOS (IX)

Hola. Nueva entrega en medio (¿o casi al final?) de la cuarentena. Poemas, textos, algunos espacios para pensar y para ver que el mundo no se acaba en el límite de la casa, en la ventana o en la calle. Pasen y vean, salú

Gerardo Burton
geburt@gmail.com




Atravesada por tu lanza
Pierdo los ojos,
Traigo el pan en silencio
Para sobrevivir esta mañana
Corre el agua bajo mi boca
Salto hacia la luz quebrada
Quiero romper el alba entre las frutas
Quiero abrir las palabras

Eugenia Mugnani Ranea, inédito


Los viejos stalinistas

Los viejos camaradas prefieren no hablar de las viejas luchas,
se quedan silenciosamente junto al vino
o salen una vez por semana de noche a caminar,
cruzaron el mar juntos
y juntos a ambos lados del mar siempre lucharon,
leyeron los mismos libros y en las paredes de sus piezas
están los mismos retratos colgados,
incluso aquellos que hoy a nadie se le va a ocurrir.
Sería bueno traerlos un domingo
y darle vueltas al mate hasta que cuenten,
pero hablan medio español medio italiano
y hablan a medias,
ni hablan casi,
todo lo que dicen ya es sabido y queda en el aire,
todos los que escuchan siguen sin entender,
andan con los ojos cerrados y cabecean
como si siguieran hasta la muerte votando que sí,
además esa tristeza en particular que hay en sus ojos
se parece a la de ciertos retratos descolgados,
solo esperan a que alguien se los lleve definitivamente del rincón.

Alberto Szpunberg, en Juego limpio




El traje de la carne

Ese vestido
que yo habría comprado
si hubiese tenido veinte años
                      menos,
está colgado en el escaparate,
                      goteando rojo
de luz-
como un ángel
            encadenado a un polvorín.

Pia Tafdrup, en Los caballos de Tarkovski


Otra noche

Con las manos
heladas
distingo
mi cara
en la oscuridad

Me siento
abandonado en el infinito

Giuseppe Ungaretti, en Naufragios


Poetas

¿El poeta nace o se hace?
Desafío de la página en blanco
o de la mente en blanco del poeta
Cada poeta como un blanco
de la artillería de los otros poetas
Entre poetas no nos vendamos pailas de cobre.

Un poeta es un poeta
poeta de tiempo completo peso completo
poeta medio gallo pesado
Poeta virgen que le copia a todos
Pendenciero belicoso curagüilla bacán tollero
fullero hombre mujer de la calle la ciudad la academia
Poetas que no están ni ahí con nadie
porque nadie está ni ahí con ellos.

Un tipo que se las cree todas
que la poesía es una isla y hay que llegar como sea
a aletazo limpio aplica la eutanasia
En su opinión casi todos los poetas son malenas
no tienen nada que decir
El poeta es un dios cuando sueña
y un mendigo cuando piensa
cómo liquidarle la reputación a otro poeta.

Algo así como que un poeta es un poeta
y dos son multitud.

Confieso: Yo antes era un pecador
también escribía poesía
Pero el Señor se apiadó de mí
me iluminó y dejé de escribir.

Teresa Calderón, en Celos que matan, pero no tanto


Gardel

Para mí, lo inventamos
seguramente fue una tarde de domingo,
con mate,
con recuerdos,
con tristeza,
con bailables bajito en la radio,
después de los partidos.
Seguramente nos dolía una foto en la pared,
algún no tengo ganas,
algún libro.

Yo creo que andaríamos así,
sonsos de aburrimiento,
solitariando viejos para qués,
sin mujer o sin plata,
y desabridos.

Seguramente nos sentimos de golpe
terriblemente solos,
muy huérfanos, muy niños.
Tal vez tocamos fondo.
Tal vez alguien pensó en el amasijo.

Entonces, que sé yo,
nos pasó algo rarísimo.
Nos vino como un ángel desde adentro,
nos pusimos proféticos,
nos despertamos bíblicos.
Miramos hacia las telarañas del techo,
nos dijimos:

"Hagamos pues un Dios a semejanza
de lo que quisimos ser y no pudimos.
Démosle lo mejor,
lo más sueño y más pájaro
de nosotros mismos.
Inventémosle un nombre, una sonrisa,
una voz que perdure por los siglos,
un plantarse en el mundo, lindo, fácil
como pasándole ases al destino."

Y claro, lo deseamos
y vino.
y nos salió morocho, glorioso, engominado,
eterno como un Dios o como un disco.
Se entreabrieron los cielos de costado
y su voz nos cantaba:
Mi Buenos Aires querido...

Eran como las seis,
esa hora en que empiezan los bailables
y ya acabaron todos los partidos.

Humberto "Cacho" Costantini

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