sábado, 22 de diciembre de 2018

El héroe del líquido - Las estaciones de la sed (reedición) de Raúl Mansilla


A continuación, se reproduce el texto no leído en la presentación de dicho libro, no ocurrida el 17 de noviembre de 2018 en la casa de los Artistas Neuquinos, en la ciudad capital de Neuquén. La autoría del texto no leído pertenece, por ahora, a Gerardo Burton. El libro fue publicado por Espacio Hudson, la editorial que conduce Cristian Aliaga.




La sed puede ser la exterioridad. Pero también es la carencia, la conciencia de lo que falta: la necesidad que es madre de todas las cosas. El líquido puede ser la saciedad, el exceso, la desmesura. Entre los dos, Mansilla establece un viaje. Estos dos libros absolutamente necesarios estaban agotados. Y eran -son- necesarios para la poesía de la Patagonia, para la poesía en general.
Oscilan entre dos leit motivs; la sed y el líquido. Y cada uno tiene su corte, su séquito de materiales, de elementos, de palabras. Por ejemplo: Mansilla habla de botellas, de destilados, de humedecer, de humedad, de beber, de alcohol. Y también: sangre, orina, saliva.

Denominar estaciones al libro remite a dos cosas: en primer lugar es una suerte de via crucis panteísta que termina en una salvación sui géneris: por el diluvio conducido por un Noé patagónico. En un segundo plano, es un proceso de purificación, de ascesis pagana a la que Mansilla nos tiene acostumbrados. Es una domesticación de los sentidos a través del exceso, una subordinación del cuerpo a sus deseos y una expansión de la mente en un sendero de música, gestos, versos, ideas. 




Nadie desconoce la búsqueda de otros soportes para la poesía que Mansilla ensaya desde hace tiempo. Tampoco esa apertura hacia nuevas poéticas, en inclusive, hasta el cansancio de toda poética.
Esto como aproximación a los dos libros que Espacio Hudson hace que presentemos hoy y aquí. Una consideración más sobre la versificación. Mansilla hereda a Whitman, de ahí pasa por Pound y llega a Neuquén a través de Ernesto Cardenal. Los Andes no son un obstáculo sino un puente, como lo han sido siempre para los mapuches, para los chilenos que vienen y para los argentinos que van. Mansilla cultiva un verso de largo aliento y en esto se hermana con Spíndola, para hablar de otro patagónico. Son los dos herederos confesos de Whitman, pero también de Neruda y de Vallejo. Puede haber más en la Patagonia, pero nunca menos que ellos dos. Además, cuando un poeta habla de quién lo ha influido hay que creerle sólo un poco; y sospechar de quién no habla y buscarlo, porque seguro ése es un modelo. Y aquí hay que hablar, señoras y señores, de Rubén Darío. Mansilla no es modernista, pero en su verso cabe todo el universo que hoy vivimos, vemos, percibimos y sufrimos. Y el nicaragüense, esa especie de padre no reconocido, lo hizo, nos lo dejó.
Voy a terminar con una cita del texto de contratapa que cita a Mansilla. Él definió como “conceptual” la etapa en que compuso Las Estaciones de la Sed. Su labor posterior fue dejar que los poemas se ordenen según su propia dinámica, su ritmo interior. Y que quien lee o escucha dé -encuentre- el sentido.







Quizás ya no escriba poemas de amor, como le prometió a Macky. Creo que es mentira, o como buen promesante, no cumplirá. Mansilla escribe poemas de amor, de ese amor dolorido que lo hace buscar a su padre, que lo hace intentar el arca y que, en el camino, lo extenúa sin vencerlo porque siempre aparece quien lo ayuda. Entonces conviene preguntarse quién es el héroe y, sobre todo, quién tiene sed.
Gracias.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermoso texto. La idea de estación también me remite a parada, a pausa, a sentarse en un anden a la espera de algo que puede llegar, en un tren que sigue con su tránsito.
Abrazo