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miércoles, 8 de mayo de 2024

LEER A ALIAGA

Cristian Aliaga levanta la palabra, da vuelta los paradigmas del sentido común: hace de la enfermedad un camino; del dolor, una puerta; del amor, un horizonte. Una aproximación a su poesía, imprescindible para conocer la Patagonia.


Selección y notas Gerardo Burton (geburt@gmail.com)

Resulta una tarea difícil seleccionar poemas de Cristian Aliaga. Son parejos en el alto voltaje poético, su calidad desafía cualquier intento de descartar o elegir uno y prescindir de otro. Uno quisiera que estuvieran todos, leídos simultáneamente. Tanta es su brillante apertura a otros paisajes, a otras miradas.

A continuación, hay un muestrario que abarca desde el territorio expandido de la estepa, identificada y localizada en sus animales, en sus plantas. También en sus historias -especialmente las olvidadas, las que no recogen los libros del prestigio oficial-, en las esperanzas de sus pueblos, más allá de los olvidos que, en cualquier recodo del futuro, parecen acechar.

Aliaga levanta la palabra, da vuelta los paradigmas del sentido común: hace de la enfermedad un camino; del dolor, una puerta; del amor, un horizonte. La caída es vertical, pero hacia arriba, sostiene. Su obra recuerda la incandescencia mística de Viel Temperley al tiempo que envidia de soslayo los juegos del lenguaje que hicieron sus admirados Bustriazo Ortiz y Francisco Madariaga.

Fue amigo e iluminador de poetas y escritores de Patagonia y del país. El santacruceño Curinao, que lamenta no haberlo conocido personalmente, recuerda en un mensaje telefónico reproducido en su blog que “la primera vez (que hablé con él) charlamos dos horas. Fuimos al hueso en ese primer acercamiento, terminamos hablando de la revista El Gráfico y de nuestros padres” (http://jorgecurinao.blogspot.com/2024/04/no-conoci-personalmente-cristian-aliaga.html).

Cristian Aliaga murió en Buenos Aires el 16 de abril de este año.




BREVE ANTOLOGÍA

Huellas inmóviles


Privilegio de canciones que no se cantan.

Amoríos, placer, muérdagos de espuma,

armado de sensaciones de llantos olvidados

al sabor de las tardecitas.

Menos andar, menso presagiar, menos saber

las cosas de la tarde fría, todas son

marcas en el silencio.



L'amour fou


El mandato ha sido devastado por los ciegos,

los portadores de amnesia:

es el amor, quien lo sabe se cuida.

Antes de volver, ya estábamos escondidos, de nosotros,

de la muerte, de los pantanos mundos. Aleluya.

Amor de soles perfectos al bailar.

Aleluya, aire de santa danza.

Vuelvo, tentada la escarcha,

a recorrer el cielo de la escalera al muelle.


De Lejía, Bs.As., Último reino, 1988


**


Tango II


Tuve miedo:

me iba a un espacio oscuro,

tuve miedo.

Queda el sol, ciertamente,

y algunas palabras

que el silencio no puede mover.

Tengo miedo también en este sitio.



No es el aura de Kant


El resultado es el silencio.

Ocultos en los ranchos,

emparejados con la hacienda,

los peones carcomen la filosofía.

No es el aura de Kant

ni el primer motor de Tomás de Aquino:

es una bola de l ento fuego

que se revuelca en el alma.

El sueño es un cuchillo en el vientre

de los blancos dioses

y un incendio de alpataco

que todo lo destruya.


La luna amontonada en los galpones

y el regreso de  un interminable viaje

a caballo por las estrellas.


Los perros huelen el alma de los peones

y encuentran seres desconocidos.


De No es el aura de Kant, Bs.As., Último reino, 1992.


**


Antiguo amor


Nadie que encierre la pasión

entre los huesos

caerá por una bala perdida.

Deberán Matarnos

con perdigones o

-más modernos-

con una munición explosiva,

dirigida al corazón

del corazón,

a la pasión que en la vida

nos sostiene.



Artista del aire


Uno busca la fortuna,

zarandea el cuerpo

como artista del aire,

cebado para la carne.

La fortuna esquiva mueve

por el cielo su bulto inasible.

Pero un hambriento

no dejará

de tirar dentelladas.


De El pasto azul, Bs.As., Último reino, 1996


**

Arte, poética


Un poeta -lobo sin cartel-

no muestra sus cartas, no baraja

de nuevo, no escancia vinos

que no es capaz de beber.

Es un animal procaz

que no ve detrás de las ventanas

sino más allá de las rejas,

un espectro sordo

que no domina su carta de ilusión

y se entrega a ella hasta ser destruido.

Un poeta -un punto azul sobre la mesa-

no mira para ver

sino para abrir los ojos.




La lírica


Lenta, la lírica,

estrellada cadena de amarguras

se convierte

en canto.

Eso también es mentir, pero hay mentiras

para verdaderos creyentes.

Dilemas como éste han llevado

la pasión a las palabras,

las palabras a la ruina,

la ruina a otro despertar.


De Estancia La Adivinación, Bs.As., Último reino, 1998


**



El sentimiento ácido


La angustia desesperada de la inteligencia,

ésa que invocamos, salmo que se repite

a espasmos irregulares dentro de un largo poema inacabable.

Turbio el sentimiento, tiene poder para emular

la angustia de la inteligencia que acecha sin aparecer.

El sentimiento es ácido, quema la víscera grande,

es adictivo aunque se pierde en la repetición

de un tren que pasa en otra vida.

Es ácido, casi no puede beberse sin arcadas,

inmaculado junto al matorral de flores muertas.



Perro soñador,


genocida perdonado por su familia

encarcelado por breves lapsos, suelto para rezar,

demorado en morir a la espera de otra

extremaunción.

Papa, consumidor de hostias, presas fáciles,

retardado, genocida, amante de sus torturados, novio

de la muerte sin orgasmos, alucinado que pasea

por terrazas desde las que enferma sin morir.

Perro de sarna sueña con carne.



Un ring para dios


Queremos un ring para dios pero dios se recuesta contra las cuerdas permanece quieto sin responder al árbitro nadie podría pegarle sin ser considerado maricón pero entonces no hay box ni riña teológica que lo saque de allí el ring es enorme a los ojos de los incrédulos se tiran golpes sobre dios la lona alberga a una multitud de caídos no hay triunfo sino presas del KO de dios la mirada de él está húmeda el protector inguinal es de cuero virgen esa mirada de él dramatiza que no habrá golpes pero se posa sobre los caídos como al descuido generaciones de caídos no creemos en dios sino en sus golpes de KO su mirada húmeda su protector de cuero virgen.



Roja tu especie


pecados nuestros chirría roja ella

la carne al fuego


los perros anhelan

en sus bocas profundas

lo no dicho, la noche, el hastío

para acercarse sin apuro

a las sobras pegadas en los huesos


sobre el fuego toda carne asoma

buena,

recién sobre el cuerpo se palpan

ternezas y nervios

las protuberancias


se muerde por el anca a la que chirría

aquí nosotros las pampas

y los perros


la carne quemada

devoran los idiotas

los que no saben


carne de ésta no comen, el anca roja

sin pústulas


en mi patria tragamos todo

aquello que lleve el nombre

carne

roja es tu especie...



Tanto Blake


un escenario invariable

para montar la disección

de lo variable.

descubrir de una vez si es posible

convertir en acto tanto Blake, aquella peste

exigente.

aún puesta sobre la nada

una mirada puede durar




Todo miedo


todo miedo te domestica el dolor

la pérdida de control, la manera sentida

de perderlo todo de vista.

horizonte esta placidez de pájaro

apenas mojado.



De La sombra de todo, Bs.As., Bajo la luna, 2007


**


La oveja


¿Levantar la cabeza?

¿Dónde cree que estamos, en la Patagonia?

Samuel Beckett


Atrapada por el cuello al alambre de púas, un mal movimiento la degollaría. La oveja desliza milímetros su cabeza hasta quedar inmóvil a la espera de una solución que escapa a sus propios movimientos. Su cabeza no piensa, ni esboza cursos de acción, apenas percibe el suave ardor de los alambres puntiagudos, mientras a unos metros del alambrado los vehículos atraviesan la soledad. Pasan sin verla, o ven apenas la imagen fugaz de una oveja que permanece muy cerca de la ruta, en una inmovilidad sólo rota por gestos imperceptibles. Atrapada por el cuello al alambre de púas, oye la secuencia creciente y luego decreciente de los motores, quieta se queda y algo semejante al placer percibe cuando logra la quietud absoluta. Empieza a dolerle cuando se adormece, y así se despierta, y vuelven a nublarse sus ojos azules hasta que regresa el dolor que para ella no tiene nombre. No puede estimar la duración de la noche ni aspira al azar de alguien que atine a separar su cabeza del alambre.


De Música desconocida para viajes, 2002; 2009.



**


Leche


Veo la muerte como una extensa noche sin dormir.

Tu insomnio es mi ruta.

Te llevaré leche finísima de animales

para que cesen tus llantos.

No escribo más

que para pedirte.



Guardarte


Te has vuelto

agua, cristal

infinitamente duro,

necesito guardarte como estás

en un sitio más

hondo que cualquier corazón

rajado.


De El rincón de pedir, Bahía Blanca, Vox, 2015.


**


Resistencia


Los comunistas guardaban sueños, los comunistas, los comunistas. Caetano Veloso


La izquierda no llega, no alcanza la izquierda, no ve el final la travestida. No ve nada, ni el final de la miseria ni su principio. La derecha come de todo, todo es derecha en este mundo, una mandíbula ciega que tritura, calma para tragarse las víctimas y cobrar por la eternidad la sumisión o voto desconcertado. Las almitas engañadas por la instrucción cívica de las democracias van aderezadas rumbo a esa dentadura de ónix. No podrás levantar muros ni alambradas en tan feroz estómago. Cuando la tiranía es un sangrado diario que opera por goteo y viene con el agua de las cloacas en envase certificado de residuos nucleares, la resistencia es susurro, oración pagana, una bomba de detonación que llega en viaje desde una guerra pasada, el recuerdo de Marx que cura todos los desvaríos pero nos deja en Siberia o en un estante de la biblioteca. El capital acumulado en sangre es legal, mortal, eterno en las manos de siempre. El Capital debe ser leído como un Sutra. Todo trabajo es forzado.


(Biblioteca Chetham, Manchester)



El cuidador del oso


El Circo del Estado de Moscú tiene función en Inglaterra. La comparsa dura más que el Estado de Stalin, su continuidad ignora el derrumbe de cualquier muro. Es de otro material o espíritu esta gente, no necesita lamentar gulags para divertir a Occidente. Es precario este Estado, un remedo que viaja lejos de su origen para mostrar lo que no tiene y sugestionar un poco a los presentes con prestidigitación y paraísos de cartón piedra al alcance del nuevo proletariado, que aquí aún paga la entrada. Quedan equilibristas, damas de a caballo y domadores de animales irreconocibles.

Al circo le cuesta regresar a Moscú, y se sospecha que el viaje es un anuncio que se postergará para siempre. En los camarines del antiguo presentador, viejos banderines del Spartak; fotos de Gagarin y Trotsky. El público inglés aplaude a los animales por compasión, y el payaso ruso les resulta feroz. El cuidador del oso me dice que la vejez acosa al animal. Es lo único auténtico de este circo, insiste. Todo durará mientras viva ese animal de Siberia.

(Newcastle)


El precio espiritual

                                                                                                            Para Artaud, en su memoria

Guardo un objeto, lo limpio con paciencia, ayudo a convertirlo en recuerdo, adquiere matices pardos, parece relevante en su materia avejentada, sube su precio espiritual, guardado entre objetos otros que también duran por pura constitución material. El tiempo va pasando, le asigno importancia, lo paso de una caja a un cofre, a veces lo extraigo con cuidado y me dedico a contemplarlo. Es bello ahora, cada vez más se parece a una pieza única de un pasado perfecto e irrepetible. Merece ser resguardado en una caja de seguridad, es una lucha contra el tiempo y se ha convertido en símbolo de una existencia, tiene esa consistencia. Me despierto, la mañana empieza como un dolor en el vientre, una enfermedad paranoica, y para conjurar la ilusión arrojo el hueso o la piedra tallada a la basura común de toda la vida.

                                                                                                                                                    (Rodez)


De La pasión extranjera, Comodoro Rivadavia, Espacio Hudson, 2018


**

Inserto la moneda y sale sangre


Inserto la moneda y sale sangre.

Aprieto las teclas y sale sangre.

Abro los grifos y sale sangre.

Cierro los ojos y sale sangre.

Leo los clásicos y sale sangre.

No es la enfermedad: es algo universal

para exhibir bajo el sol del mundo.

Su color es indistinto entre los naturales de todos los continentes,

y su aparición a borbotones o de a gotas

da cuenta de la simetría

de los finales que vienen, inhumanos.



Estirar la mano


Estirar la mano como quien pide un don

y se arrepiente,

deja el gesto en el aire y pide menos que nada,

para seguir.



La palabra acierta


La palabra acierta

solo en la caída.

Desbocada en el aire,

suelta de nosotros,

se arroja hacia el final

único

donde suena

cierta.



Cuánto vale el sueño


Cuánto vale el sueño puesto en una cánula de sangre.

La esperanza está en el sueño, porque el despertar

es experto en muertes.

No interrumpas el sueño de los héroes, la materia

de las sirenas, no tapes tus oídos al reclamo.

El silencio de muerte es peor que perder la razón.




El dolor es dios


El dolor es dios, pero no sabe bailar.

La pequeña que juega con su globo

y lo hace rebotar entre los tubos y monitores

es dios, aunque no sepa sobrevivir.

La moribunda de ojos almendra

tiene la mirada atravesada por la luz

que ya no puede mirar. Es dios en su ceguera iluminada.

El dolor es un dios equivocado.




la verdadera caída es hacia arriba 



De La caída hacia arriba, Madrid, Amargord, 2018.



**


La colección de lo roto


Lo perdido, lo roto, lo arrojado

coleccionamos.

Revisamos en la basura de todos

el diamante perdido,

el amuleto descartado por el capital.

Rastreamos la vergüenza de uno,

el secreto perdido, la foto descartada sin quemar

del último amor de aquellos.

Coleccionamos su dolor al tiempo

que nos alimentamos de su basura.

Aprendemos de su humanidad:

por nuestras manos pasan

los restos de sus arrugas

que no son cicatrices.



Disimulo


Yo era cadáver, y volví

a salir por mis pies.


Agradecí a los carteles luminosos

del hospital

en medio del gentío.

La barahúnda, el olor de todos,

la droga que fascina en la Ciudad Oculta.


La marea incontenible del atardecer,

las luces del misterio ciego 

el transporte con gente 

que cuelga 

ajusticiada por el trabajo.


La noche solitaria de los vivos,

la ilusión de ser parte 

de algo que se mueve 

hacia una esperanza a

que se acelera 

en el corazón partido. 


Bajo mis pies 

la senda a recorrer

el vagar puro de quien no tiene

regreso ni un lugar a la sombra. 


Por la plaza giran putas, mendigos, 

los náufragos tienden

colchones para la noche,

la policía cobra en especie.

Vamos rumbo al Paraíso 

con identidad encubierta.


En la fuente baila un payaso

que fue asceta o gerente.


Abandono mis vendas y apósitos,

acá todos llevan sus heridas

al descubierto. 


Entre víctimas 

está mal visto

el disimulo.


La ocupación 


Un bar cerrado a cal y canto

al trabajo imbécil, 

a la desgracia del día.

Se bebe, pero ésa no es

la verdadera ocupación.


El que ve pasar el mundo,

abandonado tras las ventanas

desnortadas de cualquier éxito.


El que tose para adentro

su pudor o fracaso,

el que grita para decir

que tiene todavía algo para decir

a nadie.


El que desafía a los presentes

pero sobre todo a los muertos,

y después se refugia 

en la herida más cruel

para no hablar más

hasta la hora del cierre.


El bar luce pocas botellas

no abre las ventanas

ni ventila el alma jamás.


Los caídos no dejan de llegar,

ni quieren ver la calle

en que se golpearon.


Vamos a un ritmo,

no hay semana ni lunes

que nos destrocen del todo.


Aquí se sueña con morir:

las hazañas jamás son verdaderas;

se vive con lo que no se tiene.


La esperanza 

es una ronda más,

pagada por otro.



La secta del gatillo


El monte de 

los suicidas

que guía mi destino

tiene una ermita 

de santos de plástico.

Gatos chinos que no mueven la mano,

Budas gordos y flacos,

un Maruchito tallado en caldén

el hijo de la Difunta Correa en plastilina

y el Gauchito Gil de fierro 

se ríe sin parar

de sus perseguidores.

Cristo no se asoma

del Nuevo Testamento.

Un graffiti recibe a los indecisos:

“Señor, Señor, por qué

me abandonaste 

a las puertas de la salvación

con la Secta del Gatillo”.



Mi madre hierática no fue,


el padre mío sí, cantaba tangos

en la oscura siembra.

Imaginaba París para cantar

como un uruguayo.


Ah, los señores 

que lo ungieron al arado.


Hemos sido insensatos,

sedientos, santos de catedral destruida,

infancias pobres, gauchitos giles,

del amor aquél cruel que suscita

desastre,

pero no descarten el futuro

en esos imbéciles de genealogía,

yo mismo

el instrumento, los bueyes, 

mi padre y yo.


De Alto hospicio (La nostalgia del futuro), Comodoro Rivadavia, Espacio Hudson, 2023.



**


La repetición


el perro vuelve al vómito

su dueño a la necedad

el sacerdote a repetirlo:


polvo eres

señala con el dedo

hacia una luz

extinguida

en el mar

de los mueretos.


“allí está”, dice, y la polvareda

clausura la boca de la eternidad.



Quásar


Dónde se puede oír la voz

de los desaparecidos

ancestrales y recientes.


En el agua, en el hielo, 

los astros.


En la galaxia recién nacida

que acumula

más agua que los océaos

que los desaparecieron.


De Polvareda (La nostalgia del futuro), Comodoro Rivadavia, Espacio Hudson, 2023.


Algunos datos biográficos:

Cristian Aliaga (Tres Cuervos, Buenos Aires, 1962-Ciudad de Buenos Aires, 2024). Residió desde joven en la Patagonia. Poeta, escritor y docente universitario. Creó y dirigió la editorial Espacio Hudson y el periódico El Extremo Sur, y coordinó la revista Confines. Arte & Cultura. Antes, había iniciado su trayectoria como editor de poesía y literatura patagónicas con la página web Revuelto Magallanes, y la editorial homónima. Trabajó en diarios del sur del país -Río Negro, El Patagónico- y en la Universidad San Juan Bosco, donde fue profesor y responsable de la editorial.

Obtuvo el premio “Raúl González Tuñón” del Centro Cultural de la Cooperación-FNA (2005) y el primer premio del Fondo Nacional de las Artes (2007), y recibió becas de la Fundación Antorchas y The Leverhulme Trust.

Publicó, entre otros libros, Estancia La Adivinación (Último Reino, 1998), La sombra de todo (Bajo la Luna, 2007), Música desconocida para viajes (Desde la Gente – IMFC, 2009), La causa clínica / The clinical cause (Manchester University Press, 2011), La caída hacia arriba (Hilos, 2013), La suciedad del color blanco (antología, Eloísa Cartonera, 2013), El rincón de pedir (Vox, 2015) y The foreign passion (traducciones de Ben Bollig, Infllux Press, 2016), entre otros libros. En disco compacto editó Un ring para dios (2009), junto al músico Titín Naves. Jorge Boccanera compiló su antología personal Estrellas en el vidrio (Colihue, 2002). Fue profesor visitante en Leeds University, y presentó en Oxford University su exposición Tus virtudes son tus defectos, con obras del artista visual Alejandro Mezzano. Compiló Herejía bermeja. Obra poética de J. C. Bustriazo Ortiz (2014), Mamihlapinatai. Poesía de mujeres mapuche, selknam y yámana (2010), Escribir en la muralla. Poesía política mapuche (2010) y Desorbitados. Poetas novísimos del sur de Argentina (2009), entre otros trabajos. Compiló poesía sarahui, catalana y española, de autores jóvenes británicos entre otros y los publicó en Espacio Hudson.


Ver más en:

https://octubretv.com/videos/programa-poesia-a-la-calle/0020-cristian-aliaga/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR3cjOUu7tambrsCj4PKk1wrVTCOck-tUEz-CFE2my2zx8II6a_xR_JLiwU_aem_ARvJ6tJgsojyeUX5VZRBTa5gmiKHk5aEDBqfDFuN-QROBt-OD3EPqM_geD-kFjtboLrNe5esXo7BzQ3-TvimGD1r

https://elpeztinta.blogspot.com/2012/05/un-ring-para-dioscristian-aliaga-titin.html

http://unoyceroediciones.com/cristian-aliaga/




lunes, 22 de enero de 2024

POEMAS X LA PATRIA (poemas para tiempos aciagos)






Tirado al sol

como las víboras, cerca
del agua de la patria, siento
menos miedo que
por las noches, cuando
no hay cielo, ni agua,
ni país, ni memoria.

Francisco Paco Urondo. Santa Fe, 1930-Mendoza, 1976.

**

desde las alturas de un sitio vidriado

la veo, sonriente

Evita todos los días aguarda

espera

a veces acechan vientos

silencios inmóviles

sin ecos

o una quietud antigua

de muros impenetrables

cuando piensan en ella

muchos ojos olvidan lluvias

desvelos

cada niebla.

Su corazón es tibio


Claudia Ainchil, Buenos Aires

miércoles, 18 de agosto de 2021

A propósito de "Wualichu", de Lydia Helander

Texto leído durante la presentación del libro "Wualichu", de Lydia Helander, el 17 de agosto de 2021 vía zoom. De la actividad participaron Patricia Saragüeta como coordinadora, Liliana Campazzo como co-presentadora y la autora, que leyó poemas. A continuación se reproduce la lectura a cargo de Gerardo Burton


Gerardo Burton (geburt@gmail.com)



Lydia Helander ya no vive en Patagonia. Pero me escuchó, en algunas de nuestras reuniones domingueras, hablar con cierto énfasis de los poetas y escritores patagónicos que yo elegía para leer. Así, decidió enviarme por correo su libro Wualichu, que transcurre en esta región cuya magia y misterio encantan, cuya gente y su historia enamoran. Lo recibí una mañana fría de este invierno atípico, seco, pandémico. Y fue una alegría, sin dudas.

Entonces, quiero agradecerle a Lydia la invitación para estar aquí esta tarde y decirle, con Liliana Campazzo, skäll (skol), salud. Dice Liliana en su prólogo que, mientras leía estos poemas, la memoria se le convertía en un bordado delicado “como encajes de Flandes, pero también una matra de lana gruesa teñida con calafate o jarilla”. Y coincidimos: éso es el poema, un tejido, un bordado y, cuando hay dolores, un zurcido. 

miércoles, 13 de enero de 2021

Nueva reimpresión de "heridas que no cierran”

 Esta segunda semana de enero llegará a las librerías del país la nueva reimpresión del libro “heridas que no cierran”, de Gerardo Burton, editada por Espacio Hudson, de Comodoro Rivadavia. Son poemas sobre femicidios ocurridos en el país en los años recientes y ésta es la cuarta tirada del libro





Las ediciones se hicieron con el apoyo, asesoramiento y participación de la Colectiva Feminista La Revuelta, de Neuquén. Esta nueva impresión fue realizada en Comodoro Rivadavia por Espacio Hudson, la editorial que dirige el poeta y periodista Cristian Aliaga.

Documentales. Entrevistas a escritores y escritoras argentinas. Tomo V

Entrevistas realizadas a través del correo electrónico y publicadas entre octubre de 2017 y mayo de 2020, en numerosos medios digitales (y ocho en medios gráficos). Se permite, sin previa autorización, la reproducción de cualquiera de ellas y en cualquier soporte, citando la fuente. Asimismo, se agradece por la inclusión del presente volumen en bibliotecas digitales o en otro tipo de plataformas.

Las entrevistas fueron realizadas por el poeta Rolando Revagliatti, y este tomo incluye a Paula Winkler, María Malusardi, Eduardo Dalter, Pablo Queralt, Marcelo Vernet, Fabián Soberón, César Bisso, Marisa Negri, Reynaldo Jiménez, Jorge Goyeneche, Alejandra Méndez Bujonok, Romina Funes, Carlos Juárez Aldazábal, Rogelio Pizzi, Estela Barrenechea, Marcos Rosenzvaig, Osvaldo Spoltore, Gerardo Burton, Alicia Salinas, Alejandra Correa, José Ioskyn, Fernando Sorrentino y Alberto A. Arias

http://www.revagliatti.com/documentalesV/DOCUMENTALESV.pdf


Diseño integral y diagramación: Patricia L. Boero

casiopea06@gmail.com

editores@zonamoebius.com

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Argentina, enero de 2021.


Opinan los escritores argentinos en “Documentales IV”

Luis Benítez




Recientemente Ediciones Richeliú, de Buenos Aires, publicó el cuarto tomo de la serie ‘Documentales. Entrevistas a escritores argentinos’, que recopila las opiniones y los pareceres de una selección de autores de dicha nacionalidad. Gracias a la recopilación en sus páginas de las entrevistas realizadas por Rolando Revagliatti (1), antes publicadas en diferentes medios de comunicación, es posible para el lector acceder a este interesante material de consulta. En ‘Documentales IV’, poetas y narradores se explayan acerca de una gran variedad de temas, que van desde las peculiaridades de la obra propia hasta sus criterios en cuanto a la ubicación en el panorama de las letras contemporáneas, sus preferencias y rechazos literarios, los movimientos estéticos a los que han pertenecido o corresponden en la actualidad, así como su paso por el acontecer político y social en que se gestaron sus trabajos. Simultáneamente, los entrevistados proveen precisa información respecto de su modo de plasmar los trabajos y la manera en que cada título dialoga con los demás de su autoría.

Un detalle valioso de esta selección realizada por Revagliatti es que ha reunido en ‘Documentales IV’ firmas de distintas edades, correspondientes a diferentes disciplinas y trayectorias, enriqueciendo el panorama general con la diversidad de abordajes de similares interrogantes formulados por el entrevistador.

El volumen, de 444 páginas, aporta otra ventaja: su descarga es gratuita y puede realizarse libremente desde el link de referencia (2). Cabe destacar que, al igual que los anteriores, ha sido sobriamente diseñado por una experimentada profesional: Patricia L. Boero.

En ‘Documentales IV. Entrevistas a escritores argentinos’, unen sus voces y establecen sus diferencias: Luciana A. Mellado (1975), Carlos Cúccaro (1968), Inés Legarreta (1951), Silvia Mazar (1937), Oscar Steimberg (1936), Antonia B. Taleti (1941), Patricia Coto (1954), Marcelo Leites (1963), Genoveva Arcaute (1953), Ángela Gentile (1952), Julio Aranda (1961), Marta Braier (1947), Tomás Watkins (1978), María Lilian Escobar (1961), Carina Sedevich (1972), Raquel Jaduszliwer (1946), Javier Galarza (1968), Laura Forchetti (1964), Liliana Bellone (1954), Yamila Greco (1979), Laura Szwarc (1978), Eduardo Mileo (1953), Cristina Piña (1949), Mariano Shifman (1969) y Antonio Ramón Gutiérrez (1951).



NOTAS

(1) El argentino Rolando Revagliatti es autor de una vasta obra poética, narrativa y dramática, ya traducida al francés, catalán, italiano, maltés, esperanto, alemán, asturiano, portugués, inglés, neerlandés, rumano, búlgaro, ruso y bengalí, y difundidas en gran número de medios, tanto gráficos como digitales. 


http://revagliatti.com/richeliu-ediciones.htm 


(2) http://revagliatti.com/documentalesIV/DOCUMENTALES%20IV-Revagliatti.pdf


……………………………………………………………………………………..




Luis Benítez (Buenos Aires, 1956) es miembro de instituciones de su país, Estados Unidos, Grecia y la India, y ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Obtuvo, entre otros, el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, Uruguay, 1996), el Primo Premio Tuscolorum di Poesia (Sicilia, Italia, 1996), el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003) y el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Publicó numerosos libros de ensayo, poesía, narrativa y dramaturgia. De entre los ensayos, antologías, etc., a propósito de su obra, citamos “Sobre las poesías de Luis Benítez”, de Carlos Elliff (1991), “Conversaciones con el poeta Luis Benítez”, de Alejandro Elissagaray y Pamela Nader (Tomo 1, 1995; Tomo 2, 1997), “Poemas reunidos” (antología en e-book, introducción, selección y notas de Elizabeth Auster, 2006), “La poesía es como el aroma. Poética de Luis Benítez”, de Camilo Fernández Cozman, “La novelística de Luis Benítez. Aproximaciones críticas a la historiografía, la mitología y la masculinidad patriarcal”, de Assen Kokalov (2015). 


viernes, 24 de julio de 2020

40TENA SELECCIÓN DE POEMAS & OTROS TEXTOS (X)

Seguimos, ciento veinte días después (o más) con textos y poemas para pasar esta emergencia. Es una invitación a leer, a pensar, a salir del mundo cotidiano, a ver del otro lado del espejo. Salute, que no todo es negocio.

Gerardo Burton
geburt@gmail.com




Yo no tuve una abuela
fogón de relatos
ollitas humeantes
telar que congregue.

No vi perderse en el horizonte la piel del caballo.
No me bañé nunca en la aguada.
Y no corrí a la intemperie, descalza.
He vivido presa.

Pero no puedo mentir esa historia.

No puedo decir “en mi recuerdo de infancia los mayores…”, algo.
Porque no había mayores.

Tampoco había infancia.
Trato de reconstruirla.

Junto elementos pequeños para pensar una imagen.
Una hamaca, una niña, una tortuguita.
Se pierden.

Trato de ficcionar un relato mapuche a la usanza
para llenar el inciso

pero vi a mi abuelo delirar las chivas en una pieza de barrio. En Esquel. En el Barrio "Roca".
Cuando no pudo más habitar su tapera camino a La Zeta.
Lo vi regando con vino el cerámico limpio. Era perfecto ese círculo.
Y vi a la tía correr a puteadas mientras torcía el trapo de piso
y con él nuestra historia
caían las gotas de vino como cayera la sangre
las lágrimas
como estas palabras caen.

Esos son mis recuerdos
Se teje ahí mi memoria.

Porque vi eso de niña y pensé “mirá qué loco el abuelo”
Y veo lo mismo al trasluz de la historia, y pienso: “cuánto dolor y ternura, mi abuelo, su ofrenda”

No sé cómo presentarme.
Abro la boca y se traba el tuwün, balbuceo el kupalme.
Tampoco puedo nombrar a mi madre.
No puedo hacer pentukun.
Tengo, sin embargo, don de la palabra.

Yo soy Viviana Ayilef
Nací en Trelew
Sigo viva.

Esas son las líneas de mi corazón
aunque no tuve una abuela que me contara un relato.

Viviana Ayilef, en facebook

sábado, 22 de junio de 2019

Ciudad Autónoma

Este texto se publicó en el portal www.vaconfirma.com.ar el 16 de septiembre de 2017. El 16 de junio pasado, el poeta Victorio Veronese, protagonista de esta nota, murió en Buenos Aires. Esta publicación va como homenaje a ese hombre y a su lucha; a ese poeta y a su poesía encendida; a ese hombre y su inclaudicable resistencia. El copete de la nota decía así: "El circuito de cartonerías se ha restablecido. En Triunvirato, una pareja joven y un hombre algo mayor discuten frente a un canasto repleto de cajas de cartón desguazadas y apiladas, sostenidas por una cuerda que cortan con un cortaplumas para repartírselas y se van como hormigas con sobrecarga". Hoy día, todo empeoró.








Gerardo Burton
geburt@gmail.com

Ha llovido en Buenos Aires en estos días. Los mismos itinerarios, las mismas baldosas, los mismos árboles de siempre hoy están húmedos, como lustrados por el recuerdo del agua. En la ancha vereda de Iberá, frente al Club Social, Cultural y Deportivo Río de la Plata -que tiene los mismos colores que su homónimo en ese inglés aporteñado- hay dos colchones superpuestos, coronados por una vieja frazada marrón que dibuja un cuerpo dormido en plena tarde. De ese abrigo provisorio sobresale una zapatilla y, al ruido de los pasos, su compañera también asoma. Acaso desde la penumbra bajo la cobija, dos ojos estén observando. Lo cierto es que en esta ciudad muchos pobres habitan no-refugios. Ése es el verdadero no-lugar en Buenos Aires. Al día siguiente, casi a la misma hora, la garúa ya ha puesto en fuga al linyera siestero, que ahora está a las puertas del club quizá con la esperanza de conseguir algún resto del almuerzo reciente.

viernes, 12 de abril de 2019

Paco Urondo: un poeta fuera del centro

Texto leído en la presentación del libro "Paco Urondo, biografía de un poeta armado", por Pablo Montanaro, el 11 de abril de 2019 en el salón azul de la Biblioteca Central Francisco P. Moreno de la Universidad Nacional del Comahue, en Neuquén.



Francisco Paco Urondo, un poeta desterrado


Gerardo Burton
geburt@gmail.com


Dice Pablo Montanaro en el prólogo de este libro que Francisco Urondo, a mediados de la década de 1980 era “un personaje sumamente atractivo pero al mismo tiempo desconocido, como si hubiera sido desterrado”. Ése fue quizás el derrotero de Urondo y de su poesía: estar fuera del centro.

Veamos: al principio, fue un poeta del Litoral argentino integrante del grupo que había elegido como maestro a un marginado por propia voluntad: Juan L. Ortiz. A tal punto era la elección de aquellos discípulos, que ese apellido es el último nombre de guerra que elegirá Urondo. En esa época fue titiritero, funcionario de cultura (ese oficio que hoy se denomina gestor y que no se sabe si hace trámites, inscribe patentes o distribuye bonos) y, sobre todo, poeta. De ese período habla abundantemente Montanaro.

Me interesa señalar algo que hará Urondo a poco de instalarse en la ciudad de Buenos Aires. Con otros poetas, artistas plásticos y teóricos del arte, integrará el grupo Poesía Buenos Aires, que reunía a la vanguardia de Arte Concreto-invención y otros ismos estéticos en pleno auge del peronismo. Habría que estudiar la relación causal entre esa posición artística y la desplegada por la fuerza política creada por Juan Perón en el poder, hacerla dialogar con posturas como la de Leopoldo Marechal o la de Daniel Santoro -el bueno-. Lo cierto es que en ese entonces -y quizás también ahora- la cultura oficial no toleraba al peronismo. En consecuencia, en los años 50, Urondo tomará distancia de todo aquello que se considere “cultura de masas”. Sin embargo, en la década siguiente, ya con una definición de su compromiso político, avanzaríaó hacia aquello que su poesía ya insinuaba: poner el cuerpo en la creación y en la acción. Así, comenzaban sus incursiones en los soportes más masivos de la industria cultural: la novela y el cuento primero; la televisión, el teatro y el cine después; la canción -la poesía musicalizada en su caso-. Y, hacia el final, llegó al fenómeno más amplio y abarcativo: el periodismo, que había iniciado en revistas y diarios comerciales y concluyó en los medios de prensa de Montoneros, la organización política a la que pertenecía.

Justamente en 1972, cuatro años después de la publicación de su obra reunida por De la Flor con el título “Todos los poemas”, se iniciará un largo hiato que habrá de ningunear su obra hasta 1999, cuando se reedita la novela “Los pasos previos”, y aparece en el Diario de Poesía, que dirige Daniel Samoilovich, una entrega especial sobre su vida y su poesía. Ya en este milenio, en 2010 Adriana Hidalgo publicará la obra poética completa prologada y editada por Susana Cella y posteriormente los cuentos, el teatro y los textos periodísticos.

Es importante lo ocurrido durante ese paréntesis. Su poesía permaneció oculta, con una circulación casi clandestina entre ediciones antiguas y agotadas hasta la aparición de la web y la multiplicación exponencial gracias a quienes la mantuvieron vigente. Es que internet ocupó, en cierto modo, el lugar que en otro tiempo tenían las fotocopias, las copias en carbónico mecanografiadas con errores y las ediciones borrosas por el uso o la intemperie. Y las versiones manuscritas, que de eso no hay que olvidar. Es que Urondo vivió ese ninguneo como un nuevo exilio, como el destierro del que hablaba Montanaro. Legitimado en las lecturas y en el seguimiento, en la proliferación de discípulos sin contertulio, Urondo permaneció excluido de la consagración en el papel, ese podio máximo al que aspiran quienes escriben. Sólo en estas dos primeras décadas del siglo volvió la reivindicación del poeta, la recuperación del intelectual que no dejó disciplina ni género sin cultivar porque no hubo donde no se entrometiera: los nuevos lenguajes, la poética de vanguardia, el revisionismo histórico, la revolución.

Repito, a riesgo de cansarlos: lo que ocurrió en esos más de treinta años entre 1976 cuando cae baleado en Mendoza y el fin de siglo significó otro margen para Urondo. Ya había transitado las periferias del Litoral, primero; de la vanguardia estética, después; de la vanguardia política en tercer término. Cierto, Montanaro no se ocupa -y él lo dijo reiteradamente- del análisis literario de la obra de Urondo. Pero esta biografía, construida por documentos, diarios y revistas, testimonios y la mirada de quienes estuvieron cerca de Urondo o apenas lo conocieron, como su hija Ángela, por ejemplo es, justamente, lo que hace desear leer su poesía. Es el beneficio de inventario que debemos a Pablo Montanaro: que su libro actúe como indicador, como señalador de una obra a punto de ser descubierta cada vez que se accede a ella.

Muchas gracias.



Paco Urondo: la opción armada

Texto leído en la presentación del libro "Paco Urondo, biografía de un poeta armado" de Pablo Montanaro el 11 de abril de 2019 en el salón azul de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional del Comahue, en Neuquén.



Francisco Paco Urondo











por Pablo Scatizza
pscatizza@gmail.com


Agradezco a Pablo la generosidad de haberme invitado a esta presentación, que considero excesiva incluso, dado que no soy poeta, quizá un poco escritor, pero para nada especialista en Paco Urondo, de quien confieso que sólo he leído algunos poemas y, por supuesto, su Patria fusilada.

Por ello, porque no es mi especialidad, no voy a hablar de literatura ni de poesía, y menos aún al lado de poetas y escritores como los que me acompañan acá. Les dejo semejante trabajo a ellos.
Pero sí quisiera compartir algunas reflexiones respecto a algo que me quedé pensando, luego de leer el libro de Pablo. En una de las dimensiones que atraviesan su trabajo, y que atraviesan la vida del poeta revolucionario cuya biografía narra. La violencia.

El tema de la violencia armada, de la opción de Urondo por las armas, es un eje que recorre el libro y lo pone en tensión. Muchos testimonios dan cuenta de ello: justamente, la tensión que generó esa decisión de Urondo, no mayoritariamente compartida (y eso es interesante), por quienes fueron sus compañeros y compañeras.

Me permito citar sólo una, que disparó algunas reflexiones, pero hay muchas opiniones más al respecto. Alfredo Carlino dice en su testimonio, según relata Pablo: “(Paco) No era un militante ni un activista, era un fino poeta y un gran periodista. Entró directamente a la guerrilla y la asumió. Esa es la parte suicida de él. Estaba totalmente convencido que la cosa pasaba por la violencia. Estaba influenciado por Jean Paul Sartre, a quien leía mucho. El gran ideólogo era Sartre, quien además preconizaba la violencia”.

Y me quedé pensando en eso. En la violencia, en Sartre y sus lecturas posibles; y en el Paco de Montanaro. En la violencia y sus formas; en la violencia y sus usos; y en los sentidos de la violencia cuando se la despoja de todo planteo moral. Tal como es necesario hacer cuando se quiere reflexionar sobre este fenómeno, y tal como lo hicieron Paco y los y las revolucionarias de los sesenta y setentas.
No voy a opinar sobre la sentencia de Carlino respecto de que Sartre fue el “el gran ideólogo de la violencia” y menos respecto a que la “preconizaba” (juicios que considero cuanto menos discutibles); pero aludir al filósofo francés de los sesentas y  a la violencia, a ciertas formas de la violencia, es aludir también muchos otros y otras pensadoras, intelectuales y pensadores que permearon con sus ideas sobre la violencia y sus aristas a los y las jóvenes de aquellos años.

Hablar de Sartre es, primero, hablar de Franz Fanon y a los Condenados de la Tierra, el libro publicado por este intelectual argelino en 1963 y de cuyo Prólogo se encargara el propio Jean Paul. Textos revolucionarios, ambos, dotados de una gran autonomía uno de otro. A tal punto que no son pocos los testimonios que recuerdan que estaba “el libro de Fanon”y el “prólogo de Sartre al libro de Fanon”, como un documento independiente. Es también hablar del Che, por supuesto, de Mao, de Marx, de Cooke, de Lenin, de Trotsky, de Régis Debray, de Simone de Beauvoir...

Pero no voy a hablar acá de ninguna de estas mentes ni sus trabajos. Los traigo sólo para colorear aún más el cuadro en el que estas ideas componían la compleja pintura de los sesentas. Un cuadro en el que la violencia definía, me animo de decir, el estilo de la pincelada, y sobre ello quisiera compartir algunas reflexiones: sobre el cruce entre la violencia y la poesía, o más bien de lo poético de la violencia cuando esta persigue fines revolucionarios, y por lo tanto liberadores. Fines que sin dudas, a la luz de la lectura del libro de Pablo, perseguía Paco Urondo.

Aún así, es en vano, creo -o cuanto menos riesgoso- hacer una crítica de la violencia en función de sus fines, y sí creo necesaria hacerla a partir de sus medios. (Crítica en el sentido kantiano del término, de conocimiento...; o incluso marxiano, en tanto “desenmascaramiento” de la violencia, para exponerla, conocerla).

Porque si pensamos los usos de la violencia en función de sus fines, terminaríamos en el callejón sin salida de tener que hacer un juicio de valor sobre ella, lo cual nos pondría frente a la falsa disyuntiva moral de sentenciar si la violencia es buena o mala en sí misma. Así, si sirviera a fines justos sería una violencia buena –o al menos “bien utilizada”, “útil”- y si sirviera a fines injustos se trataría de una violencia mala –“mal utilizada”, “inútil”. Y la justicia de los fines, convengamos, pueden ser arbitrarios.

(Pensar en esto me hizo volver a un ensayo de Benjamin que había leído hace muchos años, así que agradezco a Pablo el empuje. Se llama, justamente, “Para una crítica de la violencia” y fue publicado en 1921, y allí reflexiona justamente sobre la legitimidad de los usos de la violencia, en tanto instauradora o conservadora de derecho, más allá de los fines que persiga o diga perseguir)
Pensaba entonces, junto con el libro, ¿qué hay de poesía en la vida de Urondo, en su acción revolucionaria, más allá de sus escritos y más allá de los fines que perseguía al optar por la lucha armada?

¿Qué lleva a un poeta a tomar las armas? Una pregunta, si se quiere, retórica, pero también problemática, histórica. Y desde ese punto, sólo desde su historicidad, pueden ensayarse posibles respuestas. O al menos, algunas hipótesis. Es la historicidad que le da Pablo a la vida de Urondo, y lo celebro. Es  pensar a los sujetos y sus acciones más allá de los resultados que hoy conocemos, y desde la propia incertidumbre que ellos y ellas tuvieron acerca del futuro. Que ese futuro que hoy conocemos no era la única opción que tuvieron ante sí (ni que el “desarrollo de la historia” definió como inevitable), sino que esas opciones fueron varias, condicionadas por múltiples factores cuyo análisis nos pueden acercar más o menos a una explicación (o comprensión, si apuntamos a los motivos) acabada, pero que siempre estará en el plano de la sospecha y la posibilidad de refutación.
Se ha discutido mucho sobre la violencia revolucionaria, y no estoy aquí para hablar de esos debates. Es muy conocido el cruce que abrió la carta de Oscar del Barco (el famoso debate “No matarás”, allá a principios de este siglo, en la que activos militantes revolucionarios de los sesentas cerraron filas a favor o en contra del uso de las armas y su eventual (o no) desencadenante de la represión estatal y paraestatal que caracterizó a ese período).

Pero, ¿qué lleva a un poeta -repito- a tomar las armas? ¿Donde radica la legitimidad de su uso, si es que existe? ¿Basta con la convicción del poeta en la justicia de sus fines? ¿O dicha legitimidad se funda más bien en el potencialidad constructora de un nuevo derecho que tiene en sí misma la violencia revolucionaria (y aquí flota el espíritu de Benjamin), especialmente cuando se trata de una “contra-violencia”, por la cual los oprimidos deciden optar ante una situación de violencia estructural que los niega, en tanto un “otro” eliminable?

Este último interrogante nos lleva, claro, a atender no a la violencia que emerge en un momento dado, sino al proceso que de alguna manera puede explicar su gestación. Alejarnos del peligro que implica quedarnos con la foto, para historizar el fenómeno en su mediana y -mejor aún- larga duración. Un proceso que, en este caso, no comenzó cuando hombres y mujeres de distintas extracciones políticas (peronistas, marxistas y todos sus sincretismos) decidieron apelar a las armas y enfrentar de distintas maneras al poder establecido.

Antes que intentar responder, entonces, me pregunto si la legitimidad en el recurso a la violencia de Paco Urondo radica sólo en lo poético de esa opción revolucionaria que implicó su entrega total, de su vida misma, por una causa que consideraba justa, o antes que en esos fines que personalmente puedo considerar justos sin duda alguna, dicha legitimidad se encontraba en la posibilidad real, en ese momento histórico y en ese contexto determinado, que el uso de la violencia armada habilitaba a construir un nuevo orden de derecho que reemplazara al entonces existente. No se trataba, como diría Benjamin, de una “violencia pirata”,  inútil para fundar o modificar circunstancias de un modo relativamente consistente, sino de una violencia tenía entonces -al menos potencialmente- la función de ser creadora de derecho. De un nuevo orden social.

Pensaba en esto luego de leer la biografía de este poeta armado, tal como lo llamó Pablo. A partir de  esa historicidad es posible encontrar en su libro; la que nos brinda la posibilidad de comprender los motivos que llevaron al poeta a optar por la violencia; a conjugar la peligrosidad de su letra con las armas que decidió empuñar. Porque justamente, creo, de eso se trata. De intentar comprender; de explicar, sí, pero tratar de comprender los motivos que pudo haber tenido tal o cual persona (en este caso, Urondo) para llevar a cabo determinada acción o decisión. Al menos eso es lo que a mi me interesa, en tanto historiador, y agradezco a Pablo que con su libro me haya permitido tener más herramientas para hacerlo.

Dijo Urondo cuando estaba preso en Devoto, allá por 1973: “Los compromisos con las palabras llevan o son las mismas cosas que los compromisos con las gentes, depende de las sinceridad con que se encaren tanto una actividad como la otra”. Y veo en esa afirmación representados a quienes hoy ocupan esta mesa, a cada uno, y en especial al poeta, escritor y periodista que nos presenta este valioso libro.


Muchas gracias

viernes, 19 de octubre de 2018

Hugo Padeletti: ¿cómo se lee un poema?


Pido perdón por estas tres hojitas que voy a leer. Sé que la expresión improvisada es más vívida, aunque menos exacta, pero en estos siete años de alejamiento de los claustros universitarios he olvidado casi todo lo que aprendí y me cuesta extraer como de un pozo lo poco que sé. El tiempo elástico de la escritura me ayuda a lograrlo. No voy a hacer por lo tanto una exposición doctoral de cómo debe leerse un poema. Eso, como dije, ha quedado atrás. Actualmente me considero sólo un poeta. Además, he hecho ejercicios de origen budista para vaciar mi mente del exceso de conceptos, para tenerla disponible para lo que se presente en el momento.



Ustedes conocerán probablemente la anécdota del erudito occidental que fue a visitar a un sabio budista para preguntarle por el sentido del budismo. Mientras el monje preparaba el té, el erudito se explayaba en la exposición de sus innumerables conocimientos. Cuando el té estuvo listo, el monje pidió al occidental que acercara su taza y fue vertiendo el té hasta que éste desbordó de la taza, llenó el platillo y amenazaba con chorrear sobre el suelo. ¿Qué pasa?, preguntó el erudito, ¿no ve usted que la taza está desbordando? Así está su mente, contestó el sabio, ¿cómo podría entrar en ella el sentido del budismo? No sólo el sentido del budismo requiere una mente vacia —0 vaciada sino también el sentido de un poema.


Cuando voy a leer un poema me presento a él con la mente libre de preconceptos. Primero hago una lectura global no analítica para tener una primera impresión. Generalmente basta para saber si el poema es bueno o no. Cuando éste está escrito en una lengua extranjera que no domino completamente pero cuyas estructuras fundamentales conozco, como me ocurre con el inglés, lo primero que observo es la construcción sintáctica; es la armadura, el hueso del poema, su columna vertebral. Luego observo la constelación de imágenes; ésta me da el clima del poema. Finalmente hago una traducción, que es mi lectura de ese poema. Si éste está escrito en mi propia lengua, el proceso es el mismo, sólo que no tengo que hacer la traducción. Si la estructura sintáctica es coherente y animada, el poema tiene Vida. Casi seguramente, también tiene una buena estructura sonora, porque la sintaxis determina el fraseo, que es más allá de la métrica, el verdadero ritmo del poema. Luego veo si la constelación de imágenes es realmente una constelación; es decir, si es coherente, si las imágenes se apoyan y refuerzan mutuamente o si chocan y se neutralizan. En este último caso el poema es malo. Luego trato de Ver si hay una hilación conceptual explícita o si el . sentido está en la constelación imaginaria y sonora.



Hay tres clases básicas de poemas: 1) los que tienen un hilo conductor conceptual, generalmente con disminución de los elementos imaginario y sonoro; 2) los que consisten esencialmente en imágenes, con probable disminución de los aspectos conceptual y sonoro* 3) los que ponen el acento en la música de las palabras: en la métrica, el ritmo, asonancias, consonancias y disonancias, paronomasias y juegos de vocablos en general, subordinando esto al sentido conceptual y en parte al imaginario. De más está decir que estas tres categorías rara vez se dan puras sino combinadas. Los tres elementos fundamentales del lenguaje: concepto, imagen y sonido pueden entrar en combinaciones múltiples, como lo prueba la apabullante variedad de la poesía a través de las lenguas y los siglos.

Si se trata de un poema principalmente conceptual, los conceptos nos guían desde el principio hasta el fin, las imágenes ilustran los conceptos y el ritmo los va articulando. Pero ojo, que un poema conceptual, pese a su claridad, que a veces se complica en deliberada Oscuridad y dificultad, puede ser muy poco poético. Si el poema está compuesto basicamente de imágenes, es importante ver si hay una buena organización o simplemente una acumulación de ellas. La acumulacion incoherente de imágenes es el recurso favorito de los malos poetas. Si el poema es esencialmente sonoro hay que descubrir si es significante, si no es un mero juego de vocablos. Hay un tope que este último tipo de poesía no puede sobrepasar: la anulación del concepto y de la imagen; si esto ocurre no hay ya lenguaje y por lo tanto tampoco poesía; ciertas experiencias extremistas lo han probado Si el poema, como ocurre en la mayoría de los casos, consiste en una dosificación variada de los tres elementos constitutivos, importa ver qué papel juega cada parte en el cojunto y saber apreciarlo.

Un problema que se plantea frecuentemente al lector es el del hermetismo de cierta poesia. Un poema puede ser hermético porque es incoherente, o porque tiene una articulación muy compleja de concepto, imagen o sonido, o de los tres a la vez, o porque intentan comunicar experiencias inefables. Está el hermetismo sintáctico de Góngora, el hermetismo por elipsis de ciertos sonetos de Mallarmé, el hermetismo esotérico de Lubicz Milosz y el hermetismo transparente, al menos para el que tiene siquiera una vislumbre de la experiencia mística, de San Juan de la Cruz. Hay una clase de hermetismo que sólo se da, creo, en la poesía con-temporánea: es el de los poetas que parecen esforzarse intencionalmente por no decir nada: construyen una textura verbal vacía en el Vacío En este último caso, especialmente, pero en todos los casos hasta cierto punto, un recurso muy efectivo es el de la familiarización: aprender de memoria el poema hasta que forme parte de nuestro propio ser.

Recuerdo una experiencia que hice cuando era estudiante de filosofía en la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba. La materia Metafísica consistía exclusivamente en la lectura de cuatro libros. Uno de ellos era la Introducción a la metafísica de Heidegger. Yo era alumno libre desde Rosario, y no contaba con la ayuda constante del prolesor, que era excelente: nada menos que juan Adolfo Vázquez, entonces director de la colección de filosofía de Sudamericana. Recuerdo que leí tres veces la traducción al castellano y copie en un cuaderno las partes más difíciles sin lograr ningún avance. Conseguí entonces una versión francesa autorizada por el mismo Heidegger y continué mis lecturas con la avuda de un amigo filósofo que había estudiado a Heidegger en Alemania y en alemán. Él me hizo la traducción literal de los pasajes más significativos. Aqui hay que recordar que Heidegger es un filósofo-poeta que se crea de cabo a rabo su propio lenguaje aprovechando la ventaja de que el alemán, lengua aglutinante, permite formar siempre nuevas palabras por yuxtaposición de otras o partes de otras. Después de todo este esfuerzo, no puedo decir que haya logrado traducir a Heidegger a un lenguaje filosófico convencional, pero sí que la obra se abrió dentro de mi y toda ella me resultó luminosa. Fue casi una experiencia mística

Este es el esfuerzo que nos exigen los poetas auténticamente herméticos: que hagamos nuestra su poesía por la incansable relectura y, algunas veces, memorización. En ciertos casos también hace falta análisis, mformación, leer las notas del poeta y de sus exógetas y los libros que lo incluyeron. Pero hay una clase de hermetismo que no se justifica estéticamente; es el hermetismo por exceso de individualidad: cuando el poeta, en vez de símbolos universales utiliza símbolos exclusivmente personales y alusiones a sus propias experiencias privadas que no se explican en ninguna parte. Este, además de la abundancia de material no poético, es el defecto que hace ilegibles, salvo por fragmentos, los ‘Cantos de Ezra Pound, el más importante ejemplo de este tipo de hermetismo. Habría que leerlo con un diccionario explicativo, si pudiera hacerse, pero aún asi sería muy engorroso.

A mi los poemas que más me gusta leer son los intensamente líricos y a la vez metafísicos, de forma más bien cerrada que invita a volver sobre ella. Me cuestan los poemas narrativos y los poemas-rio, que empiezan en cualquier lado, fluyen largamente en cualquier dirección y terminan inesperadamente en cualquier momento, Siempre he considerado importante como en los buenos cuentos el final del poema, un final que lo cierra definitivamente pero que al mismo tiempo lo abre para la relectura, que nos reenvía al primer verso, hariendonos recorrer innumerables circunferencias en torno a un centro, circunferencias que encierran la pulpa sabrosa que no se consume al comerla sino que cada vez tiene un sabor distinto y como enriquecido. Estos poemas esféricos que vuelven sobre sí mismos se mueven internamente, para decirlo con palabras de Eliot, ‘como se mueve un jarrón chino inmóvil/perpetuamente en su inmovilidad’.

Como habrán observado, he hecho hincapié en la lectura intuitiva del poema. Pero no ignoro que el análisis puede arrojarnos a la boca frutos sabrosísimos. Recuerdo que hace unos diez años yo dictaba en el Instituto Superior de MÚSICA de la Universidad Nacional de Rosario una Integración Cultural de cuatro años que culminaba en un curso de Estética y que comprendía un año de Poética. Empezábamos con Bécquer y terminábamos con los Cuatro cuartetos. Recuerdo la decepción de los alumnos cuando empecé con la lectura y análisis de “ Del salón en el ángulo obscuro…“, un poema tan fácil, tan simple y resabido. Pero me llevó más de un mes analizar la riqueza de las sonoridades en relación con el sentido, las correspondencias entre concepto y concepto, imagen e imagen, concepto e imagen. Recuerdo también el asombro de los alumnos al ver convertirse la humilde semillita de mostaza en semilla del universo. Creo que no olvidarán en su Vida que todo poema, como el Lázaro de la rima, necesita una voz que le diga: Levántate y anda. Lo único que no puede hacer, desgraciadamente, la buena lectura es transformar un poema malo en un poema bueno. Esto sólo puede hacerlo Berta Singerman (y no es una broma).

Quiero recordar, por último, que un buen poema es una obra de arte. Que más allá de lo que el poeta dice -información, concepción del mundo, comunicación de experiencias, ‘mensaje’, como se decía antes, el poema es un objeto de belleza. La función de la belleza en la Vida de un individuo y de una cultura es incomparable e irremplazable. Por eso quiero terminar recordando los versos del Endymion de Keats: ‘A thing of beauty is a ]oy for ever;/its loveliness increases; it will never/pass into nothingv ness/ Que más o menos puede interpretarse: ‘Un objeto de belleza -una obra de arte- es un gozo para siempre; su encanto se acrecienta, nunca pasará a la nada’. O, para decirlo con palabras de una poeta contemporánea (Marianne Moore): ‘Beauty is ever— lasting and dust is for a time-. la belleza es eterna; el polvo sólo por un tiempo.

*leído en un encuentro de poesía realizado en Buenos Aires

Hugo Padeletti nació en 1928 en Alcorta, provincia de Santa Fe. Es poeta y artista plástico. Si bien en 1959 publicó Poemas, su obra recién empezó a difundirse a fines de la década de 1980, cuando publicó sucesivamente Poemas (1960-1980); Parlamentos del viento y Apuntamientos en el Ashram.ugo Padeletti nació en 1928 en Alcorta, provincia de Santa Fe. Es poeta y artista plástico. Si bien en 1959 publicó Poemas, su obra recién empezó a difundirse a fines de la década de 1980, cuando publicó sucesivamente Poemas (1960-1980); Parlamentos del viento y Apuntamientos en el Ashram. Murió en Buenos Aires en 2018.

lunes, 18 de junio de 2018

Juan Laurentino Ortiz

Este texto fue publicado en Rosario/12, y lo reproduzco por la alegría que proporcionan la poesía y la amistad.

Por Jorge Isaías





En ese tiempo no lo sabíamos o era apenas una intuición, porque en nuestras visitas a ese viejo maestro en las orillas del Paraná escuchábamos fluir esa palabra suya que eludía las grandes definiciones y las opiniones tajantes.

viernes, 27 de abril de 2018

La pauta que conecta

Texto leído en las Conversaciones de Otoño, desarrolladas entre el 19 y el 22 de abril en la ciudad de General Roca-Fisque Menuco, de Río Negro, organizadas por Silvia Butvilofsky y Chelo Candia. En esta ocasión el homenaje fue a Macky Corbalán, con una exposición de artistas plásticas.


Gerardo Burton
geburt@gmail.com

Hay algo que puede explicar por qué un homenaje a Macky Corbalán comienza con una muestra artística. Por qué estas mujeres están aquí, con un arte aparentemente diverso de la poesía de Macky Corbalán, como si no hubiera correspondencias, como si los vasos comunicantes estuviesen obturados. Recuerdo en estos días que Gregory Bateson, lingüista entre otras actividades, hablaba en su libro Espíritu y naturaleza de hallar “la pauta que conecta” las cosas, los objetos, los seres vivientes.


En Macky Corbalán la poesía es esa pauta que conecta. No se termina, no se agota en la escritura o en el decir. Menos en el lenguaje, que ella opone al concepto de poesía porque le sospecha -lo sabe, mejor dicho- los atributos del poder. La poesía elude, combate, supera y trasciende al lenguaje, y por eso impregna todas las cosas, como dice Bateson que dice Plotino de la belleza. Es que la belleza no es simplemente una cuestión de armonía clásica o apolínea. La belleza está en lo abyecto, en lo marginado, en lo odiado, en lo excluido. Y, fundamentalmente en todo lo que ese artículo neutro no abarca aunque lo pretende: también en la marginada, en la excluida, en la odiada, en la abyecta.

Y por esa expansión que provoca la poesía en la mente, en el alma, en las cosas, en los objetos y en los vivientes, no es posible oponerle un dique. La poesía es desmesura, y es por eso que estas artistas están aquí, ejerciendo una poesía por otros medios que no son la escritura, aunque sí, la palabra, la palabra en gesto artístico.

En sus últimos años, Macky Corbalán, hizo una práctica de esa expansión de la que hablo: ella imaginó tres espectáculos performáticos con disciplinas artísticas diversas -Poetas a la cucha; Mostro verso y Curia poetas- que se articularon en torno de un solo eje: la poesía, y convocaron a artistas de ámbitos distintos, a veces opuestos o al menos contradictorios. Fue ése otro gesto artístico, una intuición que ella lideró, a la vanguardia, mirando más allá del horizonte. Y, otra vez cito a Bateson:  él dijo que la causalidad no opera hacia atrás; la visión de Macky Corbalán también opera así: no hay retorno, no hay vuelta atrás del territorio de la poesía. Gracias.

jueves, 26 de abril de 2018

Las chifladuras de los poetas

Texto leído en la presentación de los libros "Shibólet", de Diego Roel y "Lamen", de Hernán Lasque, en la sala Alicia Fernández Rego de Neuquén, el 25 de abril de 2018. Estas palabras son por el poemario de Roel

Gerardo Burton
geburt@gmail.com


SANTUARIO

Piedra a piedra,
avanzamos.

Con una migaja de luz
hicimos nuestra casa.
La hicimos con sangre y arena, la hicimos con ceniza.

Con los resabios del sueño
forjamos la imagen del destino.
La forjamos con sal y viento, la forjamos con ceniza.

Con lo que dejó la tormenta
cercamos el muro del abismo.
Lo cercamos con polvo de huesos, lo cercamos con ceniza.




Un poema breve para empezar, porque luego seguramente habrá otras lecturas, pero éste sirve como ejemplo. Shibólet parece un poemario compuesto para la oralidad, para guardar en la memoria el golpe de los versos, sus acentos. Hay una apropiación del versículo bíblico, con repeticiones que se despliegan en forma espiralada, aumentando la carga de sentido con cada vuelta, a medida que la curva se aleja del centro. Los versos se repiten, como en letanía, como la marejada que golpea las playas hasta producir la ruptura que expandirá la costa, en este caso la mente, el conocimiento, la escucha de Dios.


Este poemario nace de la lectura que hizo Roel de los poemas de Paul Celan, ése que dio vuelta la sentencia de Adorno y optó por la poesía luego de Auschwitz. Y, ya que hablamos de sentencia, hay otro rasgo bíblico en estos poemas: la sentencia en forma de aforismo.

El título del libro alude a una contraseña, esa palabra secreta que, pronunciada de manera correcta, otorga un salvoconducto: autoriza el ingreso a un territorio o su salida de él, garantiza la sobrevivencia. La contraseña es el espejo no deseado del símbolo, ese objeto que, partido, guarda un acuerdo entre las gentes a través de los años y que restablece su sentido original al volver a unir sus partes. El símbolo implica un reconocimiento del otro; la contraseña, el sentido de pertenecer, de saber que no se es otro, un extranjero.


En el fondo, el contexto de estos poemas es la guerra aunque sus palabras discurran entre imágenes y las estrictamente violentas -cadalso, mendigos, cuchillos, balas, armas- parezcan pertenecer a un repertorio de metáforas. No. No lo son. La guerra está detrás de todo, es el telón de este escenario aparentemente amistoso.


Y si no, veamos: shibólet es una palabra tomada de una cita del libro de los Jueces -capítulo 12, versículos 5 y 6-. Los israelitas de Galaad, conducidos por Jefté, la utilizaron como estratagema para reconocer quién era de su pueblo y quién no. La explicación está en la página 59 del libro.

La pronunciación de esta palabra definía la pertenencia a ese pueblo, y los efraimitas no la decían igual que los israelitas. Por esa diferencia en el habla, cuarenta y dos mil fueron degollados en las riberas del Jordán. Son los números de la Biblia, que en estadísticas es como el Indec de Todesca. Jefté era hijo de una prostituta y había sido despreciado y exiliado por bastardo. En su destierro “se le juntó una banda de gente miserable que hacía correrías”, dice la Biblia. Era un jefe guerrillero, entonces. Y dada su habilidad estratégica, fue elegido por el pueblo para encabezar la guerra contra sus enemigos.

Esa historia está detrás de estos poemas, que hablan de otra cosa como ocurre casi siempre con la poesía. Diego Roel construye en este libro una nueva ficción poética a partir de estos elementos: los poemas de Celan, los versos bíblicos. Y ellos son la huella, los trazos que marca Roel en busca de su voz, un itinerario que comenzó nueve libros atrás -once, si se cuentan los inéditos-.

Finalizada la trilogía “santa” entre comillas, que componen Dice Jonás, Via Lucis -ambos del 15- y Kyrios -2016-, Shibbólet y el inédito Kadosh son otra voz, distinta de los lejanos Padre Tótem y Cuaderno del desierto. En cada libro y sucesivamente, Roel dispuso los elementos para construir eso que Irene Gruss dice del poema: que es ficción, que uno puede contar la muerte de su madre, pero eso no es un poema. El poema es un objeto estético que se hace con lo que a uno le pasa o “con lo que pasa en general”. Y es una paciente construcción, que dura días, que no se hace todos los días.

Entonces, se utilizan todas las voces disponibles porque el poema es también una construcción dramática. Diego Roel -para mí, Ordóñez- se apropia de voces de santos medievales, de poetas muertos, de poetas lejanos, de Allen Ginsberg, de Jabès, de Horacio Castillo, de Celia Gourinsky, de Jorge Smerling. De tantos, de muchos. En este momento con estos poemas cierra el círculo del Mediterráneo, que contiene ya a Jabès y a los hebreos de la Biblia: están a punto de entrar los griegos y su diáfano aire en la luz más transparente.


Hay en la poesía de Diego Ordóñez una pluralidad de voces, una pluralidad de protagonistas, un yo múltiple. El otro día hablaba por teléfono con un poeta porteño. Él comentaba el espectáculo que el actor mexicano García Bernal está haciendo con Pessoa y lo elogiaba tanto que dan ganas de ir a verlo pese al costo. Y coincidimos: Pessoa estaba loco, totalmente chiflado. De otra manera no podría haber creado tantos otros yo, con su biografía, con su propia poética, con sus diferentes fechas y lugares de nacimiento. Y sobre todo no podría haber compuesto una obra tan compleja, tan bella como la suya. Pessoa podía hacerlo porque estaba chiflado. Era poeta, dipsómano, astrólogo, pagano, inconformista. Era todo eso y mucho más, y eso le permitió ser quien fue. Quien es.

El resto de nosotros, incluido Diego Roel, participa de esa locura inmensa, sin límites casi. La poesía nos da eso, y eso es necesario para construir, encontrar y componer nuestra voz. En ese camino estamos. En ese camino está Shibbólet. Gracias por la escucha.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Zorzales patagónicos



Es sabido que en Argentina hay un centro y todo lo demás es periferia. Y en esa periferia, en ese margen se repite, analógicamente, esta vez entre capitales de provincias y ciudades y poblaciones menores de esas jurisdicciones, esta relación donde hay un punto central y lo demás son orillas.

Gerardo Burton
geburt@gmail.com










Son los últimos días de diciembre, y el poeta rosarino Jorge Isaías refiere por teléfono un hecho ocurrido en su ciudad hace poco: un director de teatro va a un café céntrico de la ciudad dispuesto a sentarse a una mesa con el diario Página/12 bajo el brazo. De inmediato, varios parroquianos inician una protesta que crece de sorda a absolutamente sonora: es una vergüenza, dice Isaías que dijeron, que todavía haya gente que lee eso; cierto, que reivindiquen a esos ladrones corruptos; no deberían estar sueltos; no entendieron nada. A medida que el coro subía de tono, el amigo de mi amigo poeta termina su café y decide optar por una retirada que, si bien no le eximirá de cierta vergüenza, le permitirá conservar su dignidad y, sobre todo, su integridad física.


Pero el llamado telefónico tiene otros motivos: saludarnos por el fin de año y reconstruir una solidaridad a la distancia -doce meses de adversidades, una sociedad que dejó de creer que “la patria es el otro” porque en estos días la patria es de los otros- y, sobre todo, hablar de su libro “Calle con paraísos añosos”, editado por Ciudad Gótica y que recopila sus artículos aparecidos como contratapas en Rosario/12.



Llama la atención el primer texto de ese volumen, “Zorzales”, que alude a dos poemas de un libro de Juan Carlos Moisés, un chubutense nacido en Capitán Sarmiento en 1954 y que también es dibujante y dramaturgo. Se trata de “El jugador de fútbol”, editado por La carta de Oliver poco más de dos años atrás. Moisés, en un mensaje por correo electrónico, dice esta semana que “El jugador .. está escrito con memoria y con presente, como buscando los puntos de relación o de contacto, en un ida y vuelta entre la vida cotidiana, familiar, y lo que observa el ojo como una especie de testigo”.
Casi sin quererlo se ha establecido un triángulo entre Neuquén, desde donde parte el llamado a Isaías; Rosario y Salta, donde ahora reside Moisés. Es, en realidad, Patagonia, el Litoral -o la pampa gringa, como gustéis- y el Noroeste. La Patagonia por partida doble porque son Capitán Sarmiento en Chubut, y Neuquén. En un ensayo de 2007, titulado “Arte en las márgenes: centro y periferia”, Moisés juega con varios conceptos, con el oficio de escritor -y de artista- y con las dicotomías que genera el poder al atribuir prestigio y jerarquías de manera arbitraria, caprichosa o interesada. Y cómo es posible vaciar ese poder y construir otro, cómo la periferia es el verdadero centro, según la certera afirmación del poeta de Viedma Raúl Artola, que también recuerda Moisés.

Para los escritores patagónicos el tema puede ser la Patagonia o no. Es una opción. De una o de otra forma, no va a ser más ni menos que literatura. No pocos narradores, dramaturgos y poetas, han hecho de la tierra y de sus habitantes materia de una literatura de valor testimonial y estético. Acaso sea la poesía, que suele tener registros más amplios, o menos puntuales, con relación al tema, el género que ofrece la posibilidad de escribir sin la carga de que se escribe sobre la Patagonia. Osadamente, también es posible escribir en contra de la idea de escribir sobre la Patagonia. Es posible escribir sin pensar que la Patagonia es el tema. A veces no lo es explícitamente. O también, a veces no se escribe lo que suele esperarse como literatura patagónica. Los registros conversan entre sí, con sus parecidos y sus diferencias. Dice Borges en El escritor argentino y la tradición: “…como si los argentinos sólo pudiéramos hablar de orillas y estancias y no del universo.”

También cita a Saer, cuando señalaba que Cervantes eligió, para el Quijote, La Mancha, “el lugar más pobre y menos prestigioso que pudo encontrar, en oposición a los lugares legendarios de que provienen los héroes de caballería.” Cervantes convierte el margen en centro, la carencia en abundancia y eso constituye “el desafío del escritor y es el nervio de lo escrito. La periferia, más que un lugar o un espacio geográfico, es un territorio que pertenece a la persona. A fuerza de trabajar con las palabras, a veces es posible percibir que se llega a un centro posible -aquel de Cervantes-, un centro al que tiende la escritura cuando adquiere sentido”.

Es sabido que en Argentina hay un centro y todo lo demás es periferia. Y en esa periferia, en ese margen se repite, analógicamente, esta vez entre capitales de provincias y ciudades y poblaciones menores de esas jurisdicciones, esta relación donde hay un punto central y lo demás son orillas. Como si no hubiera transcurrido el tiempo desde el mejor invento de Sarmiento cuando el Facundo lo fascinó y estableció esa zoncera que muchos hoy parecen suscribir: “el problema que aqueja al país es la extensión”. En todo caso, ambos aforismos -civilización o barbarie y el de la extensión- encubren el deseo de ser factoría, donde la clase dirigente ilustrada puede circular sin molestas interrupciones, piquetes o manifestaciones y donde los congresos pueden sesionar sin riesgos de torcer los proyectos oficiales. Es la nostalgia de un país que no fue, es el deseo de que la zanja de Alsina hubiera dado resultado y que la vuelta de Fierro no hubiera ocurrido. Y tampoco la historia posterior. A esa concepción del país que el poder pretende imponer se le oponen las sucesivas periferias que se constituyen en otros tantos centros que no son sólo geográficos: no pudieron, no pueden, no podrán conservarlos. La respuesta es política porque el arte y la poesía lo son. Mal que les pese a los entogados.

De regreso a “Zorzales”: “Son poemas hondos, dice Isaías,sentidos, que dicen de un gran amor que perdura en el tiempo y que esa historia los traía juntos desde una juventud que parece siempre cercana por la intensidad misma del amor... Mi amigo es capaz de escribir cosas como ésta: '¿Son otros o son los mismo de ayer/los zorzales que cantaron esta mañana/al reparo de los pinos del jardín?/¿y los que han vuelto al atardecer cuando la luz se perdía en la noche?/se me hace que son los mismos/por las ramas que han elegido y la altura/en la que se han posado para hacerse oír”. Esa cita es el pretexto, el punto de partida que remite a Isaías a su infancia en Los Quirquinchos, Santa Fe. Entonces, otro punto de contacto: un pueblo santafesino y otro en el sur, en Chubut.

Zorzales y Pessoas (fragmento)

¿Son otros o son los mismos de ayer
los zorzales que cantaron esta mañana
al reparo de los pinos del jardín?
¿Y los que han vuelto al atardecer
cuando la luz se perdía en la noche?
Se me hace que son los mismos
por las ramas que han elegido y la altura
en la que se han posado para hacerse oír.
Pero pueden ser otros, que ahora les toca
el turno de actuar y aprovechan el momento
para que les prestemos una rápida atención,
aun cuando repitan los gestos de la especie
y no puedan zafar del estilo musical.

Fernando António Nogueira Pessoa,
el hombre visible, el escritor invisible,
traductor del inglés, cuya patria fue la lengua
portuguesa, hubiera podido guiar a los zorzales
en un sentido similar al de sus heterónimos,
pero creo que no habría pasado de ser un
experimento fallido para la poesía, como
también, peligrosamente para la ornitología.
Por algo no lo hizo con otras criaturas
que no fueran sus pares, y los zorzales
llamados patagónicos, de patas y pico
de coloración anaranjada siguen oyéndose
como zorzales y Pessoa como Pessoa,
y también como Alberto Caeiro, Ricardo
Reis, Álvaro de Campos, el otro Pessoa
llamado, de a ratos, Bernardo Soares,
o el escritor de diarios Vicente Guedes
que se diluyó en la imaginación de sí mismo.


En lo que respecta a nosotros, seres de este barrio
del planeta con fecha de vencimiento, siempre
queremos contar con la opción de ir más allá
de la compleja naturalidad que nos fue dada.
Y no me presten atención si vuelvo a repetir
la palabra zorzales, no sólo porque me gusta
la manera como se articula el sonido en la boca:
zorzales..., zorzales..., a estas horas en que la
noche empieza a llegar y no puedo verlos entre
las ramas que no por casualidad han elegido y
a la altura en la que se han posado para hacerse oír.
Me gustaría saber, ahora, en la oscuridad, mientras
escribo, si los zorzales cantan porque lo pienso
o si lo pienso porque cantan, como cantaron
a todo berrinche con la primera luz de la mañana
en las ramas altas de los pinos del jardín.

En este poema, los zorzales patagónicos son heterónimos de los otros, y viceversa; más que máscaras, son otros y son el mismo y no manifestaciones diferentes. Explicar los heterónimos es como intentarlo con el dogma de la santísima Trinidad: son distintos, son el mismo. Pero ¿son distintos? ¿son el mismo? En el caso de los poemas, Moisés describe escenas cotidianas, habla de los objetos que utiliza u obstaculizan su vida, menciona frutos y animales que acompañan la existencia y, que justamente por esa razón, están en el merodeo de la poesía. Por ellos llega Moisés a la poesía. O a ellos lo conduce la poesía. Y no necesita demostrar nada sobre centros o márgenes.
Dice, en el mensaje electrónico citado, que “El jugador...” está escrito con memoria y con presente, como buscando los puntos de relación o de contacto, en un ida y vuelta entre la vida cotidiana, familiar, y lo que observa el ojo como una especie de testigo”. Menciona el “aliento narrativo” de los poemas, que exhiben un repertorio de temas recurrente en su poesía.
Es que la poesía ocurre en el silencio entre las palabras, en el blanco que queda en el papel cuando el poema queda dibujado como ideograma. Como si el poeta hubiese escrito con esa “tinta simpática” de los juegos infantiles otro poema por debajo o por detrás del que se lee y que puede entreverse al trasluz, sobre las llamas. Así son las palabras, y funcionan como un vehículo engañoso. Como un señuelo: indican una dirección, pero en realidad van por otro lado, conducen –o son conducidas por- la poesía hacia sendas y destinos no conocidos.



Bibliografía:
Isaías, Jorge: Calle con paraísos añosos, Rosario, Ciudad Gótica, 2017.
Moisés, Juan Carlos: El jugador de fútbol, Buenos Aires, La carta de Oliver, 2015
Moisés, Juan Carlos: Arte en las márgenes, centro y periferia,


Juan Carlos Moisés (Sarmiento, Chubut, 1954)
Poeta, dramaturgo, narrador y artista plástico. Se desempeñó como Profesor de Literatura y de Teatro en escuelas de nivel medio en su ciudad natal. En teatro, dirigió obras de su autoría con el grupo Los Comedidosmediante. La casa vieja (1991), Pintura Viva (1992), Muñecos, un cuento de locos (1993), El tragaluz (1994) y Desesperando (1997). Con estas tres últimas representó a Chubut en las Fiestas Nacionales de Teatro de Mendoza, Tucumán, y Catamarca, respectivamente. En 1994 El tragaluz se presentó en el Teatro Nacional Cervantes. Sus obras fueron representadas por grupos teatrales del país, entre ellos Sobretabla (San Juan), La contrapartida (Comodoro Rivadavia), Trampolín (Bariloche), Pitanga en flor (Misiones) y La Hormiga Circular (Río Negro). Sus dibujos fueron expuestos en exposiciones individuales y grupales en ciudades del Chubut. También fueron editados en revistas y páginas web. En poesía publicó, entre otros, Poemas encontrados en un huevo, 1977; Ese otro buen poema, 1983; Animal teórico, 2004; Palabras en juego, 2006; Museo de varias artes, 2006; Esta boca es nuestra, 2009; El jugador de fútbol, 2015


Jorge Isaías
Nació en Los Quirquinchos, Santa Fe, Argentina, en 1946. Vive en Rosario desde 1964, donde se graduó de Licenciado y Profesor Superior en Letras (Universidad Nacional de Rosario).
En 1971 fundó junto a Guillermo Colussi y Alejandro Pidello la revista y editorial La Cachimba.
Sus poemas fueron traducidos al francés, inglés e italiano y circulan junto a sus prosas en los manuales de EGB y Polimodal.
Publicó los libros de poesía: La búsqueda incesante (1970); Poemas a silbo y navajazo (1973); Oficios de Abdul (1975, 1999); Crónica Gringa (5 ediciones: 2 en 1976, 1983, 1990 y 2000); Cartas australianas (1978, 2004); Poemas de amor (1979, 1986); La memoria más antigua (1982); Y su memoria olvido (1985) ,Un verso recordado (1988); Violín de Octubre (1993); Arenas movedizas (1995); El cáliz recobrado (1997); Nuevos poemas de amor (2000); Lánguidamente su licor (2000); A los amigos (2000, 2007); Sombra de fresnos (2001); El pan en llamas (2001, antología); La persistencia del canto (1996, antología); Áspero cielo (2006); Donde supura el aire (2007).
También tiene varios volúmenes en prosa: Pintando la aldea (1989); El país de la infancia (1993); La mano sobre el recuerdo (1997); Las siete velas del clásico (2002); El último penal (2003); Como un caballo salido del mar (2004); Futboleras (2005); Las más rojas sandías del verano (2006, 2008).