martes, 18 de noviembre de 2014

Macky Corbalán: hacia una construcción de la identidad poética


Murió en Neuquén en la madrugada del 14 de septiembre pasado. Había nacido en 1963 en Cutral Co, ciudad que amaba y que constituía el lugar de sus raíces más profundas y a la que volvía en su poesía y en su pensamiento. Era periodista y licenciada en servicio social. Su voz ya está entre las más originales de la poesía actual de la Argentina. Se definía como “poeta, lesbiana, feminista”. Como tal, participó activamente de grupos de agitación y reflexión en defensa de los derechos de la mujer y por la libre elección y práctica de la orientación sexual.
Por Gerardo Burton
geburt@gmail.com

NEUQUÉN.- Nacida como Miryam Adriana Corbalán en el auge del Cutral Co petrolero a comienzos de la década de 1960, su primera identidad poética fue Macky Corbalán, de donde mutó a mac, luego a macky poeta. En su última publicación en vida, dijo de sí misma en la contratapa: “macky poeta es una ficción de su autor(aeiou), que también es una ficción, tal como tú: -mon semblable,-mon frère! Al personaje le tocó (cree que eligió) moverse en este mundo raro como lesbiana, feminista, queer, activista por los derechos de animales no humanos y de las plantas (también se acerca amorosamente a lo inorgánico). Y la poesía, su imprescindible link con el aire que respirar o el aire que respira" (Anima(i)s, 2013). Se trata de un proceso –un procedimiento- continuo de construcción, desarrollo y demolición de la personalidad en el cual ella se corre del lugar protagónico para que la poesía se transforme en el soporte y la guía, en el origen primordial y el destino natural para que la poeta no hable sino que sea hablada.
Con esa cita de la contratapa, Macky Corbalán definía un territorio sin límites ni fronteras, una extensa piel permeable únicamente a la poesía que, desde ese lugar, increpa a los poderes establecidos de la política, la academia, las canonjías, el sistema económico y, por encima de todo, el lenguaje.

Macky Corbalán: hacia una construcción de la identidad poética


Murió en Neuquén en la madrugada del 14 de septiembre pasado. Había nacido en 1963 en Cutral Co, ciudad que amaba y que constituía el lugar de sus raíces más profundas y a la que volvía en su poesía y en su pensamiento. Era periodista y licenciada en servicio social. Su voz ya está entre las más originales de la poesía actual de la Argentina. Se definía como “poeta, lesbiana, feminista”. Como tal, participó activamente de grupos de agitación y reflexión en defensa de los derechos de la mujer y por la libre elección y práctica de la orientación sexual.


Por Gerardo Burton
geburt@gmail.com

NEUQUÉN.- Nacida como Miryam Adriana Corbalán en el auge del Cutral Co petrolero a comienzos de la década de 1960, su primera identidad poética fue Macky Corbalán, de donde mutó a mac, luego a macky poeta. En su última publicación en vida, dijo de sí misma en la contratapa: “macky poeta es una ficción de su autor(aeiou), que también es una ficción, tal como tú: -mon semblable,-mon frère! Al personaje le tocó (cree que eligió) moverse en este mundo raro como lesbiana, feminista, queer, activista por los derechos de animales no humanos y de las plantas (también se acerca amorosamente a lo inorgánico). Y la poesía, su imprescindible link con el aire que respirar o el aire que respira" (Anima(i)s, 2013). Se trata de un proceso –un procedimiento- continuo de construcción, desarrollo y demolición de la personalidad en el cual ella se corre del lugar protagónico para que la poesía se transforme en el soporte y la guía, en el origen primordial y el destino natural para que la poeta no hable sino que sea hablada.

Con esa cita de la contratapa, Macky Corbalán definía un territorio sin límites ni fronteras, una extensa piel permeable únicamente a la poesía que, desde ese lugar, increpa a los poderes establecidos de la política, la academia, las canonjías, el sistema económico y, por encima de todo, el lenguaje.
Al respecto, en una entrevista que realizaron Luciana Mellado, Mónica Baeza y Jorge Maldonado y apareció en este suplemento (ver Confines, número correspondiente a abril-mayo de 2011), Corbalán decía: “No creo en los límites geográficos, no creo en ningún tipo de límites. Creo que hay límites que se respetan por una cuestión de supervivencia y sobre todo de costumbre, pero no creo en las entelequias del poder. La poesía va a usar todos los disfraces que necesite para seguir operando desde lo subterráneo para socavar el poder”. Por eso concebía una proximidad entre la poesía y la política: “toda poesía es política”.
Tres ejes ordenaron la práctica poética de sus últimos tiempos: ritmo, lenguaje y poder.  La poesía los cuestiona esos pues propone un ritmo existencial que le es propio y al que alimenta; hace un lenguaje que a su vez hace a quien habla cuando la intensidad poética es la requerida y suficiente y demuele los criterios establecidos por las buenas conciencias: el patriarcado, la uniformidad, la heterosexualidad; y finalmente, critica el poder, porque la poesía no sólo es alternativa sino que es el cuestionamiento básico (desde lo subterráneo) de todo lo instaurado, de lo normatizado, lo reglado y que pretende imponerse sobre las conciencias y las existencias (para socavar el poder).
La tarea realizada por Corbalán toma como punto de partida la palabra: en su origen, ella trabaja con palabras, pero luego lo hace con imágenes con una guía a través de los textos. Primero está la escritura porque “como ciega, necia y sorda, (la poesía) no me puede decir directamente ‘ey, necesito esto de vos’, te lo indica a través de los textos” (cfr. Entrevista citada). Esa busca se convierte en guía, en senda a seguir y entonces “la poesía me pide escribir versos cortos, con mayor carga de imágenes… y así. Todo a través de la lectura, la poesía y la práctica” y las lecturas de Maurice Blanchot, Nelly Sachs o Paul Celan, por ejemplo.
Este camino tiene su paralelo con una mística de la que no se excluye la contemplación cotidiana y constante. Es una actitud próxima a la del monje que cultiva el Wu Wei: no hacer nada, no dejar nada sin hacer, ni en la vida ni en la poesía, y así asomarse al pensamiento poético puro, un caudaloso y manso río por el cual transcurre la vida, donde la poesía es a la vez el andar y el destino. Es la inacción que deja hacer y que deja hacer-se por el río vital.
Y ese derrotero está marcado por sus libros: su poesía escrita tuvo esa misma evolución, ese igual crecimiento. Desde los inicios deslumbrados con César Vallejo primero y luego con Alejandra Pizarnik y Juan Gelman, Corbalán dio pasos que abrían una multiplicidad de posibilidades. Cada recodo que adoptaba su escritura era una nueva propuesta, y por esa razón un nuevo libro era una sorpresa, en primer lugar para ella misma, y luego para su creciente núcleo de lectores.
Lo interesante –y ella misma lo dijo en frecuentes entrevistas- es que nunca intentó hacer de su camino un modelo para otros poetas. Como a ella le ocurrió con ese ámbito favorable a la expresión de la poesía cada vez más pura, lo enseñó casi inadvertidamente.  En la entrevista mencionada, lo explicaba así: “creo –con una heterodoxa fe personal, que no busca evangelizar– en una poesía del momento, conjugada en un continuo presente. No tengo aspiraciones, no tengo objetivos ni finalidad con la poesía. Poesía es sinónimo de vida, de vida en el lenguaje; marca de intensidad suprema en el lenguaje, alejándolo de su ser primero: lenguaje del poder”.
Y también: “mi idea de la poesía, que no predico ni enseño, es que es una marca de intensidad en el lenguaje; como el verde de la planta en el paisaje. Es una forma de transformar el mundo, pero no una forma cualquiera, para mí es la forma, porque se centra en la cuestión del lenguaje. El lenguaje no nos hace humanos, sino el afán por el lenguaje”.
Estos conceptos resultan nodales en su busca. Cierto, desde sus primeros poemas escritos al final de la adolescencia, cuando integró el grupo de escritores editores de la revista Coirón, hubo una progresiva expansión de su conciencia poética. Dejó como la piel de una serpiente la literatura para quedar en la carne viva de la poesía. Para ella, la entre una y otra es la dicotomía existente entre la erudición o la acumulación de cartones, publicaciones o diplomas y la pulsión vital. Fue más allá: planteó que la brecha está dada entre el simulacro y la vibración vital, pero la poesía es eso que opera desde el exterior del lenguaje “como una guerrillera, como una terrorista” y desde ahí ataca lo que es pura representación. Entonces, la poeta –Macky Corbalán- no habla a través de la poesía sino que “soy hablada por ella: la poesía me habla, la poesía me vive”.
Esa convicción tuvo consecuencias: privilegió el contacto intergeneracional, esa red casi tácita que se construyó pacientemente entre los poetas residentes en la Patagonia y que invita a los frecuentes viajes, tanto que muchas veces el intercambio ocurre entre rutas y caminos, lejos de los centros más poblados, como contracara de la municipalización de la poesía en el país (ver nota aparte).
Ella definía esta situación como “capilaridades poéticas” que permitían la formación de comunidades cuya dinámica subvertía las tradiciones –del lenguaje, de la literatura, de los cánones, de lo establecido institucional- y conformaba espacios de encuentro “con sus poéticas y sus encarnaciones”. Estas últimas son citas de una exposición que ofreció en el Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires, hace dos años.
La evolución del poema, desde la narración original hasta la austeridad de los últimos textos tuvo un paralelo: el pensamiento y la práctica militante de Macky Corbalán en las hendijas del poder, para que estalle, para subvertirlo, también tuvo varias pieles: la feminista del principio, la lesbiana luego y más recientemente la que ponía el cuerpo para las (tras)mutaciones donde toda permeabilidad permitía el paso de la única realidad, su madama: la poesía.
Sobre todo, ese proceso de disolución del yo de la autora para dejar que la poesía sea implicó una expansión: ya no el vehículo de la palabra sino la acción que permite intersección de diferentes artes y disciplinas, donde el rectángulo cerrado del libro se abre para salir de los circuitos industriales y comerciales –próximos al poder- y se vuelve a cerrar desde la periferia, desde lo alternativo. Desde la intemperie, el único lugar propicio, el verdadero limo generador.

Selección:
De “La pasajera de arena” (1992)

Acaricio su rostro con el pie.
Su piel es fresca,
aun cuando afuera
puede oírse el alarido del aire
incendiándose.
Ahora interpone su cuerpo
entre la lámpara
y esto que la mira,
entonces la luz es una forma,
una delicada ondulación de la carne,
un eclipse presentido
y esperado por siglos.


Vasca

desviada

desviada
sigo
por el camino correcto



Monet


La mosca sobrevuela, interesada,
la gota de sangre
que brilla sobre el piso mugroso.

Zumba, se posa,
huele
el infierno de la carne.


--

Poemas de “Inferno”  (1999)

Cutral Có

I

Tuvo río sólo por un día. Arrastró
casas, perros y
gente por
kilómetros,
durante un marzo hecho
enteramente
de agua.

II

Un desierto lo rodea.
Por las noches, a un tiempo,
los pequeños animales que
lo pueblan,
abren sus ojos,
y otra luz se hace.

III

La leche por la mañana, las tizas
de colores, las rodillas dolientes, los
árboles sacudidos violentamente
en una tarde marrón de arena
y cardos rusos.
Ben Hur en la tele.
Mi temor al ridículo, sobre
el mantel de una mesa rodeada
de sonrojadas amigas calladas.

IV

Suena fuerte buena música
del terreno vecino. Ellos han sacado
sus sillas al fresco y charlan,
y ríen. Otros días, algo más malos,
se recriminan duramente
las horas opresivas, los hijos
inesperados.

V

Mis padres se amaron
un tiempo razonable. Luego,
se dedicaron a criar a sus hijos,
a trabajar, a pasar los años.
Ahora, teme uno la falta del otro.
Como suelen decir:
lo sobrenatural es
lo más natural.


--
Poemas del libro “Como mil flores” (2007):


Regalos


1

Te di una piedra, fantástica
combinación de brisa, sol
marino, arena y tiempo
y creíste que te daba el corazón.

2

De apuro, con las ruedas de
la bicicleta apenas detenidas,
trajiste manzanas. Y seguiste
rauda, el camino que no has
de cambiar. Pero, pequeña,
las manzanas eran rojas, brillantes
abrían su corazón dulce al
mordisco, al ansia, a
la sed de mi urgencia.



Frutas e insectos

1
Muerdo el aire en que estuvo
tu boca, el vacío me devuelve
el aliento zumbón de los
muebles que miran, piadosos
el abrazo asfixiante
del rechazo, esta otra piel
que arde sin sol que la toque.

2
¿Te dije o imaginé
decirte: abríme, horadame,
grabá tu nombre en
el revés de la piel?
¿Te dije o soñé decirte:
sé mi hormiga particular,
mi obsesivo insecto,
mi fruta firme, ácida
manzanita?

3
Esperé de vos y de mí
ser una. Contra todos
los augurios y consejos,
que la vida y la muerte
nos tejiera con hilos
de transparente,
indisoluble unidad.

Únicas. Una. Ambas.

No éstas, dos que cruzan la
calle para no saludar.




La llave


La miro con detenimiento,
con fruición. Es diferente: brilla
con luz y oscuridad, su forma
quiso parecer un corazón
pero quedó a la mitad.

Sonríe y mira.

"La llave de mi corazón" decís al
ponerla sobre mi mano,
y vuelvo a mirarla por si fuera cierto,
como si sólo debiera elegir
el momento, el modo de la entrada.

Creer en las palabras, en el
latir que las empuja hasta la dicción,
que lo que dicen es cierto,
de alguna manera.
Creer en lo que se ve, en lo que el cuerpo
recibe, agradecido, y que el sudor deja
más que sal piel adentro.

Antes que la religión, el amor
es materia de fe.


--
Poemas del libro “El acuerdo” (2012):

Cutral Co

La afinidad es una medida
de distancia, una forma de hermandad
previa a la sangre.
Imposible el adiós, sí su iconografía,
sucesión de imágenes y saludos en manos
agrietadas, quieto lamento
quieto.

Las despedidas también en juegos de la luz.

El pueblo le es fuego, un color
de agua en la memoria.

***

Muchas tardes, sentada en el
carro herrumbrado, esperó bajo
el añoso aguaribay. Prieta
de calor contra los ojos
de flores habitadas por un dios
medio atontado.
Lo que para ella fue revelación, firme
movimiento fue del tío, aplastando
con piedra certera,

el serpenteo
de la cabeza ciega.

***

Soñaba cuando niña, con
un país de lluvias constantes, atronadoras
luces y el cielo negado de la noche
iluminando mi temblor; las manos
bajo la sábana, huyendo de abstracciones
y conceptos como la luciérnaga, sabían
producir luz en contacto con el oxígeno.

***

Dame fuerzas, Tú, quien
quiera que seas: cielo diáfano,
coirón ardiendo en la pampa
helada, sola luz,
luz entrando de pronto en la habitación
cerrada.


***

Un pan bien distinto
al de la biblia, poesía gana
a diario. Restos silábicos que
no alimentan, mantienen en
sobrevida lo que muere
por vivir. La rabia
con que muerdo lo sazona
--

Poemas de “Anima(i)s” (plaqueta, 2013)

1

la gata bebe
extasiada la sombra
de su rostro




3

suave
pisa extenso
grávida de
ritmo


5

cada paso destituye
 al anterior, no
lo suplanta

--

La danza

1

Una danza el amor, en la que cambia
la coreografía a cada paso. No hay certezas
con los años, las figuras se aprenden
en la práctica, aunque nunca han variado.
No es preciso entender, sólo copiar
la regularidad de su dibujo, hacer
lo que todos: mantenerse en movimiento.

--

Poema de “La rama” (inédito):

Una mañana, un propósito.
Un mantra que repetir hasta que
se haga ritmo, sanguíneo circular
entre los huesos. Ir y venir, por afuera
cotidiana y confiable, por adentro, bomba
de relojería. Tic tac, el amor tic tac.

***

Poema de “Conversaciones acerca del amor” (inédito):

Estar en el amor es estar
en recogimiento, en la
perseverancia de la escritura:
se escribe para materializar
un infinito irreductible, se ama
por idéntica razón. Un dibujo
de figuras impregnadas de
sentido, formas huecas que
sedimentamos de psiquis e
intenciones. Y las nombramos:
Amor. Nos amamos en él.
La otra está allí como el necesario
refuerzo de la contrafigura.
Pese a todo este desatino, te veo,
todavía sombra, que atraviesa
los párpados cerrados, con su luz.


Publicada en Confines nº 58, Comodoro Rivadavia, octubre de 2014

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La fotografía pone rostro a las literatura española

     Video de presentación de una exposición que inaugurada en en Madrid el 24 de septiembre. Estará hasta el 11 de enero. Reúne más de 250 piezas, entre retratos, objetos y documentos. Escritores y fotógrafos desde el Romanticismo hasta la Generación de 1914

       Ver enlaces: http://www.rtve.es/mediateca/fotos/20140923/rostro-letras-escritores-fotografos-espana-desde-romanticismo-hasta-generacion-1914/144155.shtml

    http://www.rtve.es/noticias/20140924/fotografia-pone-rostro-literatura-espanola/1017502


    domingo, 31 de agosto de 2014

    Raymond Carver - Selección de poemas

    El rasguño

        Me desperté con una mancha de sangre reseca
        pegoteada sobre uno de mis párpados. Un arañazo,
        profundo, cruza transversalmente las arrugas de mi frente.
        Sin embargo, últimamente, he estado durmiendo solo.
        Y me pregunto por qué un hombre, incluso en un mal sueño,
        alzaría la propia mano para lastimarse la cara.


        Esta mañana pretendo responder esta pregunta
        y otras similares, mientras observo en silencio
        mi rostro que se refleja en los cristales de la ventana.

    Sala de autopsias

        En esos tiempos yo era joven y la fuerza
        de diez hombres habitaba mi cuerpo,
        para lo que mandaran.
        Trabajaba en el hospital en el turno noche
        y una de mis responsabilidades
        cuando el forense terminaba sus tareas
        era la de limpiar la sala de autopsias.
        Ellos no tenían horario, algunas veces
        terminaban temprano, otras demasiado tarde.
        Y para que el personal de limpieza no se aburriera
        dejaban objetos olvidados en la mesa de trabajo.
        Un pequeño bebé quieto como una piedra
        y más frío que la nieve. Un negro corpulento de pelo blanco
        con el pecho partido al medio y los órganos vitales
        flotando en una bandeja a un costado de su cabeza.
        Yo siempre estaba solo, ahí. La manguera derramaba agua.
        Las luces colgadas del techo encandilaban.
        Una vez dejaron sobre la mesa una pierna,
        una pierna de mujer de formas perfectas
        y excesiva palidez.
        Yo sabía para qué era la pierna,
        en ocasiones los había observado.
        A pesar de eso me quedé sin respiración.

        De madrugada en casa mi mujer
        me decía “Dulce, todo va a salir bien. Podemos hacer cambios,
        vivir de otra manera”. Pero no es tan fácil.
        Ella agarraba mi mano entre las suyas, con fuerza,
        yo me reclinaba en el sillón y cerraba los ojos.
        Yo pensaba en… cualquier cosa. No sabía en qué.
        Yo dejaba que ella llevara mi mano a sus tetas.
        Yo abría los ojos y miraba el cielorraso o el piso,
        qué importa…
        Mis dedos se arrastraban hacia su pierna, tibia y bien formada,
        que ante la más suave caricia temblaba y se levantaba delicadamente.
        Mi mente estaba confundida y cómo decirlo ¿sacudida?
        No pasaba nada. Todo estaba pasando.
        La vida era una piedra
        que lentamente se iba gastando
                                                                        y afilando.

    El don de la ternura

        Tarde en la noche. Comenzó a nevar.
        Los copos húmedos caían
        más allá del cristal de las ventanas,
        surcando el aire frío
        ocultaban el resplandor de la ciudad.
        Observamos un rato la tormenta
        sorprendidos, felices, satisfechos
        de estar allí y no en otro sitio.
        Puse un leño en el hogar,
        me pediste que regulara
        el tiro de la chimenea.
        Nos metimos en la cama.
        Cerré mis ojos, de inmediato,
        pero
        por razones que desconozco
        antes de dormirme
        el aeropuerto de Buenos Aires
        atravesó mi memoria.
        Recordé esa tarde,
        la temprana oscuridad, las sombras.
        Reconstruí la escena:
        regresé a ese paisaje desolado
        donde flotaba un silencio sepulcral
        interrumpido únicamente por el rugido
        de las turbinas del avión que carreteaba
        lentamente bajo una lluvia de granizo,
        tan fino que lo confundimos con nieve.
        En las ventanas de los edificios no había luz.
        Un lugar realmente solitario.
        Sólo pasillos abandonados, hangares vacíos.
        No vimos a una sola persona.
        “Es como si todo estuviera de luto,”
        fue tu comentario.

        Abrí mis ojos.
        El ritmo de tu respiración
        me dijo que estabas profundamente dormida.
        Te cubrí el cuerpo con uno de mis brazos.
        Mis evocaciones
        me trasladaron de la Argentina
        a un departamento en el que pasé
        un tiempo de mi vida, en Palo Alto.
        No nieva en esa ciudad,
        pero el departamento disponía
        de un amplio ventanal desde donde
        podríamos haber mirado por horas
        la autopista que rodea la bahía.
        La heladera estaba al lado de la cama.
        Las noches calurosas, sofocantes,
        cuando me despertaba con la garganta seca
        sólo tenía que estirar el brazo, abrir la puerta
        y dejarme guiar por la luz interior
        hasta el botellón con agua refrescante.
        En el baño un pequeño calentador eléctrico
        descansaba cerca del lavatorio.
        Todas las mañanas mientras me afeitaba
        calentaba agua en una vieja sartén,
        el frasco de café instantáneo,
        siempre a mano, en el botiquín.

        Un mañana me senté en la cama
        vestido, recién afeitado,
        bebiendo sorbos de café caliente
        intentando olvidar planes,
        proyectos, todas esas cosas
        que había decidido realizar.
        Finalmente disqué el número
        de Jim Houston que vive en Santa Cruz,
        le pedí prestados 75 dólares.
        Me contestó que estaba sin fondos.
        Su mujer había viajado a México
        por unos días y él ya no tenía dinero,
        no llegaba a fin de mes.
        “Está bien”, le dije. “Te entiendo.”
        Y así era,
        no necesité explicaciones.
        Hablamos un poco más y cortamos.
        Terminé el café cuando el avión
        comenzaba a elevarse en mi recuerdo
        y yo desde la ventanilla miraba
        por última vez las luces de Buenos Aires.
        Después cerré los ojos
        iniciando el largo regreso.

        Esta mañana hay nieve por todos lados.
        Hablamos sobre la tormenta.
        Me comentás que no dormiste bien.
        Te digo que yo tampoco.
        Tuviste una noche terrible. “Yo también.”
        Estamos tranquilos el uno con el otro,
        nos asistimos tiernamente
        como si comprendiéramos nuestro estado de ánimo,
        las mutuas inseguridades.
        Creemos adivinar los sentimientos del otro,
        no podemos, por supuesto, nunca podremos.
        No tiene importancia.
        En realidad es la ternura la que me interesa.
        Ése es el don que me conmueve, que me sostiene,
        esta mañana, igual que todas las mañanas.

    El caballete

        He perdido el tiempo esta mañana,
        y estoy profundamente avergonzado.
        Ayer noche me acosté pensando en mi padre.
        En el riachuelo donde pescábamos -Butte Creek-
        cerca del lago Almanor. El agua me arrullaba en sueños.
        En el sueño, estaba por todas partes
        y yo no podía levantarme ni moverme.
        Pero cuando desperté esta mañana temprano
        fui al teléfono. Aunque
        el río fluía allá abajo en el valle,
        en la pradera, corriendo entre los tréboles.

        Pinos se alzaban a ambos lados de la pradera.
        Y yo estaba allí.
        Un niño sentado en un caballete de madera,
        mirando hacia abajo.
        Viendo a mi padre beber agua con las manos.
        Luego dijo: "El agua está tan buena.
        Me gustaría poder llevarle a mi madre un poco de este agua"
        Mi padre todavía la quería, aunque estaba muerta
        y él había pasado mucho tiempo lejos de ella.

        Tuvo que esperar algunos años más
        hasta que pudo ir a donde estaba. Pero él quería
        a esta región donde se encontró a sí mismo. El Oeste.
        Durante treinta años la tuvo en el corazón,
        y luego la dejó ir. Se acostó una noche
        en un pueblo del norte de California
        y no despertó. ¿Hay algo más sencillo?

        Me gustaría que mi vida y mi muerte fueran tan sencillas.
        De modo que cuando despierte
        una hermosa mañana como ésta,
        después de estar en algún sitio
        donde quería estar toda la noche,
        algún sitio importante, pudiera moverme del modo más natural
        y sin pensar en ello, hasta mi mesa de trabajo.

        Digamos que lo hice, del modo más sencillo que he descrito.
        De la cama a la mesa de trabajo de la infancia.
        Desde aquí no hay mucho hasta el caballete.
        Y desde el caballete podría mirar hacia abajo
        y ver a mi padre cuando necesitara verlo.
        Mi padre bebiendo aquel agua fresca. Mi dulce padre.
        El río, sus praderas, y pinos, y el caballete.
        Ese. Donde estuve una vez.

        Me gustaría hacer eso
        sin tener que disculparme ante mí mismo por ello.
        Ni sentirme mal por interesarme por cosas menos importantes.
        Sé que es hora de cambiar de vida.
        Esta vida -con sus complicaciones
        y llamadas telefónicas- es indecente,
        y una pérdida de tiempo.

        Quiero hundir mis manos en agua fresca.
        Del modo en que lo hizo él. Otra vez y otra vez y otra.







    Raymond Carver nació en Clatskanie, el 25 de agosto de 1938, y murió el 2 de agosto de 1998 en  Port Angels, Estados Unidos. Sus relatos breves impusieron un modelo narrativo denominado por la crítica "realismo sucio", porque sólo trataba temas cotidianos (sin nada heroico o excepcional) con un estilo seco y sin concesiones metafóricas. Para mantener a su esposa y a los dos hijos de ambos tuvo que aceptar trabajos de baja calificación y peor salario (asistente de una gasolinera, portero...) durante una etapa de su vida cuya inestabilidad económica lo marcaría para siempre. En 1958 empezó a interesarse seriamente por la narrativa después de haber asistido a un curso de escritura creativa en el Chico State College.
       Publicó sus primeros cuentos cortos en revistas, mientras estudiaba en el Humboldt State College de California, en 1963. Carver declaraba que eran tantas sus preocupaciones con los niños que apenas tenía tiempo para escribir, lo que determinó la brevedad de sus cuentos y que descartase la novela como género. Empezó a beber descontroladamente a partir de 1967 y hasta 1977, y llegó a ser incluso hospitalizado por alcoholismo.
       En 1976 alcanzó reputación con la colección de cuentos ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? En 1983 obtuvo un importante premio monetario de la Academia Norteamericana y el Instituto de Arte y Literatura, que le permitió reservar tiempo para escribir. Sus cuentos pueden dividirse en dos grandes etapas: la primera hasta principios de la década de 1980, y la segunda desde allí hasta su muerte.
    Sus poemas reflejan el estilo duro y directo con que abordaba los problemas de la existencia humana: el absurdo, la fragilidad de las relaciones humanas y el sinsentido de muchas de las convenciones sociales.

    jueves, 10 de julio de 2014

    Manual del pequeño ahorrista (para Jorge Fernández Díaz)

    Publicado en Página 12 el 10 de julio de 2014, en respuesta a comentarios del periodista mencionado aparecidos en el diario La Nación.


    Por Horacio González *

    Escribo estas rápidas instrucciones para mí mismo, pero también para todos los potenciales ahorristas del país que quieran seguir participando de los debates en curso pero ansíen economizar una irradiación permanente de injurias, prejuicios y lugares comunes. Dedico este sucinto breviario, muy en especial, al amigo Fernández Díaz, coreuta, augur y examinador graduado del diario La Nación, al que veo desperdiciar sus desbordantes conjeturas en fútiles objetivos. Ahorremos lo que usualmente dilapidamos, no gastemos el talento en balde y demos curso a nuestra capacidad de ser sobrios en una época en que las facilidades que tiene el insulto ad hominem son pavorosas, por lo que todos los días plumas atinadas si no esbeltas caen en el chapucerismo moral de la chicana facilonga. Cuando podían escribir sus Antimemorias como un Malraux, escriben con su memoria para el vejamen rápido, apremiados por la rauda expedición hacia el menosprecio.

    lunes, 7 de julio de 2014

    Sobre "Tranvía 4", por Victorio Veronese


     
    Texto leído por Victorio Veronese en la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, el 17 de junio de 2014, en la presentación del libro “tranvía 4”, libro de Gerardo Burton.



    Cuando empecé a leer TRANVÍA 4 me dije: este viaje me llevará por grandes espacios abiertos, a recorrer inmensas distancias, a fijar mi mirada en el horizonte.
     Fue más que eso, mucho más, porque me encontré con cortes y quebradas.

    Entre cortes y quebradas aparece una historia única, personal, y también nuestra historia, la de la Patria;  la primera es la de los antepasados de Gerardo:
     el viejo john, que vivió del otro lado del río, en colonia y por uno de esos azares del destino, un mal negocio, terminó poblando la tierra de mujeres, hijas,  y de un varón, para ser más preciso, un varoncito tardío.
     Pero no empezó en Colonia, antes hubo naves que cruzaron océanos de malditos horizontes.
    Y aquí hubo quienes se comieron a juan díaz y a don pedro de mendoza lo venció una sed infinita  y un incendio.
    Como no puede ser de otra manera la historia personal, única, se confunde con la de la Patria, esa Patria que es un dolor que se lleva en el costado: los fusilados de josé león suárez, el pozo de banfield, el bombardeo a Plaza de Mayo –aquí también vinieron por el cielo a matar niños, y por las calles la sangre de los niños corría simplemente como sangre de niños-  trelew.
    Aquí, TRANVÍA 4, se detiene en la primera parada. Porque TRANVÍA 4, este libro de Gerardo Burton que hoy nos reúne aquí, está dividido en cuatro partes, esta primera se titula fundaciones.
    Después de esta  pausa, de esta breve pausa, los invito a continuar viaje, este viaje lleva por título historias.
    Aquí empezamos por encontrarnos con una mujer que inventaba sombreros y vestidos y vivía entre gasas y sedas, pero quería ser pianista, pero el padre le vendió el piano, le prohibió milonguitas y tangos, y le dijo que sólo saldría de esa casa, para casarse.
    En estas historias también se habla de los talleres vasena: el título del poema es: enero, 1919, y el primer verso pregunta:
    ¿qué estaban haciendo cuando reventaron talleres vasena?
    El poema termina diciéndonos: el terror invadió barracas, una caravana de ataúdes avanza por sus calles, en la mayoría iban obreros y extranjeros.
    Otro poema lleva por título: 1930 ¿Qué nos pasó a los argentinos en 1930? Nos volvieron a dejar cesantes: Sin pan y sin trabajo. Quemaron el cuadro del peludo, nos quemaron el cuadro del peludo, del que hizo maridaje con la chusma, ¡lindo título!Maridaje con la chusma, para ellos el pueblo es eso, la chusma, para la tilinguearía porteña, y a veces no tan porteña, fuimos y somos la chusma, el aluvión zoológico.
     Maridaje con la chusma, ése era  uno de los constructivos títulos de uno de los grandes diarios porteños, al referirse a la muerte de Hipólito Yrigoyen. Así eran y así son los conservadores, en fin, los gorilas.
    En el poema abuelo guillermo, Gerardo nos cuenta que el abuelo perdió la huelga contra la telefónica y las mujeres de la familia nunca le perdonaron su socialismo.
    Tiempo donde Lugones versifico la espada.
    Como vemos, la narración está construida entre  cortes y quebradas, el relato no es lineal, avanza y retrocede como la memoria, esa memoria que reconstruye nuestro pasado para que podamos comprender nuestro aquí y ahora.
    Mientras Tita nos canta se dice de mí, nos enfrentamos con un recuerdo para marcelino pan y vino y con las joyas y los trajes de Evita, la memoria no respeta el orden, ejerce su libre albedrío.
    Aquí volvemos a detenernos, aquí termina el viaje entre las estaciones  fundaciones e historias, a partir de ahora recorremos los barrios porteños de núñez, liniers, flores.
    ¿Qué huellas indelebles de esos barrios quedaron grabadas en la memoria de Gerardo?
    El abuelo adolfo,  el recuerdo del olor a trementina en el aire y de un caballete con pinceles y una hija que espía y que los descamisados debajo de la lluvia despedían a Evita presos de dolor y que había tíos que no la querían y que Evita si viviera querríamos que fuese… y que el cáncer y las torturas y no había que dejar ni un ladrillo que no sea… porque había en el país guaridas asquerosas de oligarcas y que maría maggi de magistris y que el brujo y los gorilas y la muerte…
    y esas ganas tremendas de llorar
    Las siestas en el barrio de flores y el aro en la vereda y la revista el hogar y los carnavales en núñez y en liniers, y siguen los cortes y las quebradas, y los enfrentamientos entre hermanas mientras las historias familiares conviven con las tragedias del país: revueltas, dictaduras, campos de concentración…
    ¿es la memoria que selecciona nuestros recuerdos o son los recuerdos que se imponen a ella?
    El potrero, los barcos de papel, el fútbol: ¡calamares para todo el mundo! platense…
    Y no podía faltar en la lista de recuerdos la pulpo de goma y venía la cana y la secuestraba como después secuestrarían a la gente.
    Aquí nos volvemos a detener, para volver a partir inmediatamente, ¿hacia a dónde? Digamos… de moldes al sur…
    Con qué personajes, con qué escenarios, con qué hechos, nos enfrentaremos este tramo final de TRANVIA 4:
    con los adoquines de urquiza, con la sonrisa del anciano, con los techos, con la línea quebrada de los techos, con deudas impagas y besos que se oxidan en la sombras donde nadie habita
    … decí por dios… qué me has dao… ni el pucho en la oreja… malevo y feroz … ya ni sé…
    Como vemos, nuestra pequeña patria, Buenos Aires, también es un dolor en el costado y en ella, los amores verdaderos están hechos a puro tango: hubo ojos que vieron un amor, una pasión y ya no.
    Y aquí, en moldes al sur, la memoria vuelve al mismo lugar donde ya estuvo en fundaciones y nos lleva de nuevo a trelew, al crimen de trelew: gritos en la madrugada, fogonazos en la noche, la mandíbula destrozada de maría antonia.
    Y después ezeiza. ezeiza. Pero fue después.
    Y a pesar de todo ella volvió una tarde y él confiesa que no sabía que la esperaba, más, al final del poema repite:
    Y yo    que no sabía   la esperaba.
    Y en diciembre del setenta y cinco la derrota estaba cantada. Trampa. Muerte. Desolación. ¿Y el Templo? El Templo estaba cerrado. ¿Y el mundo?... y al mundo nada le importa yira, yira… Ni la carne torturada ni los excrementos ni el olor de la carne ni de los excrementos…
    … Entonces, entonces irse lejos, lejos, al sur, al sur…
    … una vez más la vida es un juego perverso…:
    Y el fútbol y camisetas naranjas y banderas celestes y blancas mientras la pelota yira y yira a pocas cuadras de la esma… Sí, la pelota yiraba y yiraba a pocas cuadras de la esma…
    Como vemos este viaje que nos propone Gerardo Burton con TRANVÍA 4,  si bien nace en historias familiares, barriales, personales, no  no se amuralla detrás de ellas, no, busca el compromiso social, tiene necesidad de construir una sociedad menos desigual, tiene necesidad de una Patria más justa, donde los saqueadores, los depredadores de siempre, no impongan sus privilegios sobre los derechos de las mayorías. Por todo eso, pienso que el verso de Leopoldo Marechal es el que mejor define este viaje que nos propone Gerardo Burton: La Patria es un dolor que se lleva en el costado.


    Sobre "Tranvía 4", por Victorio Veronese



    Texto leído por Victorio Veronese en la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, el 17 de junio de 2014, en la presentación del libro “tranvía 4”, de Gerardo Burton.



    Cuando empecé a leer TRANVÍA 4 me dije: este viaje me llevará por grandes espacios abiertos, a recorrer inmensas distancias, a fijar mi mirada en el horizonte.
     Fue más que eso, mucho más, porque me encontré con cortes y quebradas.