Mostrando entradas con la etiqueta john lennon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta john lennon. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de julio de 2024

(DI)VERSIONES/Poemas del inglés en castellano, por gerardo burton

Esta entrada del blog reúne un grupo de poemas de poetas de habla inglesa, seleccionados al azar y por mera intención lúdica. Fueron publicados en una plaqueta de la cebolla de vidrio ediciones en junio de 2024. El listado es el siguiente, e incluye los libros o publicaciones de donde fueron tomados los textos. A continuación de la versión castellana, se transcribe el original en inglés.

* WALT WHITMAN: West Hills, Nueva York, EE.UU., 1819-Nueva Jersey, EE.UU., 1892 (HOJAS DE HIERBA * LEAVES OF GRASS, 1855)

* JOHN LENNON: Liverpool, Inglaterra, 1940-Nueva York, Estados Unidos, 1980 (RUBBER SOUL, 1965; THE BEATLES, 1968)

* SYLVIA PLATH: Boston, EE.UU., 1932-Londres, Inglaterra, 1963 (SELECTED POEMS, selección de Ted Hughes, 1981)

* PHILIP LARKIN: Coventry, 1922-Yorkshire, Inglaterra, 1985 (THE WHITSUN WEDDINGS, 1964)

* DENISE LEVERTOV: Ilford, Essex, Inglaterra, 1923-Seattle, EEUU., 1997 (SELECTED POEMS, 1994)

* EMILY DICKINSON: Amherst, Massachusetts, EE.UU., 1830-1886 (COLLECTED POEMS, THREE SERIES, 1890, 1891, 1896. Poemas tomados de las secciones Life y de Love)

* WILLIAM WORDSWORTH; Cockermouth, Inglaterra, 1770-Rydal Mount and Gardens, Inglaterra, 1850. (LYRICAL BALLADS, POEMS OF LUCY, 1798-1800)

* TED HUGHES; Yorkshire, 1930-Londres, Inglaterra, 1998. (BIRTHDAY LETTERS/CARTAS DE CUMPLEAÑOS, 1998)

* DYLAN THOMAS: Swansea, Gales, 1914-Nueva York, EE.UU., 1953, (MUERTE Y ENTRADAS, 1946/EL MAPA DEL AMOR, 1939)


lunes, 17 de agosto de 2020

40TENA SELECCIÓN DE POEMAS & OTROS TEXTOS (XII)

Última, por ahora, selección en esta cuarentena. Se termina la cuarentena, nos queda la pandemia. Salú y pesetas, que lo demás, como dijo el español, son puñetas. Chau


Gerardo Burton (seleccionador)

geburt@gmail.com

Siempre noche


Mi triste vida

se desparrama

asustada    de sí  misma


En un

infinito

que me pisa

y me oprime

con su débil tacto

Giuseppe Ungaretti, en Naufragios


lunes, 6 de julio de 2020

40TENA POEMAS & TEXTOS (VIII)

Nueva entrega para esta cuarentena: otra vez poemas, textos, reflexiones para pasar el rato. Y no tanto. Hasta la próxima. Salú

Gerardo Burton
geburt@gmail.com



Amor

Te besaba el amor de amor los oídos, los ojos y la boca,
amor en bruto, en luto, amor de un peso neto de nido, de
lingotes de olvido.

A veces una boca de cordero, con el beso rosado balando
en leche rota.

A veces una boca azul de lobo, con el diamante de la
muerte como un pedazo de risa.
te besaron la memoria, el vacío, a la tolondra, al desgaire.

A veces una alondra sosteniéndote el alba con su fantasma
orlado de rosa, a veces una terrible bestia dorada de la
noche, que se desplomaba con hedor a crímenes.

Labios de plata oscura, ojos de fuego obsceno abrían heridas
como escuelas o dispensarios en la ciudad oscura.

Sexo ya no sexo, apenas pan y vino, apenas una pluma de
claridad en el centro de la muerte,
y un ramo de amantes oriundo de la destrucción fue el
muro de tu insurrección.

Suleika Ibáñez, en Homenaje a Jean Genet


jueves, 9 de junio de 2011

La nada y las cosas




Por Noé Jitrik

El inolvidable John Lennon escribió y cantó “Nothing is real”, una sentencia cuya profundidad y fuerza sugestiva, poética, no se le puede escapar a nadie, aunque se pueda percibir en ella un tenue dejo budista: se sabe de qué modo él y sus amigos fueron atraídos por esa lejana y serena filosofía. Pero eso no importa: importa más bien el alcance de esa frase: ¿acaso no hemos sentido todos, alguna vez, que eso que llamamos real estaba ausente o se nos perdía, que no perduraba, que el aire parecía llevárselo todo? En especial todas esas probables cosas que están como contenidas en el “nothing” que, por esa razón, no es “la nada” o una nada absoluta sino una expresión de lo inalcanzable de las cosas, nuestra impotencia.

Ese modo de decir tiene su historia; los estoicos griegos lo sospecharon y los idealistas creyeron encontrar la solución; el propio Mallarmé, que escribió un soneto, que se desdice a sí mismo dejó su soneto como un algo que no terminamos de entender. Incluso, Marshall Berman, parafraseando al mismo Marx, consumado filósofo de las cosas que perduran en la historia y en la sociedad, también lo dijo, “todo lo sólido se desvanece en el aire”, aunque con menos carga subjetiva y filosóficamente dolorida.

Volviendo a Lennon estado de ánimo se dirá, pero que es evidente que no todos los seres humanos comparten: algunos, muchos, no se dan cuenta de lo que encierra esa frase, viven en la ilusión convencidos de que lo que es es y lo que no es no es; otros combaten lo que eso podría querer decir expresándose, a sabiendas, mediante férreas sentencias marxistas, que sólo los filósofos idealistas, o Jorge Luis Borges, se animan a contradecir al costo de un inmediato vilipendio. Haciendo poco caso de los sentimientos que brotan de dicho idealismo, los marxistas de todo tipo proclamaron y proclaman, a voz en cuello, que lo único que existe es la realidad o sea que “todo” es real, aun lo mental, no ya las figuraciones del imaginario cuya realidad de cosa desborda su carácter específico: una pintura es un objeto a la vez perceptible e imaginario. Se supone que saben lo que es la realidad, además de percibir lo inmediato de las cosas que integran ese “todo” y de sentir su peso.

¿Cómo oponerse a ello? Pero, al mismo tiempo, ¿cómo renunciar a ese sentimiento de incertidumbre, de filtración o de pérdida que nos entristece y nos hace penetrar en una dimensión temblorosa, como si nos arrojáramos, sin saber nadar, en un profundo cenote pero que al mismo tiempo nos confiere el don de la transitoriedad, en suma, de percibir y sentir lo que se pierde?

Nadie ignora que la afirmación anti Lennon, pro-proto-filo-post marxista, es compartida, en un nivel superior –en el otro no hay problema, al pan pan y al vino vino– por todos los que intentan cauterizar las heridas que afligen al mundo, lo cual ha dado origen y sostén a políticas muy inmediatas y concretas: ningún político prosperaría si no se ocupara de las cosas concretas, diría alguno con toda convicción, si no se atribuyera comprenderlas y si por dudar de su existencia renunciara a hacer algo con ellas. No se podría, teniendo en cuenta el dolor que reina en el mundo y la necesidad de paliarlo, pensar de otro modo, aun no siendo secuaces de Lenin: Juan Domingo Perón, no precisamente uno de sus herederos, decía con duro e irrefutable acento: “la única verdad es la realidad”. “¿Qué es para usted la verdad, qué la realidad?” se le podría haber preguntado, pero eso parece tan obvio que casi es tonto decirlo. La realidad era lo que estaba enfrente, con una contundencia casi ofensiva: admitirlo desbarataba toda pregunta, todo cuestionamiento y si permitía actuar sobre ella entonces ahí estaba la verdad, no en las meras criaturas de la mente.

¿Qué valor, por lo tanto, tiene la frase de John Lennon? Se le podría decir que, en efecto, estamos de acuerdo, nada es real, pero la frase que dice que nada es real posee un nivel de realidad irrefutable, tanto que da lugar a una bella canción que todo el mundo entiende, como canción, no como un “es así” con el que es imposible manejarse. ¿Hay un antagonismo entre la poesía y las cosas? Más bien poesía y cosas circulan juntas como por un río subterráneo que las une y las hace indistintas, una y otra tienen la consistencia de los sueños.

Se puede, en consecuencia, negar o afirmar lo real, siempre quedará, como un “algo” sólido y que no se desvanece, la afirmación o la negación, las palabras que lo enuncian y que son, ellas, inmortales, las conozcamos o no. Para los idealistas tradicionales ser era ser percibido, o sea cuando hay una conciencia que las distingue y desaparecen cuando esa conciencia se eclipsa o se distrae pero, al mismo tiempo, esa conciencia no sólo precede a la percepción sino que es despertada, si está dormida, o creada, si no existe todavía, por algo que es exterior a ella.

Creo, a esta altura del razonamiento que la frase en cuestión es más una queja que otra cosa: la queja se produce porque las cosas reales nos son esquivas, porque las perdemos o porque no las hemos llegado a poseer. Queja amorosa, queja por el tiempo que se lo lleva todo, queja por la muerte que acecha o porque la poesía derrota a la muerte sólo en las palabras, no en el sujeto capaz de producirla. Quizás, inclusive, queja trivial porque todo eso que la motiva ya lo conocemos, está en nosotros desde que nacemos y en relación con todo. “¿Para quién te acicalas, vanidoso? Para la muerte”, pone en un epígrafe Arturo Cerretani en una de sus memorables novelas, como si nos quisiera recordar que un poeta llamado Francisco de Quevedo pasó toda su vida tratando de entender que la muerte no espera. Obviamente, no lo entendió, pero nos dejó una preciosa herencia: “serán ceniza mas tendrá sentido, polvo serán mas polvo enamorado”.

martes, 8 de diciembre de 2009

en el aniversario del asesinato de lennon


a john lennon














en los diarios avisan
balazos en el dakota
el fin de cielos, diamantes
acaso
campos donde buscar salidas
silencios
pasiones sin fin, novelas
de amores suburbanos, sin pretensiones
hasta que el gurú
los cielos
el gurú
dijo que el camino era
hacer de cada uno un tonto
de cada uno
un crucificado, un viejo sin música de flauta
todo ayer
un viejo, un hombre sin lugar ni tierra
pero dejar de ser esclavos, dejar
los cielos sin imagen, los cielos sin horizonte
para un futuro
donde nada, donde el pasado tuviera finales
mientras el futuro llegaba en llamas
con un pastel en llamas como un sueño

en el absurdo bizz
una calesita interminable, una noria
para burros de clase trabajadora inglesa
antes de thatcher, antes de la tercera vía
con cuatro canales rompieron la pared de sonido
no era necesario
perdurar con canciones estúpidas de té y escones
o arcaicos colonizadores de la india, de shanghai, de hong kong

no, no necesitabas eso
para nada
te bastaban attica state, los cerriles irlandeses
la mujer y los negros, y perder fines de semana para hallarte
en un vómito de borracho en un billar
una locura como querer envejecer con ella
ojos de almendra, ojos de horizonte al alba

los tiempos cambian
y nadie, salvo las campanas, tiene memoria
de los esclavos que dieron sangre, sudor y cerveza
antes de la muerte, antes de mark david, el de honolulu, su cazador solitario
antes de la ayuda demasiado tarde

un viajador diurno, de los que llegan
con un porro a la luna, con un toque al cielo
y siempre, siempre con diamantes
y flores de celofán, ¿eh, lucy?, flores en ese río
ese único río
ya no el thames, ya no el mersey
ni siquiera el ganges porque nada es dios
nada, hermano
ni los balazos
ni la artista que te sobrevive
ni jude, ni nadie
es dios
sólo dios, esa línea que se adelgaza
donde tantos cielos estallaron
esa madrugada frente al central park
cuando las puertas no fueron nunca más abiertas

sangre en la madrugada y el periódico
vino a avisar, tarde, de tu muerte
tarde
de aquel bostezo que se iba
hacia el océano de un río recién nacido


burton, septiembre de 2001