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jueves, 13 de agosto de 2026

Patria sí

 Esta selección de poemas pretende aportar una mirada distinta a la discusión que se desarrolla en estos días en varios sectores de la vida social y política del país



Gerardo Burton

geburt@gmail.com





En 1975, Guillermo Boido publicó, en sus Poemas para escribir en un muro, un texto titulado “Sociedad de consumo” que decía así:


la poesía no se vende

porque

la poesía no se vende


Repetido hasta el cansancio (hartazgo en algunos y algunas), ese texto expresaba a la vez un deseo y una verdad. En una primera aproximación, esa tautología significaba que la poesía no podía venderse porque, justamente, no estaba en venta. En estos días, y en Argentina, es posible hacer un desplazamiento, y proclamar, manteniendo el título del poema que


la patria no se vende

porque

la patria no se vende


Si bien patria y poesía no son asimilables analógicamente, puede haber ciertos puntos de contacto, aunque sea por oposición. Cierto, a la mayoría de quienes escriben poesía les resulta difícil venderla: no es un producto de mercado ya que no es necesaria para la subsistencia, no integra la canasta familiar ni el menú de servicios bancarios o de mercado pago. Sin embargo, esas dificultades desaparecen junto con los escrúpulos cuando la caterva de personajes que se ha enseñoreado en nuestro país habla de poner en venta parte del territorio nacional con sus recursos naturales no renovables y mucho más mientras reescribe la historia desde el Ministerio de la Verdad que le plagiaron a Orwell.


A continuación, se podrá leer una selección de 24 poemas de autores y autoras argentinas que acaso aporten a la discusión en que está el pueblo argentino en estos días. Cada texto ofrece un rasgo distintivo: oscilan entre la serenidad de contemplar la patria en sus potencias y su belleza hasta la beligerancia que despiertan las injusticias, las opresiones. En fin, las luchas en la historia.


Selección




Una bandera polvorienta / la tierra nuestra/ girones pueblan su manto oscuro/ algo debajo puja/ entre mares y lodo busca/ tantea tiembla/ sueña un sol compartido. (inédito)

Mirta Agostino, San Carlos de Bariloche, Río Negro, 1955. Vive en Neuquén


**


Bajo el concepto
De la casualidad
La noche
Nos envuelve
Los cielos

Destinos distraídos
Los pasillos
Las puertas que juegan

Llenos de paisajes
La poesía
Puede gritar

Mesetas de piel
Nuestro territorio
En el ojo de tormenta

Siento
Los bolsillos
Endeudados
Antes del amanecer

Una vez más
Seremos
Banderazo para exigir (inédito)

Laureano Huayquilaf, Trelew, Chubut, 1968



**

La patria


Yo buscaba la patria en las mañanas

iba a la escuela

sin delantales blancos

me paraba en su patio

la pensaba

en los profundos ojos de algún niño

la buscaba

en los árboles del sur

inclinados al viento

entre las calles

las casas los silencios

la turba soledad de las ciudades

la buscaba en la estepa

inmensa desolada

en los Andes del sur

en los de más al norte

en la larga llanura

de atardeceres lentos

Anduve en Cafayate

en la Puna

en los bordes del lago Titicaca

en Macchu Picchu

en Bogotá Managua

en Tepoztlan, Zamora

en Quito, Chañaral

en Buenos Aires

Yo buscaba la patria

en las raídas manos de América latina

en las mujeres con los ojos tristes

en las espaldas de las gentes

acarreadoras de hijos y de penas

en tu piel en tu boca

en el mar con su oleaje

y con sus islas

en la música de las verdes ventanas

en Esmeraldas

Yo buscaba la patria

y la tenía

aquí

entre los pasos y la sombra

aquí

entre las manos

en la memoria

del libro (en Los gestos de la noche)

Anamaría Mayol, Victorica, La Pampa. Vive en San Martín de los Andes, Neuquén


**


banderita rota

en pedazos tu cerviz,

harapos de la seda

ese cielo de tu color

como soñado ideal

atado ahora al carro

que se pierde

en un inmenso basural (inédito)

María del Carmen Colombo, Buenos Aires, 1950


**


Quiero llorar

En este aire

Otra vez

La vaca empantanada

Refugiados

En las páginas

De la memoria

La perinola

Anuncia

Todos ponen

Refugiados

Pobres que sufren

Ajusten los cinturones

Vamos a chocar (inédito)

Adriana Ferrari, Luján, Buenos Aires, 1959


**






y la memoria es así

viene de a pasitos cabalgando lento

a veces estalla

gira como trompo y se mueve de un tiempo hacia el otro

toca lo que toca

pero siempre toca lo que más importa

hace unos días giró la memoria

dio una vuelta y se fue a estallarlo todo

un corazón colectivo explotó de bronca

ardió la memoria

tejió los recuerdos

de unos y de otros

de unas y de otras

pu zomo/compañeras

estos movimientos pasan

cada tantos años

y cuando aparecen son invulnerables

no estamos solas

esto sigue

que la fuerza colectiva siga reclamando lo que

corresponde

esa tropilla,

la memoria,

que a veces arranca

y no para

hasta ver el sol

hasta serlo (en su cuenta de facebook)

Viviana Ayilef, Trelew, 1981


**

Patria


Tal vez toda mi vida

fue una fantasía

un sueño inútil

pero vuelvo a soñarlo

cuando florecen los tilos

allá lejos

en la única patria

que conozco

porque soy como esa tierra negra

y blanda

que se abre

con la suave presión

de los dedos

así se abre mi corazón

a las ofensas

pero sigue latiendo

apenas con un beso

olorosa como esa tierra

es mi alma

el contacto con la lluvia

y las palabras

y da sombra

como esos árboles añosos

que no piden más

que un poco de agua

mis pensamientos

se despiertan

con la brisa tibia

del otoño

y caen mis recuerdos

con el murmullo lastimero

de las hojas secas

soy todos los verdes

y los ocres

porque mi sangre

es la savia de esa tierra

soy el sol dulce de mayo

y el olor del bosque

en el invierno

la corteza oscura y húmeda

de los eucaliptos

y el ruido de las nueces

cuando caen

las florcitas lilas

que cubren las veredas

y las tormentas de verano

tan breves ellas

y tan necesarias

el verano de niña

y las estrellitas

en las navidades

son la patria

que llevo en la mirada

y más allá de mi cuerpo

un puñado de tierra negra

y unos huesos

que en otro tiempo fueron

gente amada. (en La chica de la valija)

Cristina Nieto, La Plata, 1955-Neuquén, 2013


**

vos patria


en cuanto a vos patria

sí patria otra vez te estoy hablando

siempre te estoy hablando solamente a vos


siempre con todo el cuerpo

vos me hiciste argentino hasta la muerte

así se me sindica

pero no te lo tomés tan en serio

no te pongás así

ya te lo dije quiero ser tu albañil

que mi casa seas vos y sólo vos

pero entonces dejame hacer mi asadito entre los andamios

mientras siga argentino pero no muerto

mientras no llegue ese momento letal perdonador

patria mía tenés que dejarnos vivir

tenés que dejarnos ser argentinos

ya te hemos dado demasiado changüí

y ahí tenés otra diéresis la ´ultima

ya no podemos esperarte más

¡basta de divertir conquistadores! (en buenos aires me vas a matar)

César Fernández Moreno, Buenos Aires, 1919-París, 1985


**

Qué hacer con la tristeza

le preguntan

pero él sigue arreglando el aparato

de radio,

y le dicen, ¿qué hacer?

estamos tristes, pero él

lee los diarios como poseído.

Lo que pasa es tan triste, le dicen

pero entonces él habla de lo que pasa. (en Aventuras con usted)

Eduardo D'Anna,Rosario, Santa Fe, 1948


**

Elegía de la patria


De hierro, no de oro, fue la aurora.

La forjaron un puerto y un desierto,

unos cuantos señores y el abierto

ámbito elemental de ayer y ahora.


Vino después la guerra con el godo.

Siempre el valor y siempre la victoria.

El Brasil y el tirano. Aquella historia

desenfrenada. El todo por el todo.


Cifras rojas de los aniversarios,

pompas del mármol, arduos monumentos,

pompas de la palabra, parlamentos,


centenarios y sesquicentenarios,

son la ceniza apenas, la soflama

de los vestigios de esa antigua llama. (en La moneda de hierro)

 Jorge Luis Borges, Buenos Aires 1899-Ginebra, 1986. 1976


**

Comentario XLII (san juan de la cruz)


como tierna amorosa /

tiernamente amorosamente

echás durezas / sequedad /

de mi país en tu país


donde llego desamargado

de la memoria a la sustancia /

me sos lumbre / suavidad

levantada / graciosa mía /


cantora mía / en la mitad

de este destierro como arenas

del esperar al acabar /

mi vos / planeta de dulzura (en comentarios, 1978-1979)

Juan Gelman, Buenos Aires, 1930-México, 2014


**

Pedradas con mi patria (fragmentos)

VI


mi patria está viva cuando escribo

se sale por el lápiz

invade mi camisa

muchacha

inventemos el amor con lo que queda

es necesario buscar

no perder tiempo


mi patria tiene forma de poema

hay que llevarla crucificada al hueso

ayudarla a salir

amarla y desamarla


entonces algo pasa

se cortó el hilo de repente

mi patria es joven como yo

tiene sus dudas (en Pedradas con mi patria)

Roberto Jorge Santoro, Buenos Aires, 1939. Desaparecido en 1977



**

Herencia


Nos dejaron

por herencia

la idea de que todo pasado fue mejor

de que nuestras malas letras de rock

les arruinan el lenguaje que

sólo se decían en la intimidad.

Me achacan que no planche las camisas

con la misma inquietud

con la que se admiran

de que me acuesto ilegalmente

y no uso cancanes

cuando hace calor.


Ya hubo otras locas

que supieron suicidarse

o morirse

de sobredosis,

hasta las muertes están inventadas,

ni en la Patagonia desértica

podemos tener un gesto

innovador.

Ninguna presidenta como la gente,

maestras normales

pero amantes de Sarmiento,

malas costumbres

contemporáneas

y todo para que

criemos hijas

con resentimiento

pero en tiempo y forma. (de Acetato)

Silvia Mellado, Zapala, 1977


**

xx


un suceder es la patria

con sus escollos, un terrible

suceder, no un río ni un viento

a veces una dilación

que permite huir, pero al final

cae la cuchilla, y si no

que lo diga troxler, que lo diga

atilio lópez

y que ortega peña vuelva a jurar

por su banca

y por la sangre


es un suceder

porque es la guerra

el padre de todo

dijo el oscuro

pero gana esa savia que sube

de la tierra

el fuego que crece

la hoguera necesaria

para pasar la noche, para

que la madrugada no sea

una intemperie sin fin


es el tibio resplandor

que antes del alba, desde el oráculo

ordena atravesar las aguas

y esperar

las nubes que curan las heridas

el llanto

que el barquero no entiende

ya cobrado su salario

pues lo espantan la sonrisa

y la victoria

que acaso también él celebra (en Cantares de junio)

Gerardo Burton, Buenos Aires, 1951. Vive en Neuquén


**

15


Yo la vi talonear los caballos australes,

niña y pintando el orbe de sus juegos.

La Patria no ha de ser para nosotros

nada más que una hija y un miedo inevitable,

y un dolor que se lleva en el costado

sin palabra ni grito. (en Descubrimiento de la patria)

Leopoldo Marechal, Buenos Aires, 1900-1970


**



Quiero de mi patria,

todo su valle y su montaña,

todo su mar y su desierto,

la quiero, parte a parte,

en un todo para todos.

Ese es mi amor,

esa es mi vida.

Joaquín Areta, La Plata, 1955, desaparecido en 1978


**


La conquista IV



La historia de la patria nunca tuvo

el amable sabor de las consejas.

Está hecha de lágrimas, de sangre,

de dolor, de vehemencia,

de una pasión impar, desgarradora,

de una pasión acerba.


La historia de la patria es la del hombre,

su vigilia,

su sueño,

su proeza.


Es dura la conquista.

Cada día comienza. (en De La Patria)

Julia Prilutzky Farny, Kiev, 1912-Bs.As., 2002



**


Carta abierta a la patria (fragmentos)


Esta tierra sobre los ojos,

este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles,

esta noche continua, esta distancia.

Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,

pobre sombra de país, lleno de vientos,

de monumentos y espamentos,

de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,

escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,

repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando

de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.


Pobres negros.


Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,

dónde el que come los asados y te tira los huesos.

Malandras, cajetillas, señores y cafishos,

diputados, tilingas de apellido compuesto,

gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,

centroforwards, livianos, Fangio solo, tenientes primeros,

coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos,

bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,

secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,

contraflor al resto. Y qué carajo,

si la casita era su sueño, si lo mataron en

pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.


Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.


Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,

te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña

envuelto en la bandera que nos legó Belgrano,

mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate

con su verde consuelo, lotería del pobre,

y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos

para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.


…


Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo

saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,

no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.

La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,

ser argentino es estar triste,

ser argentino es estar lejos.

Y no decir: mañana,

porque ya basta con ser flojo ahora.


…


Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles

cubiertas de carteles peronistas, te quiero

sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,

nada más que de lejos y amargado y de noche. (En La vuelta al día en ochenta mundos)

Julio Cortázar, Bruselas, 1914-París, 1984


**


Muchas gracias (fragmento)


Aquí estoy perdiendo amigos, buscando

viejos compañeros de armas, ganándome tardíamente

la vida, queriendo respirar

trozos de esperanzas, bocanadas de aliento; salir

volando para no hacer agua, para

ver toda la tierra y caer en sus brazos. (en Poemas póstumos, 1970-1972)

Francisco Urondo. Santa Fe, 1930-Mendoza, 1976


**

La patria (fragmento)


[...] Este es el país que me enseñó la desolación/ pero también la libertad de las palabras/ me mostró las calandrias y las torturas/ la ciénaga y el cielo alto y tenaz del Paraná//. Esta ha sido mi casa y no tengo otra.// La casa de los libros amados/ sospechosos de herejías y desviaciones ideológicas/ con esa rotunda claridad/ de los versos quebrados/ y de los traslúcidos infantes/ de pies morados/ que se acordaban de mayo/ mirando subir la que no ha sido atada jamás/ al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra.// Este es el país que me cubrió de oprobio y de vergüenza/ y al que negué tres veces/ con un feroz cansancio/ pero también el país donde aprendí que hay una libertad última/ con palabras voladas en palomas/ metálicas/ palabras que servían para nombrar cosas anchas y espléndidas/ palabras que resistían como clavos/ duros e insomnes.[...]

Edna Pozzi, Pergamino, Buenos Aires, 1926- Buenos Aires, 2017



**


Fuentealba


A la memoria del maestro neuquino Carlos Fuentealba, asesinado por defender sus derechos, el 4 de abril de 2007.



Carlos pudo ser soldado

en tiempos de independencia

alistando las defensas

contra invasiones inglesas

peleando a tropas de España

por corazón y vergüenza

ser oficial de Facundo

guía del Chacho o Varela

obrero en lago Argentino

o reprimido en Vasena

o combatiendo uniformes

que del pueblo ya no eran

hundido en celdas puntuales

que a secar el alma llegan

en Trelew dando su sangre

o a treinta mil su existencia

pudo también ser maestro

que es ser soldado y obrero

limpio entero digno y puro

faro de luz y conciencia. (en Juan, los perros y el cielo)

Alejandro Flynn, Buenos Aires, 1955


**


Sol al sur


Hoy el sol amaneció flaco / mustio / tibio apenas / De escasez / de

hambre y frío / ¡Qué desnuda esa luz de estufa sin carbón / ese

amarillo apenas! /Solcito de juguete que a falta de gran dios / (o

angelitos) / intenta cuidarnos de los malos que saquean la vida / Pero

aún hay chance / porque a pesar de todo / el sol vuelve a la carga /

y otra vez creemos en esta frazadita / a la que de chicos / llamábamos

“patria”/ (en revista Palabras de poeta número 21)


Liliana Mundani García, Córdoba



**


Viejos asesinos


Antes de las bestias, los manteles olían

a pan y nuestras madres tenían a sus hijos

y sus hijos teníamos una plaza.

Veíamos correr la vida,

el amor, el dolor, la alegría y nuestra

patria, era decir nosotros.

Marzo trajo viejos asesinos

disparando plomo sobre los inocentes,

su misión fue hacer,

que dé igual quien gane, siempre

que los que pierdan sean

los mismos.

Con sello y sangre propio,

sílaba a sílaba, urdieron la impostura

de la Sodoma del siglo veinte.

Duele tanto rencor, tanta miseria,

el miedo y tanta usura y la intemperie,

de su infierno. (en revista Palabras de poeta número 21)

Claudio Suárez, Córdoba, 1939


**

Ni tan derechos, ni tan humanos (fragmento)


II


Han venido en defensa de la propiedad privada.

Destruyen la puerta a puntapiés

rompen los vidrios y ventanas violan

todas las cerraduras cajones alacenas

horadan las paredes acuchillan la cama.

Uno se guarda un cenicero otro desliza

suavemente un reloj pulsera a su bolsillo

los más apresurados buscan plata.

Alguien señala un crucifijo

que presencia la escena amedrentado,

lo bajan lo sopesan discuten si se trata

de puro bronce o tiene por encima

un baño de oro ¿a cómo se cotiza hoy en plaza?

Han venido en defensa pero atacan

las letras agolpadas por tantos anaqueles

el mensaje cifrado sobre una hoja blanca

ese dibujo niño en el vidrio empañado

que les saca la lengua medio palmo.

Estos hombres trabajan destruyendo

son la cuadrilla de demolición uniformada

putean en vez de conversar gruñen sonrientes

olfatean rincones y se orinan.

Han venido en defensa de la paz

con cachiporras metralletas granadas

trepanadoras máquinas de excavar morteros

un tanque en cada esquina.

Han venido pero no había nadie

y tienen que robar sólo robar,

queda para otra vez la fiesta de la sangre. (en Doblando el codo)

Eduardo Romano, Avellaneda, 1938


**




martes, 23 de marzo de 2021

Poesía contra el terror, afiches

Una selección de poemas que se distribuye de manera digital debido a las restricciones impuestas por la pandemia, y en papel en librerías y entre escritoras y escritores de la región.

Gerardo Burton (geburt@gmail.com)



La pandemia exige buscar formas de participación diferentes: no presenciales por menos contagiosas; distantes, pero no menos próximas. Se trata de burlar las restricciones que se imponen para eludir el virus Covid-19, burlarlo y mantener la comunicación.

jueves, 23 de abril de 2020

AFICHES 40TENA - SELECCIÓN DE POEMAS & OTROS TEXTOS (III)

Tercera entrega de esta selección, para leer durante esta emergencia. Muchas cosas aparecen ahora como superfluas; la poesía y la literatura, seguramente no. Por eso, una nueva entrega, y seguirán.
Saludos





Contradicho

                     Al dicho popular “El buey solo, bien se lame”

Acepto las sentencias populares,
menos ésta;
es que la lengua no alcanza
a dar la vuelta
y la espalda se queda
sin abrazo;
es que la agria saliva es poca cosa
para humedecer todo el contorno.
Bovina soledad la que me aflige:
si voy al sur me balan sus terneros;
si al norte voy, la tropa se reniega.
El buey precisa como yo preciso,
una cornada atroz de compañía.

Ana Pedernera, en La misma araña


domingo, 2 de febrero de 2014

miércoles, 30 de abril de 2008

En tiempos de penuria


Texto completo del discurso pronunciado por el poeta Juan Gelman al recibir el Premio Cervantes 2008 en Madrid.



Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señoras y señores: Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción, la más preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal.

En el año 2006 se galardonó con este Premio al gran poeta español Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe también un poeta, esta vez de Iberoamérica. Se premia a la poesía entonces, "que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa" para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en "Viaje del Parnaso", "puede pintar en la mitad del día la noche, y en la noche más escura el alba bella que las perlas cría... Es de ingenio tan vivo y admirable que a veces toca en puntos que suspenden, por tener no se qué de inescrutable". A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos "Dürftiger Zeite", estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderin preguntándose "Wozu Dichter", para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de 5 años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza?
Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte. Safo habló del bello huerto en el que "un agua fresca rumorea entre las ramas de los manzanos, todo el lugar sombreado por las rosas y del ramaje tembloroso el sueño descendía", Mallarmé conoció la desnudez de los sueños dispersos, Santa Teresa recogía las imágenes y los fantasmas de los objetos que mueven apetitos, San Juan bebió el vino de amor que sólo una copa sirve, Cavalcanti vio a la mujer que hacía temblar de claridad el aire, Hildegarda de Bingen lloró las suaves lágrimas de la compunción, y tanta belleza cargada de másvida causa el temblor de todo el ser. ¿No será la palabra poética el sueño de otro sueño?

Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino "que no es sino morir muchas veces", comprobaba Teresa de Avila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra "desaparecido" es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo. Lo leí por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo después de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares. Me acuciaba una pregunta: ¿cómo habrá sido el hombre, don Miguel? Conocía su vida de pobreza y sufrimiento, sus cárceles, su cautiverio en Argel, su Lepanto, los intentos fallidos de mejorar su suerte. Pero él, ¿quién era? Releía el autorretrato que trazó en el prólogo de las Novelas Ejemplares: "Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada", que nada me decía, salvo la mención de sus "alegres ojos". Comprendí entonces que él era en su escritura. Me interno en ella y aún hoy creo a veces escuchar sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. Sólo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma.

Declaro que, en verdad. quise recorrer ante ustedes, con ustedes, los trabajos de Persiles y Sigismunda, o la locura quebradiza del licenciado Vidriera, o compartir la nueva admiración y la nueva maravilla del coloquio de los perros, o el combate verdaderamente ejemplar entre los poetas malos y los buenos que tiene lugar en "Viaje del Parnaso" y en el que cualquier buen poeta podía caer herido por un pésimo soneto bien arrojado. Pero tal como la lámpara alimentada a querosén que los campesinos de mi país encienden a la noche y alrededor de la cual se sientan a cenar, cuando hay, y luego a leer, cuando hay y cuando hay ganas, y a la que mosquitos y otros seres alados acuden ciegos de luz y la calor los mata, así yo, encandilado por don Alonso Quijano, no puedo sustraerme a su fulgor.

Muchas plumas hondas y brillantes han explorado los rincones del gran libro. Por eso, parafraseando al autor, declaro sin ironía alguna que, con seguridad, este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. Sólo hablo como lector devoto de Cervantes, pero quién puede describir los territorios del asombro. Con mucha suerte y perspicacia, es posible apenas sentarse a la sombra de lo que siempre calla.

Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos. Cervantes inventó la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novedades posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las características de la novela moderna, éstas: "el espacio, el vacío, la muerte, la transgresión, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto", uno se pregunta ¿qué? ¿No existe todo eso, y más, en la escritura de Cervantes?

Su modernidad no se limita a un singular universo literario. La más humana es un espejo en el que podemos aún mirarnos sin deformaciones en este siglo XXI. Dice Don Quijote: "Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merecía gozar luengos siglos".

Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne inútil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias públicas y organizadas que presidía el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras. Y qué decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, dijo. Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.

Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para
todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¿Y acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a los flacos y menesterosos? ¿Luchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¿Despanzurrando odres de vino en vez de enfrentar a los dueños del dolor ajeno? ¿"En este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos -dice Sancho-, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería"?

He celebrado hace dos años, con ocasión de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mi llegada a una España que no acepta las aventuras bélicas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas. Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.

Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.

Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. "¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!", exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.

Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular.

Pero volviendo a algunos párrafos atrás: hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque "esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso". Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran "lastimándolo" desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice "siempre mañana y nunca mañanamos" agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.

Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: "[...] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotección". Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.