Es una colección de once textos rescatados de los papeles del poeta más de cincuenta años después de su fusilamiento por parte de las tropas de Francisco Franco.
AY VOZ SECRETA DEL AMOR OSCURO
¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!
¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡Ay perro en corazón, voz perseguida,
silencio sin confín, lirio maduro!
Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.
¡Dejo el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!
EL POETA DICE LA VERDAD
Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores,
con un puñal, con besos y contigo.
Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.
Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.
Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.
SONETO GONGORINO EN QUE EL POETA MANDA A SU AMOR UNA PALOMA
Este pichón del Turia que te mando,
de dulces ojos y de blanca pluma,
sobre laurel de Grecia vierte y suma
llama lenta de amor do estoy parando.
Su cándida virtud, su cuello blando,
en limo doble de caliente espuma,
con un temblor de escarcha, perla y bruma
la ausencia de tu boca está marcando.
Pasa la mano sobre su blancura
y verás qué nevada melodía
esparce en copos sobre tu hermosura.
Así mi corazón de noche y día,
preso en la cárcel del amor oscura,
llora sin verte su melancolía.
LLAGAS DE AMOR
Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.
Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.
Son guirnalda de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.
Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.
SONETO DE LA GUIRNALDA DE LAS ROSAS
¡Esa guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero!
¡Teje deprisa! ¡Cantal ¡Gime! ¡Canta!
Que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de enero.
Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.
Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados,
bebe en muslo de miel sangre vertida.
Pronto ¡prontol! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.
EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA
Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal, la piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena noche
del alma para siempre oscura.
SONETO DE LA DULCE QUEJA
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas, y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío.
No me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi Otoño enajenado.
NOCHE DEL AMOR INSOMNE
Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena
Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.
La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.
Y el sol entró por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado.
EL POETA PREGUNTA A SU AMOR POR LA CIUDAD ENCANTADA DE CUENCA
¿Te gustó la ciudad que gota a gota
labró el agua en el centro de los pinos?
¿Viste sueños y rostros y caminos
y muros de dolor que el aire azota?
¿Viste la grieta azul de luna rota
que el Júcar moja de cristal y trinos?
¿Han besado tus dedos los espinos
que coronan de amor piedra remota?
Te acordaste de mí cuando subías
al silencio que sufre la serpiente,
prisionera de grillos y de umbrías?
¿No viste por el aire transparente
una dalia de penas y alegrías
que te mandó mi corazón caliente?
EL AMOR DUERME EN EL PECHO DEL POETA
Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.
Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.
Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.
Pero sigue durmiendo, vida mía.
Oye mi sangre rota en los violines.
¡Mira que nos acechan todavía!
EL POETA HABLA POR TELÉFONO CON EL AMOR
Tu voz regó la duna de mi pecho
en la dulce cabina de madera.
Por el sur de mis pies fue primavera
y al norte de mi frente flor de helecho.
Pino de luz por el espacio estrecho
cantó sin alborada y sementera
y mi llanto prendió por vez primera
coronas de esperanza por el techo.
Dulce y lejana voz por mí vertida.
Dulce y lejana voz por mí gustada.
Lejana y dulce voz amortecida.
Lejana como oscura corza herida.
Dulce como un sollozo en la nevada.
¡Lejana y dulce en tuétano metida!
Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-Granada 1936). Uno de los poetas más claros de la lengua castellana, y uno de los más altos en el universo. Fue un poeta de tiempo completo: su concepción de duende explica cómo la poesía lo atravesaba y atravesaba su existencia. Estos “sonetos de amor oscuro” fueron escritos en 1935 mientras García Lorca mantenía una tormentosa relación amorosa con Rafael Rodriguez Rapún. El manuscrito fue ocultado a tal punto que nunca apareció en las ediciones de la obra completa publicadas por Aguilar y realizadas por Jorge Guillén y Pedro Salinas. Su familia tampoco estuvo interesada en su difusión debido al carácter explícito del amor homosexual. Se publicaron recién en la primera década del siglo XXI.
martes, 1 de abril de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
Juan Gelman: el universo desnudo
Nota de Horacio Verbitsky en Página 13 del 2 de febrero de 2014
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-239002-2014-02-02.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-239002-2014-02-02.html
Etiquetas:
juan gelman,
montoneros,
poesía argentina,
política
jueves, 2 de enero de 2014
martes, 31 de diciembre de 2013
domingo, 29 de diciembre de 2013
Itálicas, por Giuseppe Ungaretti
Perfume de algas
Ahora sueño al percibir otra vez el perfume de las algas de este mar. Un perfume único en el mundo. Su frescura punzante aquí es enorme, como la náusea que la acompaña.
Alejandro Magno
“¿Por qué esos hombres escarban como hormigas bajo esa mezquita, en tumbas de santones y bajás en todas esas galerías?”
“Buscan la sema donde Alejandro Magno recibió su sepultura y honores como un dios”.
Quizá no regrese a la luz, en su féretro de cristal, el cuerpo embalsamado del venturoso monarca; pero esta ciudad que él erigió sobre la arena fue, durante nueve siglos, la caldera en que se consumieron y fundieron los sueños de Oriente y Occidente. El hecho de sacarla a la luz es algo que merece toda la veneración en siglos venideros.
Alejandro, lleno de ceñuda gracia sobre el ímpetu del caballo, como puede verse en antiguas figuras, de los veinte a los treinta y tres años de su rápida existencia, realizó prodigios, y siempre lo he admirado como el modelo de la juventud.
Nació cuando comenzaba a propagarse la idea de que ser griego no dependía de la sangre sino de la educación; cuando corría la voz de que digno de llamarse griego era quien, en virtud de sentirse tal, demostraba ser hombre verdadero al colocar su dignidad en la plenitud humana. Nació cuando surgía el helenismo, esa corriente de ideas que impelía al griego a sentir su misión no como algo municipal sino universal. El discípulo de Aristóteles también era fruto de una tierra a la antigua.
A Filipo, su padre –del cual fue heredero a los veinte años de edad-, debió el ordenamiento rural de la Macedonia, de la que fue rey, y la lúcida energía que impuso al comando en la guerra de los demás estados griegos, presa ya de las discordias civiles. Olimpia, su madre, era de sangre furibunda: portaba como collar una serpiente viva. Era natural que Alejandro no pudiese concebir la idea del helenismo, que también la animaba, sino mediante una fantasía homérica.
Basta echar una ojeada a un mapa para medir la vastedad de su aventura, la primera grande de Occidente. Empleando los nombres actuales, ésta incluía Egipto y Cirenaica; en Asia Menor, Siria, Palestina, Armenia, Kurdistán, Mesopotamia, Persia, Bujara, Afganistán y Beluchistán. Cruzó el Indo.
El imperio se desmembra al morir Alejandro; pero no cesa, en vastas zonas, el dominio helénico; y no cesa lo que habría de tener consecuencias memorables incluso en la India: la prosecución espiritual de la aventura. Se establece una prolongada convivencia de la civilización europea con varios mundos orientales, una lenta corrupción de pensamientos y de formas que renovaría el mundo.
Se ha dicho que Alejandría fue la caldera donde el complejo tormento antiguo alcanzó la solución. Y por muchas razones. En principio, me parece, porque Alejandría se convirtió en el puerto del mundo; por surgir más acá del umbral de Egipto, en cierto sentido, Alejandría no formaba parte de Egipto. Ciudad extranjera, distante del Nilo, Egipto es un oasis cerrado. La suya fue una civilización singular, que recibió de la naturaleza y pidió al arte todas las precauciones para permanecer impenetrable en torno de su río.
En defensa del espíritu griego
Bajo el dominio de Ptolomeo Sotero, el primero de los Lagidas, muerto Alejandro, el espíritu griego se instaló en Alejandría con todas sus armas. Un espíritu ya declinante, pero armado con todos los recursos a los cuales recurre el espíritu cuando el instinto va apagándose. Puede decirse aún más: que por primera vez en Alejandría se organiza un espíritu para no dejarse abatir por la pobreza de la sangre. Aquí se osó desafiar incluso el sentimiento religioso; aquí comenzó la práctica de la anatomía y las ciencias tuvieron su primer desarrollo positivo. Alejandría vio nacer el espíritu crítico. Fue la ciudad de los proto-profesores. Los astrónomos, los poetas, los gramáticos, los filósofos y los historiadores que en el Museo –“la jaula de las Musas”, como lo llamaban entonces con sarcasmo- hacían vida en común a expensas del monarca y constituyen la primera universidad profana de que se tenga memoria. Realizaron la primera edición rudita de las obras de Homero; recogieron sistemáticamente los textos de la literatura griega; compilaron en 120 libros el catálogo general de la biblioteca, dirigida por el poeta Calimaco, clasificando las 700 mil obras que contenía, por orden de género y, los muy modestos, por origen de mérito. El espíritu griego organizó bien su defensa.
Sin embargo, apenas treinta años después de la muerte de Alejandro, Teócrito, poeta de moda en la corte de Filadelfo, reduce el soplo dórico de su Siracusa en figuras frívolas y mordaces. Y la Sicilia de los bueyes del sol, de la feliz visión homérica, de la verdad natural después de los engaños de la naturaleza, es para Teócrito una cosa nostálgica, una Sicilia bucólica. El arte, en medio de tanta sintaxis y métrica, ¿es ya puro juego?
Euclides demuestra, en la escuela que formó al ser llamado por Sotero, que de la forma de las cosas ya sólo es posible recabar argumentos para fijar la ley de las relaciones. ¿Problemas y juegos de lógica? ¿La filosofía es solamente elocuencia de geómetras?
Júpiter burlón
Este espíritu precioso, elegante y cincelador, que se irrita de su ligereza y pedantería, de la brevedad de los mundos que, por su impaciencia, cambian cada cinco minutos y es árbitro del gusto en el mundo; por el corte de los vestidos, por ungüentos y juguetes; por la gulosidad y las agudezas del placer amoroso, las indagaciones intelectuales, las formas e la fantasía y las novedades; este espíritu tan apegado a la vida –y en todo Egipto surgen gimnasios y estadios para los griegos; hasta las mujeres tienen un cuerpo efébico, como podemos verlo en las figuritas de terracota del Museo Greco-Romano de este municipio-. Este espíritu no se halla lejos de entonar las alabanzas de la muerte.
El clero egipcio puede subordinarse a los Lagidas; los Lagidas se hacen consagrar como faraones y casarse, de acuerdo con la costumbre egipcia, con cercanos consanguíneos, para mantener la pureza de la casta. El pueblo egipcio se mantiene encerrado en sí mismo y se subleva cuando puede.
Los Lagidas pueden ir aún más lejos: inventan un dios para Egipto y lo instalan como jefe del panteón egipcio. Y el dios Serapis querrá parecerse al Osor-Apis, a la idea pura, colectiva, de los toros sagrados, de los Apis muertos en el reino de Osiris, el cual es la eternidad de la muerte. Oh, Serapis. En los museos lo vemos con una barba florecida, con labios carnosos que tanto saben y una frente que parece sabia y oculta en el infierno; es un Júpiter burlón, un hombre sensual, un loco de su tiempo. El nuevo ídolo representa a Dionisos, a la existencia apresurada, a Zeus omnipotente, pero también al Hades y a una especie de esculapio curador, fusión de vida y muerte con lo eterno, piadoso ante la enfermedad. Comienza a manifestarse la conversión de los griegos. Ya medita acerca de la muerte; la vida y la enfermedad se unen en su inquietud. Comienza a cantar la debilidad y la miseria de la vida quien antes la miraba en la fuerza y en la hermosura.
Muerte y eternidad
La leyenda reza que, antes de la fundación de Alejandría, ya existían Egipto, Moisés, los etruscos, Pitágoras y Platón. Es posible. Pero en los etruscos el sentimiento de la muerte se manifiesta con horror: desde el nacimiento anhelaban, con horrenda complacencia, la llegada de los gusanos. Distinto sentimiento encontramos en el puño cerrado, en la gravedad de la desnudez y en la actitud decidida a no ceder de los faraones. Es posible que la contemplación de los templos construidos minuciosamente para no acabar, que esa perfección y esa armonía definitivas hayan sugerido a los griegos la idea del número y la mística del número: la perfección conmovedora, la estética. Pero al labrar los planos de las piedras duras de sus desiertos, en un aprendizaje milenario, de padre a hijo, dedicados por generaciones al mismo arte hasta alcanzar un estilo preciso, respetuoso en milésimas de milímetro, que jamás volverá a alcanzarse, todo este esfuerzo de los egipcios tiene la intención de asegurar la eternidad de la tumba. Y también su nominalismo –que quizá impresionó a Platón y animó la metafísica griega-, al poner tanto cuidado en la resistencia de un nombre esculpido y en su evocadora duración entre los vivos, pone de manifiesto la muerte, el umbral de lo eterno. Con su nominalismo, ellos debieron pensar que una persona o una cosa encarna, materializa una idea eterna, es nombre particular, símbolo momentáneo de una idea eterna; y al hacer imperecedero este nombre particular, una persona o una cosa resultan eternamente vivas, evocables para siempre. Le dieron un inmenso valor a la potencia de la palabra, a la magia. Ahora bien, si los griegos obtuvieron perfección y armonía del número, fue para aprehender perfección y armonía en la existencia, no sin amargura para la juventud, momento que no dura. Tuvieron el sentimiento trágico de la vida, pero en el cuerpo vivo pusieron todo cuidado, todo temor de desmesura estival. Si el misterio es rozado en Platón y, por lo poco que sabemos, en Pitágoras, lo es para hacer más sereno y menos ilusorio nuestro paso en esta tierra, o para que las sensaciones resulten más intensas y resonantes en la contemplación.
El último paso hacia el cristianismo
En fin, es posible que Moisés haya tenido en Egipto la intuición de una teología y de una moral. Ante la justicia, en el reino de la muerte; ante Osiris, Señor de la Muerte, el egipcio declara haberse abstenido siempre de cometer culpas semejantes a las que aparecen en el Decálogo. Por ende, la idea de codificar esas leyes de la conciencia es también una idea egipcia. Y Jehová se parece un poco a Osiris. Y es posible que la idea del Pueblo Elegido sea también una intuición tenida en Egipto. Pero el dios hebreo no es imaginable. Con su soplo tremendo arideció al hombre, por una culpa original que debe ser expiada. La expiación será la larga ausencia del Eterno, el Eterno inimaginable. Y cuando sea expiada, el Pueblo Elegido recuperará la felicidad y el Paraíso volverá a ser terrestre. El hebreo anhela la felicidad terrenal; el egipcio anhela la eternidad por medio de la tumba, y conoce sus figuras.
Los hebreos eran numerosos en Alejandría y ocupaba un vasto sector. Muchos de ellos ignoraban la lengua materna y sólo hablaban el griego. Setenta de ellos tradujeron la Biblia. Muchos de ellos eran doctores. Neoplatónicos muy sutiles. De las ocultas doctrinas del Nilo y el racional espíritu griego surgieron las sectas hebraicas que fueron el último paso hacia el cristianismo. Está por anunciarse el trascendente te ipsum. El hombre está a punto de superarse a sí mismo.
Como prefigurando el cristianismo, existía la figura de Osiris, que vivió y murió como mártir por causa de un hermano, que resucitó gracias a la piedad de la naturaleza misteriosa, la hermana y mujer Isis, innumerablemente velada. Pero resucitó en la Eternidad como Rey de la Muerte, de la vida verdadera, la eterna. Y de Isis tuvo un hijo, Horus, sol y halcón, el espíritu eterno.
Etiquetas:
alejandría,
giuseppe,
ungaretti,
viajes
martes, 22 de octubre de 2013
Discurso de Sergio Ramírez en la inauguración del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, en Panamá
"Es nuestra lengua mojada"

Discurso en el acto de inauguración del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, dedicado a «El español en el libro». Panamá, 20 de octubre de 2013. Tomado del blog lapereza.blogspot.com.
Siempre me ha intrigado saber lo que es sentirse escritor de una lengua que tiene el país por cárcel, una lengua que no se habla más allá de las propias fronteras. Claro que el tamaño de una lengua no se mide por sus límites geográficos, ni creo que haya lenguas pequeñas. Todas tienen sus propios registros mágicos e inmensas posibilidades literarias, pero éstas de las que hablo son lenguas hacia adentro.
No sé lo que es vivir en uno de esos espacios verbales cerrados. Hay escritores que desde allí, desde esos compartimentos, se han trasplantado a alguna de las grandes lenguas europeas, como el gran escritor Milán Kundera, que ahora escribe en francés, y no en checo. Pero para mí, una renuncia semejante significaría alejarme de la casa de la infancia por siempre clausurada, desde donde me llegan las voces que un día aprendí para siempre.
Son escritores que dejan de escribir en la lengua en que nacieron, y con la que nacieron, bajo un sentimiento de asfixia. El sentimiento de que su voz se escucha de cerca, pero no de lejos, de por medio o no la traición de las traducciones. Y no puedo verlo sino como una dolorosa mutilación, como la que se practicaba a los castrati en el siglo diecisiete, que ganaban así una nueva voz, pero perdían para siempre la propia. Mutilarse para sobrevivir. Pero peor que la castración es la deslenguación, la lengua extirpada, desde su arranque y raíz.
Etiquetas:
congreso de la lengua,
discurso,
sergio ramírez
jueves, 3 de octubre de 2013
Creer o reventar: poesía a dos voces
por Gerardo Burton
Dos voces, una voz, dos voces. Creer o reventar, un diálogo poético pop en el escenario de la religiosidad popular, donde pululan los santos que jamás llegan a los altares de la ortodoxia y por eso quedan, sobre todo, a los costados de las rutas poblados de exvotos.
Las botellas de la Difunta; los paños rojos del Gauchito, las canciones de Gilda y el desparpajo de estar en el margen, cultivarlo y no abandonarlo jamás. Así son los poemas que Ro Olivero y Carina Rita (Medina de apellido, casi un emblema de cumbia su nombre) profieren dos voces, con dos lenguas que horadan con palabras y cantos la normalidad y las convenciones.
En algunos casos, parece la cachada tanguera; en otros, la sorna del que calma su angustia con cerveza o en una hinchada futbolera, el uso irónico de lemas, consignas, símbolos, imágenes e íconos. Y siempre la salida luminosa que busca el giro certero. Tienen los poemas la amargura de lo que no se dará jamás, por mayor que sea la esperanza, pero también la firme convicción en la palabra. Por eso muchas veces los poemas rematan con esa manera directa de los adolescentes de encarar los problemas y sus propios dilemas. Saben que lo único seguro es que no hay finales felices, al menos no en la poesía. Pero los textos tienen un sabor, dejan un sabor. “Creer o reventar” es una manera de gozar de (con) la poesía.
Dos textos:
de culo al mundo
así vine
así me quedo
y así me iré
con esa foto de mi culo
sobre el cajón
lo único que por unanimidad
se ha elogiado de mi persona
digo
Poesía involuntaria Pop
Tengo un pin de la Difunta
una remera
me mandé a estampar un vestido
¿Volveré y seré remeras?
capitalismo absurdo
consumo desleal
irrespetuoso
Creer o reventar, por Ro Olivero y Carina Rita, Bs.As., El suri porfiado, 2013.
Dos voces, una voz, dos voces. Creer o reventar, un diálogo poético pop en el escenario de la religiosidad popular, donde pululan los santos que jamás llegan a los altares de la ortodoxia y por eso quedan, sobre todo, a los costados de las rutas poblados de exvotos.
Las botellas de la Difunta; los paños rojos del Gauchito, las canciones de Gilda y el desparpajo de estar en el margen, cultivarlo y no abandonarlo jamás. Así son los poemas que Ro Olivero y Carina Rita (Medina de apellido, casi un emblema de cumbia su nombre) profieren dos voces, con dos lenguas que horadan con palabras y cantos la normalidad y las convenciones.
En algunos casos, parece la cachada tanguera; en otros, la sorna del que calma su angustia con cerveza o en una hinchada futbolera, el uso irónico de lemas, consignas, símbolos, imágenes e íconos. Y siempre la salida luminosa que busca el giro certero. Tienen los poemas la amargura de lo que no se dará jamás, por mayor que sea la esperanza, pero también la firme convicción en la palabra. Por eso muchas veces los poemas rematan con esa manera directa de los adolescentes de encarar los problemas y sus propios dilemas. Saben que lo único seguro es que no hay finales felices, al menos no en la poesía. Pero los textos tienen un sabor, dejan un sabor. “Creer o reventar” es una manera de gozar de (con) la poesía.
Dos textos:
de culo al mundo
así vine
así me quedo
y así me iré
con esa foto de mi culo
sobre el cajón
lo único que por unanimidad
se ha elogiado de mi persona
digo
Poesía involuntaria Pop
Tengo un pin de la Difunta
una remera
me mandé a estampar un vestido
¿Volveré y seré remeras?
capitalismo absurdo
consumo desleal
irrespetuoso
Creer o reventar, por Ro Olivero y Carina Rita, Bs.As., El suri porfiado, 2013.
Etiquetas:
carina rita medina,
el suri porfiado,
poesía patagónica,
ro olivero
Suscribirse a:
Entradas (Atom)