Segunda parte del muestrario de poemas para pasar la cuarentena. Otra vez, la elección fue sumamente aleatoria, esta vez de libros de una biblioteca y de redes sociales. Lo virtual y lo material se entrecruzan, como el virus y los cuerpos. Volveremos a las calles. Tratemos de volver mejores. Salute
Para desentrañar el camino,
sólo se necesita un cuerpo, dos cuerpos
que escuchen y digan, que digan y escuchen
que se amen en el sentido del no-amor,
del no-cuerpo, de la no-caricia, de la no religión.
Flor Codagnone, Mudas
¿Y quién sabrá
si tus sueños con flores caen al olvido,
qué cosa es
esta maceta pobre en la ventana
tratando de esperar la primavera?
Valeria Pariso, Trizas
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sábado, 11 de abril de 2020
viernes, 22 de abril de 2016
Epístola a Allen Ginsberg, por Victorio Veronese
| Victorio Veronese en la Biblioteca Nacional, 2014 |
Judío, puto, drogadicto, excomunista:
Releo EL LEÓN DE VERDAD, lo releo sobre el colectivo 59,
que avanza a paso de hombre por la 9 de Julio.
No sé por qué, anoche, mientras leía EL LEON DE VERDAD,
confundía al león con un elefante. No sé por qué mierda,
el león era un elefante, ahora no lo es, ahora es un león,
un león de verdad, todos los leones son de verdad,
también el tuyo, y no estoy borracho ni drogado,
mi química corporal-mental no necesita estímulo ajeno
para ver o no, superar o no, esta realidad que me rodea
como la reverendísima concha de mi madre.
Anoche el león, mejor dicho el elefante,
porque anoche era un elefante, no estaba en mi habitación,
ahora tampoco el león está sobre el 59,
tampoco está en la habitación de Jorge Smerling,
en la habitación de Smerling no hay lugar ni para un caniche,
menos para un león, y mucho menos para un elefante,
está llena de bolsas negras de consorcio,
éstas, a su vez, están llenas de poemas y cartas
poemas de él, como Ella, La Job, y de cartas que le envían
y rara vez responde. Yo le digo que es un ser antisocial,
pero no es antisocial, es un animal poético como vos,
un místico salvaje como el otro, el de Charleville,
pero eso no le da derecho a hacer lo que hace con sus poemas,
los poetas no debemos ser maltratadores de poemas, para eso están: los nazis-fascistas-estalinistas-lobbistas-bonistas-etc-etc.
¿Por qué digo todo esto? ¿Por qué no lo voy a decir’?
También voy a decir que el recital de CALLEJEROS,
en la República Cromañón, la corrupción y la indiferencia
-“Prefiero ser engañado a ser indiferente”-,
quemaron y asfixiaron a doscientos pibes.
En ese boliche de mierda todo estaba para la mierda,
todo estaba dispuesto para que suceda lo que sucedió.
Mi vecino A, que desde hace unos días está veraneando en el Tigre,
instaló el gas y la luz eléctrica para que suceda
algo semejante a lo de Cromañón o la AMIA;
en mi casa no vamos a morir tantos como en la AMIA
o como en Cromañón, será por eso que mi vecino canta:
“¡Chabón, chabón aburridooo como un chabón,
escribís poesíaaa como un chabón!”,
pero él no tiene la más porno-idea
que es un Chabán en potencia y nos llevará a la muerte,
después de atravesar todos los círculos del Infierno,
pero va a ser un infierno sin importancia, mi querido “bo-bo”,
eso lo saben el Jefe de Gobierno
el Jefe de Bomberos
el Director de Defensa Civil
el Comisario de la 43
todos los canas de la 43
todos los inspectores y el Jefe de todos los inspectores.
También lo saben los fieles de Cristo Sacerdote,
el único que no lo sabe es Dios.
Querido “bo-bo”, no podré escapar por la escalera de incendio,
porque no tengo escalera de incendio, por lo tanto,
no veré a ninguna estenógrafa arrancarse los pelos
y cerrar de un golpe la ventana, tampoco tengo ventana,
apenas si tengo puerta y un miserable catre donde apoyar mis huesos.
Allen querido, soy casi un indigente,
lo dice lo estadística de la hermana del Presidente
y también la estadística de Entre Ríos 1492,
allí piadosas asistentes sociales, en el 2004 me dieron 600 pesos ,
unos 200 dólares en unos 180 días,
algo así como un dólar y centavos por día.
Tienen razón Allen, para qué necesito más, si no fumo.
¿Un tipo como yo qué pretende? ¿Trabajar?
¿Y que le paguen por trabajar? Eso no es serio.
Nosotros sabemos quiénes son serios:
los de la revista Time y los del matutino La Nación;
ellos siempre nos hablan de responsabilidad.
Los hombres de negocios son responsables, serios, no se ríen.
Todos los hombres de negocios son responsables,
pero vos y yo no somos hombres de negocios,
por lo tanto no somos responsables ni serios, y nos reímos, no debiéramos reírnos; hay que ser serios y responsables.
A vos la tapa del Time te miraba con fijeza
y vos te escabullías por la dulcería de la esquina,
a mí me miran con fijeza la tapa y los editoriales de La Nación
y en la esquina de mi casa no hay ninguna dulcería,
debe ser lindo tener una dulcería en la esquina de la casa,
más lindo que tener un león en una habitación,
tal vez no estés de acuerdo, preferís el león a los dulces,
yo prefiero los dulces, pero no vamos a discutir por eso.
Dejame que vuelva al matutino La Nación:
hace 14 años que pagan, por cada colaboración, 38 pesos y monedas,
eso es tener responsabilidad empresarial, seriedad empresarial,
nada de populismo ¡qué joder!. No vaya a ser que aparezca alguien
regalando pan dulce y sidra para fin de año,
es preferible que pasemos las Navidades sin pan dulce y sin sidra,
que tener ante nuestros ojos prácticas populistas.
¡Viva el hambre! ¡Abajo el populismo! ¡Muera el populismo!
¡Hambre sí, populismo no! ¡León sí, elefante no!
Si a vos no pudo ayudarte Reichiano, tu analista,
yo que no tengo analista, ni quiero, ¿quién carajo me va ayudar?
¿Euterpe? No creo en ella, la música me irrita, el populismo no.
Eso quiere decir que ellos tienen razón,
por lo tanto soy un reverendo hijo de puta ,
que tengo que reventar como un reverendo hijo de puta,
sólo como un reverendo hijo de puta, así no jodo más
y no mando cartas a La Nación defendiendo a los “salvajes piqueteros”,
y La Nación “por falta de espacio” no las publica,
cosa que entristece a Grondona, a Morales Solá,
y por qué no reconocerlo también a Aguinis,
debo ser justos con ellos Allen, con todos ellos,
también con don Julio Ramos quien dice que es falsa la opción:
pagar la deuda externa o asistir a los indigentes, tiene razón,
asistir a los indigentes es populismo, pagar la deuda externa es honrar nuestros compromisos y nuestra honra está por sobre el hambre de los hambrientos. Hay que respetar la escala de valores,
sino qué sería de nosotros y del mundo, el mundo que nos mira,
y ellos saben mirar, y también saben, y mucho, de escala de valores.
Allen, respetemos la Carta Magna, seamos comprensivos,
no se pueden cortar las rutas para pedir trabajo,
en realidad no se debe pedir trabajo,
eso más que populismo, es anarquismo
y vos y yo no podemos sumarnos a luchas irracionales y estériles,
debemos ir a tomar el té con nuestros lectores y lectoras a hoteles de cinco estrellas
y contarles, de primera mano, cómo nos viene la inspiración ,
y cómo a partir de ella, construimos nuestros poemas,
y bendecirlos como si fuéramos sacerdotes, en cierto modo lo somos,
sacerdotes de la Poesía, de Erato, la puta Erato,
porque no hay conchuda más grande que Erato,
tenemos que reconocerlo, aunque nos duela,
pero no nos duele, nos agrada y mucho.
Lo sé, a vos no pero a mí sí, las conchas me hacen muy feliz,
conocí conchas judías, católicas, ateas, pero nunca una musulmana,
¿qué querrá decir esto? ¿soy yo? ¿los musulmanes? ¿las musulmanas? ¿quién o quiénes serán los responsables de que esto sea así?
¿cómo se puede enmendar esta errata?
¿será una errata fundamentalista?
¿y si es una errata fundamentalista, qué debo hacer Allen?
¿seguir escribiéndote hasta que suceda algo
que me comunique con una concha musulmana?
No puedo irme de este mundo sin conocer una generosa,
noble, espléndida, magnífica, ardiente concha musulmana,
nadie debería irse de este mundo sin conocer una concha
musulmana,
musulmana,
musulmana …….
Allen ¿vos crees que Carl Solomon, estaba más loco que vos?
Es como pensar que estás más loco que yo, no creo, estoy seguro,
entre vos y yo la partida de la locura terminaría en tablas,
entre Carl y vos también sería tablas. Tablas. Tablas.
Entre el poder de hoy: la puta globalización,
la puta globalización y vos,
la puta globalización y yo,
la globalización nos hace inclinar el rey
o nos da jaque mate, es decir, nos suicidamos o nos matan.
Si nos matan les daremos más trabajo, pero también más placer,
ellos sienten placer por matar,
si nos suicidamos, no van a tener trabajo ni tanto placer;
Allen, en la vida no se puede tener todo,
nosotros lo sabemos, lo sabemos muy bien,
ellos no, pero alguna vez tendrán que resignar algo,
aunque ese algo sea esa cuota de placer
que le brinda al cristiano el hecho de matar
–porque son cristianos, no lo olvidemos-,
son raros los cristianos, todos somos raros,
pero los cristianos nos superan en rarezas,
mirá que hay que ser extraños para superarnos en rarezas,
muy extraños, y ellos lo son, ellos lo son.
Allen ¿me estás escuchando o no?
Allen ¿dónde mierda estás ahora?
¿Adónde van a parar los muertos?
Sos igual que Dios, no respondés,
todos los que mueren se convierten en Dios,
se llaman a silencio, hacen votos de silencio.
¡Que ganas de putearte tengo!
¿Cómo un tipo como vos se puede llamar a silencio?
¡No tenés derecho! ¡No tenés derecho!
Vos que le preguntabas al viejo Walt:
¿En que dirección apunta tu barba esta noche?
¿Qué carajo te importaba hacia donde apuntaba la barba de ese viejo marica? ¿Y porqué le preguntabas a ese otro marica de Federico
qué carajo hacía junto a las sandías?
Eras demasiado preguntón. Somos demasiado preguntones.
¿Sabés por qué? Porque vos creías en Dios y yo no.
Pero Dios existe. Está preso. En Japón. La orden partió de tu puto país
y a los japoneses les encanta cumplir las órdenes de tu puto país.
Entonces encarcelaron a Dios. Sí, encarcelaron a Dios.
No es la primera vez que tu puto país ordena encarcelar a Dios.
Enjaular a Dios, sólo para demostrar su puto poderío
y su absoluta falta de inteligencia y sensibilidad,
vos te acordás bien, estaba tan loco como nosotros.
¡No te permito que pienses que estaba más loco que nosotros!
Acordate cuando te hablé de la partida de la locura y las tablas,
sí, las tablas, la partida de la locura entre todos nosotros es tablas,
siempre será tablas, ¡cómo podés pensar que Ezra Pound
puede estar más loco que alguno de nosotros!
Artaud más loco que Pound o Solomon, no. ¡No!
Racedo dice que la locura es un ángulo partido,
un miedo triangular que escapa del último de los sueños cuando amanece,
quién nos dice que no tenga razón, y la locura sea una ventana al vértigo…
Hoy, 25 de enero de 2005, Dios una vez más está preso,
desde el 13 de julio pasado está preso,
vos lo conociste y seguramente lo amaste como al viejo Pound.
Hoy Dios se llama: Bobby Fischer.
Los hijos de puta de siempre lo tienen en una cárcel a 80 Km. de Tokio.
Todo porque Dios no quiso escupir un telegrama
que le envió la madre Teresa de Calcuta,
y escupió -como lo hubiéramos hecho Pound, vos y yo-
un puto telegrama que le envió el puto Departamento de Estado,
ese puto Departamento de Estado
que se cree con derecho a enviarle telegramas a Dios,
y que Dios cumpla con lo que le exige ese puto telegrama.
Merdoso judío nacido en Paterson,
ayer fue en Vietnam, donde creció la montaña de carne,
hoy es en Afganistán e Irak,
mañana dirigirán sus misiles hacia sí mismos,
se harán cojer por su propia bomba atómica,
y la montaña de carne crecerá en tu América;
esto será así mientras en la Casa Blanca no haya un caballero
que le chupe la concha a Condolezza Rice,
como ella merece, seguro que lo merece.
Creo que no la conociste, es una negra hija de puta,
nada más que una negra hija de puta,
vive haciendo discursos amenazadores, apocalípticos,
y todo porque en la maldita Casa Blanca
no hay un maldito caballero que se la coja.
Yo, que no soy un caballero, me ofrezco a cojerla
como un simple militante del populismo,
porque tengo un corazón descamisado.
Te puedo asegurar que la negra, después de la primera cojida
hace que regresen todos los marines a casa,
y los muchachos me lo agradecerán sinceramente
y la negra hija de puta también.
Nada de todo eso sucederá en el Salón Oval,
prefiero que todo ocurra en tu casa en Paterson,
aunque no sé cómo mierda es tu casa de Paterson,
ni sé dónde carajo queda Paterson, tampoco sé si tu casa existe,
pero si existe, tiene escalera de incendio y es importante,
muy importante te diría, porque le puedo chupar la concha,
en la escalera de incendio, de incendio,
para que tus vecinos presencien esa histórica escena,
como si fuéramos Romeo y Julieta en el balcón,
y comprueben que es posible lograr la ansiada paz en la tierra,
con sólo chuparle la concha a esa negra de mierda.
Allen, su culo correrá la misma suerte,
su culo de negra que no ama el jazz ni el blues, ni tu poesía,
¡cómo se puede vivir en este mundo sin amar tu poesía,
poesía nacida de tu alma abandonada por Dios!
Esta negra asesina, hija de puta, ama a Hitler igual que Bush,
lo que ella no sabe o no quiere saber:
es que el cabo de la cervecería de Munich jamás la amaría,
simplemente porque es negra,
tampoco se la cojería simplemente porque es negra.
Yo tampoco la amo, pero la cojería a esa negra turra
como la cojerían el Rufián melancólico, Ergueta, Erdosain,
y tal vez como se la cojería el pendejo Silvio Astier,
también me la cojería como el padre de Alejandra, Vidal Olmos,
sería una cojida con doble apellido, seguro que le encantaría,
también como el Marqués de Sade: flagelación y cera caliente,
como Henry Miller, con sombrero y rodeado por la familia Bush,
y ese otro negro de mierda Collin Powell,
y ese otro blanco de mierda Donald Runsfeld,
también delante de Bill e Hillary Clinton,
y delante de quien le apetezca: Fidel, Aznar, Zapatero, Vargas Llosa,
padre e hijo, dos liberales, simple y sencillamente dos liberales.
Quisiera que no falte nadie a tan alto ritual entre esa negra y yo.
No hago participar a mi madre no porque yo no quiera,
sino porque está muerta como la tuya,
y como la tuya tenía ojos de falta de dinero.
¡Qué terrible son los ojos de falta de dinero!
Condolezza Rice no tiene ojos de falta de dinero,
tiene ojos de arroz amargo, ojos de amenazar
a quienes tienen ojos de falta de dinero.
Aquí, en mi país, Allen, también amenazan
a quienes tienen ojos de falta de dinero,
aquí, en mi país, Allen, hay quienes rebajan sueldos,
jubilaciones y pensiones a los trabajadores,
con un talento digno de unos ojos que no padecen falta de dinero,
pero hasta ahora no ví a ninguno con un talento digno
de bajarles megaganancias e hiperganancias a las multinacionales,
alguien con talento para decirle a los boys del FMI: ¡Basta! ¡Váyanse a la mierda! ¡A la reverendísima mierda!
xyxy
Seguramente llegarías a la misma conclusión que yo:
a esos victoriosos personajes les encanta cojerse a los pobres,
y les alegra ser cojidos por los ricos e hiperricos.
El talento también tiene sus debilidades.
Allen, a nadie se le ocurriría fusilar a un hombre de negocios.
Los hombres de negocios son serios, responsables.
Nosotros no somos responsables ni serios, escribimos poesía,
tendríamos que avergonzarnos, pero no nos avergonzamos,
tendríamos que sentar cabeza, pero no sentamos cabeza,
seguimos escribiendo poesía, poesía.
Te das cuenta para qué nos sirve la poesía,
para convertimos en individuos irresponsables,
por eso nos encierran en manicomios y en cárceles,
o se nos fusila sumariamente. Sumariamente.
¿Vos creés que alguna vez fusilarán a personajes como Condolezza?
No, jamás la fusilarán, tampoco terminará sus días en un manicomio,
ni siquiera en una cárcel VIP. Y menos en una jaula.
La revista Time y el matutino La Nación no lo permitirían,
jamás permitirían fusilar o encarcelar la responsabilidad,
por eso nos encarcelan y fusilan a nosotros,
porque la responsabilidad y la seriedad
no andan por el mundo con dos dólares y veintisiete centavos,
vos el 17 de enero de 1956 andabas con esa suma en los bolsillos,
tenías que ser castigado por eso, y fuiste castigado por eso,
también yo soy castigado por eso,
todos los que andan con dos dólares y veintisiete centavos,
sean o no poetas, deben ser castigados y son castigados con más miseria,
con mucha más miseria, por eso tu madre fue castigada,
no por tener ojos de Rusia, por tener ojos de falta de dinero,
no ojos de mar, de cielo, es hermoso tener ojos de cielo o de mar,
es hermosa la naturaleza del mar, es hermosa la naturaleza del cielo,
son hermosos el azul del mar y el azul del cielo y el amarillo del cielo
y el verde del mar y el celeste del mar y el celeste del cielo,
pero no son hermosos los ojos de falta de dinero.
Tu madre tenía ojos de falta de dinero.
Mi madre tenía ojos de falta de dinero.
Tu madre tenía ojos de Rusia.
Mi madre tenía ojos de Calabria.
Pero eso no les importa a los de la revista Time,
ni a los del matutino La Nación,
ni a los de la elegante revistita dominical de La Nación,
tampoco quieren saberlo, su Dios no se lo permite,
pero sí lo sabían Kerouac y vos, y lo sé yo.
Allen, jamás voy a escribir un Kadish para mi madre.
Jamás voy a escribir un Kadish para ninguna madre,
que tenga ojos de falta de dinero,
vos lo escribiste y lo volverías a escribir:
con un largo adiós y un largo par de zapatos negros,
y le volverías a preguntar porque eras demasiado preguntón:
¡Oh madre, qué cosas me olvidé!
Yo no tengo nada que preguntarle a mi madre,
nunca tuve nada que preguntarle
pero les preguntaría a los hijos de puta de siempre:
por Giordano Bruno,
Tupac Amaru,
Federico,
por el general Valle,
por Cogorno,
por los fusilados en León Suárez,
por todo lo que le hicieron al cadáver de Evita,
por las manos que le cortaron al cadáver de Perón,
por los vuelos de la muerte,
por la ESMA,
por la Isla del Silencio,
el Olimpo,
por el Pozo de Banfield,
por todas las mujeres y los hombres con ojos de falta de dinero.
Allen, parece que se puede creer en Dios,
en el 16 de septiembre, en el 24 de Marzo,
en Bush, en Condolezza Rice, en Donald Runsfeld,
pero no en el 17 de Octubre, no en el 17 de Octubre.
Allen, la mecánica del pensamiento liberal es subyugante:
admisión-compresión-explosión-escape:
avanza por el cigüeñal, el árbol de leva, los pistones, los cilindros,
las camisas de los cilindros, los aros de los cilindros, por bielas,
vástagos y botadores, a lo largo y a lo ancho del bloque,
por el radiador, por los canales de refrigeración, la bomba de nafta,
a través del cardán hasta el diferencial con sus planetarios
y sus satélites, y se aferran al volante, al cinturón de seguridad,
al parabrisas, al limpiaparabrisas, a las luces del tablero,
al asiento trasero, a la luneta, a las ruedas de auxilio,
al cuentakilómetros, al acelerador, al freno de mano,
y así alcanzan la felicidad, ¡la felicidad!
Allen, yo no creo en ciertas fechas y en ciertos personajes,
creo en San Martín, que legó su sable a Rosas,
en Bolívar y en Manuelita Sáenz -la Insepulta de Paita-,
en Güemes y sus gauchos, en las patas en la Fuente,
en las setenta y ocho mil obras públicas,
del gobierno populista del General.
No creo en los directorios de Buenos Aires,
no creo en Posadas ni en Alvear.
Decime Allen Ginsberg, dónde mierda estabas en enero de l919,
fuera del mundo, tenías que estar en el mundo, en Buenos Aires ,
y en la Chacarita, te hubieran fusilado,
precisamente en el cementerio de la Chacarita.
Así hubieses vivido y muerto en la Semana Trágica.
Pero de eso no se habla, tampoco de los crímenes del maestro de América,
que mandaba a sus esbirros a degollar a sus adversarios políticos,
para meter miedo y así ganar elecciones;
pedagógicamente sostenía que al indígena
que no hablase español había que cortarle la lengua.
Allen, en la radio, en la TV, en los diarios, regularmente,
nos recuerdan que en las escuelas se enseñaba a leer
con La Razón de mi Vida, que Perón amenazó desde el Balcón:
¡Por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de ellos!
Pero el pelotudo no lo llevó a los hechos.
Lo cual hubiera sido un acto de Justicia Revolucionaria;
cada vez que tenía que profundizarla, el General se alejaba de la Revolución,
y cada vez que se alejaba de la Revolución, se alejaba del Pueblo;
todos los que se alejan de la Revolución se alejan de los Pueblos
y así quedan en las manos de los hijos de puta de siempre,
que sí hacen uso de todo su poder de fuego,
con toda la gracia que les brinda el liberalismo,
el puto liberalismo que no es otra cosa que el puto capitalismo civilizado.
CIVILIZACIÓN O BARBARIE.
Rojas ordenaba fusilar por gracia divina,
el capitán Gandhi ordenaba desenterrar cadáveres y decapitarlos
por gracia divina, ellos todo lo hacen por gracia divina,
por gracia divina hambrean a millones y millones de argentinos.
Videla también cumplía órdenes del cielo, igual que Aramburu,
igual que el general borracho que en nombre de Dios y la Patria
mandó a la muerte a cientos de jóvenes a esas Islas Lejanas,
olvidadas por septiembre, Islas nuestras, de piedras y mar austral,
sin sol ni amaneceres, Islas de piel fría, convocadas por el invierno.
¡Pobre Dios! Gracias a ellos tiene las manos manchadas de sangre….
Puto merdoso, por qué naciste el 3 de junio de 1926,
para que treinta años después te hagan comparecer ante la justicia por “obscenidad y atentado a las buenas costumbres”,
como al hijastro del general Aupick.
Decime puto merdoso ¿nunca llevarán ante los tribunales
a los que arrojan bombas atómicas, a los que propagan enfermedades entre aborígenes y no aborígenes? ¿Nunca?
Allen, estoy pensando en ella, todo el tiempo pienso en ella,
pero no te voy a decir quién es ella,
ella antes me pedía que le recitara a Baudelaire
y yo le recitaba a Baudelaire:
La muy amada estaba desnuda. Ella conoce
Mi corazón: lucía sus alhajas sonoras,
Semejantes a aquellas que nos brindan raro goce
En los cuerpos sumisos de las esclavas moras.
Ya no me pide que le recite a Baudelaire
y yo no le recito más a Baudelaire.
Allen, por mi Buenos Aires querido,
hay quienes se pasean poniendo a Churchill como ejemplo de ética,
pero Churchill se quedó con lo que no le correspondía:
el Premio Nobel de Literatura,
que a vos nunca te dieron, ni te darían así estuvieras vivo.
Allen, entro en la cocina para tomar un té,
y veo la pava de Studenezky presente, y el gordo está muerto,
también yo voy a morir y la pava seguirá presente.
Estoy tomando el té Allen, solo, no, con tu fantasma.
Allen, esa puta costumbre tuya de ponerle fecha
a todo lo que escribías, qué tenías con las fechas,
¿deseos de ahorrarle trabajo a tus futuros críticos?
A los críticos, a los profesores, a los fabricantes de autopartes
qué mierda les importa la fecha y el lugar donde escribiste
alguna de tus genialidades, tenías que dejarlos que se jodan,
que vayan a averiguar las menarcas de sus mamis.
Allen, tengo tres traducciones de algunos de tus trabajos,
son una mierda, no sé para qué carajo se meten con vos
si no les da el prepucio, tienen piel de niña que toma la primera comunión.
Como soy un analfabeto que odia el inglés no puedo leerte de primera mano,
entonces puteo, reputeo, me vuelvo más loco, todo por tu culpa
y por mi culpa, vos porque escribías en inglés
y yo porque no sé leer una puta sílaba de ese puto idioma,
ni quiero saber, me importa un carajo no saber inglés,
aunque me pierda leerte en tu propia lengua,
que debe ser como cojer con Marilyn.
Así es la puta realidad entre tu poesía y yo,
pésimos traductores, sumados a mi ignorancia del inglés,
se me hace más difícil que resolver un mate en dos de Ellerman
¿Quién es Ellerman? ¿A vos te importa saberlo? No.
Bueno, al que lea esto, si es que alguien lo lee,
que trabaje y que encuentre. Le deseo buena suerte.
¿Ves que no soy tan hijo de puta?
¿Por qué querías salvar al mundo con la Poesía?
¿Por qué la Poesía tiene que salvar al mundo?
¿Por qué el mundo se tiene que salvar?
La Duras dice que nunca escribió, creyendo que lo había hecho,
que nunca amó, creyendo que lo había hecho,
dice que lo único que hizo fue esperar ante una puerta cerrada,
-como nosotros -como nosotros -como vos y yo.
Vos fuiste comunista de joven y no te arrepentiste de serlo,
ella fue prostituta de chica y no se arrepintió de serlo.
¿Cómo podía creer Marguerite Duras, cómo podía creer
que el cuerpo de Héléne Lagonelle, ese cuerpo incomparable,
ese equilibrio entre estatura y pechos, entre piernas y pubis,
pudo haber sido creado por Dios?
Dios no creó a Héléne Lagonelle,
Dios no creó nada, ni a Adán ni a Eva
ni el Infierno ni el Paraíso, ni siquiera el Purgatorio.
La madre de la Duras también tenía ojos de falta de dinero.
Mi madre me escribía cartas donde me decía:
¿Qué andás haciendo solo por este mundo de Dios?
Cómo podía pensar que yo sabía qué estaba haciendo en este mundo,
qué podía saber un muchachito, qué carajo hacía en Génova,
en el puerto, donde viejas putas se ofrecían como viejas putas,
en el puerto de Nápoles también, como en todos los puertos.
En París no encontré a nadie de los que tenía que encontrar,
la dirección de la familia González, un marinero del Salta,
estaba equivocada, Jorge Lavelli había venido a Buenos Aires
y en su departamento había una chilena, con un bebé,
y no podía hacer nada por mí, porque al día siguiente
partía para Alemania. Al final terminé en un albergue para estudiantes,
allí me presentaron al Pibe, le decían así porque era argentino,
estaba estudiando hostelería en Madrid. Cuando fui a Madrid
lo fui a visitar, la escuela de hostelería de Franco era espectacular,
pero los franquistas fusilaron a Federico
y mi madre sabía que los franquistas fusilaron a Federico,
y yo no sabía qué andaba haciendo por este mundo, nunca lo supe.
El lugar de Africa que conocí era hermoso, muy hermoso,
el verde y los demás colores:
violeta-amarillo-rojo-celeste y otra vez el verde,
había mucho verde, jamás ví un verde tan hermoso,
pero mi madre no me preguntaba por el hermoso verde de África,
me preguntaba qué hacía solo por este mundo de Dios,
jamás el mundo fue de Dios, no le podía decir eso a mi madre,
no me entendería, o tal vez se lo dije y me entendió.
Tal vez mi madre me entendió a mí más de lo que yo la entendí a ella.
Me decía que yo me hacía el víctima para pasarla bien,
me decía que ella era la herida y yo me ponía la venda,
lo cual me pinta como cualquier hijo de cualquier madre.
Madrid es más señorial, pero a mí me gusta más Barcelona,
tiene puerto y en los puertos está la verdadera vida, la vida profunda,
vos lo sabés bien, no es lo mismo un marinero que un muchachito
que va a una escuela de hostelería, no es lo mismo una puta de puerto
que la puta que nos servía la mesa en un albergue estudiantil
a Roland Bergés y a mí, las putas de puerto no tienen nada de señora.
A vos nunca te gustó ser un señor, a mí tampoco,
y menos un marido, sería más derrotado de lo que soy
y haría muy desgraciada a mi esposa, ves que no soy tan hijo de puta.
¿Sabés lo que pasó en Argentina en Diciembre de 2001?
La gente salió a la calle a batir sus cacerolas de aluminio
y el Presidente huyó en helicóptero,
debe ser humillante para un liberal huir en helicóptero.
Allen, mi país está lleno de liberales, como el mundo;
hay uno que sostiene: que los indígenas se defienden mal.
Como soy tan hijo de puta como vos digo: se defienden como pueden,
ya sea en Bolivia como en Chiapas,
vos los conociste bien a los indios de Chiapas,
comían y comen tortillas sin vitaminas,
pero no conociste la mierda que escribe
el que sostiene que los indígenas se defienden mal,
se cree el Gardel de las letras argentinas
y el Sinatra de las letras del mundo;
Allen, por lo general estos personajes son más fascistas
que los que ellos acusan de camisas negras,
llevan el enano adentro con una gracia,
una simpatía que sólo el liberalismo les otorga,
por eso se reúnen con sus lectores en hoteles de cinco estrellas,
en tanto los indígenas se defienden mal, se defienden mal.
Allen, llevo conmigo y sinmigo un pequeño recorte de La Nación,
donde dice que Videla es el expresidente de facto,
Perón era “el tirano prófugo”, “el tirano prófugo”,
y La Nación fue, es y será tribuna de doctrina cívica,
con leer unas cartas de lectores se puede dar testimonio de ello.
Querido Allen, no recuerdo que su maldito suplemento cultural
te recuerde a menudo y tampoco a desmenudo,
me parece que estás en el Index de La Nación,
que debe ser como estar en el Index de la revista Time.
A vos te obsesionaba la revista Time, a mí el matutino La Nación,
y te repito: en la esquina de mi casa no hay ninguna dulcería;
además eras drogadicto, igual que Maradona,
y ellos no le tienen ninguna simpatía a Maradona,
ellos tienen simpatía por Martín Amis,
que denigra a Diego y a todos los argentinos,
dice que los argentinos no somos respetuosos de las leyes,
en el mismo momento que el ejército de su Graciosa Majestad
hace mierda poblaciones civiles, torturan alegremente a iraquíes
y destruyen y saquean siglos de cultura,
pero el problema somos los argentinos que nos cagamos en las leyes,
que preferimos el gol que Diego les hizo con la mano,
al otro en que engañó a medio equipo de su Graciosa Majestad.
Este imbécil no se dio cuenta que los dos goles fueron con la mano,
él cree que el segundo gooooolll, se puede hacer de otra manera
que no sea con la mano, alguien que hace un gooooolll,
como ése con el pie, es Dios, y Dios no existe.
Allen, le robé un libro a Smerling y pretende que se lo devuelva,
cómo voy a devolver algo que robé, qué le pasa a Smerling,
¿se estará volviendo normal? De ocurrir eso terminaría nuestra amistad,
ella nació, creció y se desarrolla gracias a su fractura mental
y a mi fractura mental; de soldarse alguna de éstas,
todo se perdería entre nosotros, todo ¡Basta de Smerling y yo!
Uno caminaría hacia el norte, el otro hacia el sur,
uno hacia el este, el otro hacia el oeste.
Allen, ¿con quien te irías, con él o conmigo?
Él se alegró cuando le dije que había robado Las Ciudades Invisibles
a un compañero de la secundaria y no me pidió que se lo devuelva,
tampoco me pide que devuelva El Triunfo de una Obsesión,
pertenecía a Julia Arias y tiene dos dedicatorias:
del árbitro internacional Luciano W. Cámara
y del gran maestro Herman Pinlik;
a vos que te gustan las fechas, lo robé en 1978.
Yo quiero seguir siendo yo. ¿Smerling querrá dejar de ser Smerling?
Por eso no voy a devolverle el libro, no quiero que deje de ser Smerling,
esa es tarea de psiquiatra y yo odio a los psiquiatras.
Devolverle el libro sería una actitud moralista
y eso podría acarrearme problemas de conciencia,
sería mi derrota final, además el libro que le robé
es Para Contribuir a la Confusión General, de Aldo Pellegrini,
si Pellegrini viviera, diría que el nuevo dueño del libro es Veronese,
y me otorgaría un título de propiedad;
el robo es el mayor aporte del liberalismo a la civilización,
el resto no es silencio, es barbarie, barbarie.
Che Allen ¿será cierto que el infinito no tiene fin, pero tuvo principio?
¿Será cierto que la eternidad no tiene fin, ni tuvo principio?
Eso lo escuché el otro día sobre un colectivo,
yo pasé y seguiré pasando mi merdosa vida sobre colectivos.
Siempre he sido pobre, he nacido pobre,
vine al mundo con las manos vacías y me iré con las manos vacías,
mi casa era de madera y chapa y el piso de tierra.
El otro día dije, me hicieron decir en Vuelo Solitario,
el programa de radio que hacemos con Smerling y Perla Patrón,
que mi ficha de indigente-Allen, hasta ella me la enrostra-,
que mi prontuario de marginal está en Entre Ríos 1492.
Estoy tan acostumbrado a la pobreza-me han hecho acostumbrar-
que si dejara de ser pobre, extrañaría la pobreza, mucho.
Creo que por eso el sistema quiere que siga siendo pobre,
para que no extrañe la pobreza ¡debe ser terrible extrañar la pobreza!
Ayer fui al hospital, a las doce de la noche, estaba solo,
me sentía mal, todo el día me sentí mal, y a las diez y media de la noche
me subí a un colectivo, el181, y me fui al Vélez Sarsfield;
la doctora que me atendió no me encontró nada, ni grave ni no grave,
me dijo: tome mucho líquido y asee su boca con bicarbonato.
Es lo que estoy haciendo, no sé hasta cuándo lo haré,
lo que sí haré siempre, hasta el final de mis días,
es subirme y subirme y subirme a colectivos.
Anoche no tenía fuerzas para venirme del hospital caminando,
esperé, esperé, apareció un 181 y me volví a casa.
Mi casa ya no es más de madera y chapa, ni el piso de tierra,
pero está destruida, destruida, derrotada, como yo;
sí Allen, es una casa derrotada como yo.
Las casas también pierden el pelo y se arrugan,
aunque no se miren en el espejo, se van consumiendo
como te consumiste vos, y como me consumo yo.
¿Por qué carajo recordás a James Dean, a Sacco, a Vanzetti, a Naoemí,
a quince millones de personas que jamás volvieron de Siberia?
De nuevo hace un calor de cagarse y no me siento bien.
Aunque la doctora me dijo que no tengo nada grave ni no grave,
no me siento bien, tengo la boca amarga como la hiel,
transpiro y no dejo de transpirar, debe ser la fiebre
que va y viene por mi cuerpo, sin querer salir de él;
encima no tengo un puto peso y quién sabe cuándo lo tendré,
como a vos molti me devono lacrime de uomo a uomo.
Estoy solo sentado a mi máquina de escribir,
perdoname, soy injusto con vos, no estoy solo,
te tengo aquí conmigo, rodeado de mi pobreza,
de mi puta pobreza: papeles desparramados,
libros tirados por el suelo,
debajo de la mesa,
de la cómoda,
debajo de la cama.
Pero mi otro vecino, el B, viaja en su cuatro por cuatro
y su mujer en un Citröen rojo, muy rojo,
mucho más rojo que la sangre roja de Van Gogh.
Tengo puesta una remera que dice: AJEDREZ SOLIDARIO,
es de una simultánea que se hicieron en los lagos de Palermo,
fue la última vez que me llamaron para trabajar.
A mi vecino y a su mujer jamás los citó la justicia, me confundo…
el calor, el calor y no me siento bien, los citaron varias veces
pero nunca se presentaron, son ricos
y los ricos no tienen por qué acatar citaciones judiciales;
eso es para los pobres, los pobres sí debemos acatar, obedecer;
si no lo hacemos la policía, que está al servicio de la comunidad,
nos reprime y nos arresta, es fácil reprimir y arrestar a un poeta
sentado ante su miserable máquina de escribir
y vestido con una remera de AJEDREZ SOLIDARIO;
las simultáneas se distinguían con ese slogan,
los que querían jugar tenían que llevar un alimento no perecedero
para la gente más pobre, hay argentinos mucho más pobres que yo.
Allen querido, también yo recuerdo a Pier Angelli, a James Dean,
a Sacco, a Vanzetti, a doña Alfonsina, a los que no volvieron de Trelew,
a Gatica, a Bonavena, a Marechal, a Discepolín,
a Discepolín que tenía el corazón descamisado,
y porque tenía un corazón descamisado lo hicieron mierda.
Aquellos que no tenían el corazón descamisado, lo hicieron mierda,
parece que no se puede tener un corazón descamisado;
se puede tener cualquier corazón, corazón de un peso, un dólar,
corazón de matutino La Nación,
corazón de ALCA,
corazón de relaciones carnales,
corazón de invasión a Irak,
corazón de mostrar la decadencia y el sufrimiento del Papa,
corazón de globalización,
corazón de Sebrelli,
de López Murphy,
de Padre Grassi,
de Monseñor Aguer,
corazón de Sharon,
de Berlusconi,
de Blair,
corazón de reina Victoria,
de príncipe Carlos,
de Camila,
corazón de Putin,
de invasión a Chechenia,
corazón de arrojar bombas atómicas,
de torturar a prisioneros indefensos,
corazón de hambrear a aquellos que tienen ojos de falta de dinero,
pero no se puede tener un corazón descamisado,
y Discepolín tenía un corazón descamisado,
un corazón descamisado ¡hecho tango!
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jueves, 28 de enero de 2016
Aullido, por Allen Ginsberg, última parte
Un asfódelo
Oh, estimado, dulce y rosado
deseo inasequible
... ¡qué triste, no hay manera
de cambiar el loco
y cultivado asfódelo, la
realidad visible ...
y los pétalos aterradores
de la piel – cómo me inspiré
para estar tan yaciente en la sala
borracho y desnudo
y soñando, en la ausencia
de electricidad...
dale que dale comiendo la raíz inferior
del asfódelo,
el destino gris...
buscando procrear
sobre el sofá floreado
como sobre un banco en Arden‑
esta noche mi única rosa es el placer
de mi propia desnudez.
La Canción
El peso del mundo
es amor.
Debajo la carga
de soledad,
debajo la carga
de descontento
el peso,
el peso nosotros llevamos
es amor.
¿Quién puede negarlo?
En sueños
toca
el cuerpo,
en el pensamiento
construye
un milagro,
en la imaginación
agoniza
hasta nacer
en el humano ‑
cuidado con el corazón
que arde de pureza ‑
pues el lastre de la vida
es amor,
pero nosotros llevamos el peso
con fatiga,
y por lo tanto debemos descansar
en los brazos del amor
al final,
debemos descansar en los brazos
del amor.
No hay descanso
sin amor,
no se puede dormir
sin sueños
de amor ‑
estar loco o estremecido
y obsesionado con los ángeles
o las máquinas,
el deseo final
es amor
‑ no puede ser más amargo,
no se lo puede negar,
ni se lo puede detener
si se niega:
el peso es demasiado pesado
‑ debemos dar
sin esperar nada a cambio
como el pensamiento
se da
en soledad
en toda la excelencia
de su exceso.
Los cuerpos cálidos
brillan juntos
en la oscuridad,
la mano se mueve
hacia el centro
de la carne,
la piel tiembla
de felicidad
y el alma viene
alegre al ojo ‑
sí, sí,
esto es lo que
yo quise,
siempre,
Yo siempre quise,
volver
al cuerpo
donde yo nací.
El huérfano silvestre
Suavemente, la madre
lo lleva vagando
por el ferrocarril y por el río
‑es el hijo de lo escondido
el ángel del hot rod‑
y él imagina automóviles
y los pasea en sus sueños,
tan solitario creciendo arriba entre
los automóviles imaginarios
y muertas almas de Tarrytown
para crear
fuera de su imaginación propia
la belleza de sus salvajes
antepasados ‑ una mitología
que él no puede heredar.
¿Alucinará él luego
sus dioses? ¿Despertará
entre misterios con
un destello loco
de reminiscencias?
El reconocimiento ‑
algo tan raro
en su alma,
se encuentra sólo en sueños
‑ nostalgias
de otra vida.
Una pregunta desde el alma.
y los ofendidos
pierden todo agravio
en su inocencia
‑ un gallo, una cruz,
una excelencia de amor.
Y el padre se aflige
en una posada de mala muerte
-complejidades de la memoria-
a unas mil de millas
lejos, ignorando
que el inesperado
forastero juvenil
vagabundea hacia su puerta.
En el dorso de lo real
en el patio del ferrocarril en San José
yo vagué desolado
frente a una fábrica de tanques
y me senté en un banco
cerca de la cabaña del guardabarrera.
una flor yace en el heno sobre
la carretera de asfalto
‑ el terror de la flor de heno
yo pensé ‑ tuvo un
quebradizo tallo negro y
la corola de la amarillenta y sucia
espiga como la corona de espinas
de Jesús y un sucio
penacho de algodón seco en el centro
como una brocha de afeitar usada
que queda olvidada bajo
el garaje por un año.
¡Flor amarilla, amarilla, y
flor de la industria,
rústica flor espigada y horrible,
florece sin embargo,
con la forma de la rosa grande y amarilla
en tu mente!
Ésta es la flor del Mundo.
Oh, estimado, dulce y rosado
deseo inasequible
... ¡qué triste, no hay manera
de cambiar el loco
y cultivado asfódelo, la
realidad visible ...
y los pétalos aterradores
de la piel – cómo me inspiré
para estar tan yaciente en la sala
borracho y desnudo
y soñando, en la ausencia
de electricidad...
dale que dale comiendo la raíz inferior
del asfódelo,
el destino gris...
buscando procrear
sobre el sofá floreado
como sobre un banco en Arden‑
esta noche mi única rosa es el placer
de mi propia desnudez.
La Canción
El peso del mundo
es amor.
Debajo la carga
de soledad,
debajo la carga
de descontento
el peso,
el peso nosotros llevamos
es amor.
¿Quién puede negarlo?
En sueños
toca
el cuerpo,
en el pensamiento
construye
un milagro,
en la imaginación
agoniza
hasta nacer
en el humano ‑
cuidado con el corazón
que arde de pureza ‑
pues el lastre de la vida
es amor,
pero nosotros llevamos el peso
con fatiga,
y por lo tanto debemos descansar
en los brazos del amor
al final,
debemos descansar en los brazos
del amor.
No hay descanso
sin amor,
no se puede dormir
sin sueños
de amor ‑
estar loco o estremecido
y obsesionado con los ángeles
o las máquinas,
el deseo final
es amor
‑ no puede ser más amargo,
no se lo puede negar,
ni se lo puede detener
si se niega:
el peso es demasiado pesado
‑ debemos dar
sin esperar nada a cambio
como el pensamiento
se da
en soledad
en toda la excelencia
de su exceso.
Los cuerpos cálidos
brillan juntos
en la oscuridad,
la mano se mueve
hacia el centro
de la carne,
la piel tiembla
de felicidad
y el alma viene
alegre al ojo ‑
sí, sí,
esto es lo que
yo quise,
siempre,
Yo siempre quise,
volver
al cuerpo
donde yo nací.
El huérfano silvestre
Suavemente, la madre
lo lleva vagando
por el ferrocarril y por el río
‑es el hijo de lo escondido
el ángel del hot rod‑
y él imagina automóviles
y los pasea en sus sueños,
tan solitario creciendo arriba entre
los automóviles imaginarios
y muertas almas de Tarrytown
para crear
fuera de su imaginación propia
la belleza de sus salvajes
antepasados ‑ una mitología
que él no puede heredar.
¿Alucinará él luego
sus dioses? ¿Despertará
entre misterios con
un destello loco
de reminiscencias?
El reconocimiento ‑
algo tan raro
en su alma,
se encuentra sólo en sueños
‑ nostalgias
de otra vida.
Una pregunta desde el alma.
y los ofendidos
pierden todo agravio
en su inocencia
‑ un gallo, una cruz,
una excelencia de amor.
Y el padre se aflige
en una posada de mala muerte
-complejidades de la memoria-
a unas mil de millas
lejos, ignorando
que el inesperado
forastero juvenil
vagabundea hacia su puerta.
En el dorso de lo real
en el patio del ferrocarril en San José
yo vagué desolado
frente a una fábrica de tanques
y me senté en un banco
cerca de la cabaña del guardabarrera.
una flor yace en el heno sobre
la carretera de asfalto
‑ el terror de la flor de heno
yo pensé ‑ tuvo un
quebradizo tallo negro y
la corola de la amarillenta y sucia
espiga como la corona de espinas
de Jesús y un sucio
penacho de algodón seco en el centro
como una brocha de afeitar usada
que queda olvidada bajo
el garaje por un año.
¡Flor amarilla, amarilla, y
flor de la industria,
rústica flor espigada y horrible,
florece sin embargo,
con la forma de la rosa grande y amarilla
en tu mente!
Ésta es la flor del Mundo.
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Aullido, por Allen Ginsberg, parte cinco
En el depósito de equipaje de Greyhound
I.
En las profundidades de la terminal Greyhound
sentado en silencio sobre un furgón de equipaje mirando al cielo esperando la partida del expreso a Los Ángeles
preocupado por la eternidad sobre el techo de la Oficina de Correos en el cielo rojo de la noche en el centro,
mirando a través de mis anteojos me di cuenta en un temblor que esos pensamientos no son eternos, ni la pobreza de nuestras vidas, irritable equipaje de empleados de tienda,
ni los millones de parientes sollozando alrededor de los omnibuses agitando adioses,
ni los restantes millones de pobres que se precipitan de ciudad en ciudad para ver a sus seres queridos,
ni un indio muerto de miedo hablando a un enorme cana al lado de la máquina de coca cola,
ni esta vieja dama temblorosa como una caña que toma el último viaje de su vida,
ni el portero cínico vestido de rojo recolectando sus moneditas y sonriendo sobre el equipaje destrozado,
ni yo mirando alrededor al horrible sueño
ni el negro bigotudo Empleado Operativo llamado Spade, negociando con su mano larga y maravillosa el destino de miles de encomiendas,
ni Sam el hada en el sótano rengueando cada tranco como plomo
ni Joe en el mostrador con su depresión nerviosa sonriendo cobardemente a los clientes,
ni el desván interior verde gris como estómago de ballena donde guardamos el equipaje en estantes horrendos,
cientos de valijas llenas de tragedia que se mueven atrás y adelante esperando ser abiertas,
ni el equipaje perdido, ni las manijas dañadas, los rótulos borrados, los alambres reventados & las sogas rotas, los baúles enteros explotando en el piso de cemento
ni los bolsos vacíos en la noches en el almacén de destino.
II.
Encima Spade me recordó a Ángel, descargando un autobús,
vestido con el mameluco azul la cara negra y la gorra de oficial trabajador de Ángel
empujando con su barriga un caballo enorme de estaño con el equipaje negro apilado encima,
mirando mientras pasaba la lamparita de luz amarilla del desván
y sosteniendo alto en su brazo un cayado de pastor de hierro.
III.
Eran los estantes, me di cuenta, sentado en el más alto de ellos ahora como es mi costumbre en el almuerzo para reposar mi pie cansado,
eran los guarda-equipajes, grandes estantes de madera y postes de puntales y vigas ensambladas del piso al techo confundidos con el equipaje
- el blanco baúl metálico japonés de posguerra floreado ostentosamente apuntado hacia Fort Bragg
un paquete mexicano de papel verde con soga morada adornado con nombres para Nogales,
centenares de radiadores de un golpe para Eureka,
cajas de calzoncillos hawaianos,
rollos de carteles esparcidos sobre la Península, nueces para Sacramento,
un ojo humano para Napa,
una caja de aluminio de sangre humana para Stockton
y un pequeño paquete rojo de dientes para Calistoga ‑
eran los estantes y esto sobre los estantes es lo que yo vi desnudo a la luz eléctrica la noche antes de abandonar,
los estantes se crearon para colgar nuestras pertenencias, para mantenernos juntos, un cambio temporal en el espacio,
la única manera que tuvo Dios para construir la desvencijada estructura del Tiempo,
sostener las valijas a enviar sobre las carreteras, cargar nuestro equipaje de lugar en lugar
buscando un autobús para llevarnos a casa desde la Eternidad donde el corazón fue olvidado y comienzan las lágrimas de despedida.
IV.
Un enjambre de equipaje se acomoda junto al mostrador mientras arranca el ómnibus transcontinental.
El reloj da las 12.15 AM, 9 de mayo, 1956, la segunda mano avanzando, rojo.
Me preparo para cargar mi último autobús. ‑ Despedida, Riachuelo Walnut Richmond Vallejo Portland autopista del Pacífico
Ligero como Mercurio, Dios de lo transitorio.
Un último paquete queda acomodado solo en la medianoche adherido arriba en el estante del Costero alto como la fluorescente luz polvorienta.
El jornal que nos pagan es demasiado bajo para vivir. La tragedia se redujo a números.
Esto para los pastores pobres. Yo soy un comunista.
Chau, me despido de vos, sí, del Greyhound donde tanto sufrí,
me lastimé la rodilla y raspé mi mano y tallé mis pectorales grandes como una vagina.
I.
En las profundidades de la terminal Greyhound
sentado en silencio sobre un furgón de equipaje mirando al cielo esperando la partida del expreso a Los Ángeles
preocupado por la eternidad sobre el techo de la Oficina de Correos en el cielo rojo de la noche en el centro,
mirando a través de mis anteojos me di cuenta en un temblor que esos pensamientos no son eternos, ni la pobreza de nuestras vidas, irritable equipaje de empleados de tienda,
ni los millones de parientes sollozando alrededor de los omnibuses agitando adioses,
ni los restantes millones de pobres que se precipitan de ciudad en ciudad para ver a sus seres queridos,
ni un indio muerto de miedo hablando a un enorme cana al lado de la máquina de coca cola,
ni esta vieja dama temblorosa como una caña que toma el último viaje de su vida,
ni el portero cínico vestido de rojo recolectando sus moneditas y sonriendo sobre el equipaje destrozado,
ni yo mirando alrededor al horrible sueño
ni el negro bigotudo Empleado Operativo llamado Spade, negociando con su mano larga y maravillosa el destino de miles de encomiendas,
ni Sam el hada en el sótano rengueando cada tranco como plomo
ni Joe en el mostrador con su depresión nerviosa sonriendo cobardemente a los clientes,
ni el desván interior verde gris como estómago de ballena donde guardamos el equipaje en estantes horrendos,
cientos de valijas llenas de tragedia que se mueven atrás y adelante esperando ser abiertas,
ni el equipaje perdido, ni las manijas dañadas, los rótulos borrados, los alambres reventados & las sogas rotas, los baúles enteros explotando en el piso de cemento
ni los bolsos vacíos en la noches en el almacén de destino.
II.
Encima Spade me recordó a Ángel, descargando un autobús,
vestido con el mameluco azul la cara negra y la gorra de oficial trabajador de Ángel
empujando con su barriga un caballo enorme de estaño con el equipaje negro apilado encima,
mirando mientras pasaba la lamparita de luz amarilla del desván
y sosteniendo alto en su brazo un cayado de pastor de hierro.
III.
Eran los estantes, me di cuenta, sentado en el más alto de ellos ahora como es mi costumbre en el almuerzo para reposar mi pie cansado,
eran los guarda-equipajes, grandes estantes de madera y postes de puntales y vigas ensambladas del piso al techo confundidos con el equipaje
- el blanco baúl metálico japonés de posguerra floreado ostentosamente apuntado hacia Fort Bragg
un paquete mexicano de papel verde con soga morada adornado con nombres para Nogales,
centenares de radiadores de un golpe para Eureka,
cajas de calzoncillos hawaianos,
rollos de carteles esparcidos sobre la Península, nueces para Sacramento,
un ojo humano para Napa,
una caja de aluminio de sangre humana para Stockton
y un pequeño paquete rojo de dientes para Calistoga ‑
eran los estantes y esto sobre los estantes es lo que yo vi desnudo a la luz eléctrica la noche antes de abandonar,
los estantes se crearon para colgar nuestras pertenencias, para mantenernos juntos, un cambio temporal en el espacio,
la única manera que tuvo Dios para construir la desvencijada estructura del Tiempo,
sostener las valijas a enviar sobre las carreteras, cargar nuestro equipaje de lugar en lugar
buscando un autobús para llevarnos a casa desde la Eternidad donde el corazón fue olvidado y comienzan las lágrimas de despedida.
IV.
Un enjambre de equipaje se acomoda junto al mostrador mientras arranca el ómnibus transcontinental.
El reloj da las 12.15 AM, 9 de mayo, 1956, la segunda mano avanzando, rojo.
Me preparo para cargar mi último autobús. ‑ Despedida, Riachuelo Walnut Richmond Vallejo Portland autopista del Pacífico
Ligero como Mercurio, Dios de lo transitorio.
Un último paquete queda acomodado solo en la medianoche adherido arriba en el estante del Costero alto como la fluorescente luz polvorienta.
El jornal que nos pagan es demasiado bajo para vivir. La tragedia se redujo a números.
Esto para los pastores pobres. Yo soy un comunista.
Chau, me despido de vos, sí, del Greyhound donde tanto sufrí,
me lastimé la rodilla y raspé mi mano y tallé mis pectorales grandes como una vagina.
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Aullido, por Allen Ginsberg, parte 4
América
América, yo te di todo y ahora no soy nada.
América dos dólares y veintisiete centavos enero 17 de 1956.
No puedo soportarme a mí mismo.
América, ¿cuándo terminaremos la guerra humana?
Andá a hacerte coger con tu bomba atómica.
No me siento bien no me molestes.
No escribiré el poema hasta que esté justo en mi mente.
América, ¿cuándo tendrás ángel?
¿Cuándo te sacarás tus ropas?
¿Cuándo te mirarás a ti misma a través de la tumba?
¿Cuándo serás merecedora de tu millón de trotskistas?
América ¿por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas?
América ¿cuándo mandarás tus huevos a la India?
Estoy enfermo de tus demandas insanas.
¿Cuándo puedo ir al supermercado y comprar lo que necesito con mis buenas miradas?
América después de todo tú y yo somos perfectos y no el mundo futuro
Tu maquinaria es demasiado para mí.
Tú hiciste que quisiera ser un santo.
Debe haber alguna otra manera para sostener este argumento.
Burroughs está en Tánger no creo que él vuelva es siniestro
¿Estás siendo siniestro o es alguna forma de broma pesada?
Yo trato de venir a secas
Y rehúso abandonar mi obsesión.
América deja de empujarme sé lo que estoy haciendo.
América los brotes de ciruelos caen.
Leí los periódicos durante meses, cada día alguien es juzgado por asesinato.
América me siento sentimental por los que vacilan.
América yo solía ser comunista cuando joven no me arrepiento.
Fumé marihuana cada vez que conseguí.
Me siento en mi casa al final de cada día y miro las rosas en el ropero.
Cuando voy a Chinatown me emborracho y nunca me acuesto.
Mi mente está preparada para ir donde hay problemas
Me deberías haber visto leyendo a Marx.
Mi psicoanalista piensa que estoy perfectamente bien.
No puedo decir la Plegaria del Señor.
Tengo visiones místicas y vibraciones cósmicas.
América todavía no te conté qué le hiciste al tío Max después que vino desde Rusia.
Yo te llamo.
¿Te vas para dejar que tu vida emocional transcurra por la revista Time?
Me obsesiona la revista Time.
La leo cada semana.
Su portada me mira cada vez que me deslizo por el kiosco de la esquina.
Lo leo en el sótano de la Biblioteca Pública de Berkeley.
Siempre me hablan sobre la responsabilidad. Los empresarios son serios. Los productores de cinematógrafo son serios. Todos son serios excepto yo.
Se me ocurre que soy América.
Me hablo a mí mismo de nuevo.
Asia se está levantando contra mí.
No tengo la oportunidad de un chino.
Mejor que considere mis recursos nacionales
Mis recursos nacionales consisten en dos porros millones de genitales y literatura privada impublicable que va a 1.400 millas por hora y veinticinco mil instituciones mentales.
No digo nada sobre mis prisiones ni sobre los millones de menesterosos que viven en mis macetas bajo la luz de quinientos soles.
Abolí los prostíbulos de Francia, Tánger es el próximo.
Mi ambición es ser presidente a pesar del hecho de que soy católico.
América, ¿cómo puedo escribir una letanía santa en tu tonto estilo?
Continuaré como Henry Ford mis estrofas son tan individuales como sus automóviles sólo que ellas son de todos los sexos diferentes.
América yo te venderé estrofas a 2.500 dólares cada una 500 $ por tu vieja estrofa.
América libera a Toma Mooney
América salva a los leales de España
América Sacco & Vanzetti no deben morir
América yo soy los chicos de Scottsboro
América cuando yo tenía ocho años mami me llevó a los encuentros de la célula comunista ellos nos vendían garbanzos un puñado por boleto el boleto cuesta un níquel y los discursos eran gratis cada uno estaba seráfico y sentimental en relación con los trabajadores era todo tan sincero que tú no tienes idea qué bueno era el partido en 1835 Scott Nearing era un viejo grandioso un verdadero menchevique Mamá Bloor me hizo llorar una vez vi a Israel Amter humilde. Todos deben haber sido espías.
América tú no quieres realmente ir a la guerra.
América son ellos los rusos malos
Ellos los rusos ellos los rusos y ellos los chinos. Y ellos los rusos.
Rusia quiere comernos vivos. Rusia es un poder loco. Ella quiere robar nuestros autos de nuestros propios garajes.
Quiere adueñarse de Chicago. Necesita un Reader's Digest rojo. Quiere nuestras plantas de automóviles en Siberia. Que su gran burocracia administre nuestras estaciones de servicio.
Eso no es bueno. Uf. Él hizo que los indios aprendieran a leer. Él necesita los grandes y negros negros. Ajá. Ella nos hace trabajar a todos dieciséis horas diarias. Socorro.
América esto es absolutamente grave.
América esta es la impresión que tengo al mirar la televisión.
América ¿esto es correcto?
Mejor me voy directamente al trabajo.
Es verdad no quiero unirme al ejército ni hacer girar los tornos en las fábricas de partes de precisión, soy miope y psicópata de cualquier manera.
América estoy poniendo mi agudo hombro en la rueda.
América, yo te di todo y ahora no soy nada.
América dos dólares y veintisiete centavos enero 17 de 1956.
No puedo soportarme a mí mismo.
América, ¿cuándo terminaremos la guerra humana?
Andá a hacerte coger con tu bomba atómica.
No me siento bien no me molestes.
No escribiré el poema hasta que esté justo en mi mente.
América, ¿cuándo tendrás ángel?
¿Cuándo te sacarás tus ropas?
¿Cuándo te mirarás a ti misma a través de la tumba?
¿Cuándo serás merecedora de tu millón de trotskistas?
América ¿por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas?
América ¿cuándo mandarás tus huevos a la India?
Estoy enfermo de tus demandas insanas.
¿Cuándo puedo ir al supermercado y comprar lo que necesito con mis buenas miradas?
América después de todo tú y yo somos perfectos y no el mundo futuro
Tu maquinaria es demasiado para mí.
Tú hiciste que quisiera ser un santo.
Debe haber alguna otra manera para sostener este argumento.
Burroughs está en Tánger no creo que él vuelva es siniestro
¿Estás siendo siniestro o es alguna forma de broma pesada?
Yo trato de venir a secas
Y rehúso abandonar mi obsesión.
América deja de empujarme sé lo que estoy haciendo.
América los brotes de ciruelos caen.
Leí los periódicos durante meses, cada día alguien es juzgado por asesinato.
América me siento sentimental por los que vacilan.
América yo solía ser comunista cuando joven no me arrepiento.
Fumé marihuana cada vez que conseguí.
Me siento en mi casa al final de cada día y miro las rosas en el ropero.
Cuando voy a Chinatown me emborracho y nunca me acuesto.
Mi mente está preparada para ir donde hay problemas
Me deberías haber visto leyendo a Marx.
Mi psicoanalista piensa que estoy perfectamente bien.
No puedo decir la Plegaria del Señor.
Tengo visiones místicas y vibraciones cósmicas.
América todavía no te conté qué le hiciste al tío Max después que vino desde Rusia.
Yo te llamo.
¿Te vas para dejar que tu vida emocional transcurra por la revista Time?
Me obsesiona la revista Time.
La leo cada semana.
Su portada me mira cada vez que me deslizo por el kiosco de la esquina.
Lo leo en el sótano de la Biblioteca Pública de Berkeley.
Siempre me hablan sobre la responsabilidad. Los empresarios son serios. Los productores de cinematógrafo son serios. Todos son serios excepto yo.
Se me ocurre que soy América.
Me hablo a mí mismo de nuevo.
Asia se está levantando contra mí.
No tengo la oportunidad de un chino.
Mejor que considere mis recursos nacionales
Mis recursos nacionales consisten en dos porros millones de genitales y literatura privada impublicable que va a 1.400 millas por hora y veinticinco mil instituciones mentales.
No digo nada sobre mis prisiones ni sobre los millones de menesterosos que viven en mis macetas bajo la luz de quinientos soles.
Abolí los prostíbulos de Francia, Tánger es el próximo.
Mi ambición es ser presidente a pesar del hecho de que soy católico.
América, ¿cómo puedo escribir una letanía santa en tu tonto estilo?
Continuaré como Henry Ford mis estrofas son tan individuales como sus automóviles sólo que ellas son de todos los sexos diferentes.
América yo te venderé estrofas a 2.500 dólares cada una 500 $ por tu vieja estrofa.
América libera a Toma Mooney
América salva a los leales de España
América Sacco & Vanzetti no deben morir
América yo soy los chicos de Scottsboro
América cuando yo tenía ocho años mami me llevó a los encuentros de la célula comunista ellos nos vendían garbanzos un puñado por boleto el boleto cuesta un níquel y los discursos eran gratis cada uno estaba seráfico y sentimental en relación con los trabajadores era todo tan sincero que tú no tienes idea qué bueno era el partido en 1835 Scott Nearing era un viejo grandioso un verdadero menchevique Mamá Bloor me hizo llorar una vez vi a Israel Amter humilde. Todos deben haber sido espías.
América tú no quieres realmente ir a la guerra.
América son ellos los rusos malos
Ellos los rusos ellos los rusos y ellos los chinos. Y ellos los rusos.
Rusia quiere comernos vivos. Rusia es un poder loco. Ella quiere robar nuestros autos de nuestros propios garajes.
Quiere adueñarse de Chicago. Necesita un Reader's Digest rojo. Quiere nuestras plantas de automóviles en Siberia. Que su gran burocracia administre nuestras estaciones de servicio.
Eso no es bueno. Uf. Él hizo que los indios aprendieran a leer. Él necesita los grandes y negros negros. Ajá. Ella nos hace trabajar a todos dieciséis horas diarias. Socorro.
América esto es absolutamente grave.
América esta es la impresión que tengo al mirar la televisión.
América ¿esto es correcto?
Mejor me voy directamente al trabajo.
Es verdad no quiero unirme al ejército ni hacer girar los tornos en las fábricas de partes de precisión, soy miope y psicópata de cualquier manera.
América estoy poniendo mi agudo hombro en la rueda.
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viernes, 8 de enero de 2016
Aullido, de Allen Ginsberg, tercera parte
El sutra del girasol
Yo caminé por las riberas del muelle de hojalata y bananas y me senté debajo de la enorme sombra de una locomotora del Southern Pacific para mirar la puesta del sol sobre las colinas de la boletería y gritar.
Jack Kerouac se sentó a mi lado sobre un poste de hierro oxidado, compañero, nosotros teníamos los mismos pensamientos del alma, estábamos desabrigados y melancólicos y con la mirada triste, rodeados por las retorcidas raíces de acero de árboles de las máquinas.
El agua aceitosa sobre el río reflejaba el cielo rojo, el sol se hundía en lo alto de los últimos picos de Frisco, ningún pez en esa corriente, ningún ermitaño en esos montes, simplemente nosotros mismos, con los ojos reumáticos y colgados como los vagabundos viejos sobre las orillas del río, cansados y taimados.
Mira el girasol, dijo él, había una sombra gris muerta contra el cielo, grande como un hombre que está sentado y aburrido en lo alto de una montaña de aserrín viejo-
-yo me precipité arriba encantado - era mi primer girasol - las memorias de Blake - mis visiones- el Harlem.
y los Infiernos de los ríos orientales, los puentes rechinando como emparedados de Joe Grasoso, carritos de bebés muertos, llantas negras sin pedal olvidadas y sin recapar, el poema de las orillas del río, preservativos y ollas, cuchillos de acero, ninguno inoxidable, sólo la bosta húmeda y los afilados elementos de afeitar que se hunden en el pasado ‑
y el girasol gris en reposo contra el ocaso desierto, crujiente y polvoriento con el tizne y smog y humo de locomotoras antiguas en su ojo ‑
la corola de la nublada espiga puesta hacia abajo y rota como una corona golpeada, las semillas caídas de su cara, una boca con un aire de sol dentro de poco desdentada, los rayos de sol borrados de su cabeza como el seco alambre de una telaraña
las hojas quedaron clavadas como brazos fuera del tallo, gestos desde la raíz del aserrín, rompió pedazos de yeso caídos de las ramitas negras, una mosca muerta en su oreja,
Tú eras esa cosa vieja y golpeada, mi girasol oh mi alma, ¡yo te amaba entonces!
La mugre no era de ningún hombre sino de la muerte y de las locomotoras humanas,
todos los que visten de polvo, el velo de la piel oscurecida de la carretera, ese smog de mejilla, ese párpado de negra miseria, esa mano tiznada o el falo o la protuberancia de algo peor-que-mugre artificial - industrial - moderna - todo eso con que la civilización está manchando tu dorada corona
y esos pensamientos turbios de muerte y los ojos polvorientos y marchitos, y los finales y las raíces mustias, en la hoguera de arena y aserrín, facturas de goma a un dólar, piel de la maquinaria, las tripas y entrañas del auto que llora y tose, las latas vacías y solitarias con sus lenguas oxidadas hacia afuera, qué más puedo mencionar, las humeantes cenizas de algún cigarro de coca, las manijas de una carretilla y los pechos lechosos de loa automóviles; culos deshilachados fuera de las silla y esfínteres de dínamos - todo esto
enredada en nuestra momificada raíz – y vos allí, delante de mí en el crepúsculo, ¡toda tu gloria en tu forma!
¡La belleza perfecta de un girasol! ¡Una existencia perfecta, excelente, amable de girasol! ¡Un dulce ojo natural hacia la nueva luna melancólica, despierta, viva y excitada aferrando en el crepúsculo la sombra del alba, dorada brisa del mes.
¿Cuántas moscas zumbaron a tu alrededor, inocentes de tu mugre, mientras tú maldecías los cielos del ferrocarril y tu alma de flor?
¿Pobre flor muerta? ¿Cuándo olvidaste que eras una flor? ¿Cuándo miraste tu piel y decidiste que eras una vieja locomotora sucia e impotente? ¿El espíritu de una locomotora? ¿El espectro y la sombra de lo que una vez fue una poderosa y loca locomotora americana?
¡Tú nunca fuiste una locomotora, Girasol, tú eras un girasol! ¡Y tú, locomotora, tú eres una locomotora, no me olvides!
Entonces yo icé el esqueleto grueso del girasol y lo clavé a mi lado como un cetro.
y entregué el sermón a mi alma, y al alma de Jack también, y a la de cualquiera que pueda escuchar.
- No estamos fuera de nuestra piel de mugre, no estamos fuera de nuestra locomotora sin imagen, temible, desértica, polvorienta, somos todos girasoles hermosos y dorados en nuestro interior, estamos benditos por nuestra propia semilla & por la consumación de los cuerpos desnudos de cabellos dorados creciendo dentro de girasoles locos y formales en el crepúsculo que espiaban la visión sentados sobre nuestros ojos bajo la sombra de la locomotora loca en las orillas del crepúsculo de Frisco en la montaña de latas en la tarde.
Berkeley 1955
Traducción por Gerardo Burton
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Aullido, de Allen Ginsberg, segunda parte
Segunda parte. Versión de Gerardo Burton
II
¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió de golpe sus cráneos y devoró su cerebro y su imaginación?
¡Moloc! ¡Soledad! ¡Mugre! ¡Repugnancia! ¡Tachos de basura y dólares inalcanzables! ¡Chicos gritando bajo las escaleras! ¡Muchachos que sollozan en los ejércitos! ¡Ancianos gimiendo en los parques!
¡Moloc! ¡Moloc! ¡Pesadilla de Moloc! ¡Moloc el sin amor! ¡Moloc mental! ¡Moloc el duro juez de los hombres!
¡Moloc, la prisión incomprensible! ¡Moloc, penitenciaría sin alma y de huesos cruzados y congreso de las penas! ¡Moloc cuyos edificios son sentencias! ¡Moloc la vasta piedra de la guerra! ¡Moloc los aturdidos gobiernos!
¡Moloc cuya mente es pura maquinaria! ¡Moloc cuya sangre es moneda corriente! ¡Moloc cuyos dedos son diez ejércitos! ¡Moloc cuyo oído es una tumba humeante!
¡Moloc cuyos ojos son mil ventanas ciegas! ¡Moloc cuyos rascacielos están en las largas calles como Jehováes infinitos! ¡Moloc, cuyas fábricas sueñan y gruñen en la bruma! ¡Moloc, cuyas chimeneas y antenas coronan las ciudades!
¡Moloc cuyo amor es petróleo y piedra eternos! ¡Moloc cuya alma es electricidad y bancos! ¡Moloc cuya pobreza es el espectro del genio! ¡Moloc cuyo destino es una nube de hidrógeno asexuada! ¡Moloc cuyo nombre es la Mente!
¡Moloc, en quien yo me siento solo! ¡Moloc, en quien yo sueño Ángeles! ¡Loco en Moloc! ¡Chupapija en Moloc! ¡Falto de amor y sin hombre en Moloc!
¡Moloc que entró temprano en mi alma! ¡Moloc en quien soy una conciencia sin cuerpo! ¡Moloc que me espantó de mi éxtasis natural! ¡Moloc en quien me abandono! ¡Levántate en Moloc! ¡Corriente luminosa del cielo!
¡Moloc! ¡Moloc! ¡Departamentos robóticos! ¡Suburbios invisibles! ¡Tesoros esqueléticos! ¡Capitales ciegos! ¡Industrias demoníacas! ¡Naciones espectrales! ¡Manicomios invencibles! ¡Pijas de granito! ¡Bombas monstruosas!
¡Ellos se rompieron la espalda para elevar a Moloc al cielo! ¡Pavimentos, árboles, radios, toneladas llevando la ciudad al Cielo que existe y está en todos lados encima de nosotros!
¡Visiones! ¡Augurios! ¡Alucinaciones! ¡Milagros! ¡Éxtasis hundidos en el río norteamericano!
¡Sueños! ¡Adoraciones! ¡Iluminaciones! el lastre completo de la mierda sensible!
¡Rajaduras sobre el río! ¡Saltos mortales y crucifixiones hundidos en la creciente! ¡Alturas! ¡Epifanías! ¡Desesperaciones! ¡Gritos de animales y suicidios durante diez años! ¡Mentes! ¡Amores nuevos! ¡Generación loca sepultada por las rocas del Tiempo!
¡Risa real y santa en el río! ¡Todos la vieron! ¡Los ojos salvajes! ¡Los alaridos santos! ¡Ellos se despidieron! ¡Saltaron de los tejados hacia la soledad, haciendo señas, llevando flores hacia el río, en la calle!
III
¡Carl Solomon! Estoy con vos en Rockland donde vos estás más loco que yo
Estoy con vos en Rockland
donde debés sentirte muy extraño
Estoy con vos en Rockland
donde vos imitás la sombra de mi madre
Estoy con vos en Rockland
donde asesinaste a tus doce secretarias
Estoy con vos en Rockland
donde reís ante este humor invisible
Estoy con vos en Rockland
donde somos grandes escritores con la misma espantosa máquina de escribir
Estoy con vos en Rockland
donde tu situación se agravó y se difunde por la radio
Estoy con vos en Rockland
donde las facultades del cráneo no admiten ya los gusanos de los sentidos
Estoy con vos en Rockland
donde tomás el té de los pechos de las solteronas de Útica
Estoy con vos en Rockland
donde hacés juegos de palabras sobre los cuerpos de tus enfermeras las arpías del Bronx
Estoy con vos en Rockland
donde gritás en un chaleco de fuerza que estás perdiendo el real pingpong del abismo
Estoy con vos en Rockland
donde disparás sobre el piano catatónico el alma es inocente e inmortal nunca morirá impiadosamente en un manicomio armado
Estoy con vos en Rockland
donde cincuenta electroshocks más no devolverán a su cuerpo tu alma de su peregrinaje hacia una cruz en el vacío
Estoy con vos en Rockland
donde acusás de demencia a tus médicos y tramás la revolución socialista hebrea contra el Gólgota nazifascista
Estoy con vos en Rockland
donde separás los cielos de Long Island y resucitás tu Jesús humano y viviente de la tumba sobrehumana
Estoy con vos en Rockland
donde hay veinticinco mil camaradas locos cantando todos juntos las últimas estrofas de La Internacional
Estoy con vos en Rockland
donde abrazamos y besamos a los Estados Unidos bajo nuestras frazadas los Estados Unidos que tosen toda la noche y no nos dejan dormir
Estoy con vos en Rockland
donde nos levantamos electrocutados fuera del coma por los aeroplanos de nuestras almas que rugen sobre el techo han venido a arrojar bombas angélicas el hospital se ilumina se desmoronan las paredes imaginarias Oh, las flacas legiones corren afuera Oh, choque de misericordia de estrellas y barras de la guerra eterna está aquí Oh victoria olvida tu ropa interior estamos aquí
Estoy con vos en Rockland
en mis sueños caminás chorreando de un viaje por mar en la autopista a través de Norteamérica llorando hasta la puerta de mi cabaña en la noche del Oeste.
San Francisco, 1955/56
ºNota al pie de "Aullido"
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!
¡El murmullo es santo! ¡El alma es santa! ¡La piel es santa! ¡La nariz es santa! ¡La lengua y la pija y la mano y el culo son santos!
¡Todas las cosas son santas! ¡Todos los hombres son santos! ¡Todos los lugares son santos! ¡Cada día es eternidad! ¡Cada hombre es un ángel!
¡El vago es tan santo como un serafín! ¡El demente es santo como tú, mi alma, lo eres!
¡Santos Peter, santo Allen, santo Solomon, santo Lucien, santo Kerouac, santo Huncke, santo Burroughs, santo Cassady, santos los desconocidos sodomitas y mendigos sufrientes santos los ángeles humanos horribles!
¡Santa mi madre en el asilo de dementes! ¡Santas las vergas de los abuelos de Kansas!
¡Santo el gimiente saxofón! ¡Santo el apocalipsis bop! ¡Santas las bandas de jazz, la marihuana, los hipsters, la paz, el junk, las baterías!
¡Santas las soledades de los rascacielos y los asfaltos! ¡Santas las cafeterías con los millones! ¡Santos los misteriosos ríos de lágrimas bajo las calles!
¡Santo el solitario holocausto! ¡Santo el cordero enorme de la clase media! ¡Santos los locos pastores de la rebelión! ¡Quien entierra a Los Ángeles es Los Ángeles!
¡Santa Nueva York! ¡Santa San Francisco! ¡Santas Peoria & Seattle! ¡Santa Tánger, Santa Moscú, Santa Estambul!
¡Santo tiempo en la eternidad santa eternidad en el tiempo santos los relojes en el espacio santa la cuarta dimensión santa la quinta Internacional santo el ángel en Moloc!
¡Santo el mar, santo el desierto santa la autopista santa la locomotora santas las visiones santas las alucinaciones santos los milagros santo el globo ocular santo el abismo!
¡Santo el perdón! ¡piedad! ¡caridad! ¡fe! ¡santos! ¡Lo nuestro! ¡Cuerpos sufrientes! ¡Magnanimidad! ¡Santa la sobrenatural extra brillante e inteligente amabilidad del alma!
Un supermercado en California
Qué pensamientos tuve anoche de ti, Walt Whitman, mientras caminaba por las veredas bajo los árboles con un autoconciente dolor de cabeza mirando la luna llena
¡En mi fatiga hambrienta, mientras compraba imágenes, entré en el supermercado de fruta de neón, soñando tus enumeraciones!
¡Qué duraznos y qué penumbras! ¡Familias enteras comprando de noche! ¡Pasillos llenos de maridos! ¡Esposas en las paltas, bebés en los tomates! ¿y vos, García Lorca, qué estabas haciendo entre las sandías?
Yo te vi, Walt Whitman, sin hijos, solitario y anciano arrancador de pasto, hurgando la comida en la heladera y mirando a los muchachos de los almacenes
Yo te escuché preguntar a cada uno: ¿quién mató al cerdo? ¿A qué precio las bananas? ¿Vos sos mi ángel?
Yo vagué dentro y fuera de las brillantes pilas de latas persiguiéndote, y seguí en mi imaginación cerca del guardia del supermercado
Juntos dimos zancadas bajo los corredores abiertos en nuestra solitaria fantasía mientras probamos alcauciles, nos apoderamos de cada golosina congelada y nunca pasamos la cajera.
¿Dónde estamos yendo, Walt Whitman? Las puertas cierran en una hora. ¿Hacia qué caminos apunta tu barba esta noche?
(Yo toco tu libro y sueño con nuestra odisea en el supermercado y me siento absurdo)
¿Vamos a caminar toda la noche a través de calles solitarias? Los árboles agregan sombra a la sombra, las luces fuera y dentro de las casas, ambos estaremos solos.
¿Vagaremos soñando con la perdida Norteamérica, con el pasado amor, azules automóviles en las carreteras, hogar en nuestra silenciosa cabaña?
Ah, querido padre, viejo y solitario maestro corajudo de la barba gris, ¿qué América tuviste cuando Caronte dejó de empujar su barca y te arrojaste en una orilla humeante y quedaste mirando cómo el bote desaparecía en las negras aguas de Letea?
Berkeley, 1955
Transcripción de música de órgano
La flor en el frasco de vidrio de los manís hace tiempo en la cocina se torcía para encontrar un lugar en la luz,
la puerta del armario, abierta porque la usé antes, y estaba amablemente abierta aguardándome a mí, su dueño.
Yo empecé a sentir mi miseria en el colchón sobre el piso, escuchando música, mi miseria, por eso es que quiero cantar.
La habitación se cerró sobre mí, y esperé la presencia del Creador, vi mis paredes pintadas de gris, el cielorraso, y ellos contenían mi habitación, y a mí,
como el cielo contenía mi jardín
y abrí la puerta.
La parra ascendió a la columna de la cabaña, las hojas en la noche permanecían donde el día las había puesto, las cabezas de animal de las flores donde habían abierto
para pensar ante el sol.
¿Puedo volver atrás las palabras? ¿Algún pensamiento de transcripción nublará mi abierto ojo mental?
La amable búsqueda de crecimiento, el gracioso deseo de existir de las flores, mi casi éxtasis de existir entre ellos
El privilegio de sabiduría en mi existencia - tú también debes buscar el sol...
Mis libros apilados delante de mí para usarlos
esperando en el espacio donde los coloqué, ellos no han desaparecido, el tiempo les dejó sus remanentes y cualidades para que yo las use - mis palabras apiladas, mis textos, mis manuscritos, mis amores.
Yo tuve un momento de claridad, vi el sentimiento en el corazón de las cosas, caminé hacia el jardín llorando.
Vi los rojos capullos a la luz nocturna, el sol se había ido, todos habían crecido, en un momento, y estaban esperando detenidos en el tiempo la vuelta del sol diurno y que les diera...
Las flores que como en un sueño a la puesta del sol yo regaba fielmente sin saber cuánto las amaba.
Yo estoy tan solo en mi gloria ‑ salvo ellos demasiado fuera allí ‑ yo busqué ‑ esos brotes rojos de arbustos tentando y escudriñando en la ventana que aguarda en el amor ciego, sus hojas también esperan y están vueltas hacia el cielo para recibir ‑ toda la creación abierta para recibir ‑ la misma tierra entera.
La música desciende, como hace el tallo alto del brote pesado, porque debe hacerlo, para permanecer vivo, para continuar hasta la última gota de regocijo.
El mundo conoce el amor que está en su pecho como en la flor, el mundo solitario y sufriente.
El Padre es misericordioso.
El portalámparas está mal instalado en el cielorraso, después de construida la casa, como para admitir sin problemas un enchufe, y sirve ahora para mi tocadiscos...
La puerta del armario está abierta, donde yo la dejé, desde que la dejé abierta quedó graciosamente abierta.
La cocina no tiene puerta, el agujero me admitirá yo quisiera en la cocina.
Recuerdo cuando yo me acosté primero, H.P. se tomó graciosamente mi cherry, me senté en los muelles de Provincetown, tenía 23, estaba alegre, elevado en mi esperanza en el Padre, la puerta del vientre estaba abierta para admitirme si hubiera deseado entrar.
Hay electricidad inutilizada enchufes por toda mi casa por si yo los pudiera necesitar.
La ventana de cocina está abierta, para que entre el aire...
El teléfono ‑ triste para relacionar ‑ está sentado en el piso ‑ no tengo dinero para conectarlo ‑
Quiero que la gente se incline cuando me ve y diga él tiene el don de la poesía, él ha visto la presencia del Creador.
Y el Creador me sacudió con su presencia para gratificar mi deseo, para que no engañarme en mi anhelo de él.
Berkeley 1955.
II
¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió de golpe sus cráneos y devoró su cerebro y su imaginación?
¡Moloc! ¡Soledad! ¡Mugre! ¡Repugnancia! ¡Tachos de basura y dólares inalcanzables! ¡Chicos gritando bajo las escaleras! ¡Muchachos que sollozan en los ejércitos! ¡Ancianos gimiendo en los parques!
¡Moloc! ¡Moloc! ¡Pesadilla de Moloc! ¡Moloc el sin amor! ¡Moloc mental! ¡Moloc el duro juez de los hombres!
¡Moloc, la prisión incomprensible! ¡Moloc, penitenciaría sin alma y de huesos cruzados y congreso de las penas! ¡Moloc cuyos edificios son sentencias! ¡Moloc la vasta piedra de la guerra! ¡Moloc los aturdidos gobiernos!
¡Moloc cuya mente es pura maquinaria! ¡Moloc cuya sangre es moneda corriente! ¡Moloc cuyos dedos son diez ejércitos! ¡Moloc cuyo oído es una tumba humeante!
¡Moloc cuyos ojos son mil ventanas ciegas! ¡Moloc cuyos rascacielos están en las largas calles como Jehováes infinitos! ¡Moloc, cuyas fábricas sueñan y gruñen en la bruma! ¡Moloc, cuyas chimeneas y antenas coronan las ciudades!
¡Moloc cuyo amor es petróleo y piedra eternos! ¡Moloc cuya alma es electricidad y bancos! ¡Moloc cuya pobreza es el espectro del genio! ¡Moloc cuyo destino es una nube de hidrógeno asexuada! ¡Moloc cuyo nombre es la Mente!
¡Moloc, en quien yo me siento solo! ¡Moloc, en quien yo sueño Ángeles! ¡Loco en Moloc! ¡Chupapija en Moloc! ¡Falto de amor y sin hombre en Moloc!
¡Moloc que entró temprano en mi alma! ¡Moloc en quien soy una conciencia sin cuerpo! ¡Moloc que me espantó de mi éxtasis natural! ¡Moloc en quien me abandono! ¡Levántate en Moloc! ¡Corriente luminosa del cielo!
¡Moloc! ¡Moloc! ¡Departamentos robóticos! ¡Suburbios invisibles! ¡Tesoros esqueléticos! ¡Capitales ciegos! ¡Industrias demoníacas! ¡Naciones espectrales! ¡Manicomios invencibles! ¡Pijas de granito! ¡Bombas monstruosas!
¡Ellos se rompieron la espalda para elevar a Moloc al cielo! ¡Pavimentos, árboles, radios, toneladas llevando la ciudad al Cielo que existe y está en todos lados encima de nosotros!
¡Visiones! ¡Augurios! ¡Alucinaciones! ¡Milagros! ¡Éxtasis hundidos en el río norteamericano!
¡Sueños! ¡Adoraciones! ¡Iluminaciones! el lastre completo de la mierda sensible!
¡Rajaduras sobre el río! ¡Saltos mortales y crucifixiones hundidos en la creciente! ¡Alturas! ¡Epifanías! ¡Desesperaciones! ¡Gritos de animales y suicidios durante diez años! ¡Mentes! ¡Amores nuevos! ¡Generación loca sepultada por las rocas del Tiempo!
¡Risa real y santa en el río! ¡Todos la vieron! ¡Los ojos salvajes! ¡Los alaridos santos! ¡Ellos se despidieron! ¡Saltaron de los tejados hacia la soledad, haciendo señas, llevando flores hacia el río, en la calle!
III
¡Carl Solomon! Estoy con vos en Rockland donde vos estás más loco que yo
Estoy con vos en Rockland
donde debés sentirte muy extraño
Estoy con vos en Rockland
donde vos imitás la sombra de mi madre
Estoy con vos en Rockland
donde asesinaste a tus doce secretarias
Estoy con vos en Rockland
donde reís ante este humor invisible
Estoy con vos en Rockland
donde somos grandes escritores con la misma espantosa máquina de escribir
Estoy con vos en Rockland
donde tu situación se agravó y se difunde por la radio
Estoy con vos en Rockland
donde las facultades del cráneo no admiten ya los gusanos de los sentidos
Estoy con vos en Rockland
donde tomás el té de los pechos de las solteronas de Útica
Estoy con vos en Rockland
donde hacés juegos de palabras sobre los cuerpos de tus enfermeras las arpías del Bronx
Estoy con vos en Rockland
donde gritás en un chaleco de fuerza que estás perdiendo el real pingpong del abismo
Estoy con vos en Rockland
donde disparás sobre el piano catatónico el alma es inocente e inmortal nunca morirá impiadosamente en un manicomio armado
Estoy con vos en Rockland
donde cincuenta electroshocks más no devolverán a su cuerpo tu alma de su peregrinaje hacia una cruz en el vacío
Estoy con vos en Rockland
donde acusás de demencia a tus médicos y tramás la revolución socialista hebrea contra el Gólgota nazifascista
Estoy con vos en Rockland
donde separás los cielos de Long Island y resucitás tu Jesús humano y viviente de la tumba sobrehumana
Estoy con vos en Rockland
donde hay veinticinco mil camaradas locos cantando todos juntos las últimas estrofas de La Internacional
Estoy con vos en Rockland
donde abrazamos y besamos a los Estados Unidos bajo nuestras frazadas los Estados Unidos que tosen toda la noche y no nos dejan dormir
Estoy con vos en Rockland
donde nos levantamos electrocutados fuera del coma por los aeroplanos de nuestras almas que rugen sobre el techo han venido a arrojar bombas angélicas el hospital se ilumina se desmoronan las paredes imaginarias Oh, las flacas legiones corren afuera Oh, choque de misericordia de estrellas y barras de la guerra eterna está aquí Oh victoria olvida tu ropa interior estamos aquí
Estoy con vos en Rockland
en mis sueños caminás chorreando de un viaje por mar en la autopista a través de Norteamérica llorando hasta la puerta de mi cabaña en la noche del Oeste.
San Francisco, 1955/56
ºNota al pie de "Aullido"
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!
¡El murmullo es santo! ¡El alma es santa! ¡La piel es santa! ¡La nariz es santa! ¡La lengua y la pija y la mano y el culo son santos!
¡Todas las cosas son santas! ¡Todos los hombres son santos! ¡Todos los lugares son santos! ¡Cada día es eternidad! ¡Cada hombre es un ángel!
¡El vago es tan santo como un serafín! ¡El demente es santo como tú, mi alma, lo eres!
¡Santos Peter, santo Allen, santo Solomon, santo Lucien, santo Kerouac, santo Huncke, santo Burroughs, santo Cassady, santos los desconocidos sodomitas y mendigos sufrientes santos los ángeles humanos horribles!
¡Santa mi madre en el asilo de dementes! ¡Santas las vergas de los abuelos de Kansas!
¡Santo el gimiente saxofón! ¡Santo el apocalipsis bop! ¡Santas las bandas de jazz, la marihuana, los hipsters, la paz, el junk, las baterías!
¡Santas las soledades de los rascacielos y los asfaltos! ¡Santas las cafeterías con los millones! ¡Santos los misteriosos ríos de lágrimas bajo las calles!
¡Santo el solitario holocausto! ¡Santo el cordero enorme de la clase media! ¡Santos los locos pastores de la rebelión! ¡Quien entierra a Los Ángeles es Los Ángeles!
¡Santa Nueva York! ¡Santa San Francisco! ¡Santas Peoria & Seattle! ¡Santa Tánger, Santa Moscú, Santa Estambul!
¡Santo tiempo en la eternidad santa eternidad en el tiempo santos los relojes en el espacio santa la cuarta dimensión santa la quinta Internacional santo el ángel en Moloc!
¡Santo el mar, santo el desierto santa la autopista santa la locomotora santas las visiones santas las alucinaciones santos los milagros santo el globo ocular santo el abismo!
¡Santo el perdón! ¡piedad! ¡caridad! ¡fe! ¡santos! ¡Lo nuestro! ¡Cuerpos sufrientes! ¡Magnanimidad! ¡Santa la sobrenatural extra brillante e inteligente amabilidad del alma!
Un supermercado en California
Qué pensamientos tuve anoche de ti, Walt Whitman, mientras caminaba por las veredas bajo los árboles con un autoconciente dolor de cabeza mirando la luna llena
¡En mi fatiga hambrienta, mientras compraba imágenes, entré en el supermercado de fruta de neón, soñando tus enumeraciones!
¡Qué duraznos y qué penumbras! ¡Familias enteras comprando de noche! ¡Pasillos llenos de maridos! ¡Esposas en las paltas, bebés en los tomates! ¿y vos, García Lorca, qué estabas haciendo entre las sandías?
Yo te vi, Walt Whitman, sin hijos, solitario y anciano arrancador de pasto, hurgando la comida en la heladera y mirando a los muchachos de los almacenes
Yo te escuché preguntar a cada uno: ¿quién mató al cerdo? ¿A qué precio las bananas? ¿Vos sos mi ángel?
Yo vagué dentro y fuera de las brillantes pilas de latas persiguiéndote, y seguí en mi imaginación cerca del guardia del supermercado
Juntos dimos zancadas bajo los corredores abiertos en nuestra solitaria fantasía mientras probamos alcauciles, nos apoderamos de cada golosina congelada y nunca pasamos la cajera.
¿Dónde estamos yendo, Walt Whitman? Las puertas cierran en una hora. ¿Hacia qué caminos apunta tu barba esta noche?
(Yo toco tu libro y sueño con nuestra odisea en el supermercado y me siento absurdo)
¿Vamos a caminar toda la noche a través de calles solitarias? Los árboles agregan sombra a la sombra, las luces fuera y dentro de las casas, ambos estaremos solos.
¿Vagaremos soñando con la perdida Norteamérica, con el pasado amor, azules automóviles en las carreteras, hogar en nuestra silenciosa cabaña?
Ah, querido padre, viejo y solitario maestro corajudo de la barba gris, ¿qué América tuviste cuando Caronte dejó de empujar su barca y te arrojaste en una orilla humeante y quedaste mirando cómo el bote desaparecía en las negras aguas de Letea?
Berkeley, 1955
Transcripción de música de órgano
La flor en el frasco de vidrio de los manís hace tiempo en la cocina se torcía para encontrar un lugar en la luz,
la puerta del armario, abierta porque la usé antes, y estaba amablemente abierta aguardándome a mí, su dueño.
Yo empecé a sentir mi miseria en el colchón sobre el piso, escuchando música, mi miseria, por eso es que quiero cantar.
La habitación se cerró sobre mí, y esperé la presencia del Creador, vi mis paredes pintadas de gris, el cielorraso, y ellos contenían mi habitación, y a mí,
como el cielo contenía mi jardín
y abrí la puerta.
La parra ascendió a la columna de la cabaña, las hojas en la noche permanecían donde el día las había puesto, las cabezas de animal de las flores donde habían abierto
para pensar ante el sol.
¿Puedo volver atrás las palabras? ¿Algún pensamiento de transcripción nublará mi abierto ojo mental?
La amable búsqueda de crecimiento, el gracioso deseo de existir de las flores, mi casi éxtasis de existir entre ellos
El privilegio de sabiduría en mi existencia - tú también debes buscar el sol...
Mis libros apilados delante de mí para usarlos
esperando en el espacio donde los coloqué, ellos no han desaparecido, el tiempo les dejó sus remanentes y cualidades para que yo las use - mis palabras apiladas, mis textos, mis manuscritos, mis amores.
Yo tuve un momento de claridad, vi el sentimiento en el corazón de las cosas, caminé hacia el jardín llorando.
Vi los rojos capullos a la luz nocturna, el sol se había ido, todos habían crecido, en un momento, y estaban esperando detenidos en el tiempo la vuelta del sol diurno y que les diera...
Las flores que como en un sueño a la puesta del sol yo regaba fielmente sin saber cuánto las amaba.
Yo estoy tan solo en mi gloria ‑ salvo ellos demasiado fuera allí ‑ yo busqué ‑ esos brotes rojos de arbustos tentando y escudriñando en la ventana que aguarda en el amor ciego, sus hojas también esperan y están vueltas hacia el cielo para recibir ‑ toda la creación abierta para recibir ‑ la misma tierra entera.
La música desciende, como hace el tallo alto del brote pesado, porque debe hacerlo, para permanecer vivo, para continuar hasta la última gota de regocijo.
El mundo conoce el amor que está en su pecho como en la flor, el mundo solitario y sufriente.
El Padre es misericordioso.
El portalámparas está mal instalado en el cielorraso, después de construida la casa, como para admitir sin problemas un enchufe, y sirve ahora para mi tocadiscos...
La puerta del armario está abierta, donde yo la dejé, desde que la dejé abierta quedó graciosamente abierta.
La cocina no tiene puerta, el agujero me admitirá yo quisiera en la cocina.
Recuerdo cuando yo me acosté primero, H.P. se tomó graciosamente mi cherry, me senté en los muelles de Provincetown, tenía 23, estaba alegre, elevado en mi esperanza en el Padre, la puerta del vientre estaba abierta para admitirme si hubiera deseado entrar.
Hay electricidad inutilizada enchufes por toda mi casa por si yo los pudiera necesitar.
La ventana de cocina está abierta, para que entre el aire...
El teléfono ‑ triste para relacionar ‑ está sentado en el piso ‑ no tengo dinero para conectarlo ‑
Quiero que la gente se incline cuando me ve y diga él tiene el don de la poesía, él ha visto la presencia del Creador.
Y el Creador me sacudió con su presencia para gratificar mi deseo, para que no engañarme en mi anhelo de él.
Berkeley 1955.
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poesía norteamericana
jueves, 26 de febrero de 2015
"Aullido", por Allen Ginsberg (1)
Primera parte de la traducción al castellano. Versión de Gerardo Burton
Aullido y otros poemas
por Allen Ginsberg
"¡Arranquen las cerraduras de las puertas!
¡Arranquen las mismas puertas de sus quicios!"
Dedicatoria a
Jack Kerouac, nuevo Buda de la prosa norteamericana, que escupió su inteligencia en once libros escritos en la mitad de los años 1951-1956 -"En la carretera", "Visiones de Neal", "Dr. Sax", "Springtime Mary", "Los subterráneos", "San Francisco Blues", "Vagabundos del Dharma", "Libro de los sueños", "Levántense", "México City Blues" y "Visiones de Gérard"- y creó una prosodia bop y una literatura clásica original. Varias frases y el título de "Aullido" se tomaron de sus obras.
William Seward Burroughs, autor de "El festín desnudo", una novela sin fin que volverá locos a todos.
Neal Cassady, autor de "El primer tercero", una autobiografía (1949) que iluminó a Buda.
Todos estos libros se publican en el Cielo.
Aullido, para Carl Solomon,
por William Carlos Williams
Cuando él y yo éramos más jóvenes, conocí a Allen Ginsberg, un joven poeta que vivía en Paterson, New Jersey, donde él, hijo de un reconocido poeta, había nacido y crecido.
Ginsberg era físicamente de constitución débil y mentalmente estaba conmovido por la vida con que se había topado durante aquellos años inmediatamente posteriores a la primera guerra mundial tal como se la mostraba en Nueva York. Estaba siempre a punto de irse, no importaba dónde; me alteraba. Nunca pensé que viviría para evolucionar y escribir un libro de poemas. Su capacidad para sobrevivir, viajar y seguir escribiendo me asombra. Y no es menos asombroso que haya continuado desarrollando y perfeccionando su arte.
Ahora, él se aparece quince o veinte años después con un poema impresionante. Literalmente, y sin ninguna duda, ha atravesado los infiernos. En el camino, conoció a un hombre llamado Carl Solomon, con quien compartió entre los dientes y el excremento de su vida algo que no puede descubrirse sino en las palabras que utiliza.
Este es un alarido de derrota. No una derrota total porque ha pasado por ella como si fuera una experiencia trivial. Todos somos derrotados en esta vida, pero si uno es un hombre, no está vencido.
Allen Ginsberg es un poeta que ha pasado, con su propio cuerpo, a través de las horripilantes experiencias de vida narradas en estas páginas. Lo asombroso de la cuestión no es que haya sobrevivido, sino que, desde las mismas profundidades encontrase a un individuo a quien amar. Un amor que celebra en estos poemas sin mirar al costado. Digan lo que quieran, él nos prueba que, pese a las experiencias más envilecedoras, el espíritu del amor sobrevive para ennoblecer nuestras vidas si tenemos el ingenio, el coraje y la fe (¡y el arte!) de perseverar.
La fe en el arte de la poesía va de la mano con este hombre en su Gólgota, desde ese matadero parecido en su forma al de los judíos en la guerra pasada. Pero esto ocurre en nuestro país, en nuestras más queridas proximidades. Estamos ciegos y vivimos nuestras ciegas existencias en absoluta ceguera. Los poetas están condenados pero no son ciegos, ven con los ojos de los ángeles. Este poeta ve a través y alrededor de los horrores que participa en los más íntimos detalles de su poema. No evita nada, por el contrario, experimenta todo a fondo. Lo contiene. Lo reclama como propio y creemos, se ríe de él y tiene el tiempo y el desafío de amar a un compañero de su elección y registrar ese amor en este bello poema.
Levanten el borde de sus faldas, damas, estamos ingresando en el infierno.
Aullido, para Carl Solomon
I
Yo vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la
locura, hambreadas, histéricas, desnudas
arrastrarse por las calles de los negros en el crepúsculo en busca de
un pico desesperado,
hipsters de cabeza de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial al motor estelar en la maquinaria nocturna,
esos que en la pobreza y en andrajos y con ojos huecos y en lo alto se
incorporan fumando en la oscuridad sobrenatural de los
departamentos con agua fría corriente y flotan cruzando los
techos de las ciudades y contemplando el jazz,
esos que desnudaron sus sesos al cielo bajo el Empire State y vieron
a los ángeles mahometanos vacilando sobre los techos iluminados de los conventillos,
esos que pasaron por universidades con radiantes ojos tibios alucinando
Arkansas y Blake -una tragedia leve entre los eruditos de la
guerra,
esos que fueron expulsados de las academias por locos y por haber publicado odas obscenas en las ventanas de la calavera,
esos que se agacharon en ropa interior en las habitaciones,
sin afeitar, quemando su dinero en basureros y escuchando el
terror a través de la pared,
esos que se quebraron en su vello púbico mientras volvían de Laredo hacia New York con un cinturón repleto de marihuana,
esos que comieron fuego en pintura en los hoteles o bebieron trementina en el callejón del Paraíso, murieron o purgaron sus torsos noche
tras noche
con sueños, con drogas, con pesadillas en vigilia, alcohol y coca y tragos interminables,
incomparables calles ciegas de nubes temblorosas y relámpagos en la
mente, saltando hacia los postes de Canadá & Paterson, iluminando todo el mundo inmóvil del entre Tiempo
solidez del peyote en los salones, amaneceres del cementerio del árbol
verde en el patio trasero, borrachera de vino sobre los tejados,
fachadas de almacenes municipales picadas de neón eludiendo los
semáforos, vibraciones de sol y luna y árbol en las rugientes
oscuridades invernales de Brooklyn, ceniceros delirantes y
majestuosa luz de la mente;
esos que se encadenaron a los subterráneos para un viaje sin fin desde
Battery al Santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las
ruedas y los chicos los llevaron a un naufragio estremecedor con
el apaleado desierto del cerebro totalmente vaciado de brillo en
la lóbrega luz del zoológico,
esos que se sumergieron en la luz submarina de Brickford's, salieron a flote y se sentaron ante una cerveza rancia por la
tarde en el desolado Fugazzi's mientras oían el juicio final del tocadiscos automático de hidrógeno,
esos que hablaron continuamente durante setenta horas desde el parque al colchón al bar a Bellevue al museo al puente de Brooklyn,
una patrulla perdida de conversadores platónicos saltando desde los
escalones de las salidas de emergencia de los antepechos de las
ventanas del Empire State hasta la luna,
rebuznando chillando vomitando susurrando hechos y memorias y anécdotas y patadas en el ojo y electroshocks en los hospitales
y cárceles y guerras
íntegros intelectos lanzados en una convocatoria de siete días con sus
noches y ojos brillantes, carne para la sinagoga arrojada sobre el pavimento,
esos que se esfumaron hacia ningún lado Zen de Nueva Jersey dejando un
rastro de ambiguas postales de Atlantic City Hall,
sufriendo exudaciones orientales, quebrantaduras de huesos de Tánger
y migrañas de China con pitadas de cáñamo en una habitación amueblada y sin abrigo de Newark,
esos que vagabundearon en círculos en la medianoche en la carretera
preguntándose dónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos,
esos que encendieron cigarrillos en vagones haciendo lío a través de la nieve hasta las solitarias granjas en la noche del abuelo,
esos que estudiaron Plotino Poe San Juan de la Cruz telepatía y cábala bop porque el cosmos vibraba por instinto a sus pies en Kansas,
esos que abandonaron todo en las calles de Idaho viendo visionarios
ángeles indios que eran visionarios ángeles indios,
esos que pensaron que apenas estaban locos cuando Baltimore relampagueó en un éxtasis sobrenatural,
esos que saltaron dentro de limusinas con el chino de Oklahoma al
impulso de la luz de la calle en la medianoche de invierno,
lluviosa de la pequeña ciudad,
esos que haraganearon hambrientos y solitarios por Houston buscando
jazz o sexo o sopa, y siguieron al talentoso español para conversar sobre América y la eternidad, una tarea sin esperanza, y entonces tomaron un barco a África,
esos que desaparecieron en los volcanes de México sin dejar nada atrás
salvo la sombra de los pantalones y la lava y la ceniza de la
poesía desparramada en el hogar de Chicago,
esos que reaparecieron en la costa oeste investigando al FBI en barbas y pantaloncitos con grandes ojos pacifistas y sensuales
en su oscura piel saliendo de folletos incomprensibles,
esos que hicieron agujeros en sus brazos con cigarrillos para protestar contra la niebla de tabaco del capitalismo,
esos que distribuyeron panfletos supercomunistas en la plaza Unión sollozando y desvistiéndose mientras las sirenas de Los Álamos los lloraban, y gemían en Wall, y el ferry de la isla Staten también se lamentaba,
esos que irrumpieron llorando en blancos gimnasios desnudos y temblando delante de la maquinaria de otros esqueletos,
esos que golpearon a los detectives en el cuello y chillaron con deleite en los patrulleros no por cometer crímenes sino por su propia pederastia e intoxicación salvajes,
esos que aullaron de rodillas en el subte y fueron arrastrados fuera
del techo agitando sus genitales y manuscritos
esos que dejaron que los cogieran por atrás santos motociclistas y chillaron de gozo,
esos que convidaron y fueron convidados por esos serafines humanos,
los marineros, con caricias de amor atlántico y caribeño,
esos que bailaron en la mañana y en las tardes en jardines de rosas y
en el césped de parques públicos y cementerios desparramando su
semen libremente a quien quiera que ojalá viniera,
esos que hipaban interminablemente intentando contener la risa pero
acabaron en un sollozo tras un tabique en un baño turco donde el
ángel rubio y desnudo vino para penetrarlos con una espada,
esos que perdieron a sus efebos con las tres arpías del destino: la
arpía tuerta del dólar heterosexual, la arpía tuerta que disimula su vientre y la arpía tuerta que no hace nada excepto sentarse sobre su culo y tijeretear los intelectuales
hilos dorados del telar del artesano,
esos que copulaban extáticos e insaciables con una botella de cerveza
y un amate, un atado de cigarrillos una vela y se cayeron de la
cama, y continuaron en el piso y abajo en el vestíbulo y
terminaron desfallecidos contra la pared con una visión de la
última cuenta y vinieron eludiendo el último relámpago de
conciencia,
esos que mitigaron el rapto de un millón de chicas temblando en el
ocaso, y tenían los ojos enrojecidos por la mañana pero se
prepararon para endulzar el arrebato de la salida del sol, destellando las nalgas en los graneros y desnudos en el lago,
esos qiue se fueron a putañear por Colorado en una miríada de autos robados de noche, Neal Cassady, héroe secreto de estos poemas, padrillo y Adonis de Denver, gozo por la memoria de su interminable lista de chicas en baldíos & patios traseros de los comederos, cines, raquíticas hileras en cavernas sobre las
cimas de las montañas o con camareras flacas en las banquinas familiares solitarias enaguas levantadas & sobre todo estaciones de servicio secretas solipsismos de juanes & callejones de la ciudad natal también,
esos que se desvanecieron en infinitas películas sórdidas, fueron transportados en sueños, despertaron de repente en Manhattan y se levantaron de los basamentos, se colgaron con una cruel Tokay y los horrores de la 3a. avenida, sueños de hierro & tropezaron contra las oficinas de desempleo,
esos que caminaron toda la noche con sus zapatos llenos de sangre en la nieve de los desembarcaderos de la ribera esperando que una
puerta en el East River se abriera a una habitación llena de
vapor y opio,
esos que crearon grandes dramas suicidas en el departamento acantilado
del Hudson bajo el reflector azul de la luna durante la guerra
& sus cabezas serán coronadas con laurel en el olvido
esos qzue comieron el guiso de cordero de la imaginación o digirieron
el cangrejo en el fangoso cauce de los ríos de Bowery,
esos que lloraron por el idilio de las calles con sus carretillas repletas de cebollas y música en la oscuridad bajo el puente, y
se levantaron a construir clavicordios en sus altillos,
esos que tosieron en el sexto piso de Harlem coronados con llamas bajo
el cielo tuberculoso rodeado por embalajes anaranjados de
teología,
esos que garabatearon toda la noche bamboleándose y rodando sobre
excelsos conjuros que en la mañana amarilla se convirtieron en
estrofas de jerigonza,
esos que cocinaron carroña de animales bofe corazón patas colas borsht
& "tortillas" soñando con el puro reino vegetal,
esos que se zambulleron bajo furgones de carne buscando su huevo,
esos que arrojaron sus relojes desde el techo para abandonar su cédula
por toda la eternidad fuera del tiempo, & los despertadores cayeron sobre sus cabezas cada día en la próxima década,
esos que cortaron sus muñecas tres veces sucesivas sin éxito,
renunciaron y fueron forzados a abrir antiguos almacenes donde pensaron que envejecerían y lloraron,
esos que fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela entre ráfagas de versos plomizos & el martilleo metálico de los regimientos de hierro de la moda & los chillidos de nitroglicerina de las hadas de la publicidad & el gas de mostaza de los siniestros editores inteligentes, o fueron cazados por los taxímetros borrachos de la Realidad Absoluta,
esos que saltaron desde el puente de Brooklyn esto actualmente sucedió
y se perdieron caminando, desconocidos y olvidados en el
fantasmal deslumbramiento de una sopa de Chinatown, callejones
y autobombas, sin siquiera una cerveza gratis,
esos que cantaron desesperados desde sus ventanas, se arrojaron por la
ventanilla del subte, saltaron en el inmundo Passaic, se montaron
a los negros, lloraron todos en la calle, bailaron descalzos
sobre vasos rotos quebraron discos pornográficos del nostálgico
jazz alemán de la Europa del '30 se terminaron el whisky y se
lanzaron gruñendo en el sangriento retrete, quejidos en sus oídos
y la ráfaga de colosales silbidos de vapor,
esos que barrenaron los caminos del pasado recorriendo de uno a otro
el caliente azote del Gólgota la mirada de soledad en la cárcel
o la encarnación del jazz en Birmingham,
esos que manejaron a campo traviesa setenta y dos horas para descubrir
si yo tenía una visión o tú tenías una visión o él tenía una
visión para hallar la Eternidad,
esos que viajaron a Denver, que murieron en Denver, que regresaron a
Denver & esperaron en vano, que vigilaron Denver & se cobijaron & se aislaron y finalmente se fueron a encontrar el Tiempo, & ahora Denver está abandonada para sus héroes,
esos que se arrodillaron en catedrales sin esperanza rezando por la
salvación de cada uno y la luz y los pechos, hasta que el alma
iluminó su cabellera por un segundo,
esos que estrellaron sus mentes en prisión esperando a imposibles
criminales con cabezas doradas y el encanto de la realidad en
sus corazones que cantaban dulces blues e Alcatraz,
esos que se retiraron a México a cultivar un hábito o a las Montañas
Rocosas hacia Buda el tierno o a Tánger hacia los muchachos o al Pacífico sur en la negra locomotora o a Harvard al Narciso a Woodlawn a las margaritas o a la tumba,
esos que exigieron juicios de salud acusando a la radio de hipnotismo
& los dejaron con su demencia & sus manos & un jurado en
desacuerdo,
esos que arrojaron ensalada de papas a los conferencistas sobre
dadaísmo del Centro Cultural de New York y después se presentaron
en las escalinatas de granito del manicomio con las cabezas
afeitadas y arlequines discursos de suicidio, exigiendo la
inmediata lobotomía,
y a quienes en lugar del vacío concreto de la insulina se les dio metrasol electricidad hidroterapia terapia ocupacional ping pong
y amnesia,
esos que en una protesta sin humor dieron vuelta sólo una simbólica
mesa de ping pong, reposando brevemente catatónicos,
volviendo años después calvos de veras salvo una peluca de sangre, y
lágrimas y dedos, hacia la sentencia visible del enajenado de los
custodios de las dementes ciudades del Este,
los fétidos vestíbulos de Pilgrim State, Rockland y Greystone
murmurando con los ecos del alma, golpeando y rodando en la
soledad de medianoche en los bancos dolménicos reinos del amor, el sueño de la vida una pesadilla, cuerpos convertidos en piedra, tan pesados como la luna,
con la madre finalmente ****** y el último libro fantástico arrojado desde la ventana de trementina y la última puerta cerrada a las
4 a.m. y el último teléfono estrellado contra la pared como
respuesta y la última habitación amueblada vaciada hasta el último mueble mental, una rosa amarilla de papel enroscada en una percha de alambre en el ropero, y aun eso es imaginario, nada sino un esperanzado pedacito de alucinación,
ah, Carl, mientras no te salves, yo no me salvaré, y ahora tú estás en
la animal sopa total del tiempo
y quienes en consecuencia corrieron por las calles heladas obsesionados con un repentino relámpago de la alquimia del uso
de la elipse el catálogo el metro y el plano vibratorio
quienes soñaron e hicieron encarnar brechas en Tiempo & Espacio a
través de imágenes yuxtapuestas, y atraparon al arcángel del alma
entre dos imágenes visuales y unieron los verbos elementales y fijaron el sustantivo y el golpe de conciencia juntos saltando con la sensación del Pater Omnipotens Aeterna Deus
para recrear la sintaxis y medir la pobre prosa humana y quedarse ante ti sin palabras e inteligente y sacudiéndose con vergüenza,
rehusando aún confesar el alma para conformar el ritmo del
pensamiento en su desnuda cabeza sin fin,
la vagancia del enajenado y el golpe del ángel en el Tiempo, desconocido, todavía puesto aquí lo que podía dejarse para decir en el tiempo después de la muerte,
y se alzaron reencarnados en las fantasmales ropas del jazz en la
sombra de la trompeta de la banda y tocaron el sufrimiento de
la mente desnuda de América para amar en un lamento de saxofón
como un eli eli lammma lamma sabactahani que sacudió a las ciudades hasta la última radio
con el corazón absoluto del poema de la vida carnal de sus propios cuerpos buenos para comer mil años.
Aullido y otros poemas
por Allen Ginsberg
"¡Arranquen las cerraduras de las puertas!
¡Arranquen las mismas puertas de sus quicios!"
Dedicatoria a
Jack Kerouac, nuevo Buda de la prosa norteamericana, que escupió su inteligencia en once libros escritos en la mitad de los años 1951-1956 -"En la carretera", "Visiones de Neal", "Dr. Sax", "Springtime Mary", "Los subterráneos", "San Francisco Blues", "Vagabundos del Dharma", "Libro de los sueños", "Levántense", "México City Blues" y "Visiones de Gérard"- y creó una prosodia bop y una literatura clásica original. Varias frases y el título de "Aullido" se tomaron de sus obras.
William Seward Burroughs, autor de "El festín desnudo", una novela sin fin que volverá locos a todos.
Neal Cassady, autor de "El primer tercero", una autobiografía (1949) que iluminó a Buda.
Todos estos libros se publican en el Cielo.
Aullido, para Carl Solomon,
por William Carlos Williams
Cuando él y yo éramos más jóvenes, conocí a Allen Ginsberg, un joven poeta que vivía en Paterson, New Jersey, donde él, hijo de un reconocido poeta, había nacido y crecido.
Ginsberg era físicamente de constitución débil y mentalmente estaba conmovido por la vida con que se había topado durante aquellos años inmediatamente posteriores a la primera guerra mundial tal como se la mostraba en Nueva York. Estaba siempre a punto de irse, no importaba dónde; me alteraba. Nunca pensé que viviría para evolucionar y escribir un libro de poemas. Su capacidad para sobrevivir, viajar y seguir escribiendo me asombra. Y no es menos asombroso que haya continuado desarrollando y perfeccionando su arte.
Ahora, él se aparece quince o veinte años después con un poema impresionante. Literalmente, y sin ninguna duda, ha atravesado los infiernos. En el camino, conoció a un hombre llamado Carl Solomon, con quien compartió entre los dientes y el excremento de su vida algo que no puede descubrirse sino en las palabras que utiliza.
Este es un alarido de derrota. No una derrota total porque ha pasado por ella como si fuera una experiencia trivial. Todos somos derrotados en esta vida, pero si uno es un hombre, no está vencido.
Allen Ginsberg es un poeta que ha pasado, con su propio cuerpo, a través de las horripilantes experiencias de vida narradas en estas páginas. Lo asombroso de la cuestión no es que haya sobrevivido, sino que, desde las mismas profundidades encontrase a un individuo a quien amar. Un amor que celebra en estos poemas sin mirar al costado. Digan lo que quieran, él nos prueba que, pese a las experiencias más envilecedoras, el espíritu del amor sobrevive para ennoblecer nuestras vidas si tenemos el ingenio, el coraje y la fe (¡y el arte!) de perseverar.
La fe en el arte de la poesía va de la mano con este hombre en su Gólgota, desde ese matadero parecido en su forma al de los judíos en la guerra pasada. Pero esto ocurre en nuestro país, en nuestras más queridas proximidades. Estamos ciegos y vivimos nuestras ciegas existencias en absoluta ceguera. Los poetas están condenados pero no son ciegos, ven con los ojos de los ángeles. Este poeta ve a través y alrededor de los horrores que participa en los más íntimos detalles de su poema. No evita nada, por el contrario, experimenta todo a fondo. Lo contiene. Lo reclama como propio y creemos, se ríe de él y tiene el tiempo y el desafío de amar a un compañero de su elección y registrar ese amor en este bello poema.
Levanten el borde de sus faldas, damas, estamos ingresando en el infierno.
Aullido, para Carl Solomon
I
Yo vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la
locura, hambreadas, histéricas, desnudas
arrastrarse por las calles de los negros en el crepúsculo en busca de
un pico desesperado,
hipsters de cabeza de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial al motor estelar en la maquinaria nocturna,
esos que en la pobreza y en andrajos y con ojos huecos y en lo alto se
incorporan fumando en la oscuridad sobrenatural de los
departamentos con agua fría corriente y flotan cruzando los
techos de las ciudades y contemplando el jazz,
esos que desnudaron sus sesos al cielo bajo el Empire State y vieron
a los ángeles mahometanos vacilando sobre los techos iluminados de los conventillos,
esos que pasaron por universidades con radiantes ojos tibios alucinando
Arkansas y Blake -una tragedia leve entre los eruditos de la
guerra,
esos que fueron expulsados de las academias por locos y por haber publicado odas obscenas en las ventanas de la calavera,
esos que se agacharon en ropa interior en las habitaciones,
sin afeitar, quemando su dinero en basureros y escuchando el
terror a través de la pared,
esos que se quebraron en su vello púbico mientras volvían de Laredo hacia New York con un cinturón repleto de marihuana,
esos que comieron fuego en pintura en los hoteles o bebieron trementina en el callejón del Paraíso, murieron o purgaron sus torsos noche
tras noche
con sueños, con drogas, con pesadillas en vigilia, alcohol y coca y tragos interminables,
incomparables calles ciegas de nubes temblorosas y relámpagos en la
mente, saltando hacia los postes de Canadá & Paterson, iluminando todo el mundo inmóvil del entre Tiempo
solidez del peyote en los salones, amaneceres del cementerio del árbol
verde en el patio trasero, borrachera de vino sobre los tejados,
fachadas de almacenes municipales picadas de neón eludiendo los
semáforos, vibraciones de sol y luna y árbol en las rugientes
oscuridades invernales de Brooklyn, ceniceros delirantes y
majestuosa luz de la mente;
esos que se encadenaron a los subterráneos para un viaje sin fin desde
Battery al Santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las
ruedas y los chicos los llevaron a un naufragio estremecedor con
el apaleado desierto del cerebro totalmente vaciado de brillo en
la lóbrega luz del zoológico,
esos que se sumergieron en la luz submarina de Brickford's, salieron a flote y se sentaron ante una cerveza rancia por la
tarde en el desolado Fugazzi's mientras oían el juicio final del tocadiscos automático de hidrógeno,
esos que hablaron continuamente durante setenta horas desde el parque al colchón al bar a Bellevue al museo al puente de Brooklyn,
una patrulla perdida de conversadores platónicos saltando desde los
escalones de las salidas de emergencia de los antepechos de las
ventanas del Empire State hasta la luna,
rebuznando chillando vomitando susurrando hechos y memorias y anécdotas y patadas en el ojo y electroshocks en los hospitales
y cárceles y guerras
íntegros intelectos lanzados en una convocatoria de siete días con sus
noches y ojos brillantes, carne para la sinagoga arrojada sobre el pavimento,
esos que se esfumaron hacia ningún lado Zen de Nueva Jersey dejando un
rastro de ambiguas postales de Atlantic City Hall,
sufriendo exudaciones orientales, quebrantaduras de huesos de Tánger
y migrañas de China con pitadas de cáñamo en una habitación amueblada y sin abrigo de Newark,
esos que vagabundearon en círculos en la medianoche en la carretera
preguntándose dónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos,
esos que encendieron cigarrillos en vagones haciendo lío a través de la nieve hasta las solitarias granjas en la noche del abuelo,
esos que estudiaron Plotino Poe San Juan de la Cruz telepatía y cábala bop porque el cosmos vibraba por instinto a sus pies en Kansas,
esos que abandonaron todo en las calles de Idaho viendo visionarios
ángeles indios que eran visionarios ángeles indios,
esos que pensaron que apenas estaban locos cuando Baltimore relampagueó en un éxtasis sobrenatural,
esos que saltaron dentro de limusinas con el chino de Oklahoma al
impulso de la luz de la calle en la medianoche de invierno,
lluviosa de la pequeña ciudad,
esos que haraganearon hambrientos y solitarios por Houston buscando
jazz o sexo o sopa, y siguieron al talentoso español para conversar sobre América y la eternidad, una tarea sin esperanza, y entonces tomaron un barco a África,
esos que desaparecieron en los volcanes de México sin dejar nada atrás
salvo la sombra de los pantalones y la lava y la ceniza de la
poesía desparramada en el hogar de Chicago,
esos que reaparecieron en la costa oeste investigando al FBI en barbas y pantaloncitos con grandes ojos pacifistas y sensuales
en su oscura piel saliendo de folletos incomprensibles,
esos que hicieron agujeros en sus brazos con cigarrillos para protestar contra la niebla de tabaco del capitalismo,
esos que distribuyeron panfletos supercomunistas en la plaza Unión sollozando y desvistiéndose mientras las sirenas de Los Álamos los lloraban, y gemían en Wall, y el ferry de la isla Staten también se lamentaba,
esos que irrumpieron llorando en blancos gimnasios desnudos y temblando delante de la maquinaria de otros esqueletos,
esos que golpearon a los detectives en el cuello y chillaron con deleite en los patrulleros no por cometer crímenes sino por su propia pederastia e intoxicación salvajes,
esos que aullaron de rodillas en el subte y fueron arrastrados fuera
del techo agitando sus genitales y manuscritos
esos que dejaron que los cogieran por atrás santos motociclistas y chillaron de gozo,
esos que convidaron y fueron convidados por esos serafines humanos,
los marineros, con caricias de amor atlántico y caribeño,
esos que bailaron en la mañana y en las tardes en jardines de rosas y
en el césped de parques públicos y cementerios desparramando su
semen libremente a quien quiera que ojalá viniera,
esos que hipaban interminablemente intentando contener la risa pero
acabaron en un sollozo tras un tabique en un baño turco donde el
ángel rubio y desnudo vino para penetrarlos con una espada,
esos que perdieron a sus efebos con las tres arpías del destino: la
arpía tuerta del dólar heterosexual, la arpía tuerta que disimula su vientre y la arpía tuerta que no hace nada excepto sentarse sobre su culo y tijeretear los intelectuales
hilos dorados del telar del artesano,
esos que copulaban extáticos e insaciables con una botella de cerveza
y un amate, un atado de cigarrillos una vela y se cayeron de la
cama, y continuaron en el piso y abajo en el vestíbulo y
terminaron desfallecidos contra la pared con una visión de la
última cuenta y vinieron eludiendo el último relámpago de
conciencia,
esos que mitigaron el rapto de un millón de chicas temblando en el
ocaso, y tenían los ojos enrojecidos por la mañana pero se
prepararon para endulzar el arrebato de la salida del sol, destellando las nalgas en los graneros y desnudos en el lago,
esos qiue se fueron a putañear por Colorado en una miríada de autos robados de noche, Neal Cassady, héroe secreto de estos poemas, padrillo y Adonis de Denver, gozo por la memoria de su interminable lista de chicas en baldíos & patios traseros de los comederos, cines, raquíticas hileras en cavernas sobre las
cimas de las montañas o con camareras flacas en las banquinas familiares solitarias enaguas levantadas & sobre todo estaciones de servicio secretas solipsismos de juanes & callejones de la ciudad natal también,
esos que se desvanecieron en infinitas películas sórdidas, fueron transportados en sueños, despertaron de repente en Manhattan y se levantaron de los basamentos, se colgaron con una cruel Tokay y los horrores de la 3a. avenida, sueños de hierro & tropezaron contra las oficinas de desempleo,
esos que caminaron toda la noche con sus zapatos llenos de sangre en la nieve de los desembarcaderos de la ribera esperando que una
puerta en el East River se abriera a una habitación llena de
vapor y opio,
esos que crearon grandes dramas suicidas en el departamento acantilado
del Hudson bajo el reflector azul de la luna durante la guerra
& sus cabezas serán coronadas con laurel en el olvido
esos qzue comieron el guiso de cordero de la imaginación o digirieron
el cangrejo en el fangoso cauce de los ríos de Bowery,
esos que lloraron por el idilio de las calles con sus carretillas repletas de cebollas y música en la oscuridad bajo el puente, y
se levantaron a construir clavicordios en sus altillos,
esos que tosieron en el sexto piso de Harlem coronados con llamas bajo
el cielo tuberculoso rodeado por embalajes anaranjados de
teología,
esos que garabatearon toda la noche bamboleándose y rodando sobre
excelsos conjuros que en la mañana amarilla se convirtieron en
estrofas de jerigonza,
esos que cocinaron carroña de animales bofe corazón patas colas borsht
& "tortillas" soñando con el puro reino vegetal,
esos que se zambulleron bajo furgones de carne buscando su huevo,
esos que arrojaron sus relojes desde el techo para abandonar su cédula
por toda la eternidad fuera del tiempo, & los despertadores cayeron sobre sus cabezas cada día en la próxima década,
esos que cortaron sus muñecas tres veces sucesivas sin éxito,
renunciaron y fueron forzados a abrir antiguos almacenes donde pensaron que envejecerían y lloraron,
esos que fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela entre ráfagas de versos plomizos & el martilleo metálico de los regimientos de hierro de la moda & los chillidos de nitroglicerina de las hadas de la publicidad & el gas de mostaza de los siniestros editores inteligentes, o fueron cazados por los taxímetros borrachos de la Realidad Absoluta,
esos que saltaron desde el puente de Brooklyn esto actualmente sucedió
y se perdieron caminando, desconocidos y olvidados en el
fantasmal deslumbramiento de una sopa de Chinatown, callejones
y autobombas, sin siquiera una cerveza gratis,
esos que cantaron desesperados desde sus ventanas, se arrojaron por la
ventanilla del subte, saltaron en el inmundo Passaic, se montaron
a los negros, lloraron todos en la calle, bailaron descalzos
sobre vasos rotos quebraron discos pornográficos del nostálgico
jazz alemán de la Europa del '30 se terminaron el whisky y se
lanzaron gruñendo en el sangriento retrete, quejidos en sus oídos
y la ráfaga de colosales silbidos de vapor,
esos que barrenaron los caminos del pasado recorriendo de uno a otro
el caliente azote del Gólgota la mirada de soledad en la cárcel
o la encarnación del jazz en Birmingham,
esos que manejaron a campo traviesa setenta y dos horas para descubrir
si yo tenía una visión o tú tenías una visión o él tenía una
visión para hallar la Eternidad,
esos que viajaron a Denver, que murieron en Denver, que regresaron a
Denver & esperaron en vano, que vigilaron Denver & se cobijaron & se aislaron y finalmente se fueron a encontrar el Tiempo, & ahora Denver está abandonada para sus héroes,
esos que se arrodillaron en catedrales sin esperanza rezando por la
salvación de cada uno y la luz y los pechos, hasta que el alma
iluminó su cabellera por un segundo,
esos que estrellaron sus mentes en prisión esperando a imposibles
criminales con cabezas doradas y el encanto de la realidad en
sus corazones que cantaban dulces blues e Alcatraz,
esos que se retiraron a México a cultivar un hábito o a las Montañas
Rocosas hacia Buda el tierno o a Tánger hacia los muchachos o al Pacífico sur en la negra locomotora o a Harvard al Narciso a Woodlawn a las margaritas o a la tumba,
esos que exigieron juicios de salud acusando a la radio de hipnotismo
& los dejaron con su demencia & sus manos & un jurado en
desacuerdo,
esos que arrojaron ensalada de papas a los conferencistas sobre
dadaísmo del Centro Cultural de New York y después se presentaron
en las escalinatas de granito del manicomio con las cabezas
afeitadas y arlequines discursos de suicidio, exigiendo la
inmediata lobotomía,
y a quienes en lugar del vacío concreto de la insulina se les dio metrasol electricidad hidroterapia terapia ocupacional ping pong
y amnesia,
esos que en una protesta sin humor dieron vuelta sólo una simbólica
mesa de ping pong, reposando brevemente catatónicos,
volviendo años después calvos de veras salvo una peluca de sangre, y
lágrimas y dedos, hacia la sentencia visible del enajenado de los
custodios de las dementes ciudades del Este,
los fétidos vestíbulos de Pilgrim State, Rockland y Greystone
murmurando con los ecos del alma, golpeando y rodando en la
soledad de medianoche en los bancos dolménicos reinos del amor, el sueño de la vida una pesadilla, cuerpos convertidos en piedra, tan pesados como la luna,
con la madre finalmente ****** y el último libro fantástico arrojado desde la ventana de trementina y la última puerta cerrada a las
4 a.m. y el último teléfono estrellado contra la pared como
respuesta y la última habitación amueblada vaciada hasta el último mueble mental, una rosa amarilla de papel enroscada en una percha de alambre en el ropero, y aun eso es imaginario, nada sino un esperanzado pedacito de alucinación,
ah, Carl, mientras no te salves, yo no me salvaré, y ahora tú estás en
la animal sopa total del tiempo
y quienes en consecuencia corrieron por las calles heladas obsesionados con un repentino relámpago de la alquimia del uso
de la elipse el catálogo el metro y el plano vibratorio
quienes soñaron e hicieron encarnar brechas en Tiempo & Espacio a
través de imágenes yuxtapuestas, y atraparon al arcángel del alma
entre dos imágenes visuales y unieron los verbos elementales y fijaron el sustantivo y el golpe de conciencia juntos saltando con la sensación del Pater Omnipotens Aeterna Deus
para recrear la sintaxis y medir la pobre prosa humana y quedarse ante ti sin palabras e inteligente y sacudiéndose con vergüenza,
rehusando aún confesar el alma para conformar el ritmo del
pensamiento en su desnuda cabeza sin fin,
la vagancia del enajenado y el golpe del ángel en el Tiempo, desconocido, todavía puesto aquí lo que podía dejarse para decir en el tiempo después de la muerte,
y se alzaron reencarnados en las fantasmales ropas del jazz en la
sombra de la trompeta de la banda y tocaron el sufrimiento de
la mente desnuda de América para amar en un lamento de saxofón
como un eli eli lammma lamma sabactahani que sacudió a las ciudades hasta la última radio
con el corazón absoluto del poema de la vida carnal de sus propios cuerpos buenos para comer mil años.
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