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jueves, 13 de abril de 2017

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por Alejandro Flynn



Se oye como música a lo lejos. Un raro sonido que va acercándose a la ciudad de Buenos Aires. Los defensores sabrán luego que son gaitas, del cuerpo de Highlanders escoceses y que animan al batallón británico que está a las puertas de Miserere.

Luego entrarán como olas rojas por cada calle; ya nadie duda de que son ellos invadiendo de nuevo, aunque muchos más esta vez. El poblado espera; desde las azoteas con sus enormes fuentes que lloverán agua hirviendo, tras los improvisados parapetos, asomados reja a reja de las casas. El negro Miguel Nadal, que morirá en esa jornada y que sigue amontonando piedras -que serán como flechas certeras contra el león imperial-, dice, risueño, a su patrona: “son empeñosos los gringos, amita, que se vayan viniendo nomás al baile…”

jueves, 3 de abril de 2014

Carlos Fuentealba - 4 de abril, 2007



4 de abril, 2007


arroyo, arroyito de mi alma
que le han dado la muerte
al maestro fuentealba

sombras en el valle del viento, luz
y miedo, sombras voraces
con nombres conocidos en diarios aparecen
más sangre
en el valle del viento


arroyo, arroyito de mi alma
el viento lleva la muerte
al maestro fuentealba

alzan de dolor los brazos y las voces
            locos entre lágrimas
locos los gritos en la huida

            ¿qué cosecha el poder de los pocos
            salvo odios, y la sonrisa
            de los muchos entre hogueras?

arroyo, arroyito de mi alma
qué muerte terrible
para el maestro fuentealba

hay dolores, hay cárceles de abiertas
            puertas para los esclavos del poder
hay dolores en los barrios del borde
            donde apenas calientan el aire los rescoldos

se incendia el invierno en las casas
donde esperan al maestro
            que retorne
desde ese día en el valle
            sin justicia todavía

arroyo, arroyito de mi alma
qué muerte tan sin justicia
la del maestro fuentealba

inquilinos del otoño
vientos duros en la meseta
apenas abren las ventanas, enlazan
las ropas tendidas
            casi en un aire
de ardientes caricias

arroyo, arroyito de mi alma
no dejemos en la muerte
al maestro fuentealba



gerardo burton
neuquén, abril de 2014