Mostrando entradas con la etiqueta artes plásticas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta artes plásticas. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de junio de 2012

Expo: algunos trabajos del taller

 acrílico sobre madera

 óleo sobre madera


óleo sobre madera

 óleo sobre madera



acrílico sobre madera





martes, 5 de enero de 2010

Norah Borges, vanguardia y repliegue



En los años ’20 estaba, como su hermano Jorge Luis, muy cercana a las vanguardias. Luego su obra se volvió convencional. Este libro rescata el trabajo y la vida de la artista e indaga sobre las causas de su repliegue conservador. (Publicado en Página/12, el 5 de enero de 2009)

Por May Lorenzo Alcalá *

Xilografía de 1924 de Norah Borges, para la revista Proa (Nº 1, segunda época).Norah Borges es una artista olvidada, opacada por el brillo de su hermano Jorge Luis, por la personalidad arrolladora de su marido, Guillermo de Torre, y por una opción propia de la que, aparentemente, nunca se arrepintió. Desde el punto de vista plástico fue una promesa vanguardista que se frustró y, posteriormente, el paradigma de lo que debía ser la pintura femenina en la primera mitad del siglo XX; tal vez por eso, en la segunda mitad entró en un cono de sombras del que asoma, de vez en cuando, con motivo de algún remate, junto a Soldi, March o Diomede, no con Xul Solar o Pettoruti, como hubiera sido de esperar en la década del ’20.

Como ilustradora, en cambio, fue una predestinada: en la Argentina, durante el siglo entero en que vivió, sólo dos artistas plásticos llevaron esa actividad a alturas equivalentes: Luis Seoane y Carybé. Sin embargo, tal vez por inercia o porque se la considera una disciplina subsidiaria, tampoco en este campo ha tenido el reconocimiento debido.

Como dice su hijo Miguel de Torre, un puñado de voluntarios –Patricia Artundo, a la que reconozco su actividad precursora; Roberta Quance, en Irlanda del Norte; Daniel Nelson, en Estados Unidos; Sergio Baur y yo, desde el lugar al que nos lleve la diplomacia–, en distintos tiempos y con diferentes miradas, hemos vuelto a leer su obra. En mi caso, el interés es reevaluarla, reubicarla en un contexto internacional y nacional donde ha estado, según mi percepción, fuera de foco. Sin embargo, ésa no fue mi intención inicial.

Cuando, a principios de 1999, Sergio Baur me pidió que le ayudara a buscar material de Norah Borges, yo no imaginaba que esa colaboración oficiosa terminaría en un libro. En su calidad de consejero cultural de la Embajada Argentina en España, Sergio estaba en contacto con la Residencia de Estudiantes, institución mítica relacionada con las vanguardias del ’20, y sus responsables le habían propuesto organizar una muestra –que no se concretó hasta ahora– de grabados de la artista junto a la producción gráfica de Francisco Bores. Además de la similitud de apellidos, que dio lugar en su época a alguna boutade del hermano escritor, la obra sobre papel de ambos, correspondiente a la década heroica, evidencia muchos puntos de contacto.

Sergio sabía de mi pasión por las vanguardias del ’20 –que ya había dado como resultado un libro, Vanguardia argentina y modernismo brasileño, años ’20; una antología en portugués en colaboración con Jorge Schwartz, Vanguardia argentina, años ’20; y múltiples artículos–, por lo que no tuvo que exigirse mucho para entusiasmarme con el proyecto. Se trataba exclusivamente de ubicar grabados de la década referida. Busqué a Patricia Artundo, que había publicado el único libro contemporáneo sobre la artista y justamente sobre el tema específico: Obra gráfica, 1993. En esa primera charla me di cuenta de que Norah Borges era una especie de yacimiento arqueológico prácticamente sin excavar.

Durante los dos años siguientes en los que permanecí en la Argentina me aboqué a explorar las casas de amigos y parientes de Norah Borges, de donde surgieron descubrimientos como las cartografías –Cartografías y modernidad, los mapas desconocidos de Norah Borges, revista Transiciones, Mar del Plata, 2003–; el óleo Las cometas, absolutamente inédito y presumiblemente una de las cuatro obras que la artista expuso en 1936 en el Jeu de Paume de París, junto a Picasso, Miró, Gris, etc., que pertenecía a la Colección Bioy Casares-Silvina Ocampo; varios grabados también inéditos hasta entonces, además del primer libro escrito e ilustrado por ella, Poesías, Tomo I.

En el año 2000 viajé a España y, con Sergio Baur, fui a Valldemossa, Mallorca, a fin de verificar la supervivencia del mural que ella pintara en el Hotel des Artistes, oportunidad en que descubrimos la tinta Guiñoles sobre telón, también inédita hasta ese momento. En Madrid ubiqué al coleccionista presuntamente anónimo que había comprado Notas lejanas, el segundo libro familiar de poemas de Norah, ilustrado por ella, que contiene el primer prólogo escrito por Borges; él nos permitió fotografiar la totalidad del pequeño volumen, antes de volver a cerrarse en su proverbial hermetismo. Al año siguiente me mudé a España –por casamiento, no por Norah–, lo que me permitió revisar en forma exhaustiva las publicaciones ultraístas peninsulares en las que los hermanos Borges colaboraron, donde ubiqué muchas colaboraciones casi desconocidas de Norah que aclaran su derrotero por la vanguardia y alumbran sobre su evolución posterior. También investigué las revistas francesas y polacas, con, aunque más exiguos, parecidos resultados.

Por eso, un mérito que me adjudico es haber desenterrado restos arqueológicos que estaban a flor de tierra, sólo ocultos por algunas capas de polvo.

[...]

A pesar de que Norah pasó desde los trece hasta los veinte años en Europa –además de otro viaje de doce meses, cuando tenía veintidós años–, el período juvenil transcurrió en España, en esa época país de costumbres sociales todavía más rígidas que la Argentina, y los pasajes por Francia, donde estaban más liberalizadas, fueron efímeros. Así que la combinación de preconceptos respecto de la vida que debía construirse una joven de bien y la responsabilidad femenina de asumir la devoción de la familia –“en mi familia, la religión era cosa de las mujeres”, diría Borges en su Autobiografía– hicieron socavón en Norah, pese a que al principio tratara de disimularlo.

[...]

Artísticamente, Norah había sido muy perceptiva, incorporando a sus obras rasgos evidentemente expresionistas; sin embargo, cuando ya en España se enfrenta al cubismo, esta tendencia no la permea con la misma facilidad; la artista la somete a adaptaciones que, manteniendo la apariencia, no descomponen el objeto, sino que apenas alteran su percepción: es lo que llamamos rombismo. Tal vez éste fuera el primer síntoma de la batalla que se estaba librando en su interior entre sus inquietudes artísticas y la necesidad de cumplir con el rol femenino establecido.

La formalización de su relación con Guillermo de Torre, hombre de personalidad imperiosa y dominante, marca no sólo el momento en que las vidas de los hermanos comienzan a desarrollarse en forma independiente, sino también un creciente deslizamiento de la obra de Norah hacia una estética que respondiera a los cánones femeninos de la época. La pareja se casa en 1928, y si bien reside al principio en Buenos Aires, donde él se convierte en el primer secretario de redacción de la revista Sur, en 1932 se instala en España, respondiendo a un ofrecimiento para colaborar en la implementación del proyecto de la Universidad de Verano de Santander.

Borges por Norah, 1926.
Norah retoma, a través de Guillermo, los contactos con la intelectualidad española. Colabora en las revistas de la época y hasta participa en algunas actividades exclusivas de los artistas ibéricos, como la presentación, a principios de 1936, en el Jeu de Paume de París, junto a Picasso, Miró, Gris y otros. Si bien los brotes vanguardistas en su obra son ya muy infrecuentes, su nueva pintura, plácida, de colores pastel, plagada de figuras religiosas, de aldeanas, de niños regordetes y de quintones coloniales, es leída por sus contemporáneos como una adecuada respuesta al llamado a la vuelta al orden.

Contemporáneamente, desarrolla una ingente actividad como ilustradora, que había iniciado en la década del ’20 con las tapas a los dos primeros poemarios de su hermano. Esta es una tarea que la acerca profesionalmente a Guillermo de Torre quien, desde su vuelta a la Argentina en 1936, se convierte en el hombre fuerte de la Editorial Losada.

El retardado nacimiento de los hijos de la pareja –Norah tenía cerca de cuarenta cuando llegó el primero– agudiza su tendencia a reducir el núcleo social a los familiares, especialmente la madre, Leonor, y los amigos de su clase y condición. Lejos están los tiempos en que Norah, con Jorge Luis, se mezclaba indiscriminadamente con jóvenes bullangueros con el solo requisito de que estuvieran à la page en arte. Guillermo, que tal vez originalmente promovió o alentó la conversión de Norah en una señora de su casa, tanto social como artísticamente, ahora debe ejercer de muro de contención y muchas veces cuestionar las reaccionarias actitudes de su mujer.

Por otra parte, las diferencias entre Guillermo y Jorge Luis, el cuñado escritor que se va convirtiendo en famoso a nivel internacional, se agudizan, lo que obliga a Norah a hacer equilibrio entre ambos. Pero la tendencia natural a defender el núcleo primario hace infrecuentes las colaboraciones de ella con su hermano y más cotidianas las impulsadas por el marido, sean ilustraciones para Losada o para otras editoriales vinculadas con De Torre.

Finalmente, las aguas del embalse retenidas por el marido se desbordan a la muerte de éste, catástrofe que, por contraste, se manifestará con características piromaníacas. Y después del fuego, la decadencia será incontenible.

Diplomática y escritora. Fragmento de la introducción de su libro Norah Borges, la vanguardia enmascarada, que acaba de ser publicado por la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba, 204 páginas).
Link a la nota:

© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados

miércoles, 14 de mayo de 2008

Poemas visuales, canciones que se ven

En las obras de Javier Lodeiro, en exhibición en la sala de arte de Sosunc, se entrecruzan tres artes: la literatura, la música y la pintura. La síntesis lograda establece una apertura a la búsqueda de una realidad más allá de lo real.

Gerardo Burton
geburt@gmail.com

NEUQUÉN.- Relecturas de hechos históricos y de mitos en clave de historieta. Colores que seducen desde el plano de la madera: celestes, naranjas, violetas, verdes claros, rojos lacre producen un primer impacto que exige una nueva mirada. Y además, un entrecruzamiento de artes: es pintura pero también es relato y además hay un lenguaje musical.
Es la exposición de Javier Lodeiro en la galería de Sosunc, la segunda experiencia de “doble curaduría” propuesta por Marcelo del Hoyo: en esta ocasión, su socio en la tarea es Raúl Cadús, docente de la carrera de filosofía de la Universidad del Comahue. Y el resultado es una serie de obras que apuntan a una “ventana herméticamente abierta a la experiencia metafísica” (según Cadús) en la línea que en el arte argentino inició Xul Solar.
La llegada de Lodeiro a la pintura no es solamente un resultado; por el contrario, es el nuevo inicio de una búsqueda en un eterno retorno que incluye la literatura y la música. Basta mencionar sus influjos: el rock de las décadas de 1960 y 1970; Bob Dylan; el blues y el jazz (Miles Davies); Beethoven; Miguel Ángel. El encuentro con una obra de Gauguin en el Museo de Bellas Artes en Buenos Aires le sirvió para explicar qué clase de seducción quiere ejercer sobre el público con su pintura: “la mayoría de las obras (en exposición en Sosunc) tiene que ver con algo que vi y que intento traducir: que alguien sienta lo mismo que yo al ver los dos colores que se unen en ese cuadro de Gauguin”.
El juego se produce por lo general entre dos colores principales, que “se unen de la misma manera que en ese cuadro de Gauguin”. Con eso “busco un impacto en la gente”, explicó, y citó un texto que aparece en su sitio web: esa búsqueda no implica la transmisión de un mensaje, su obra “no configura un escenario que busque hablar a la razón”. En cambio, hay una serie de elementos diversos unidos por “una pauta que los interconecta”.
Así, Lodeiro piensa los cuadros como “poemas visuales” o “canciones que se ven”, según sus propias palabras.
Llegó a la pintura por fuera de los circuitos tradicionales o académicos. En realidad, planteó su camino por el disfrute del arte, por la necesidad de sintetizar la experiencia existencial como una “maravillosa bendición y un doloroso misterio” a la vez.
Para eso le sirvió el ejercicio de disciplinas artísticas diversas: escribió “dos novelas y media; relatos” y compuso canciones. En esa indagación por los diferentes lenguajes se produjo un proceso de selección y de adaptación que implicó descartar elementos e incorporar otros. Así con los mitos, la investigación en las culturas de los pueblos originarios de América, la conformación de un ambiente de sugerencias metafísicas.
Lo onírico interviene como uno de los elementos de su estética pero, a diferencia de lo que ocurre con el surrealismo, el planteo aparece más ligado a un guiño metafísico: los símbolos y los signos de épocas históricas totalmente disímiles y a veces antagónicas, desplegados en sus cuadros, el relato mítico y su reescritura desde lo visual, la textura plana del color plantean una mirada de lo real más allá de la realidad. Entonces, ese asomarse a un nuevo espacio, a un espacio otro, permite recuperar una mirada distinta sobre la realidad, esa mirada desde la otra parte, donde está la vida, según Rimbaud.
Lodeiro (nacido en Buenos Aires hace 38 años) reside en Cipolletti. Es de formación autodidacta en pintura. Expuso en Buenos Aires –Braga Menéndez, Centro Cultural Borges- y en Rosario –Cordón Plateado-, y obras suyas están expuestas en forma permanente en Bahía Blanca.
La exposición en la sala de arte de Sosunc está habilitada hasta finales de este mes, de martes a viernes de 10 a 14, y sábado y domingo de 16 a 19.

lunes, 14 de abril de 2008

Doce artistas en diálogo estrenan sala

Maestros y discípulos proponen una recorrida dialogada por sus obras: reflejos, puntos de partida, caminos retomados. La exposición está habilitada hasta el martes próximo en el subsuelo del nuevo edificio de Sosunc, que propone un acceso desde la estética y la reflexión sobre la producción artística regional.

Gerardo Burton

geburt@gmail.com

NEUQUÉN (AN).- Doce artistas plásticos regionales, seis parejas de maestro y discípulo en diálogo, en discusión, en camino que se inicia y rumbo que se retoma, en reflejos y chispazos. Quizás una conversación artística que no finalizará jamás; o una discusión que se plantea ante el público, que mira, interviene, toma partido. Un público que se quiere cómplice de la muestra que sirve también para una inauguración, la de la sala de Sosunc, en el subsuelo del nuevo edificio que la obra social ocupa sobre la avenida Argentina, en uno de los extremos del terreno que ocupa la Universidad del Comahue en esta ciudad.

Las parejas unen estilos diferentes, estéticas distintas, posiciones ante la vida, el arte y el universo que no siempre coinciden pero que enriquecen la visión de la producción artística regional.

Así confluyen en la sala los doce artistas, que estarán en exhibición hasta el martes próximo. Gabriela Erazun con Rosario Cufari en un clima de abstracción; Ana Zitti invitó a Carolina Guajardo para ocupar –las dos- el punto de vista de la modelo, con diferente tratamiento técnico y de contenido; luego Ana María Alcalde y Analía Herbel dialogan desde la figuración y Stella Provecho con su discípula casi adolescente, Ailín Tornatore, instalan objetos separados del uso cotidiano para cuestionar el pensamiento.

La exposición continúa con una litografía de Marcelo Sewald que discute en tema y en estilo con su alumna Ivana Alan y concluye con dos esculturas, obras de Lucía Seijo y Silvina Signe con materiales diversos pero una ocupación del espacio que no permite miradas indiferentes.

Por caso, Stella Provecho plantea una serie de objetos –copas de pie quebrado, de cáliz roto- con palabras desarmadas que inducen al juego anagramático. Así “nada” puede ser “Adán” y “anda” y así sucesivamente. Mientras, Ailín Tornatore convoca al sentimiento con una estética hiperrealista y rayana en el humor negro. En realidad, un guiño irónico que plantea interrogantes sobre la propia existencia.

El curador de la muestra –y de la sala- es Marcelo del Hoyo, que anunció la próxima exposición de Javier Lodeiro, artista de Cipolletti, a partir del viernes 18 de este mes.

La sala, dijo del Hoyo, “propone un proyecto curatorial que tiene que ver con el ámbito de la región Comahue y con los docentes e investigadores de la Universidad”. En efecto, esta suerte de “doble curaduría”, consiste en una visión desde lo artístico, a su cargo, y un abordaje desde la cosmovisión de los investigadores y docentes convocados.

Para el caso de Lodeiro, la co-curaduría está a cargo de Raúl Caldús, del departamento de Filosofía de la facultad de Humanidades, quien “se refiere a la obra del artista y su vinculación con lo metafísico”.

La idea, concluyó del Hoyo, es lograr “interacciones” entre ambos curadores y al mismo tiempo generar “un espacio abierto a la producción artística regional”.

La sala permanece abierta al público de martes a viernes entre las 10 y las 14 y sábado, domingo y feriados de 18.30 a 20.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Palabras, arte y gestos en el MNBA-Neuquén


Con una exposición de caligrafías de Silvia Cordero Vega y la presentación de "Poemas y Gestos", de Alelí Gotlip, se realizará, en la sede neuquina del MNBA, un ciclo que incluye además danza y un taller y una conferencia sobre el arte de la escritura.


NEUQUEN.- Un ciclo en el que confluirán danza, poesía y caligrafía se realizará el viernes y sábado próximos en el café del Museo Nacional de Bellas Artes. Consistirá en una exposición de caligrafías de Silvia Cordero Vega, quien además ofrecerá una conferencia y coordinará un taller, y la presentación del libro "Poemas y Gestos", de Alelí Gotlip. Con esta publicación se inaugura el sello editorial Sapientia, que propone el cruce entre las artes; en este caso se trata de poesía con caligrafías realizadas por Cordero Vega sobre textos del libro.
El viernes 21, Alelí Gotlip presentará su libro "Poemas y gestos", una colección de textos donde las palabras aparecen de en dos planos: uno, en la composición del poema; el segundo, en la línea que conforma el dibujo. Porque los textos se repiten en las imágenes y las imágenes están en los textos y se configura un cuerpo con ambos modos de ver la poesía. En un tercer punto de contacto, la presentación incluye la danza, que, sobre la base de los textos, hará la bailarina Angela Ganquín. La cita es a las 20 en el café del Museo. También participará el periodista Gerardo Burton.
En esa ocasión se inaugurará la exposición de caligrafías de Cordero Vega, integrante de CaligrafiAR, una entidad que agrupa a calígrafos argentinos.
El sábado 22 habrá una conferencia de Cordero Vega con demostraciones de distintas herramientas y procedimientos utilizados para la composición caligráfica.
El ciclo es organizado por ediciones Sapientia, un sello perteneciente al grupo Alelí Gotlip-Sociología cultural. Con la publicación del libro se inicia una colección cuya característica principal es la confluencia de las artes, la coexistencia y la correspondencia entre una y otra. Cada publicación contendrá, al menos, dos disciplinas diferentes. En este caso, se trata de la poesía escrita y la caligrafía. La presentación, entonces, incorpora una tercera expresión: la danza.
Esto coincide con la concepción de caligrafía según Silvia Cordero Vega. Para la artista, "la caligrafía es un acto casi corporal, visceral, que tiene como medio a la escritura, ya sea históricamente correcta o reelaboradamente audaz, pero lo que sí tengo claro es que la ‘caligrafía purista’ no da pie a una mirada relacionada con el arte".
Se refirió también a "la letra como imagen, como un tajo a lo Lucio Fontana, que arrasa el papel o la tela o un cuerpo y lo rearma en otras construcciones posibles".
En cuanto a la tarea del calígrafo, si bien la idea general es que se trata de "un escriba, la mirada puede no ser tan estrecha y abrirse paso a otras nuevas experiencias".-
Brody Neuenschwander, uno de los más importantes calígrafos en el orden internacional e inspirador en cuanto a su arte y estética de los calígrafos, considera que la caligrafía es la que ejecutan y componen tanto importantes artistas –Cy Twombly, Jessica Diamond- como la escritura árabe y japonesa, el graffiti y otras. Para Newenschwander, "el significado de la palabra caligrafía no tiene nada tiene que ver con diplomas, frases shakespeareanas, invitaciones de bodas, etcétera". Por el contrario, se trata de una "búsqueda permanente que va más allá de alcanzar una gran habilidad como calígrafo o encontrar la perfección en el resultado de una escritura", explicó Cordero Vega.
En síntesis, "la caligrafía puede ser más que el mero hecho de escribir con una ‘linda letra’, esta idea del ‘buen escribir’ es muy básica y recortada".
En su conferencia, Cordero Vega se referirá a la caligrafía aplicada al diseño, la caligrafía gestual-experimental, la mirada sobre las nuevas escrituras, los estereotipos caligráficos y la nueva caligrafía.

jueves, 7 de junio de 2007

El MNBA neuquino recuperó con obras la inversión del municipio



Las obras donadas por los artistas que expusieron en el museo neuquino, que están este mes en exhibición y “forman parte del patrimonio de la ciudad, superan el costo que tuvo el edificio”, aseguró su director y titular de Cultura, Oscar Smoljan. Sólo el “Berimbau”, de León Ferrari, ubicado en el vestíbulo de acceso “vale un millón de dólares”, añadió.

Gerardo Burton
geburt@gmail.com


NEUQUEN.- El Museo Nacional de Bellas Artes de esta ciudad ya recuperó, con las obras donadas por los artistas que expusieron en sus salas, la inversión que realizó el municipio en el edificio inaugurado en septiembre de 2004. En menos de tres años, el MNBA acumuló una veintena de trabajos de plásticos nacionales y extranjeros que ahora están en exposición hasta finales de junio y que “forman parte del patrimonio de la ciudad”, indicó Oscar Smoljan, director del museo y secretario de Cultura del municipio.
Añadió que su valor, en conjunto, “supera el costo que tuvo el edificio” diseñado por el arquitecto Mario Alvarez y puso como ejemplo el “Berimbau”, de León Ferrari, que está emplazado en el vestíbulo de acceso.
Esa obra, realizada con hierro de construcción y de la cual hay tres en el mundo –una en Estados Unidos, otra en San Pablo, Brasil, y la tercera en esta capital- “se construyó con la idea de las cárceles y con referencia a los campanarios de Iglesia”, dijo Smoljan. La diferencia es que los barrotes “son flexibles y la gente puede liberarse a través de ellos y a la vez ejecutar una música”, añadió el funcionario. Actualmente, “vale un millón de dólares”.
Smoljan se refirió a la exposición habilitada hasta finales de mes: se trata de “obras donadas por artistas al MNBA desde que se inauguró su sede definitiva” en el sector este del Parque Central de la ciudad. Estas obras son de exclusiva propiedad del municipio, a diferencia de las correspondientes al patrimonio del museo, que se cedieron en préstamo a la sede neuquina cuando se inauguró y que forman parte de la colección permanente.
La muestra actualmente habilitada, dijo Smoljan, comienza con la obra de Luis Tomasello en el muro que enfrenta la puerta de ingreso al museo. Se trata de “una atmósfera cromoplástica y es el único mural en Argentina de su clase, comparable al que existe en el salón Azul del Parlamento de París. Es un ejemplo de arte cinético de Argentina”, explicó Smoljan.
La segunda es la obra de Raúl Lozza, un ejemplo de arte concreto “que el artista seleccionó sobre la base del color del muro, que nosotros le enviamos cuando se construía el edificio”. Son siete elementos seleccionados según la estructura que genera el color. El arte concreto “es lo que está ahí; todo está ahí y es parte de la arquitectura. Por eso, aun cuando se cambien los colores de las paredes, éste tiene que permanecer así porque es parte de la obra de Lozza”.
Desde el punto de vista patrimonial, “es mejor que estén estos artistas porque es la pintura de mayor valuación en la Argentina. Es un movimiento que crece y se origina en el Río de la Plata en forma simultánea y contemporánea con Europa, a diferencia del cubismo o el surrealismo, que llegaron al país con años o décadas de diferencia”.
En cuanto a la colección de Ferrari, además del “Berimbau”, hay 23 heliografías, un cilindro de acrílico con escritura de estilo “kitsch”; dos escritos de gran tamaño y dos grabados del famoso “Cuadro escrito” en el que Ferrari explica qué cuadro haría si supiera pintar. También está una de las versiones de la “Carta a un general” –de 1963 con reformulaciones de 2005- y un “Santa Teresa en el infierno”, de 2005.
Hay una obra de Pablo Siquier donada por la empresa Chandon, que “ya confirmó que desde Neuquén se convocará al premio en septiembre próximo”, anunció Smoljan. De la reciente exposición del español José Manuel Ciria hay una obra de gran tamaño –de la serie Gilgamesh-, denominada “Urshanabi el barquero”, que “es el primer cuadro de un artista extranjero que recibimos y que prestigia al museo. Eso ocurre por ser tan estrictos con el programa”, aseguró.
La muestra se completa con una obra de Diana Dowek –“Zona de catástrofe o poder vulnerable”-; fotografías de Alejandro Kuropatwa y Juan Doffo; una pintura de Alberto Cedrón y otra de Emilia Gutiérrez y dos del Grupo Escombros, entre otras.


UNA PRIMERA FASE EN EL GREGORIO ALVAREZ

NEUQUEN.- El edificio del Museo Nacional de Bellas Artes se inauguró en septiembre de 2004, luego de haber funcionado cuatro años antes en el Gregorio Alvarez, unas cuadras hacia el oeste. El nuevo complejo, que cuenta con una superficie cubierta de 2.100 metros cuadrados de los cuales 1.600 son salas de exposiciones, costó unos 3,6 millones de pesos según la información disponible en la página web del municipio.
El proyecto correspondió al estudio de Mario Roberto Alvarez que, entre otras obras, construyó el complejo del Teatro General San Martín, en la ciudad de Buenos Aires.
El MNBA neuquino además de las salas de exposiciones tiene un patio interior, un café-restorán, una librería, un auditorio y sector para oficinas.
Una de sus premisas es que el acceso del público sea gratuito y por tal razón tanto las exposiciones como los ciclos de cine, conferencias y videos que se realizan son sin costo alguno para el público


Publicada en el diario "Río Negro" el 7jun07