jueves, 3 de mayo de 2012

Un fin de semana otoñal a toda poesía


El desarrollo de la V Edición del Encuentro Literario “Conversaciones de Otoño” colmó las expectativas de poetas invitados, organizadores y público en general.

Desde el jueves 26 y hasta el domingo 29 de abril se llevaron a cabo, en Fisque Menuco - General Roca, las quintas “Conversaciones de Otoño”. Se trata del encuentro literario binacional que cada dos años reúne en esta ciudad a poetas de la Patagonia Argentina y del sur de Chile para conversar y reflexionar sobre la poesía.

En esta ocasión el encuentro llevó como lema “Poesía a la Canasta” y participaron más de 20 poetas de diversas localidades patagónicas.

viernes, 13 de abril de 2012

Carta Abierta Neuquén analizó la reforma a la carta orgánica del BCRA


Roberto Alí y Enrique Aldunate, de Partido Solidario, expusieron sobre la ley 26739, sancionada por el Congreso nacional el mes pasado. Coincidieron en que se trata de “un hecho político trascendente” que apunta a revertir el sistema financiero establecido por la dictadura hace más de tres décadas.
http://cartaabiertaneuquen.blogspot.com.ar/2012/04/debate-en-neuquen-sobre-la-reforma-la.html

Integrantes del espacio Carta Abierta Neuquén analizaron el lunes pasado la ley 26739, de reforma a la carta orgánica del Banco Central de la República Argentina, que fuera sancionada el mes pasado por el Congreso de la Nación. El debate se planteó a partir de las exposiciones de Roberto Alí y Enrique Aldunate, de Partido Solidario (PSol), que coincidieron en subrayar la significación de “un hecho político trascendente que revierte el esquema financiero impuesto por la dictadura cívico-militar hace más de treinta años”.
De esta manera, se revierte un esquema que orientaba los recursos financieros del Estado a mantener medidas contra la inflación y colocaban a la equidad social en segundo plano. También se reorienta la inversión con prioridad en las economías regionales, el desarrollo de la infraestructura y el crédito a las pequeñas y medianas empresas.
Se trata, indicó Aldunate, de “un quiebre con la lógica neoliberal, aunque algunos aspectos de ese cuerpo legal permanezcan aún vigentes”. Recordó que desde 2003 el PSol apoya las iniciativas del gobierno nacional en cuanto a política económica y citó como ejemplos la constitución de discusiones paritarias, el fomento a las economías regionales y la reestatización de empresas de servicios públicos, entre otras. Además, consideró que la asignación universal por hijo “es una política social inclusiva de las más importantes de América Latina” al tiempo que destacó la política en materia de derechos humanos.
Ambos disertantes, miembros de la comisión directiva del Banco Credicoop en esta capital expresaron también el apoyo a las gestiones del gobierno nacional en cuanto a asegurar la presencia estatal en la actividad energética por su carácter estratégico para el país.
Aldunate recordó que de la dictadura quedaban dos leyes importantes por desmontar: la de radiodifusión, que fue reemplazada por la ley de servicios de comunicación audiovisual, y la de entidades financieras, para la cual el actual diputado Carlos Heller –titular del PSol- había presentado una iniciativa que considera a las actividades financieras como servicio público.
Alí indicó que la ley de la dictadura “fue muy efectiva ya que logró la concentración financiera en el país en un marco regido por los lineamientos internacionales”. Recordó que el 67 por ciento del país no tiene servicios financieros, y que el 83 por ciento del sistema se halla concentrado en Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y la ciudad autónoma de Buenos Aires.
Con la nueva legislación, dijo, se defienden la estabilidad financiera y monetaria, el empleo y el desarrollo económico con equidad social, al contrario de lo que ocurría con la carta orgánica anterior, que hacía eje en las medidas antinflacionarias.
De tal modo, se devuelven al Banco Central funciones y capacidades para que su directorio impulse medidas de regulación y orientación del crédito, de fijación de tasas. Inclusive, contiene un capítulo de defensa de los derechos del usuario.
Además, sostuvieron la necesidad de derogar la ley de entidades financieras de la dictadura por tratarse de “una asignatura pendiente”, al tiempo que anunciaron que el partido presentará un nuevo proyecto que contemple el concepto de servicio público para la actividad.
Del encuentro realizado el lunes 9 participaron el diputado nacional por el Frente para la Victoria, Alberto Ciampini; el ex concejal Humberto Zambón, Enrique Mases y otros integrantes del espacio Carta Abierta Neuquén.

viernes, 23 de marzo de 2012

Los misterios del Rosario

Entre el 30 de marzo y el 1 de abril estarán en esta capital Eduardo D’Anna, Silvio González, Sebastián Riestra y Manuel Ventureira, que editan en Rosario la revista Facundo. El sábado 31 harán un recital en el bar García a partir de las 18.30.
Los poetas Eduardo D’Anna, Silvio González, Sebastián Riestra y Manuel Ventureira ofrecerán el 31 de marzo próximo un recital en el bar García, acompañados por escritores locales y con el soporte del grupo que el año pasado realizó los espectáculos Poetas en la Cucha y Curia de Poetas. El recital será a partir de las 18.30 y se convoca a escritores, poetas y público en general. Es destacable la importancia que reviste el intercambio de creadores de provincias, algo que habitualmente no sucede debido a la conformación cultural y política del país. Acompañarán a los rosarinos, en el recital denominado “Los misterios del Rosario”, Ángela Jerez, Macky Corbalán, Verónica Padín, Silvia Mellado, Oscar Cares, Raúl Mansilla, Pablo Iglesias, Gerardo Burton, el grupo Pastelitos Punk y otros artistas. Durante el recital se proyectarán videos y poemas en soportes electrónicos y medios alternativos. El encuentro se realiza con los auspicios de la Mutual de Trabajadores de la Educación del Neuquén, Muten, y de la Legislatura provincial. La revista “Facundo” prepara su tercer número. En cada entrega se elabora un panorama de la escritura poética en ciudades de provincias. Luego de La Plata y Córdoba, el próximo número estará dedicado a los poetas de Neuquén ya que, según expresan, se “mira con gran atención lo que hacen las provincias”. La revista recibe su nombre del poeta rosarino Facundo Marull, y en su manifiesto liminar se expresa que además pretende ser “un proyecto cultural abierto, contenedor y generoso. Estamos cansados de las políticas culturales sectarias, trenceras y ninguneadoras, cansados del amiguismo, la exclusión injustificada y el manejo arbitrario y elitista de los recursos del Estado, que son de todos. Estamos cansados y lo decimos. Lo decimos en voz bien alta. Sabemos que eso no les gusta a muchos que tienen poder y sabemos que tendremos que pagar un precio. Lo pagamos gustosos. También sabemos que lo que nos pasa a nosotros les pasa a muchos. Será, entonces, simple cuestión de juntarnos”. Y explican el nombre elegido para la revista: “Facundo no se llama Facundo por el caudillo riojano, como muchos podrían suponerlo. Facundo se llama Facundo por el poeta rosarino Facundo Marull. Marull estaba lleno de talento y de vida y dejó una obra que, si bien es reducida, irradia y abraza. Marull sabía que iba a morir desconocido y lo dijo en palabras memorables. Lo que acaso no sabía, pero con seguridad intuía, es que su escritura iba a servir como bandera de una aventura rosarina que lleva su nombre”. DATOS DE LOS POETAS EDUARDO D'ANNA nació en 1948 y es el director de la revista FACUNDO. Desde hace más de 40 años viene desempeñándose dentro del ámbito cultural de su ciudad natal, Rosario. Como poeta ha publicado más de una quincena de libros, entre ellos, "Carne de la flaca", "La máquina del tiempo", "Obra siguiente", "Historia moral", "2491", etc. Su último poemario, "Diario secreto de Marco Polo" apareció editado por Alción, de Córdoba, ena fines del año pasado. Ediciones de la Flor editó en 2001 su novela "La jueza muerta". Es asimismo autor de ensayos, como "Nadie cerca o lejos", o "Capital de nada", destinados a interpretar el papel de la literatura del Interior del país en el contexto cultural argentino, en especial, de Rosario. Estos poemas pertenecen a un libro inédito llamado “Etimologías”. Cada poema historia cómo aprendí yo que existía determinada palabra E.D. AUTOS El auto era algo que, parece, se había tenido. El auto aparecía en los viajes, entre polvaredas, se iba armando alrededor; siempre que no se fuera en tren, naturalmente. Pero ya era pasado legendario. La entrada, despacio, a un taller. El regreso a pie. La tarde que caía al fondo de la calle. BOGA ¿Que una comida fuera peligrosa? Las espinas, con cuidado, decía mi padre, y yo imaginaba terribles sufrimientos, inauditas postergaciones. ¿Por qué complicarse la vida así? pensaba. Si hay otros platos... El peligro, el peligro, subido a nuestra mesa. CERVEZA El olor, las chapitas en el asfalto, aplastadas por los autos: un cielo estrellado. Lo importante no era la cerveza, sino los sandwiches de miga (y el ambiente). -- Sebastián Riestra nació en Rosario en octubre de 1963. Es poeta y periodista. Tiene cinco libros publicados: El Ácido en las Manos (1991), El Porvenir de los Muertos (2002), Clitoriana (2003), Romero (2004) y Lunita Rosarina (2010). Fue incluido en la antología de la poesía rosarina La Única Ciudad, realizada por Eduardo D’Anna (Homo Sapiens, 1992), y en Autopista, volumen que reúne a escritores de Córdoba y Rosario (Raíz de Dos, 2010). Ha participado en numerosas lecturas, coordinado ciclos y dictado talleres en su ciudad, Buenos Aires, La Plata, Córdoba y la provincia de Santa Fe. Intervino, entre otros eventos, en el Festival Internacional de Poesía de Rosario y el Festival Internacional de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires. Se desempeña como subsecretario de Redacción en el diario La Capital de Rosario, del cual también es columnista y editorialista. Integra el staff de las revistas literarias Facundo (Rosario) y El Jabalí (Buenos Aires). Ha realizado y conducido programas de radio que tuvieron como eje a la música clásica y el tango. NOSTALGIAS Nostalgia. De la década del ochenta, cuando me sentaba con un libro en los bares, encendía un cigarrillo y pedía una ginebra con hielo. De tu cuerpo flexible y tibio en la madrugada de un día de verano perdido definitivamente en el tiempo. De la luz matinal frente al mar en una playa desierta de la Patagonia. De las ilusiones políticas. De tu boca mojada y tus manos en las mías explicándome en silencio el significado del amor. De los discos de vinilo girando en el Ken Brown. Especialmente el Álbum Blanco o el lado B de Abbey Road. De los amigos incondicionales, las chicas con permanente y los eternos debates sobre Lenin, el Che, Perón, Foucault o Spinetta. De la noción de futuro. De una casa en las sierras cordobesas con una galería sombría que daba a la montaña. De tus pies en sandalias rojas. De los largos partidos de truco en la mesa de un boliche desastroso, de los dados que rodaban sin pausa hasta el amanecer y los familiares de salame y queso, varias capas, manteca, un ají en vinagre al medio (son sándwiches de pan común). Todo en el mismo boliche desastroso. Del 200. Del 54. Del 210. Del 6. (Son colectivos). De los alfajores Suchard. Del Marlboro fumado a medias después del sexo, del cine Imperial los domingos a la tarde, sobre todo cuando llovía. Del viejo Savoy. De Saudades, el antiguo Cairo, la anterior Buena Medida, el Chaco, el Albatros y el Rafa. (Son bares). De las discusiones filosóficas. De las discusiones literarias. De las discusiones teatrales. De las discusiones sexuales. De las discusiones. Del salón de la Biblioteca Argentina donde leía a Paul Eluard y donde me enamoré de una pelirroja a quien nunca le dije nada. Del balcón de una casa de calle La Paz. De un banco de la plaza López donde me sentaba a esperarte. De una avenida de Colonia, Uruguay, donde una noche caminamos de la mano. De la esperanza de que volverás (la he perdido). De la fe en que una tarde levantarás el teléfono y marcarás mi número (también la he perdido). De las navidades de mi infancia, cuando los adornitos todavía se rompían al caer al suelo. De las heladerías con pocos gustos y las pizzerías con pocas variedades, del vino blanco malo de las peñas universitarias. De cuando me dijiste “y ahora vos me vas a descubrir a mí, y yo te voy a descubrir a vos”. No importa que no fuera cierto. De la verdad. Ya no la tengo. Y como me pasa con tu cuerpo, tampoco sé dónde está. (De Lunita Rosarina) -- Silvio González (Rosario, 1965) Tiene publicados poemas en diversas antologías y revistas y el libro "Barrio Refinería"(Editorial Ciudad Gótica, Rosario, 2006). Presentador de "La poesía en los Bares" coordinado por el poeta Hugo Diz, ciclo que lleva más de diez años ininterrumpidos de encuentros. Participó del XV Festival Internacional de Poesía de Rosario año 2007 MARIPOSAS Ya el zumbido de las ramas deshojadas al viento no llega ya es otra la carrera y la caza Cautivas en un país ebrio bebidas crisálidas a tragos cortos de veneno Ya los terraplenes se extinguen en el horizonte del barrio y por las vías solo pasan bandadas de trenes fantasmas (de Barrio Refinería, Editorial Ciudad Gótica, Rosario) -- Manuel Ventureira (Rosario, 1992) Ha colaborado para revistas literarias de su ciudad (El Centón, La Buhardilla de Papel) con poemas y ensayos sobre tango, literatura y cine. Actualmente, forma parte del equipo de redacción de Facundo, revista dirigida. Tiene una emisión semanal en la FM Tango de Rosario y forma parte de la Agrupación de Tango Antonio Ríos (A.T.A.R.). El invento En medio de la noche, de repente, el inventor se despertó con una idea, tan brillante que temió que algún capitalista se apropiara de ella y la usara para explotar a los obreros. Tanto miedo tuvo que, desesperado, se tapó la cara con la almohada e hizo fuerza, mucha fuerza, para olvidársela. Como era habitual, su mujer se despertó y al ver que su marido gemía nuevamente debajo de la almohada, se levantó en busca de una pastilla para dormir. Al rato, el inventor logró dormirse y olvidarse del invento. A los obreros los siguieron explotando.

sábado, 24 de diciembre de 2011

viene en sombras/ desde abismos sin fondo// pronto será luz// burton navidad 2011

lunes, 21 de noviembre de 2011

CARTA ABIERTA/10 Por una tierra sin condenados

En medio de las grandes esperanzas, sucede nuevamente el penoso acontecer de la sangre derramada. El asesinato de Cristian Ferreyra es un hecho de inconmensurable gravedad. Afecta nuestras vidas no sólo porque nuestras vidas son de por sí afectadas por una memoria bien conocida, sino porque en cada una de estas muertes inocentes surge a bocanadas el signo de una historia irresuelta e injusta. Son muertes inocentes no porque en estos luchadores no haya alguna vez un hierro candente en la mano o un puño que se cierre sobre una piedra. Son inocentes porque son muertes que nos siguen diciendo que una porción enorme de la historia argentina, ni siquiera en esta época propicia, consigue tener un balance templado y equitativo. Esta época no ha sido esquiva en generar justas reparaciones. Por el contrario, sus políticas tienen el signo de una cabal apuesta por la ampliación de la igualdad. Por ello mismo, debe ser propicia para mencionar estos hechos que le son extraños o anómalos. Ferreyra es un nombre que surge de un anonimato tranquilizador, pero es el nombre de las cosas referidas al hierro, que de repente nos recuerda que somos mortales, seres precarios, que sólo tenemos nuestra muerte para representar toda una época entera con un fogonazo inesperado. Vivimos en ese sentido, todavía, en una época de hierro o con disyuntivas de hierro. Ferreyra, que era un militante de un movimiento social de autodefensa campesina, representa una larga historia. Es una historia que remonta por lo menos al siglo XVII, donde las comunidades indígenas cuyos nombres nos son vagamente familiares o desconocidos –cacanes, calchaquíes, ologastas, lules, vilelas, capayanes, famaifiles, fiambalás, colozacanes, andalgalás, quilmes, pacciocas-, podían entrar en guerra entre sí, aliarse de diversas maneras a los españoles o protagonizar sangrientos levantamientos que el ejército de los colonos españoles reprimía con saña, pero no sin esfuerzo. Es así que en 1632 el cacique Chemilyin pone sitio a ciudades importantes de La Rioja desviando el curso vital de los ríos, y pone cerco a la ciudad de Londres, llamada así en homenaje a la esposa de Felipe II, que era inglesa. Son historias lejanas, que se hablan con nombres extraños y pronunciados en otros idiomas. Pero el secreto de la historia, es que siempre es lejana hasta que un hecho de sangre acerca todo un material que parecía perdido para alimentar una acostumbrada brutalidad, que es milenaria y es también de nuestros días. Cristián Ferreyra habla de las modernas luchas por la tierra y habla también de luchas muy antiguas. No es necesario que imaginemos un pasado pulcro e incontaminado. La guerra y la violencia imperaban entre etnias cercanas, que podían unirse con el español o aliarse contra él. Por eso, sin una noción de lejanía indiscernible y heterogeneidad sorprendente no nos podremos hacer cargo de esa historia. Y debemos hacernos cargo hoy en un sentido reivindicativo respecto a la justa tenencia de las tierras campesinas, el respeto de los bosques y la crítica a una expansión agraria a fuego y escopeta. Sabemos que esa historia llega hasta nosotros, pero no llega de cualquier manera, sino a través de muchos cortes, disoluciones y desvíos. Llega a través de un hilo frágil e impuro, porque no es una historia de purezas ni de identidades contundentes. Pero llega de una forma dramática cuando ocurre un asesinato, y vuelven nombres que los siglos parecían haber acallado. Son campesinos que tienen su tierra amenazada. Son los campesinos en los que resta aún un filamento étnico muy antiguo. Surge el nombre de la etnia lule, vinculada ahora al moderno problema de las tierras. Son nombres que reaparecen cuando actúan el capanga, la policía rural dominada por las peores lógicas de los empresarios, pequeños o grandes de la tierra, vinculados a una irresponsable clase política; son nombres de pueblos y de lenguas muchas veces extinguidas, o con pobres vestigios que llegaron hasta nosotros, como los sanavirones, los tonicotes, los diaguitas, que en muchos casos conocían rudimentos de metalurgia, como parte de la gran civilización del maíz y del zapallo, del algarrobo y del chañar. Algunas de ellas son palabras legadas por estas culturas, otras provienen del nombre que le sobrepuso el idioma que hablamos a otros idiomas que se han perdido, pero vuelven a tocar nuestras puertas con un mensaje inequívoco, donde pueblos antiguos que se llamaban de modos que hoy ya no son audibles, vuelven por lo suyo bajo una denominación genérica que estamos en condiciones de comprender muy bien. Porque es el pueblo argentino, hecho de la fusión de miles de otros pueblos, y que se elige ahora con ese nombre también para señalar que la expresión pueblo argentino, entre tantas otras significaciones, es un resumen de tareas pendientes, reformas sociales profundas, esperanzas en una nueva sociedad. Tiene que ser en esta época y no en una próxima estación nebulosa e indeterminada, que se solucione el problema de tierras en la Argentina y que se consideren los planes agroalimentarios no como sinónimo de desbaratamiento de los montes sino de soberanía alimentaria. Es un problema multisecular, que queda en penumbras hasta que un asesinato lo ilumina. Del mismo modo, el asesinato de Mariano Ferreyra iluminó como una chispa al costado de las vías, la realidad oscura de la tercerización. La superposición de nombres es casual, la acumulación histórica de los problemas no lo es. En ciertos aspectos, muchas comunidades campesinas del país son ahora contemporáneas de los encomenderos, de la mita y del yanaconazgo. Pero también son contemporáneas de las grandes utopías arcaicas, como el regreso al ayllu, a la Nación Calchaquí o el Reino de los Quilmes, que forman parte de un lenguaje posible pero quizás reacio a ver las grandes herencias de injusticia reparadas a la luz de los que les debe ahora la nación moderna. No obstante, hay que decir que la expansión de la frontera sojera no es sólo una forma de la economía sino también puede ser en estos casos la expansión de la propiedad por la sangre. La avidez de un capitalismo depredador, la irresponsabilidad de inescrupulosos empresarios que siquiera son grandes propietarios, vive su medioevo de conquista con esbirros que eligen el camino del victimario porque saben que ellos son también víctimas potenciales. El gran capitalismo agropecuario tiene su mirada en la Bolsa de Chicago, en las operaciones políticas de gran escala, en los secretos de los gabinetes químicos que perfeccionan la semilla transgénica, nuevo padrenuestro de una teología que sin tener santidad tiene a Monsanto, mientras empresarios voraces, pioneros cautivos de un clima de mercantilización de todas las relaciones humanas, se comportan como forajidos de frontera, escapados de otra época, pero tiñendo de una agria tintura este momento histórico que aunque les es heterogéneo, caen en la incongruencia de querer apropiarlo. Cada vez que recibimos noticias infaustas, como la muerte de un miembro de la etnia Quom, de las muertes del Parque Indoamericano o las que corresponden al Ingenio Ledesma, parecen hojas lejanas de periódicos escritos por un alucinado que equivocó la periodicidad histórica. Pero no, son hechos que oscurecen nuestro presente, este mismo presente promisorio, con una lógica única e implacable: son una estructura de procedimientos insociales. Corresponden a una epistemología completa de negocios que mantiene cerrado el acceso democrático y posible a la tierra tanto rural como urbana, que comienza con genéricos intereses que podrán hablar de “sociedad del conocimiento” o “biocombustibles” mientras una disputa por 17 hectáreas de una empresa que posee 160 mil, causa tres muertes. Recordemos aquella ocasión: murieron dos ocupantes de tierras, uno de ellos apellidado Farfán y un policía, también Farfán, sin parentesco con el anterior. Hay una doble certeza aquí. Primero, la insensibilidad de los nuevos y grandes negocios que han tomado a la vieja industria de la caña de azúcar, que es un caso que tiene diferencias con la soja, pero muchas semejanzas, generando un capitalismo que fabrica combustibles con lo que anteriormente se producían materias primas alimenticias, que en el aspecto de las relaciones laborales reitera muchas conductas de la época de Patrón Costas. Y segundo, que las luchas por la tierra, tan viejas como la historia de la humanidad, enfrenta a pobladores con policías patronales, en escaramuzas lamentablemente muy frecuentes, donde mueren los hijos de la tierra, extrañados de ella ya sea porque son expulsados por los sicarios de la nueva renta agraria en complicidad con jueces o mandos policiales y políticos, o porque deben vestir el uniforme de los que son enviados a la primera fila de la represión. De allí que los más viejos apellidos de la historia de estas tierras puedan llegar a matarse entre sí, como parte de una oscura astucia de la razón capitalista. Debe darse fin a esta situación con una nueva ley de tierras ecuánime y democrática, que las mida con los teodolitos de la justicia social, esos mismos teodolitos que empleó el ingeniero Raúl Sacalabrini Ortiz y más atrás en el tiempo, el ingeniero Germán Ave Lallemant, ingenieros sociales y medidores de tierras al servicio de los pueblos. Una ley que frene la especulación, reconozca los derechos de los antiguos pobladores y cree una nueva conciencia colectiva respecto a una productividad que se equilibre con la naturaleza y no que la deprede sistemáticamente. No es aceptable que crímenes que ya asumen un carácter serial, no tengan adecuado tratamiento por el hecho de que en su ramificación ostensible, afecten a miembros de las clases políticas que mientras juegan con ademanes clientelistas, con una prestidigitación complementaria, protegen los grandes o medianos negocios con las brigadas policiales que deberían cuidar el usufructo equitativo de la tierra. Ya muchas organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos, como el CELS, el Movimiento Evita y La Cámpora se han pronunciado. Las muertes que puntúan este período político, más dolorosas porque son en éste y no en otro, son alusiones de sangre a problemas irresueltos de la misma estructura histórica de este pedazo universal de tierra que llamamos Argentina. Algunos son problemas recientes, como los que provinieron del desguace ferroviario y la conversión en vidas precarias de miles de trabajadores que comenzaron a llamarse precarizados. La Argentina no puede ser un país que fabrique vidas precarias mientras habla de nuevas posibilidades tecnológicas. Otros problemas tienen una complejidad propia de la escena que sabemos interpretar y festejar como propia de un horizonte nuevo. Los dilemas entre la gestión de Aerolíneas, que apoyamos, y la acción de estamentos laborales cristalizados, es un tipo de conflicto nuevo que debe contar también con nuevas definiciones. El ámbito que afirma y acoge hoy a millones de esperanzas en el cambio debe llevar a una sociedad más justa y despojada de sus viejas ataduras de coerción, que también tiene su correlato en toda clase de trabazones mentales. No es fácil darle nombre al tipo de sociedad que queremos, y ciertamente, ese nombre nuevo aparecerá cuando se pronuncie colectivamente, en el interior de la conciencia de miles y miles de personas, y en el interior de un gran autodescubrimiento colectivo. Por el momento, tenemos que pensar que cada uno de estos conflictos dirige nuestra atención a cuestiones urgentes: a darle facultad soberana territorial a los movimientos sociales que expresan viejas reivindicaciones campesinas, alargando la mirada sobre los problemas de subsistencia de poblaciones enteras cuando la lógica del agronegocio no tiene contenciones; y por otro lado, a crear un horizonte político que con más sabiduría pueda intervenir en conflictos como el de Aerolíneas, donde viejas fuerzas reaccionarias siguen al acecho, esperando demostrar que una generación nueva no es apta para gestionar en altos niveles de responsabilidad política y tecnológica. Pero esa capacidad ya ha sido demostrada, ahora hay que demostrar entre todos que cuando decimos que hay cosas que faltan, no sólo se trata de problemas conocidos o deducibles de lo que quedó pendiente de un trayecto anterior. Lo que falta no es un problema de restas y sumas, sino de imaginación política. Son problemas que muchas veces no tienen definición adecuada en nuestro lenguaje y que no se descubren tan magnánimamente ante nuestra supuesta destreza política. Son problemas que aparecen muchas veces, desdichadamente, bajo el rostro del asesinato social, comprimidos en los pliegues históricos mal ensamblados del país, como placas tectónicas que se desacomodan y que apenas nos dejan ver un hecho de sangre, que significa mucho más que la crónica policial con la que muchos intentan encubrirlo. Al principio de la esperanza no lo asegura ninguna ley ni está escrito con marcas de hierro por la historia. Vive apenas en la imaginación colectiva y es frágil, aunque cuando se reconoce en millones tiene la fuerza de un llamado. A partir de allí comienza la política, dándole a la gestión y a las tecnologías las virtudes de un frente social novedoso que las recubra con los contenidos de eticidad de las democracias avanzadas, y si estas definiciones sirven, será para poder pensar e inscribir en nuestra esperanza de cambio, tanto a la defensa de la empresa pública de aeronavegación como a los condenados de la tierra. 21 de noviembre de 2011

lunes, 17 de octubre de 2011

Fondebrider: «la cuestión de la lengua se resuelve con dinero y política»

La lengua es el instrumento del que nos servimos los seres humanos para comunicarnos y fundamentalmente para decirle al otro quiénes somos. En consecuencia, es lícito pensar que nos constituye e identifica.
En este sentido, el castellano o español —en teoría, las dos voces nombran lo mismo, aunque el empleo de una u otra forma parte de una vieja polémica entre España e Hispanoamérica, que no termina de resolverse— debería identificar a unos 500 millones de hablantes, convirtiendo a la lengua en una de las más habladas en el mundo entero. Sin embargo, mal que les pese a los miembros de la Real Academia Española y muchas de las academias hispanoamericanas que le sirven de satélites, no es uniforme, sino de múltiples realizaciones. Y si bien ninguna de éstas es mejor que la otra, hay quien se arroga el derecho de que alguna de sus variedades se imponga por sobre las demás. Como suele suceder en estos casos, la cuestión se resuelve a la fuerza, lo que es decir con una cierta voluntad política y dinero. Se trata, claro de una ilusión como tantas otras, pero su discusión es de la mayor pertinencia. Consultada por esta revista hace exactamente un año, la crítica literaria argentina Josefina Ludmer señalaba que en los Estados Unidos se había percibido muy bien el giro que España dio en la década de 1990, que fue cuando ese país quiso convertirse en el centro exclusivo y excluyente del castellano. «Es el momento en que España invierte sumas considerables en los departamentos universitarios dedicados a los Latin American Studies y aparece el Instituto Cervantes —decía Ludmer—. Todo lo que se produce en castellano termina pasando por allí, y como ellos son los que financian, acaban siendo los que deciden qué se estudia, qué se investiga, qué circula. En esa estrategia es fundamental el papel que juega Telefónica, ligada al Cervantes». Y alertaba: «La lengua es como el agua o el aire, uno de los recursos esenciales de nuestro presente y el más estratégico con vistas al futuro. Mientras los españoles ponen el acento en este tema y los reyes van a todos los Congresos de la Lengua, en toda América Latina ni siquiera se está pensando en esto». Apenas unos meses antes, de paso por Buenos Aires, Angeles González Sinde-Reig, la ministra de Cultura española, lo decía con todas las letras: la difusión de la lengua española en el mundo es una política de Estado para España. ¿Por qué? La respuesta, puede buscarse en uno de los documentos del Foro de Marcas Renombradas de España, en el Plan Estratégico 2006-2010 y en el Proyecto Marca España. Allí se lee: «La estrategia de imagen de España debe ser un proyecto a largo plazo, un esfuerzo sostenido en el tiempo cuya gestión y responsabilidad se sitúe por encima de la legislatura política. Debe ser un proyecto de Estado, a partir de una estrategia definida que diseñe las distintas acciones a desarrollar, tanto en el aspecto político y comercial como en el cultural. Se ha destacado en este sentido la importancia estratégica de coordinar el esfuerzo de todas las instituciones públicas y privadas mediante un ente que tenga responsabilidad al más alto nivel, que actúe como «Guardián de la marca», con responsabilidad total y absoluta sobre estas cuestiones. En esta misma línea se ha subrayado la necesidad de actuar en el ámbito diplomático sobre las instituciones multilaterales, mediante la creación y desarrollo de lobbies específicos que representen los intereses de la marca España. La coordinación institucional de la imagen de España debe ir acompañada, además, de una estrategia común con el ámbito empresarial, y en especial, con aquellas empresas que ejercen de importantes embajadores de la marca España. La estrategia de marca España debe basarse, según se ha sugerido, en una idea dominante (como, por ejemplo, el concepto de prestigio) que pueda ser utilizada por todos los públicos objetivos de la marca España, tanto en el sector turístico, el empresarial, el cultural o el político. Pero sobre todo, debe establecerse una relación importante entre la marca España y el concepto globalizador de la lengua española, como uno de los principales atributos de la marca España». En síntesis, el castellano es una lengua con variantes propias en cada región donde se habla. Ordenar y administrar ese uso a través de gramáticas, diccionarios y sistemas de enseñanza tiene, por cierto, un valor estratégico tanto político como económico, sobre todo cuando se calcula que es una de las lenguas con mayor crecimiento en el mundo. Los temores de Josefina Ludmer —plenamente justificados— ya alertaron a argentinos y mexicanos, quienes sin enfatizar ni en la «defensa» ni en la «promoción», buscan afirmar la propia identidad lingüística respetando las otras lenguas de la región. Dicho de otro modo, la Argentina y México no plantean una versión propia del Instituto Cervantes, sino otra propuesta, otra idea, otras metas. Así, se trata de dos modelos enfrentados que, con distintos recursos, plantean una lucha en las que todos los hablantes, sabiéndolo o no, intervenimos diariamente. Quizás a la luz de estas cuestiones resulte entonces oportuno pensar de quién es el castellano y de qué manera, conjuntamente, podría administrarse mejor, pregunta que Ñ le ha formulado a filólogos, lingüistas, académicos, traductores y escritores de varias de las provincias de la lengua castellana a uno y otro lado del mar.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La lectura enemiga

Por Ricardo Piglia La calidad literaria de Sarmiento fue reconocida primero por sus enemigos. Una anécdota contada varias veces por el propio Sarmiento condensa la historia de esa recepción. Rosas, a quien le han enviado servilmente un ejemplar de Facundo, les dice a sus colaboradores: “Así se ataca, señores, a ver si alguno de ustedes es capaz de defenderme del mismo modo”. La lectura enemiga es la que mejor percibe, más allá de los contenidos, la eficacia retórica. La anécdota sobre la opinión de Rosas funda una tradición que se puede contraponer a la lectura liberal de Facundo (de la que las notas de Alsina son el primer ejemplo). Los nacionalistas han valorado la forma inigualable de los textos de Sarmiento. La tradición oficial, en cambio, ha canonizado la verdad de los contenidos y la lección histórica y política de la obra. Por supuesto que Sarmiento está mucho más cerca, en su concepción de la lengua y en su estilo, de los grandes prosistas del nacionalismo (Anzoátegui, Ibarguren, Irazusta, Sánchez Sorondo, Castellani) que de la deplorable tradición estilística de los ensayistas liberales que dicen ser sus discípulos (Mallea, Martínez Estrada, Murena, Isaacson). Facundo es un caso claro (el más claro diría en toda la literatura argentina) de un texto escrito con una finalidad práctica y extraliteraria que ha ido ganando espacio en la literatura hasta convertirse en un clásico. Los procedimientos de construcción se han hecho más nítidos y han subordinado a los contenidos políticos y a las declaraciones ideológicas. Por una paradoja que es típica en la historia de la literatura este escritor panfletario y comprometido se ha convertido hoy en un escritor para escritores y el Facundo es un laboratorio de formas y de registros estilísticos y de resoluciones narrativas. La lectura enemiga es una categoría clave en la historia del desplazamiento del Facundo de la política a la literatura. La lectura enemiga siempre lee otra cosa: no la verdad de la obra de Sarmiento, sino sus procesos de encubrimiento y de ficcionalización. Si el político triunfa donde fracasa el artista, podemos decir que en la Argentina del siglo XIX la literatura sólo logra existir donde fracasa la política. De hecho, el eclipse político y la derrota están en el origen de las escrituras fundadoras de la literatura nacional. Facundo, El gaucho Martín Fierro, Una excursión a los indios ranqueles, las novelas de Eugenio Cambaceres fueron escritas en condiciones de libertad condicional o de autonomía forzada. Durante el siglo XIX los escritores argentinos parecen vivir una doble realidad; hay un revés secreto en su vida pública: son ministros, embajadores, diputados, pero no pueden ser escritores. (“Yo estoy bien, relativamente bien, pero sólo estaré feliz cuando me dedique a escribir novelas”, le dice Eduardo Wilde a Miguel Cané.) La literatura argentina del siglo XIX podría ser una metáfora del infierno para un escritor como Flaubert. Por cierto hay una contemporaneidad estricta entre la conocida carta de Flaubert a Louise Colet de enero de 1852, donde expresa su aspiración de escribir un libro sobre nada y la escritura de Campaña en el Ejército Grande de Sarmiento. La aspiración de Flaubert sintetiza el momento más alto de independencia de la literatura: escribir un libro sobre nada, un libro que busque la autonomía absoluta y la forma pura. Se condensa un proceso histórico: Marx y Flaubert son los primeros que hablan de la oposición entre arte y capitalismo. El carácter improductivo de la literatura es antagónico de la razón burguesa: la conciencia artística de Flaubert es un caso extremo de esa oposición. Hace un libro sobre nada, un libro que no sirve para nada, que escape al registro de la utilidad burguesa: la máxima autonomía del arte es a la vez el momento más agudo de su rechazo de la sociedad. A la inversa, en enero de 1852, Sarmiento busca en la eficacia y en la utilidad el sentido de la escritura: en Campaña en el Ejército Grande discute con Urquiza (que no lo escucha, que no lo reconoce, que casi no le contesta) y trata inútilmente de convencerlo de la importancia y del poder social de la palabra escrita. La Campaña narra ese conflicto y en el fondo es un debate explícito sobre la función y la utilidad de la escritura. La asimetría entre Sarmiento y Flaubert (que son los dos escritores que mejor escriben su lengua en ese tiempo) resume los problemas de la no-sincronía y del desajuste respecto de la cultura contemporánea que definen a nuestra literatura desde su origen. El lugar lateral y desierto de la literatura argentina (ajena a la herencia colonial y a las tradiciones prehispánicas, europeizada desde los márgenes) se manifiesta como escisión y doble temporalidad. Todo parece a la vez contemporáneo e inactual. Las primeras lecturas del Salón Literario (1837) intentan definir una estrategia que permita anular esa distancia y hacer presente la cultura. La tradición cultural dominante en la Argentina (hasta Borges) está definida por la tensión entre el anacronismo y la utopía. La pregunta básica es siempre dónde está el presente, o mejor, cómo estar en el presente. Y esa pregunta es un tema central en la obra de Sarmiento. En el uso de la ficción se cifra de un modo específico la tensión entre política y literatura en la argentina del siglo XIX. Desde el comienzo mismo de la literatura nacional se dice que la ficción es antagónica con un uso político del lenguaje. La eficacia de la palabra está ligada a la verdad, con todas sus marcas: responsabilidad, necesidad, seriedad, la moral de los hechos, el peso de lo real. La ficción se asocia con el ocio, la gratuidad, el derroche de sentido, lo que no se puede enseñar. Tratar de hacer la historia de ese lugar de la ficción es rastrear la historia de su doble autonomía: por un lado, sus relaciones con la palabra política y, por otro lado, sus relaciones con las formas y los géneros extranjeros de la ficción ya autonomizada (en especial la novela); en ese doble vínculo se define la escritura de Sarmiento. Facundo se escribe antes de la consolidación de la novela en la Argentina y antes de la constitución del Estado nacional. El libro está en relación con esas dos formas futuras. Discute al mismo tiempo las condiciones que debe tener el Estado (capítulo XV) y las posibilidades de la novela americana por venir (capítulo II). Por un lado, el Facundo es un germen del Estado (en el sentido en que Lévi–Strauss decía que el totemismo era un germen del Estado) y, por otro lado, es el germen de la novela argentina. Tiene algo de profético y de utópico y produce el efecto de espejismo: en el vacío del desierto se vislumbra como real lo que se espera ver. El libro está construido entre la novela y el Estado: los anticipa y los anuncia y se coloca entre esas dos formas antagónicas. Facundo no es Amalia de Mármol, ni es las Bases de Alberdi: está hecho de la misma materia, pero transformada y en el origen y como cruza o como forma doble. La clave de esa forma (la invención de un género) consiste en que la representación novelística no se autonomiza, sino que está controlada por la palabra política. Ahí se define la eficacia del texto y su función estratégica: la dimensión ficcional plantea una disputa sobre sus normas de interpretación que recorre la historia. La discusión sobre las distorsiones, los errores, las exageraciones y la novelización de la realidad que definió la lectura de sus contemporáneos está directamente ligada a esta cuestión. Desde la detallada revisión de Valentín Alsina hasta las opiniones de Alberdi, Gutiérrez, Echeverría, todas las críticas apuntan a que el libro no obedece a las normas de verdad que postula. Al mismo tiempo, todos reconocen en ese desajuste el fundamento de su eficacia literaria. (Recién cuando el libro se canoniza porque triunfa su ideología se resuelve ese debate.) La escritura de Sarmiento es una respuesta megalomaníaca a esa doble demanda. Todas las reiteraciones en el uso del yo y en la autorreferencia y todos los excesos y salidas de tono que han terminado por entrar en la leyenda de Sarmiento y en su anecdotario biográfico y semipsiquiátrico son a la vez una táctica política y un efecto de estilo. Son una categoría de su obra en el sentido en que el dandismo es una categoría en la obra de Baudelaire. Se trata de un núcleo retórico básico al que podríamos definir como el sujeto fuera de lugar. Quiero decir que esta posición “fuera de lugar” del sujeto es a la vez una de las claves de su estilo y de su situación en la sociedad. Esa escritura lo lleva al poder. Sarmiento hace pensar en esos folletinistas del siglo XIX de los que Walter Benjamin decía que habían hecho carrera política a partir de su capacidad de iluminar el imaginario colectivo. Pero Sarmiento llega más lejos que nadie; en verdad, hay que decir: el mejor escritor argentino del siglo XIX llegó a presidente de la República. Y entonces sucedió algo extraordinario: Gálvez cuenta que Sarmiento escribe un discurso para inaugurar su gobierno, pero sus ministros se lo rechazan. Y el discurso inaugural de Sarmiento como presidente se lo escribe Avellaneda. Podríamos decir que se resuelven ahí, en una figura emblemática, todas las tensiones entre política y literatura que recorren su escritura. A partir de ahora Sarmiento tendrá que adaptarse a las necesidades de la política práctica. Y tendrá que adaptar, antes que nada, su uso del lenguaje. Podemos imaginar ese discurso como el gran texto de Sarmiento escritor: el último texto, su despedida de la lengua. A veces pienso que los escritores argentinos escribimos, también, para tratar de rescatar y reconstruir ese texto perdido. Publicado en el suplemento Radar Libros, de Página 12, el 18 de septiembre de 2011.