miércoles, 16 de abril de 2008

Sesenta poetas conversaron en General Roca



NEUQUÉN.- Con un homenaje a poetas y escritores desaparecidos durante el período 1975-1983,coordinado por el chubutense Jorge Spíndola, culminó el domingo 13 de abril la tercera edición de las Conversaciones de otoño, un encuentro que se realiza cada dos años desde 2004 en General Roca organizado por el grupo Cienvolando integrado por Silvia y Luciana Butvilovsky y Chelo Candia entre otros artistas.

Durante encuentro participaron sesenta poetas de la región Comahue y del resto de la Patagonia, de Buenos Aires, Salta y otras provincias, y de Chile. En la clausura, el domingo al mediodía, se presentó la segunda edición de “Palabra viva”, el volumen realizado por la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, SEA, junto con varias instituciones oficiales, y que recopila la producción literaria de desaparecidos en el período correspondiente a la pasada dictadura militar.

El encuentro comenzó el jueves pasado y se desarrolló fundamentalmente en la Casa de la Cultura de la ciudad rionegrina. Fue organizado en torno de lecturas y recitales poéticos que incluyeron a casi la totalidad de los participantes y en paralelo se coordinaron talleres de lectura y escritura creativa. El domingo en la madrugada, apenas pasada la medianoche del sábado, se inició una serie de espectáculos que, vertebrados en torno de la poesía, incluyeron otras disciplinas y técnicas –música, dramaturgia, danza-. Así estuvieron los neuquinos integrantes de Celebriedades, comandados por Tomás Watkins y Raúl Mansilla; Silvia Castro –una poeta roquense que reside en Buenos Aires- con su “La selva fría”; La Pelela Títeres, un elenco de San Martín de los Andes; Compañía Charivari, con una opereta; el salteño Carlos Aldazábal con canciones y Cachi Banacici, con un monólogo, entre otros.

Además de las lecturas, que repasaron la producción de los asistentes –algunos muy jóvenes; otros con mayor trayectoria- que permitió exhibir diferentes estéticas y posturas frente al hecho poético.

Además de los mencionados, participaron Mariela Silva de Ancud; Jacqueline Lagos, de Osorno; Lucía Orellana, de Valdivia y Alfonso Sánchez, de Concepción entre otros representantes de Chile. De la Patagonia, asistieron también Bruno Di Benedetto –Puerto Madryn-; Majó Abeijón –Rada Tilly-; Raúl Artola –Viedma-; Miguel Oyarzábal –Trelew-; Melissa Bendersky –San Carlos de Bariloche-, y Liliana Campazzo –Viedma- entre otros. El grupo de bonaerenses estuvo integrado por Sergio Rigazio; Dante Sepúlveda; Mary Zúñiga y Paula Yende.

En paralelo hubo presentaciones de libros, espectáculos de cine y dos exposiciones de arte, una de poemas y obras de artistas plásticos y otra de fotomontajes.

La organización estuvo a cargo del grupo Cienvolando –es la tercera edición de un encuentro que se realiza cada dos años desde 2004- y tuvo auspicios oficiales –organismos de cultura provincial y municipal- y de pequeñas y medianas empresas privadas.

lunes, 14 de abril de 2008

Lo nuevo, lo viejo, lo actual

Formas modernas de última tecnología se combinan con los hábitos tradicionales premodernos en la organización del trabajo rural. A pesar de las tendencias globales, no se puede hablar de un rumbo hacia la uniformidad total en los procesos de producción agrícola. De eso se trata “Reestructuraciones sociales en cadenas agroalimentarias”, un libro editado por el Grupo de Estudios Sociales Agropecuarios, GESA, de la Universidad del Comahue.

Gerardo Burton

geburt@gmail.com

El escritor británico John Berger apuntó, en su libro de ensayos, relatos y poemas “Puerca tierra”, que “el campesino ha sobrevivido más tiempo del que le habían pronosticado. Pero durante los últimos veinte años, el capital monopolista, mediante sus empresas multinacionales, ha creado una nuev estructura del todo rentable, la ‘agribusiness’ por medio de la cual controla el mercado, aunque no necesariamente la producción, y el procesado empaquetado venta de todo tipo de productos alimenticios. La penetración de este mercado en todos los rincones de la tierra está acabando con el campesinado”.

Eso dice Berger. Sin embargo, en un análisis del impacto de la aplicación de tecnologías de punta en la producción, empaque y comercialización; la transformación de las unidades productivas y el implacable proceso de reconversión que vivieron las explotaciones agropecuarias –fundamentalmente frutihortícolas- en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, el Grupo de Estudios Sociales Agropecuarios de la Universidad del Comahue ensaya una posición intermedia: “no hay imagen de polarización; hay productores que se pudieron reconvertir, algunos se autodenominan productores y otros chacareros que se desempeñan en la histórica actividad pluriagraria el Alto Valle”.

Esa afirmación pertenece a Mónica Bendini, prologuista del volumen “Reestructuraciones sociales en cadenas agroalimentarias”, perteneciente a la colección Cuadernos que edita el GESA de la facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNCo. Es el sexto título que publica el grupo (ver aparte), en este caso compilado por Martha Radonich y Norma Steimbreger.

Bendini explicó que el libro reseña la cadena agrícola “ubicada en contextos más amplios”, y describe las relaciones “entre la reestructuración económica y las reestructuraciones sociales”. Como resultado, en el Alto Valle y en el Valle Medio se observa “un impacto heterogéneo”.

Se trata de analizar el impacto de las nuevas formas de producción “sobre las organizaciones sociales y de los trabajadores y sus efectos sobre el territorio, cómo se incorporan nuevas áreas para exportación” en el proceso de globalización creciente, indicó Steimbreger.

Para Graciela Landriscini es importante señalar cómo se modifican las relaciones de intercambio, es decir, cómo se determina qué hay que producir; qué capacidad de decisión sobre la producción tienen los productores; cómo influyen las cadenas de híper y supermercados y cómo y quién “da la orden de qué producir, cómo hacerlo en cuanto a control de calidad, fijación de precios y variedades” que deben comercializarse.

Otros elementos a tener en cuenta son las inversiones que se exigen; los sistemas de fertilización y de poda, y así se puede observar “cómo se modifica la forma de trabajar, en cuanto a cantidad y a calificación”, indicó Landriscini.

También mencionó los cambios en el empaque; los costos salariales para los pequeños productores que se desempeñan de manera multifuncional y las grandes explotaciones.

Bendini se refirió también al proceso de transnacionalización que modificó las relaciones sociales y de producción. Pero indicó que “no existe una imagen de polarización, pues hay productores que se pudieron reconvertir y otros no”.

Señaló la distinción que se hace en el sector en relación con la actividad histórica en la zona rural del valle entre productores y chacareros, que se debe, dijo, a la coexistencia entre áreas tradicionales y nuevas en la misma zona.

También puntualizó la “unidad temática” del volumen editado, por su contenido.

En efecto, los procesos descriptos abarcan regiones de la Argentina, México y Brasil. Se analiza cómo “transforman el escenario productivo y el espacio social, construyen nuevas formas de territorialidades que coexisten con hábitos tradicionales de producción tales como la precariedad laboral en las zonas rurales”. Se trata de una “agricultura flexible” –término de la especialista Sara Lara Flores- que se propone lograr competitividad mediante la combinación de nuevos y viejos procesos de trabajo, tecnologías y formas de uso de la fuerza de trabajo que tornan al empleo más intermitente e itinerante.

En el prólogo, Bendini señaló que el sector frutihortícola es, “desde hace algunas décadas, uno de los sectores más dinámicos de la agricultura, tal como se manifiesta en las regiones estudiadas del Norte de la Patagonia, Litoral y Cuyo en Argentina; Baja California, Sonora y Sinaloa, entre otras, en México; valles del río San Francisco en Sergipe, Bahía y Pernambuco de Brasil, donde el mayor dinamismo se genera en la producción destinada a la exportación”.

Ese dinamismo está expresado en la movilidad del capital, la transferencia y la venta de empresas regionales o nacionales a firmas extranjeras. Ese proceso de desnacionalización de la producción, que reproduce lo ocurrido en el país y en América Latina, está analizado pormenorizadamente por Landriscini y Osvaldo Fleiss.

En ese contexto, Bendini mencionó las “empresas modernas radicadas en la región (que) lograron insertarse con éxito en el mercado mundial: uso de tecnologías de punta; organización a escala y descentralizada de sus procesos productivos; control de los segmentos de distribución y de comercialización y movilización de complejos flujos migratorios para disponer de mano de obra barata y abundante.

... formas combinadas de concentración económica y de persistencias adaptativas de pequeños y medianos productores que provoca la continua reestructruación de las relaciones técnicas y sociales de producción. Uno de los efectos más importantes de los procesos de revalorización de tierras para la actividad agrícola orientada a productos de calidad es la transformación de los mercados de trabajo, de las relaciones intersectoriales y de las propias comunidades locales. Así, las nuevas formas de organización de la agricultura redefinen las posiciones productivas de trabajadores, productores y empresarios; reestructuración que responde, por una parte, a tendencias mundiales de la reestructuración productiva e inserción flexible pero, por otra, a especificidades regionales y a redes locales de actores.

El espacio es una cadena de lugares interconectados: para los productores, el territorio no es sólo ellugar (o los lugares) en íse vende la producción, para los trabajadores no es sólo el lugar en donde se reside sino son los lugares adonde se migra para trabajar (desplazamientos múltiples, nuevas configuraciones familiares, redes sociales).

Las políticas neoliberales de fuerte impacto en la región durante los años ochenta y noventa transformaron profundamente la agricultura. Atendiendo a la flexibilidad de su producción y su adaptación a las condiciones cambiantes del mercado, algunos autores la caracterizan como una agricultura postfordista, mientras para remarcar la combinación entre la flexibilidad productiva y el uso del trabajo precario oros autores hablan del surgimiento de una agricultura flexible; tal el caso de las empresas del sector agroexportador frutihortícola que se reestructuraron, combinando el uso de tecnologías sumamente sofisticadas con el uso de una abundante mano de obra migrante temporal y precaria para obtener productos de calidad internacional y lograr su máxima rentabilidad en el mercado global.

Al surgir una nueva división internacional del trabajo en los sistemas agrícolas a nivel mundial, la agricultura de los países periféricos se integra más y más a las actividades de las empresas agroindustriales, las que han ido conformando crecientemente conglomerados transnacionales, y al mismo tiempo la reestructuran. Los complejos agroindustriales fueron profundizando su integración vertical mediante el desarrollo de cadenas productivas extendiendo su control en los distintos eslabones o segmentos, dese la producción al consumo final de los productos agrícolas. Este proceso ha sido acompañado, en las últimas décadas, de una creciente concentración e internacionalización del capital a través de complejas estrategias de descentralización geográfica productiva/centralización de gestión; creación de redes de abastecimiento; requerimientos crecientes de mano de obra transitoria mayoritariamente extra local, entre otros.

OTROS TÍTULOS

NEUQUÉN (AN).- “Reestructuraciones sociales en cadenas agroalimentarias” es el sexto cuaderno GESA, y fue editado por La Colmena en Buenos Aires, con una tirada de 500 ejemplares. El grupo publica dos colecciones, la de los cuadernos y las que realiza en colaboración con otras instituciones, como es el caso del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, INTA. Entre otros títulos, el catálogo de ediciones está constituido por “Campesinado y ganadería trashumante en Neuquén”; “Trabajo y cambio técnico. El caso de la agroindustria frutícola del Alto Valle”; “El campo en la sociología actual”; “De golondrinas y migrantes”; “Crianceros y chacareros. Territorio y organización social de la agricultura”; “Con las puras manos. Transformaciones agroindustriales y laborales en nuevas y tradicionales zonas frutícolas del norte de la Patagonia”.

Los artículos del presente cuaderno están compilados por Martha Radonich y Norma Steimbreger. Sus autores, entre los integrantes del GESA y los invitados, son Amalia Kreiter; Graciela Landriscini; Osvaldo Preiss; Marta Ciarallo; Mónica Bendini; Nidia Tadeo; Hubert de Grammont; Adriana Bocco; Sara Flores; Josefa Barbosa Cavalcanti; Dalva da Mota; Verónica Rama y Belén Álvaro además de las compiladoras.

Doce artistas en diálogo estrenan sala

Maestros y discípulos proponen una recorrida dialogada por sus obras: reflejos, puntos de partida, caminos retomados. La exposición está habilitada hasta el martes próximo en el subsuelo del nuevo edificio de Sosunc, que propone un acceso desde la estética y la reflexión sobre la producción artística regional.

Gerardo Burton

geburt@gmail.com

NEUQUÉN (AN).- Doce artistas plásticos regionales, seis parejas de maestro y discípulo en diálogo, en discusión, en camino que se inicia y rumbo que se retoma, en reflejos y chispazos. Quizás una conversación artística que no finalizará jamás; o una discusión que se plantea ante el público, que mira, interviene, toma partido. Un público que se quiere cómplice de la muestra que sirve también para una inauguración, la de la sala de Sosunc, en el subsuelo del nuevo edificio que la obra social ocupa sobre la avenida Argentina, en uno de los extremos del terreno que ocupa la Universidad del Comahue en esta ciudad.

Las parejas unen estilos diferentes, estéticas distintas, posiciones ante la vida, el arte y el universo que no siempre coinciden pero que enriquecen la visión de la producción artística regional.

Así confluyen en la sala los doce artistas, que estarán en exhibición hasta el martes próximo. Gabriela Erazun con Rosario Cufari en un clima de abstracción; Ana Zitti invitó a Carolina Guajardo para ocupar –las dos- el punto de vista de la modelo, con diferente tratamiento técnico y de contenido; luego Ana María Alcalde y Analía Herbel dialogan desde la figuración y Stella Provecho con su discípula casi adolescente, Ailín Tornatore, instalan objetos separados del uso cotidiano para cuestionar el pensamiento.

La exposición continúa con una litografía de Marcelo Sewald que discute en tema y en estilo con su alumna Ivana Alan y concluye con dos esculturas, obras de Lucía Seijo y Silvina Signe con materiales diversos pero una ocupación del espacio que no permite miradas indiferentes.

Por caso, Stella Provecho plantea una serie de objetos –copas de pie quebrado, de cáliz roto- con palabras desarmadas que inducen al juego anagramático. Así “nada” puede ser “Adán” y “anda” y así sucesivamente. Mientras, Ailín Tornatore convoca al sentimiento con una estética hiperrealista y rayana en el humor negro. En realidad, un guiño irónico que plantea interrogantes sobre la propia existencia.

El curador de la muestra –y de la sala- es Marcelo del Hoyo, que anunció la próxima exposición de Javier Lodeiro, artista de Cipolletti, a partir del viernes 18 de este mes.

La sala, dijo del Hoyo, “propone un proyecto curatorial que tiene que ver con el ámbito de la región Comahue y con los docentes e investigadores de la Universidad”. En efecto, esta suerte de “doble curaduría”, consiste en una visión desde lo artístico, a su cargo, y un abordaje desde la cosmovisión de los investigadores y docentes convocados.

Para el caso de Lodeiro, la co-curaduría está a cargo de Raúl Caldús, del departamento de Filosofía de la facultad de Humanidades, quien “se refiere a la obra del artista y su vinculación con lo metafísico”.

La idea, concluyó del Hoyo, es lograr “interacciones” entre ambos curadores y al mismo tiempo generar “un espacio abierto a la producción artística regional”.

La sala permanece abierta al público de martes a viernes entre las 10 y las 14 y sábado, domingo y feriados de 18.30 a 20.

Veinte años de mujeres en poesía

Es una antología que recopila la producción de 53 poetas del país, nacidas entre 1960 y 1980. En la selección hay tres patagónicas, y una neuquina, Macky Corbalán. El volumen será presentado en Buenos Aires el 25 de marzo.

Gerardo Burton

geburt@gmail.com

NEUQUÉN (AN).- Son 53 poetas argentinas nacidas entre 1960 y 1980. Son sobrevivientes de un minucioso proceso de selección que en una primera instancia superó el centenar. Ahora, el libro publicado por ediciones del Dock, el ya legendario sello de Carlos Pereiro para todo lo concerniente con la poesía, será presentado el 25 de este mes en Buenos Aires, en la Casa de la Poesía que dirige Susana Villalba.

El arduo trabajo de selección estuvo a cargo de Andi Nachón, que también escribió un prólogo donde establece los criterios que guiaron la antología y las conclusiones que obtuvo después de su tarea. En la recopilación hay tres patagónicas, y una sola de ellas es neuquina. Se trata de la casi infaltable Macky Corbalán, una cutralquense nacida en 1963, con una obra breve, condensada, profunda y sorprendente. Las otras dos son Claudia Prado, de Puerto Madryn, y Ana Porrúa, nacida en Comodoro Rivadavia y residente en Mar del Plata.

Ellas integran un panorama que completan otras 50 poetas, casi la mitad de la ciudad de Buenos Aires, seis de esa provincia y 24 del resto del país. Ésa es la primera –y saludable- sorpresa que uno se lleva: al menos numéricamente, parece que la poesía argentina no sólo se escribe en la Reina del Plata. Una aclaración: hay tres poetas que exceden los requisitos y están en el volumen por tratarse de “escrituras nuevas que están llegando”.

Esta antología sucede a una que abarcó las dos décadas inmediatamente anteriores y con las cuales la presente tiene “una cierta filiación”. Sin embargo, tiene razón Andi Nachón cuando expresa que “el recorrido propuesto en esta oportunidad se vuelve más difuso e indudablemente asienta su potencia en un ahora volcado hacia delante”. Y añade de inmediato cuál es el universo presentado: las más jóvenes tienen entre 25 y 27 años, algunas están aún inéditas y otras cuentan con sólo un libro publicado.

El segundo punto, que uno también comparte con la autora de la antología, es que este elenco de poetas ocurre en un contexto especial de la literatura –y de la poesía, particularmente- en la Argentina. Luego de la brutal transnacionalización de la industria editorial y su consecuencia más inmediata, la escritura con recetario más o menos expreso, surgieron numerosos proyectos sectoriales, colectivos, aislados o más o menos compartidos que hicieron crecer en forma vertiginosa la edición en pequeñas tiradas, fuera de los circuitos comerciales habituales. Así, a los sellos “históricos” –Último Reino; La danza del ratón; Tierra Firme-, se agregaron otros –siesta; La luna que; del Dock; Limón; Adriana Hidalgo y otros- que robustecieron la posibilidad de acceso a la lectura y a la circulación de la poesía novísima.

En este caso, se trata de una notable muestra de la poesía luego de Juana Bignozzi, Alejandra Pizarnik, Glauce Baldovín, Celia Gourinski, Olga Orozco, Irene Gruss y otras tantas que, como considera Nachón, tenían “en su haber poéticas ya constituidas en obra”. De ellas se perciben rastros, datos genéticos que continúan y perpetúan algo que ya se constituye en un objeto de estudio en sí mismo. Es decir, la poesía de mujeres argentinas es, quizá, una de las materias más importantes a abordar por parte del crítico literario, pues acaso en este segmento se den la renovación, la indagación, el reencuentro de la poesía con la búsqueda y el conocimiento, lejos del adocenamiento de tanta poesía-cháchara que se constituye sin lirismos, sin pasiones, sin sorpresas. Sin sangre.


Una astilla del roquismo


Pedro Navarro Floria

Las alternativas de la construcción de la Patagonia como un espacio donde política y ciencia dibujan la imagen que tendrá la futura nación, luego de la campaña de Roca, se narran en el volumen “Paisajes del progreso”, que será presentado la semana próxima en la Universidad del Comahue. El trabajo es responsabilidad del Centro de Estudios Patagónicos, que dirige Pedro Navarro Floria.

Gerardo Burton

geburt@gmail.com

Un nuevo retorno a los orígenes, ahora con un protagonista: el territorio, donde la ciencia del positivismo y la política liberal –el proyecto del roquismo- dirimen cómo será el futuro de la nación recién nacida. Un largo período que comienza apenas se disipa el humo de los Rémingtons en los cañadones, valles y mesetas de Río Negro y Neuquén y culmina en pleno gobierno de Hipólito Yrigoyen.

Es un país que comenzó con la inmigración y sus hijos proscriptos y la resistencia de la otrora orgullosa nación mapuche quebrada. Es un país que, al finalizar el período está por asomarse a las más fieras luchas obreras de anarquistas y socialistas. En fin, es un territorio que ocupan galeses fugitivos de un Reino Unido perseguidor y que asuelan los bandidos rurales locales y foráneos –Vairoletto, Butch Cassidy, Sundance Kid- y que empiezan a colonizar chilenos y argentinos por partes desiguales.

La búsqueda de una identidad tras esas nubes de arena y sangre empecinó a Pedro Navarro Floria: “Paisajes del progreso. La resignificación de la Patagonia norte. 1880-1916” trata la construcción de la Patagonia como desierto –explica Perla Zusman en el prólogo- “antes de la campaña de roca de 1879”.

La imagen de ese desierto “desarrollada tanto discursiva como cartográficamente” intentó demostrar que era un ámbito despoblado o “esterilizado por sus habitantes originarios”.

Sobre esa base se utilizaron dos imágenes: desierto y vergel, que constituyen el paisaje como “dispositivo cultural” de aproximación a lo desconocido o distante.

Con Navarro Floria, este corresponsal dialogó sobre las ideas que construyeron la posibilidad del desierto integrado al estado liberal propugnado por el roquismo, una de cuyas vertientes, el reformismo liberal, fundamentó la institucionalización de los territorios.

El historiador, integrante del Centro de Estudios Patagónicos, dijo que el reformismo liberal “es una de las líneas políticas que aparecen en el campo de la oligarquía liberal de la época, a partir de la crisis de 1890 y de la percepción de que hay cosas que no funcionan. Con los territorios nacionales es visible: fueron conquistados por las armas, pero no hubo una sociedad constituida. Los principales referentes del reformismo liberal fueron (Estanislao) Zeballos y Joaquín V. González, funcionarios del Estado nacional. Entre los presidentes enrolados en esta tendencia, se puede mencionar a (José) Figueroa Alcorta y (Roque) Sáenz Peña. El reformismo liberal es un desprendimiento más lúcido, una astilla del palo del roquismo. Ellos mismos plantearon la reforma electoral a partir de las tensiones del sistema pero con el convencimiento de que ganaban las elecciones. Se sorprendieron cuando triunfó el radicalismo”.

Respecto de los pioneros y de las sociedades de los territorios, hay una cierta invisibilidad de los extranjeros, en especial de los chilenos. ¿Qué pasa con las mujeres; también son invisibilizadas?

- La situación de la mujer no se exploró. El pionero es un sujeto del discurso modernizador, y la mujer aparece con el pionero, formando familia. Además, la mujer fue considerada como elemento biológico clave para la renovación de la sangre. La figura del pionero es a priori masculina porque (por ejemplo, en Gabriela Nouzeilles) el pionero es el hombre que somete a la naturaleza, que aparece feminizada, violada por el pionero. La imagen es de William Henry Hudson en “Días de ocio en la Patagonia”. En el siglo XIX es fuerte la imagen del sometimiento de la naturaleza.

¿Cómo ocurre ese proceso?

- Existe una rápida dinámica de construcción del territorio; una operación material de conquista que alimenta la imagen del territorio. Vanni Blengino utiliza una imagen sobre la carrera con las palabras y acontecimientos. A veces las palabras van antes que el conocimiento: conquistaban y descubrían; en cuanto a la Patagonia, tenían una noción muy vaga del interior, conocían sólo la costa. Un ejemplo son los mapas náuticos ingleses del siglo XIX: conocen la costa pero no el interior.

En cuanto a la política en los territorios “se redefine según el Estado absolutamente unitario”. La actitud es diferente con las provincias preexistentes: en esos casos, el Estado nacional “es bastante más federal que con los territorios. Es más federal porque tenía que negociar con las oligarquías provinciales; en esas jurisdicciones había congresos, legislaturas, hay otra circulación de poderes. Con los territorios no ocurre eso, es puro y duro unitarismo. Eso genera el discurso de la minoría de edad, de la adolescencia que considera a los territorios y sus sociedades como incapaces”.

Las élites tienen un papel preponderante en la conformación del “paisaje del progreso”: se trata de una élite conquistadora, que participa de las acciones de “conquista, se reparte las tierras y el botín”.

En una segunda instancia, aparecen “élites locales que empiezan a instalarse o generarse y así se establece un determinado diálogo entre las élites nacionales y las locales. Hay en 1899 hasta la época de Roque Sáenz Peña una serie de viajes de presidentes y ministros, y es importante ver con quiénes se reúnen, a quiénes consideran como el pueblo de los territorios. Por ejemplo, Roca viaja a encontrarse con el presidente chileno, Errázuriz, y los Braun, los Menéndez y los Nogueira. Los aliados estratégicos del roquismo son los grandes empresarios patagónicos”, indicó Navarro Floria.

Cuando hablan del interés del pueblo de los territorios “y cuando hablan de que el territorio nacional debería tener representación en el Congreso, hablan básicamente de ellos”.

Entonces, “el rol de la élite es el de la construcción de la élite local. La élite nacional elige al interlocutor, lo construye”.

PRESENTACIÓN

“Paisajes del progreso” se presentará el próximo 16 de abril en el Aula Magna de la Universidad del Comahue. Desde las 19, Andrés Dimitriu se referirá al libro y a la articulación de la comunicación como elemento constitutivo del imaginario sobre el área cordillerana. Según Pedro Navarro Floria, la colaboración entre el Centro de Estudios Patagónicos y Dimitriu confirma “una idea de hacer historia: no para los historiadores; sino que lean la historia los no historiadores, es decir, quienes se dedican al turismo, al medio ambiente, a la comunicación”.

La tirada del libro es de 100 ejemplares y se distribuirá a través de “Manuscritos”, la librería universitaria ambulante de Alejandro Gamero. La presentación se repetirá en mayo en Buenos Aires –en dependencias de la Universidad de esa ciudad, y de la Católica- y posteriormente en las jornadas de historia de la Patagonia, cuya tercera edición se desarrollará en San Carlos de Bariloche en noviembre próximo.

El volumen está coordinado por Pedro Navarro Floria; su prólogo estuvo a cargo de Perla Zusman y contiene ensayos de Pablo Azar, Alberto Garrido, Carla Lois, Gabriela Nacach y Leonardo Salgado.


domingo, 6 de abril de 2008

Una mujer, la ciudad, el erotismo


Concha García en Ushuaia, durante su estadía en la Argentina.







Para la poeta española Concha García el poema es un intento de destacar lo fragmentario de la realidad. En su poesía “no hay episodios, sino escenas incompletas, fragmentos mínimos de una vida”. Los seres anónimos angustiados por el vacío de su existencia protagonizan sus textos: ella encuentra en esas mujeres, en esos hombres la falta de espíritu que caracteriza estos días.

Gerardo Burton

geburt@gmail.com

NEUQUÉN.- El poema expresa sólo fragmentos de la realidad: ése es el límite del lenguaje cuando se trata de percibir la existencia. Así, el poema “acaba siendo un intento de destacar partes de la realidad en su aspecto más fragmentado”.

La poeta catalana Concha García cita a Rosa María Belda, la prologuista de su más reciente libro –“Ya nada es rito y otros poemas”-, cuando señala que en su poesía “no hay episodios, sino breves escenas incompletas, fragmentos mínimos de una vida, porque no reproducen escenas identificables, sino sensaciones, gestos, una geografía de los sentidos que a veces transmite momentos de placer. Pero abundan más los episodios cotidianos del ser anónimo, que se angustia por el vacío de su propia vida. Quizás lo que más me preocupa es la falta de espíritu que padecemos en estos tiempos”.

De la dispersión de lo cotidiano habla García, de esa grisura que a veces campea en todo y de la cual, sin embargo, pueden extraerse imágenes, metáforas, nuevas formas de conocimiento si se les aplica el método de la poesía. El erotismo como medio de revelación de los cuerpos en relación –con el medio, con otros cuerpos; con el tiempo- y como premio a la búsqueda de un más allá que por momentos está al alcance de la mano, es un dato de su poesía.

En una entrevista realizada vía electrónica, Concha García se refirió a su oficio de poeta, una labor que requiere de aprendizajes y rupturas, de seguimiento de las tradiciones y de apartamiento de esas normas cuando se convierten en rígidos esquemas.

Por eso, Concha García admite que su poesía fue, durante un tiempo “incomprendida por haber hecho caso omiso de las formas imperantes de la convención clásica”. Es que, añade, “se tiene una idea del ritmo, como de la forma, muy pautada, muy preestablecida, sobre todo en el poema de tradición española”.

¿Podría describir cómo escribe, con qué técnica?

-Si rompo el verso con encabalgamientos o remates aparentemente caprichosos es porque el poema así lo exige. No pretendo embellecer, sino dar relieve, contrastar, hacer evidente que si algo no funciona con la lógica de la realidad en la vida de alguien, el ritmo de ese relato poético también debe darlo a entender. Además siempre me he preguntado qué es lo real. Concibo el poema como una metáfora en su contenido y en su forma.

Una visión de la realidad. Un dolor en la relación con la pareja. Los pequeños detalles denuncian esas carencias, esas ausencias. ¿Cuál es el abordaje de la realidad?

-Durante mucho tiempo el punto de mira de mis poemas ha sido una mujer, habitante de una gran ciudad, que en su anonimato hacía visible lo absurdo, el dolor y la gratuidad del deseo. Pero que vivía lo sagrado en una traducción ennoblecida del erotismo. Sobre todo, en mis primeros libros. El erotismo era el antídoto contra la angustia: era el consuelo de la existencia; una de las maneras más hermosas de estar viva. Pero nunca desde la mirada narcisista, ni siquiera del otro, sino del propio cuerpo y de la conciencia de su ilimitada fragilidad.

¿Podría señalar influjos, rastros de otros poetas, escritores, artistas o pensadores en su poesía?

-Siempre me ha impresionado el desconsuelo lúcido y no exento de sentido del humor de (Fernando) Pessoa (en Alvaro de Campos), de (Witold) Gombrowicz, o de Felisberto Hernández. La sorprendente elocuencia de los haikús, el ritmo vital de algunos poemas de Adrienne Rich, la sensación de soledad que transmite la poesía de Antonio Machado, la elocuente capacidad de nombrar la muerte de Blanca Varela, el interrogante sobre la femineidad que plantea Ingeborch Bachmann, la extraordinaria capacidad de nombrar el mundo desde los pequeños acontecimientos de Szymborska, y la inteligencia de Marguerite Yourcenar. Aquí lo dejo. Leer es una experiencia que abre las puertas de al percepción y te hace más feliz. En España los adolescentes carecen cada vez más de comprensión lectora, y eso precisamente es lo que no he visto en este país, ni en la Patagonia. Los jóvenes aman la lectura, tienen curiosidad, se leen los unos a los otros con respeto.

Señale poetas españoles actuales, contemporáneos suyos en cuanto a generación.

-Lamentablemente no conozco todo lo que se escribe actualmente, así que no voy a entrar en la poesía más joven. En España se publica mucho, y eso hace que la poesía haya entrado en el mercado, aunque paradójicamente sale perjudicada porque un libro de poemas debe permanecer mucho tiempo en el anaquel y ahora eso no es posible. Pero no puedo dejar de pensar en poetas de mi generación como Chantal Maillard, Juan Carlos Suñén, Angeles Mora... ¿Sabes? Me siento afín a muchos poetas que no voy a nombrar porque la lista sería mucho más larga, y las afinidades están más relacionadas con haber compartido espacios, tiempos y lecturas que con otra cosa.

DATOS

Concha García nació en La Rambla, en 1956, pero residió prácticamente toda su vida en Barcelona, adonde su familia se trasladó siendo ella muy pequeña. Estudió filología hispánica y fundó el Aula de Poesía y la Asociación de Mujeres y Letras, dos organizaciones dedicadas a difundir la poesía escrita por mujeres tanto en España como en el resto del mundo.

Codirige la revista “Ficciones”, publica críticas literarias en los suplementos culturales de los diarios Avui y ABC, y es colaboradora de revistas especializadas, entre ellas Barcelona Review y Lateral.

Obtuvo varios premios, entre ellos el de poesía Aula Negra, por “Por mí no arderán los quicios ni se quemarán las teas”, el primer premio de poesía Barcarola, con “Ya nada es rito”, y el primer premio Gil de Biedma, con “Ayer y calles”, publicado por la Editorial Visor.

Trabajó durante un año entero, auspiciada por la Fundación Antorchas y Espacio Hudson –el proyecto literario dirigido por el poeta Cristian Aliaga en Chubut- en la coordinación de talleres de producción y análisis de poesía en la Patagonia. Como resultado de su trabajo editó una antología de poetas de la región, y tiene en preparación una nueva edición crítica.

Además, su obra poética incluye los siguientes títulos “Rabitos de pasas”, 1981; “Trasunto”, “Por mí no arderán los quicios ni se quemarán las teas” y “Diálogos de la hetaira” publicados en 1986; “Otra ley” 1987; “Ya nada es rito”, 1988; “Desdén”, 1990; “Pormenor” 1993; “Ayer y calles”, 1994, “Cuántas llaves”, 1998; “Árboles que ya florecerán”, 2001 y, el año pasado la recopilación de casi toda su obra en la reedición “Ya nada es rito y otros poemas”.

TEXTUALES

* “Mi poesía no es desgarradora, es algo pesimista, y un tanto fatalista. He apuntado en casi todos mis poemarios, excepto en los dos últimos, a reflejar experiencias dolorosas, que pasan también por el cuerpo de mujeres, eso es cierto. Pero lo que más me ha interesado, cuando me releo, veo que ha sido retratar los instantes feos de la vida, la soledad, el fraude cultural: no hay nada para siempre. La fugacidad es la gran lección. Ahora sé que sólo se vive de los instantes y éstos son los que me hacen gozar y sufrir. No hay nada detrás ni delante. Los recuerdos acaban siendo selectivos. La experiencia no. Con eso te respondo a que la poesía tiene que ver con todo. La expresión TODO es muy compleja, alberga también lo que no se sabe”.

* “No hay cuerpo sin alma, sin intelecto y sin piel. Somos una unidad. Como dicen los orientales, con algo de yin y algo de yang. Quizás los hombres, generalmente, se han preocupado más de la estética a la hora de cultivar la poesía, no olvidemos que el poema se libera de las tiranías de las modas en este siglo pasado. La mujer, sobre todo, muchas poetas norteamericanas nacidas en los años veinte, como Sylvia Plath, Anne Sexton, Sharon Olds, Adrienne Rich, tuvieron muy en cuenta su cuerpo, porque era un cuerpo que había sido maltratado a causa de las imposiciones morales que tuvieron que aguantar, desde ser madre a tener un compañero, sin posibilidad de elegir qué era lo que realmente querían, entonces el cuerpo deviene en víctima de esa fatalidad histórica y cultural que nos ha tocado vivir a las mujeres. Yo leí a esas poetas y me influyeron mucho. Habría que intentar para superar todo eso de lo estético y del cuerpo, ser más flexible, captar la mirada en ambos lugares, que del alma se pase a una mano que sacude el polvo a una chaqueta. Eso es lo que me interesa de la poesía actualmente, que me de esa versatilidad, esas miradas desde dentro y desde fuera bajo una mirada única”.

SELECCIÓN DE POEMAS

De "Otra ley"

Cansancio

Sentada es como si bebiera largos tragos de playa,

pócimas de tonterías y me cortase las uñas,

sin compañía. Es un cuento más, una residencia

cara. Piso el suelo con bocados de ansiedad

y me lleno de reliquias el cuerpo, salgo

asustando. Repito en larguísimo silencio

abulias y taconeo deslizándome sin prisa

por las avenidas buscando un no sé qué, aquello

que no se nombra porque no se sabe y acapara

gran parte del día ponerme bajo una sombra.

La que sea, a estas alturas elijo la que sea.

De "Ya nada es rito"

Amaneciendo en soledad

Sí que es ser de día vestirme

cuando no tengo un sosiego enfrente

ni nada en el costado, chupada

de lástima voy vertiendo el traje

en mis brazos y lo encajo

como un sueño deseando un desnudo

más constante. Más siempre.

Dejando de amar

Ya no le digo te quiero a nadie,

he perdido el sur del vestido y las

costuras se abren, parezco una tela

inflexionada, una rota lana.

Me río de tanta lluvia, a veces

el aliento es iracundo y lunático,

la frescura y el atrevimiento

se han hecho detritus, pondero

por eso todo amor deshilachado,

me aceito de madrugadas pasivas

y al mirar por la ventana se va

aquel dramatismo de antaño,

aquella ira romántica que

ponía un precio a la aventura.

Vasta sed

Me ansía cuando se le seca la boca

bebiendo tragos, en los genitales le irrumpo

de mentira y se trajea con la tarde

que nunca vine. Meditando en montañas

de aguardiente elige cómo olvidarme.

De "Pormenor":

Anomalía

No paseo. Ni ando. Voy a casa.

Cayó del monedero el bono-bus

y tengo cinco duros. Ni para

cerveza me queda. Te amé

escrupulosamente. Iba

a charcuterías y te invitaba

a cenar. Eso era una muestra

evidente de mi ternura. No

tengo nada. Nada.

Empezar

Todavía no he bebido lo suficiente.

No digo mucho, digo lo suficiente.

Así que ahórrate la otra vez

y próximas. Nunca dije: atada soy.

Ni me horroricé por un beso

en cualquier parte. Adoro

sólo lo adorable. Un día, u otro

siempre puede asomarse una

a la ventana y ver tejados.

Adoro los tejados y beber.

Bebo para la tirria, para

comprender. No te entiendo,

me levanto, está bien,

no me quedo.

Lo que se sabe

Toda mi vida la pasión soterrada

en el bajo fondo de la placidez.

La idea de la pericia escapa. Un lento

proceso al amanecer. La quinta vez

que reescribo. Te lo dije. No creo.

La fe ha resbalado como la resina joven,

como el trazo de una oruga,

la fe se ha derretido en la baba

de varios caracoles. Toda tu vida

escapa o huye. No negué lo que vi.

No vi nada. Sombra en un pacto

toda mi vida: la ventana, arrullando

el más puro sonido del silencio, un crac

rompe la desidia, un sonido leve de rotura

precipita el único acontecimiento imposible

e indeseable. Soy tu túnica, tu vajilla

y tu despecho. Me voy irritada. Sé que ahora

el velo del día es un espeso manto,

una capa del rey Recaredo. Una enagua.

De "Ayer y calles"

Alegoría del tiempo

Somos moderadamente felices,

los dos vivíamos en una afinidad

absoluta: las palabras

no pueden expresar la experiencia.

Yo tampoco.

sábado, 8 de marzo de 2008

Idea Vilariño


por Antonio Muñoz Molina, publicado en "Babelia", suplemento de El País, el 8 de marzo de 2008

Lo que mejor recuerdo de Montevideo es la mirada de Idea Vilariño. Alrededor de la mesa en la que los comensales hablaban con el fervor rioplatense por discutirlo todo sólo ella permanecía en silencio y observaba, una mujer de setenta y tantos años con la piel lisa y brillante y los rasgos afilados, con unos ojos en los que permanecía intacto el fuego frío de la juventud. Hay personas que nos miran desde una cercanía inmediata; Idea Vilariño miraba como emboscada en el interior de sí misma, y rodeada de gente parecía tan a solas como en esa habitación que es el espacio visible o implícito de casi todos sus poemas: la habitación del insomnio, la de la soledad al mismo tiempo orgullosa y desgarrada, la del amor furioso y sobre todo la de la ausencia y la rememoración pasional y desengañada del amor, la habitación de no esperar nada y sin embargo seguir esperando unos pasos en la escalera y unos golpes en la puerta, debajo de la cual se ha encendido a deshoras la luz del descansillo.

Miraba como emboscada en el interior de sí misma, y rodeada de gente parecía tan a solas como en esa habitación que es el espacio visible o implícito de casi todos sus poemas

García Lorca escribió en una carta que quería escribir una poesía "de abrirse las venas": exactamente eso es lo que uno siente leyendo algunos de sus poemas de amor, una celebración simultánea de la ebriedad y de la desgracia

En un viaje anterior a Montevideo yo había descubierto los poemas de Idea Vilariño pero no me había encontrado con ella. Entre la gente cordial y conversadora de esa ciudad ella era una sombra poderosa, como la de Onetti, que aún vivía, omnipresente y a la vez lejano, muy enfermo, en Madrid. Idea Vilariño era el nombre inscrito en la dedicatoria de Los adioses y una leyenda dibujada ambiguamente entre la literatura y el chisme de capital pequeña, densa de vapores intelectuales y sentimentales. Hablaban de ella, pero Idea Vilariño no aparecía. Contaban que tenía la salud frágil y que no era muy frecuente verla en público. En la exposición de homenaje a Onetti su cara seria y su mirada de cuarenta años atrás estaba en los márgenes de algunas fotografías. Fotos de escritores jóvenes, urgidos por una cierta vocación de posteridad, con el cosmopolitismo extremado y un poco melancólico de quien se sabe muy lejos de las capitales veneradas del mundo; fundadores de revistas de vida corta y difusión escasa, muy buscadas al cabo de muchos años por investigadores obstinados; acompañante de algún viajero eminente al que agasajan con temerosa devoción y junto al que posan en las fotos como exponiéndose al resplandor solar de su celebridad. En la foto de la visita de Pablo Neruda a Montevideo Idea Vilariño está entre los literatos jóvenes que lo acompañan: también en otra junto a Juan Ramón Jiménez y a Zenobia Camprubí, los dos afables y viejos, cansados de destierro.

Querida Idea enlutada con verde mirar lento, le escribió Juan Ramón en una carta. En esas fotos antiguas que yo veía antes de conocerla Idea Vilariño tiene, a diferencia de quienes la rodean, una conciencia muy clara de estar posando, una actitud de mirada intensa y presencia ensimismada y letárgica que parece aprendida de Virginia Woolf o Greta Garbo o Juliette Gréco: la musa distinguida y pálida que toma de pronto las riendas de su propia vida imponiendo su presencia en un círculo de hombres, escribiendo poemas que al cabo de muy poco tiempo ya se han despojado de cualquier rastro de retórica y de musicalidad evidente, han adquirido una mezcla de desbordamiento impúdico y rigor expresivo que lo deja a uno sin respiro desde la primera lectura. Volví de mi primer viaje a Montevideo sin haber conocido a Idea Vilariño, pero en el largo vuelo de regreso vine leyendo sus poemas de amor, en el avión casi a oscuras, a la luz de esa pequeña lámpara que sigue encendida para el viajero insomne cuando a su alrededor todo el mundo duerme y por la ventanilla sólo se distingue una noche sin estrellas al fondo de la cual uno sabe no sin aprensión que está la gran negrura oceánica. García Lorca escribió en una carta que quería escribir una poesía "de abrirse las venas": exactamente eso es lo que uno siente leyendo algunos de sus poemas de amor, igual que los mejores de Luis Cernuda o de Pedro Salinas, una celebración simultánea de la ebriedad y de la desgracia, sin complacencia, sin término medio, con una capacidad de iluminación y de estremecimiento que probablemente no puede alcanzarse sin renunciar a la vergüenza, y que tal vez sólo se encuentra en estado puro en algunas formas de canción popular, en el bolero y en el tango.

Ese es el mundo en el que uno queda atrapado como en un cepo al leer los poemas de Idea Vilariño. Su respiración es sincopada, con algo de los heptasílabos de Pedro Salinas, o con las cadencias todavía más quebradas de William Carlos Williams, como un aliento que se ahoga a causa de la excitación y de la impaciencia y de la imposibilidad de decir. No hay paisaje exterior, ni explicaciones, ni adornos, ni nombres, sólo los amantes encerrados en esa habitación que será también la de la soledad y la espera, y la de un dolor demasiado cruel como para que lo designe la blanda palabra añoranza: Por qué / aún / de nuevo / vuelve el viejo dolor / me rompe el pecho / me parte en dos / me cubre de amargura. / Por qué / hoy / todavía. El pudor expresivo multiplica el efecto de la falta de vergüenza: en un poema titulado Seis la mujer cuenta las veces que su amante ha gemido al correrse; en otro se está viendo en un espejo al arrodillarse delante de él.

Guardé y releí durante años aquel libro que había traído de Montevideo, y que tenía algo de revelación clandestina. Hace unos días, inesperadamente, en una librería de Madrid, encontré una edición flamante de la poesía completa de Idea Vilariño, publicada en uno de esos volúmenes hermosos y austeros de Lumen. Y al mismo tiempo y también por sorpresa me llega un libro de homenaje a ella editado por Ana Inés Larre Borges para la Academia Nacional de Letras de Uruguay, lleno de fotos, de cartas, de fragmentos de diarios, de tajantes afirmaciones políticas inmunes al descrédito de la realidad y no mitigadas por el paso del tiempo.

Las fotos, los poemas leídos de nuevo, me han devuelto el recuerdo preciso de la mirada de Idea Vilariño, en un segundo viaje a Montevideo del que ya va haciendo demasiados años. Hay ciudades que se le quedan a uno tan presentes que pierde la conciencia del tiempo que lleva sin volver a ellas. Onetti había muerto y yo hablaba de su literatura en una sala donde estaban mirándome, sentadas en la primera fila, la mujer que había vivido con él más de cuarenta años y la que había escrito para él esos poemas de amor descarado y clarividencia sin consuelo. En uno de ellos cuenta las noches que pasaron juntos: no más de nueve. En otro, escrito en 1958, profetiza lo que ocurrirá en 1994: No te veré morir. El "verde mirar lento" que había visto Juan Ramón Jiménez mantenía su fulgor muchos años después del final de la juventud: la atención afilada en la cara muy seria, la furia nunca apaciguada que traspasa como una herida cada uno de esos poemas.