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miércoles, 3 de marzo de 2010

Batalla de Agincourt



Por Horacio González *
En 1415 tuvo lugar la batalla de Agincourt, tema para especialistas en historia inglesa. Se recordaría menos si no la hubiera tomado Shakespeare en su Enrique V. El monólogo que pone en boca del rey Enrique es una formidable pieza que llama a no decaer nunca en el entusiasmo, a pesar de la inferioridad de condiciones. Pero el monólogo no es el del mero entusiasta, por encima de una realidad desfavorable. Se trataba de preguntarse por las bases mismas de la acción, la emotividad del hombre político que renace ante el umbral mismo del fracaso o el desastre. El discurso de Enrique V consistía en un brebaje, tomado de un solo sorbo, compuesto por el elixir del honor. El día de la batalla, ese “día de San Crispín”, iba a ser siempre recordado, cualquiera fuera el resultado, por componer una refundación de la vida en común. La hermandad de los valientes en medio de una empresa casi imposible. Entonces, con su horror y sus muertos, la batalla fundaría una nueva estirpe heroica, aunque no vanidosa. Sólo vigente en un callado recuerdo.

Es el discurso de la emoción política en torno de un heroísmo prodigioso; el heroísmo de los que estaban en minoría y hambrientos. Implica la recreación humana a partir de su irrisoria condición de debilidad. Es la epopeya de los exhaustos y alicaídos que extraen un arrebato épico casi de la nada. Los poemas de René Char en sus cantos de la resistencia francesa retomarían el tema bajo el nombre del “tesoro perdido”, pues el recuerdo de un fervor desaparecido seguía siendo una nostalgia fecunda. Eran esos hombres comunes que en un momento de sus vidas toman sobre sí una tarea extraordinaria. Creaban la hermandad de los resistentes desprovistos de fuerzas materiales. Sólo poseían su convicción, su pensamiento o su gratuidad militante.

Todos los momentos generosos de una sociedad parten de sentimientos que brotan inesperadamente. Nadie es un héroe. La situación heroica es la más común de las situaciones. Surge de la fragilidad, la angustia o de la desesperanza. No vivimos hoy momentos de entusiasmo cívico, colectivo o político. Si el entusiasmo es la forma laica de un deseo trascendente, no estamos en una época propicia a estos afanes. Por el contrario, nos hallamos inmersos en sociedades que creen ser hedónicas y son apenas espasmos de avaricias reivindicantes. La incredulidad generalizada es un subproducto de la democracia mediática, del predominio de pequeñas maniobras, de la irritación táctica y de tácticas irritadas. Sin “discursos de San Crispín”.

La palabra pública reflexionante ha sido reemplazada por mandobles calculados, ensayos chulos de lenguaje, monosílabos que si son groseros calan más. El concepto de lo político, con su sujeto dramático, ha sido reemplazado por la “operación política”, la noticia “plantada”, la obstrucción tramada en trastiendas políticas. El despliegue de ideas sostenidas por razonamientos complejos ha sido reemplazada por chicanas y gracias televisivas, mezquinas acciones toleradas llamadas “palos en la rueda” o “pases de factura”; las construcciones en común han sido reemplazadas por exorcismos y cuarentenas: “no quedar pegado”, “le soltó la mano”.

Entendámonos: los requiebros en el habla colectiva y las metáforas del acervo picaresco no son enemigos de la democracia, son el grano de sal que condimenta el viejo pacto entre los lenguajes cultivados y el manantial justiciero de las ironías populares. Pero ahora la política nacional parece estar en estado permanente de chicotazo verbal, con especialistas en “meter la tapa” en programas de tevé, investigadores de la vida privada, moralistas que prometen adecentamiento y parecen emisarios espectrales de Savonarola, manoseadores de biografías con técnicas de basural, gritones mutuamente profesionales de frases como “yo lo dejé hablar, ahora hablo yo”, que son el síntoma disgregador de un espacio dialogal del que deben surgir sujetos políticos y no energúmenos trastrocados. Estamos tentados a decir que falta el “discurso de San Crispín” –el alegato de Agincourt– para despertar la conciencia pública de sus encasillamientos facciosos.

Las migas deshechas de los pensamientos políticos que otrora producían el entusiasmo público acabaron siendo formas atrincheradas del rencor. El país se mira sus manos, medio vacías o medio llenas según quién opine, y recrea el espectáculo de una sociedad viva pero turbada, ensimismada y a punto de ser arrastrada por cualquier bribonada política. Durante el conflicto con el campo se discutió qué cosa impulsaba a las conciencias, el motor anímico que llevaba a manifestar en las calles. Las formas ya encuadradas del pueblo fueron condenadas en nombre de una conciencia incontaminada, regenerativa. Eran los “dignos” de alma traslúcida contra los hombres suburbanos subidos en camiones. Un nuevo clasismo “sin intereses” pudo presentarse como superior a las formas heredadas de adhesión popular. El gran éxito de las difusas derechas fue el hacer creer que retenían para sí la militancia desinteresada y emitir un sello condenatorio contra los engarces habituales de la movilización colectiva. Esa batalla la perdió el Gobierno. Y también la sociedad, aunque ella no se haya dado cuenta.

Fue la pepita de oro encontrada para hacer creer, luego, que el máximo atentado contra la institucionalidad vigente –un vicepresidente considerado por el periodismo pendenciero como un “obispo entre infieles”–, sea considerado un gesto republicano y no una grave alteración del cuadro constitucional. Juristas destacados, políticos éticos y analistas sesudos –es fácil conseguir esos títulos en la fábrica de certificados de la alta prensa nacional– insisten en que ese hombre, vicepresidente de marras, cumple correctamente su misión y nada importan los actos secesionistas que se producen por el solo hecho de estar sentado en esa silla, como Kagemucha, el criado japonés. Este hombre trivial con sus ávidos asesores de otros carnavales, ha descubierto que hacer política es quedarse apenas sentado, dejando un recado cismático cotidiano en el seno del Estado con sólo poner sus posaderas en una angarilla del Senado. En esta institucionalidad dividida, su voto tiene valor catastrófico, revelando cómo un sistema que se postula republicano se desgarra por la presencia del hombre sin cualidades, sin dignidad, pero con su trasero en el “juste lieu”. Los empalagosos citadores del republicanismo trucho –no del verdadero, el de los fundadores de la teoría política– lo consideran una curiosidad, como quien mira un grato desfile de la Reina de la Vendimia. Esta batalla la está también perdiendo el Gobierno. Y la sociedad, aunque ella no se dé cuenta.

Se recordará esta época como la de los petimetres que ponen en vilo a un gobierno haciendo declaraciones en la puerta de sus petithotels del Bajo Belgrano. ¿Qué puede decirse? ¿Que en esa situación se debieron cuidar procedimientos? No cabe duda. Pero otra cosa es el infortunio de las instituciones, que por un espectacular equívoco se cree que son defendidas por estos personajes que conocen y usufructúan de las características de una sociedad con profundas corrientes refractarias al cambio, a la gran aventura libertaria del vivir y a la innovación política. Léase a la prensa hegemónica en su combate ciego: una palabrita suspicaz del FMI es recibida con regocijo por los adversarios del Gobierno, pero al otro día pasarán por “antiimperialistas” proclamando la protección de las reservas, a la tarde saludarán a algún enviado de Estados Unidos proclamando la cartilla “demigolpiste” de los académicos latinoamericanos reciclados en los partidos conservadores norteamericanos, a medianoche podrán sentirse “atropellados” con Redrado, alborozados con la jueza Sarmiento, anunciar a la siguiente mañana la suspensión de la ley de medios audiovisuales con vergonzosas coartadas de bufete, y al caer la noche del otro día promover una depuración robespierreana de la república, los “virtuosos” contra los “corruptos”, con un moralismo simplificador que no pocas veces fue el sustrato de dictaduras mesiánicas. Y a la hora del té podrán observar como togados imperturbables de alguna academia internacional que se está “sobreactuando” en la protesta por la explotación petrolífera en Malvinas. Y los fines de semana, los editoriales en comandita de los grandes medios, augurando “el fin del ciclo” o preguntándose con un halo de ingenuidad “¿cómo harán para mantener el poder en los dos años que faltan?”.

Todo está sujeto a escarnio en el país. Así no es posible restituir la pertinencia de la palabra pública en la nación, dicha como soporte invisible de su armazón moral. Acciones de progreso colectivo y social evidentes corren peligro ante un nuevo reaccionarismo que supo expropiar los estilos reivindicativos y militantes, anexándolos como “ala de los luchadores” en la procesión neoconservadora. No hay fórmulas probadas para desarmar este enorme equívoco detrás del que corre una parte sensible de la sociedad. Pero en algún momento podrán aparecer los equivalentes del “discurso de Agincourt”.

* Sociólogo, profesor de la UBA, director de la Biblioteca Nacional.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Los poetas

Por Sandra Russo

(Publicado en Página 12 el 29 de noviembre de 2008)

Hay que cuidar la idea de la batalla cultural para que no se convierta en un lugar común, en un entremés del habla pública, en una zona habilitada para vehículos todoterreno. Hay que cuidarla del lugar común porque los lugares comunes, en el lenguaje, diariamente llevan a cabo su paradoja: cuanto más comunes y frecuentadas son algunas expresiones, menos se cree en ellas; dejan de ser palabras dichas por personas, para convertirse en implantes siliconados del discurso.

Dicho esto, me pregunto: ¿qué tan importante es para nosotros la poesía? Me lo pregunto no internándome en un altillo a leer a Pessoa o Ungaretti sino saliendo a la calle. Me lo pregunto, por ejemplo, en un patio de comidas de un shopping. ¿Qué tan importante es para nosotros la poesía? O en una sala de espera de dentista, o en la peluquería. Hace unos años hubo un cambio de tendencia, y en las peluquerías clase A hay revistas de actualidad, pero también de diseño y arquitectura. Todas las mujeres leemos, en la peluquería, las de actualidad; nunca vi a nadie leer las otras. En los consultorios médicos, en cambio, lo que hay son revistas dominicales de diarios, y revistas de actualidad muy viejas: uno allí lee cómo se enamoraban los ídolos que ya se separaron. ¿Qué tan importante es para nosotros la poesía, visto y considerando que a pesar de cómo seamos y qué pensemos y dónde vivamos y a quién votemos la poesía sigue siendo la palabra que usamos en el racimo de momentos inenarrables que a cada uno nos toca? ¿Es absurdo, por ejemplo, exhortar a los peluqueros y a los médicos a que ofrezcan para esas esperas libros de poesía? ¿No estaría bueno convertir esa espera en la oportunidad de un hallazgo?

Hace unos años, cuando era legislador porteño, el querido Elvio Vitali presentó el proyecto de la Pensión para los Escritores y Escritoras de Buenos Aires. La Comisión de Cultura acaba de dar dictamen favorable, pero, ¿adivinen qué? Ahora el asunto lo debate la Comisión de Finanzas. El recorrido probable del proyecto que intenta socorrer y amparar sobre todo a los poetas es el que siempre experimenta la cultura cuando se enfrenta con las finanzas: pierde. La cultura solamente tiene chances si las finanzas están pensadas en función de una política. Por eso me pregunto qué tan importante es para nosotros la poesía, haciendo un paneo rápido por las historias de esas decenas de hombres y mujeres que en toda época, pero sobre todo en las recientes, cultivaron un arte que iba a contracorriente de todo: del mercado editorial, del gusto general, de los respectivos gobiernos, de las tendencias literarias, de los beneficios económicos, de la fama, de los contratos, de la aprobación del padre y de la madre. Hombres y mujeres que custodiaron la poesía argentina para que tengamos una. ¿Queremos o no que haya una poesía argentina? De los poetas podemos esperar poesía, pero por qué esperamos tanto, tanto sacrificio. Nunca son poetas que viven de la poesía. Nunca es gente que trabaja de lo que sabe. Nunca pueden alimentar a sus familias o comprarse un saco con el trabajo creativo que eligen y para el que están dotados. Esos hombres y mujeres han sido y son torneros, empleadas administrativas, cajeros de banco, traductoras, gestores, cualquier cosa, se han ganado la vida como pudieron, casi nunca nombrados los Empleados del Mes. Muchos de ellos y ellas contrajeron con la poesía un compromiso que los condenó a una vejez sin red, sin reconocimiento, ni serenidad.

Me pregunto qué tan importante es para nosotros la poesía, porque como sociedad maltratamos tanto a los poetas que parece que no nos importara. Y sin embargo, pensemos como pensemos, en nuestras vidas privadas, en lo hondo, en lo que no le contamos en nadie, yo creo que siempre estamos esperando la dosis de poesía que nos corresponde. O que guardamos allí, en el motor que nos empuja cada día a hacer las cosas, los dos o tres momentos en los que la poesía se nos hizo presente y nos sentimos seres extraordinarios, de otro orden.

Lo de la batalla cultural y los lugares comunes, que mencioné al principio de esta nota, obedecían a que es necesario leer el tratamiento de este proyecto de ley desde esa perspectiva. En la batalla que perdimos, en la que idolatró el consumo desenfrenado y la desaprensión social, también perdieron los poetas. Ahora hay una oportunidad de reparar ese abandono. Deberíamos tratar a los poetas como a lo que ellos hacen, como a lo que ellos mantienen vivo, y sí nos importa y sí nos refleja. Eso que nos permite ver lo invisible, oír lo inaudible y asistir a la fiesta a la que no nos invitaron. Como en este poema de uno de los enormes y olvidados poetas argentinos, Edgar Bayley:

Los desiertos reales

Los desiertos reales

los mares imaginarios:

no hay palabras para elogiar a esta magnolia

tampoco hay forma de destruir las palabras

ni el oficio de florista.

(Guarden compostura:

en la soga de colgar se agita la flor blanca)

una tez de flores de cerezo:

la última gota de sangre

los desiertos reales

los mares imaginarios

no pueden compararse a esta magnolia.

martes, 4 de noviembre de 2008

La Argentina emboscada

Publicado en la edición del 4 de noviembre de 2008, en Página/12.

Por Horacio González


Algo grave, emboscado, ha ocurrido en el ámbito del pensamiento argentino. Algo injusto, destructor de símbolos, ha ocurrido en el ámbito de la convivencia. La injuria fácil parece ahora conducirnos. Un arrebato sin arte ni compasión compone fáciles escenas de masacre. En tiempos sin continencia, donde sólo se posee el atributo de la honra, se ataca la conciencia de las personas. Se ataca el nombre y su estima, aquello que es el elemento impalpable y frágil, lo más vulnerable que se tiene y lo que es más susceptible de culpa. Ahora, una parte importante de la política recae en un oficio turbio: destruir la honra, el nombre que sostenemos, los pocos hechos que nos animan para considerarnos partícipes de lo absolutamente humano.

De seguirse así, el impulso comunitario, el ser genérico convivencial, amenaza con desaparecer. El ataque contra Mercedes Sosa, León Gieco, Teresa Parodi y Adriana Varela es una novedad absoluta en estos 25 años de democracia. Vivimos tiempos en que corre peligro la conciencia autónoma. Difícil es describir el modo en que se está vulnerando la idea de que se actúa por actos libres, autorreflexivos. De a poco, agazapado en penumbras, avalado por moralistas de alcantarilla y dictaminadores de fangal, se introduce la idea de que no hay actos libres. Que las personas actúan sin fe deliberativa ni autorreflexión. Que van inducidas a los actos, que los déspotas le suministran estipendio para que se revele una vez más que los artistas populares acatan mandos y cobran por ventanilla. Sólo a la Argentina emboscada se le ocurren estos pensamientos. Y los emboscados, con su saber oscuro, van por los símbolos. Los hostigan publicando fotocopias, mendacidades e insinuaciones. No bajan la imputabilidad unos años, deciden que todos son imputables. No hacen apenas como Standard and Poor’s. No sólo suben el riesgo, sino que nos hacen a todos riesgosos.

Los emboscados quebrantan símbolos. Una hipótesis genérica y totalista sobre la corrupción como gangrena diabólica justifica la emboscadura, la teología folletinesca de los redentores. Un país, este país, si marchase a tener un solo concepto de cuño moralizador rigiendo sus conflictos, convertiría a los ciudadanos en robots salvíficos, sospechando todos de todos, esperando a los mesiánicos libertadores y consumiendo mendrugos de información abaratada. En la era del individualismo posesivo, la idea de que lo que consumimos es miedo y no tiempo, mensajes anónimos y no vida pública, va ganando las ciudades. Los emboscados pueden ganarnos. Un oscurantismo puritanista pero sin verdaderos puritanos dictamina que todo obedece a una metáfora de pudrición de la carne. Cuanto más subida la disgregación de la fe pública, más se impone la idea de corrupción como sospecha metodológica que alcanza alturas del verbo originario. La pregunta por el equivalente dinerario –cuánto cuesta un viaje presidencial, un concierto de rock público, un viaje de músicos– es la inversión absoluta del reino de las viejas teorías sobre la dádiva, el aspecto de gratuidad, ceremonial y artesanía republicana que tienen los actos públicos. ¿Cuánto costó escribir el Facundo? ¿Revisaron los libros de la Imprenta Coni a ver si se pagó lo indebido para publicar el Martín Fierro? ¿Alguien financió el 17 de Octubre? ¿Cuántos platos de lentejas recibieron los que pusieron las patas en la fuente? ¿Cómo pudo pagarse Martínez Estrada el viaje a Cuba si ganaba trescientos pesos? ¿Cuál era el sueldo de Scalabrini dirigiendo la revista Qué? ¿Tenía Leopoldo Lugones una jubilación de privilegio? Los emboscados hacen sus preguntas y empequeñecen la vida cívica. No hay más dones, solo hay mercancías.

Los emboscados consideran que todo el Estado está enredado en los hilos de la putrefacción. Con su mesianismo inclemente hacen retroceder el lenguaje político a las épocas de Savonarola o del Gran Inquisidor. En vez de crear un sentimiento de reparación social que obligue a reconstruir las instituciones públicas con nuevos saberes y críticas reparatorias, no basadas en el fácil escándalo, sino en la capacidad de recrear la política sin tinglados en las sombras, eligen la purificación exasperada, dirigida sobre el pobre ciudadano atrincherado, cuya modesta salvación advendría entonando el credo contra “la época más corrupta de la historia”. La andanada de salmos de los emboscados no contribuye a refundar la necesaria cautela republicana contra los abusos; lleva a la demolición de la institución pública. No otra cosa significa el ataque contra los cantantes populares que en este extenso ciclo histórico se han asociado, por decisión autónoma y convicción social, a los horizontes populares y democráticos, cualesquiera sean. Un artista popular es una conciencia atravesada por los ríos complejos de un momento social. Ellos supieron ser autores de himnos colectivos, recreadores de clásicos olvidados de la lengua musical del país o dieron su voz como sello irreversible, como un bien intangible que fijaba con la mediación del trovador, una queja o una exhortación pública.

Al artista popular lo acechan poderes, dubitaciones constantes sobre su condición de payadores en la era mediática, en el difícil equilibrio entre el compromiso social y el inmediatismo de la política. ¿Quién podría afirmar que los baladistas y cantantes mencionados no representan cabalmente ese drama, convocados por poéticas de vasto arraigo, actuando entre las fronteras de la masividad y de las exigencias de que no sucumba en lo meramente multitudinario el necesario impulso creativo, el timbre original y elevado que debe tener el misal de los desposeídos? Quizá son menos trágicos que Jimi Hendrix o Elvis Presley, cuya filmografía ensayaba en sus comienzos ciertas críticas a la industria cultural. Pero por diferentes motivos se hallan de una manera u otra vinculados con el destino de Charly García, que sumido en hondo drama, lleva el pensamiento sobre el país hacia los límites de la alegoría intensa, a veces arrebatadora, a veces ingenua, casi siempre sobrecogedora. Los monjes de la emboscadura reinante quieren desmerecer a estos músicos con el mecanismo de la indagatoria de trastienda, la seudoinvestigación sobre boletas y comprobantes de vuelo, la vigilancia contable sobre lo que sea, sobre el legado de Violeta Parra o sobre los recuerdos de Antonio Tormo. Los emboscados saben lo que hacen. Esperan su cosecha con la guillotina preparada, esta vez para declarar que se avecina el fin para un ciclo que se llamó de los derechos humanos y que no significa otra cosa que preguntarnos si podemos seguir siendo un país, no una factoría de denuestos.

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lunes, 23 de junio de 2008

Encuentro de poetas en Córdoba

Entre el jueves y sábado de la semana próxima se realizará en la ciudad de Córdoba la tercera edición de “El presente de la poesía”, un encuentro del que participan poetas de varias provincias del país. En esta oportunidad, se organizaron homenajes al cordobés residente en Villa Dolores, Alejandro Nicotra, y al salteño Jacobo Regen.
La organización del encuentro está a cargo de la secretaría de Cultura de la provincia mediterránea y tiene como sede la Biblioteca Córdoba, dependiente de ese organismo oficial. Los poetas Susana Cabuchi y Claudio Sánchez son los responsables de la programación, que consiste en lectura de textos a cargo de los poetas invitados y de trabajos de crítica sobre poesía.
Además de Regen y Nicotra, asistirán María Teresa Andruetto, Julio Castellanos Ana María Cossio; Graciela Di Bussolo, Silvio Matón –de Córdoba-; Daniel Freidenberg, Javier Aduriz, Sara Cohen –de Buenos Aires-, Eduardo D’Anna y Concepción Bertone –de Rosario-; Gerardo Burton –de Neuquén- y Amira Juri –Tucumán-, entre otros.
La apertura será el jueves en la biblioteca con discursos a cargo de José García Vieyra, secretario de Cultura de la provincia, de la presidenta del Colegio de Escribanos cordobés, Nidia Lasagna y del director de Letras y bibliotecas, el poeta Julio Castellanos.
A continuación, comenzarán las lecturas de poemas y crítica, que serán el eje de las tres jornadas y se desarrollarán el viernes por la tarde y el sábado por la mañana. El encuentro concluirá ese mediodía con el homenaje a Regen y Nicotra.
Regen nació en Campo Quijano, Salta, en enero de 1935. Seg´un la crítica Miriam Fuentes, "su poesía refleja palabra y acto, posee la síntesis coherente, limpia y fiel de quién ya lo ha visto todo, de quien ya profundo e intenso como un pozo ha vivido adentro de la piel misma y breve del verso".
Publicó varios libros de poesía, entre ellos "Seis poemas" (1962); "Canción del ángel" (1964); "Umbroso mundo" (1971); "Canción del ángel y otros poemas" (1971). En 1984 se editó, por medio de la Dirección de Cultura de Salta, su obra "El vendedor de tierras", que fuera distinguido con el Primer Premio Concurso Anual de Poesía para Autores Éditos. En 1991 apareció su antología "Poemas reunidos".
Alejandro Nicotra nació en Sampacho en 1931 y vive en Villa Dolores, Córdoba. En 1994 recibió el Premio Konex Poesía correspondiente al quinquenio 1984-1988. Es licenciado en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Córdoba. Obtuvo varios premios: Premio Nacional "Iniciación" otorgado por la Comisión Nacional de Cultura, 1951; Premio Regional de Literatura otorgado por la Dirección Nacional de Cultura, 1960; Premio "Arturo Capdevila" otorgado por el P.E.N. Club Internacional, 1968; Premio "Leopoldo Lugones" otorgado por la Universidad Nacional de Córdoba, 1969; Faja de Honor otorgada por la Sociedad Argentina de Escritores, 1977 y Premio "Esteban Echeverría", 1991. Es miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras, desde 1990. Colabora con los diarios La Nación, La Prensa, La Gaceta y otros, y fue director de Cultura de la Municipalidad de Villa Dolores, 1992.
Entre sus libros publicados figuran "El tiempo hacia la luz" -1967; "Detrás, las calles" -1971; "El pan de las abejas y otros poemas" -1983; "Puertas apagadas" -1986; "Desnuda musa" -1988.

domingo, 22 de junio de 2008

La política en manos de la oposición mediática

Por Nicolás Casullo

Se habita un tiempo donde lo mediático roba casi todo lo real de la realidad. La carencia de ideas y programáticas de una oposición política no constituida definidamente, provoca que esta ausencia haya sido reemplazada, cooptada, tal vez casi de manera definitiva, por la lógica de la información de masas (movilero, locutor, entrevistador, periodista analista). Una lógica mucho más eficaz, y con sello de época, en la trama de la sociedad, donde los medios en su “no hacer política” hacen la sustancial política diaria que confirmaría la imprescindible muerte de la política, dejada atrás como lo zángano y corrupto en la vida de los argentinos.

Una lógica periodística del slogan, de la frase compactadora, del título fuerte, del copete “síntesis”, del dato gancho, del impacto efectista, del hallazgo ocurrente, del reduccionismo de corte publicitario “en tres palabras”. Una lógica de la trasmisión diaria en cadena de todos los informativos. Una lógica mediática bandolera, cuyo oficio totalizante ha devenido desvalijar los hechos centrales, quitar del medio los sentidos que importarían ver debajo de la hojarasca, sustraer los significados. Cumplir entonces puntillosamente el repertorio conservador, reactivo y antipolítico del statu quo permanente, mientras se almuerza con Mirtha Legrand: un sentido común esparcido, siempre logrado, que el dominio entre bambalinas del país y las apetencias del mercado capitalista necesitan para explicar el mundo. Todo se “compra”, todo se “vende”. Por lo tanto lo único cierto es “el mercado”. La mercancía informativa expone un supuesto mundo a su imagen y semejanza, como lógica que rotula y marca tecno-masivamente a la ciudadanía.

Ejemplo uno de atraco mediático. La Presidenta dijo en la Plaza: “desde una corporación, cuatro personas a las que nadie votó, a las que nadie eligió, se reunían, deliberaban, decidían y comunicaban al resto de los argentinos quién podía andar por las rutas del país y quién no”, significando que ningún sector o instancia civil puede asumirse ese poder, salvo el Estado y el gobierno elegido por voto, que puede plantearse esa acción interruptora bajo conmoción o conflicto grave interno y externo, o en circunstancias excepcionales de un orden amenazado. Los grandes medios gráficos, radiales e informativos concentrados, transformaron sin embargo inmediatamente esa frase sobre los representantes del agro, en: “cuatro personas a las que nadie votó”, como si la Presidenta ignorase algo que sabe hasta el menos avezado de los ciudadanos: que efectivamente fueron votados, gremialmente, para gobernar las normales tareas de cada asociación. Pues bien, sobre esa falacia extrema de poda mediática, se montó el mayor sintagma explicativo de las últimas 72 horas para recalentar las aguas del conflicto.

Ejemplo dos de sustracción mediática. Durante estos cien días y pico de dura protesta que planteó el lockout agrario, un acontecimiento extraordinario superó al resto de las noticias, de los datos, cifras, diferencias y voces. Y ese suceso fue el corte de rutas o tractorazos permanentes que asolaron el país, lo desabastecieron de alimentos, suministros y libre paso de la gente, hasta alcanzar grados de caos y de sociedad “en abismo”. Pues bien, en todo este lapso no hubo ni varios programas, ni los necesarios, ni un solo programa (desde los medios de masas más concentrados y de buena audiencia) que se haya dedicado exclusiva y totalmente a tratar, señalar, reflexionar y condenar con pelos, argumentos, señales, voces y comentaristas esta producción reaccionaria sobre la escena nacional: el país cautivo por los “buenazos mateadores” de las banquinas. Por el contrario, el accionar mediático provocó una inmensa platea social, para la cual ese dato vertebral y nocivo a una institucionalidad democrática con su régimen de partidos, fue absolutamente naturalizado, neutralizado, aceptado, velado en los reales sentidos que portaba de violencia, autoritarismo y brutalidad anticomunitaria.

Qué te digo cuando te digo

Tanto uno como otro ejemplo de manipulación mediática (entre otros) que involucran nada menos que la palabra presidencial y la operatoria anticiudadana mayor de estos tres meses, grafican claramente el estado mental y de conciencia de gran parte de los argentinos, en cuanto a saber de qué se tratan las cosas, que está sucediendo en su país, qué está en juego en los desacuerdos, y qué representan los diversos actores de la escena.

Puede decirse entonces, como perspectiva de comprensión de la crisis nacional, que la posibilidad de avance hoy de un gobierno democrático institucional (que se autoidentifique con amplios sectores populares sufriendo distintos grados de injusticia y postergación de sus derechos sociales) pasa también y de manera cada vez más acuciante por una instancia de desmontar diariamente un orden que cuenta las cosas (para la probabilidad de modificar tales cosas).

Una contienda que sin duda no remite a ninguna Secretaría de Cultura ni a un Ministerio de ciencia pensado casi exclusivamente para la tecnoindustria, sino que remite a la pura política actuando culturalmente, en estado de constante actualización de sus concepciones de masas, hacia las masas y con las masas. Teniendo en cuenta que la disputa neurálgica en nuestra democracia –en un mundo como el actual bajo dinámica transcultural de derecha– es quebrar constantemente disposiciones interpretativas dominantes. Querellar un orden de los imaginarios en cada coyuntura. Expropiar dimensiones simbólicas de masas educadas y formadas por los propios adn del sistema de alienación en su edad audiovisual expandida. Compenetrarse del clásico, y para algunos superado, tema de las ideologías y de las clases sociales, tal cual enseñaban los libros marxistas tan vendidos en la calle Corrientes años atrás.

En la Argentina de estos días se evidencia que el debate por los significados es una lucha comunicacional de masas donde se juega suerte y destino de cada política. Algo similar sucede en América latina. La época democrático popular y todas las izquierdas necesitan un nuevo ensayismo de análisis y de masas cotidiano, que amalgame herencia de sociólogos, de periodistas, de nietos de Jauretche, de intelectuales y cuadros políticos que digan y disputen palmo a palmo conciencias ciudadanas demasiado golpeadas y desorientadas en la última década. Desenredar a las palabras del astuto pastiche mediático de cada jornada. Tratar de llevarlas a un sitio donde les dé de vuelta el aire y las refresque.

Hoy esas palabras, y las definiciones que componen, no muestran. Esconden. Cuando en la “gran radio y la gran TV” se dice tan ecuménicamente “dialogar” se está diciendo en realidad quitar las retenciones. Y cuando se dice pastoralmente “pacificar”, o “buscar la unión de todos los argentinos”, se dice también y solamente quitar las retenciones. Y cuando se hace referencia a un Parlamento con mayoría oficialista por una cuestión de votos, se dice “escribanía para la firma”, “mano de yeso”, o se postula como nueva “calidad democrática” una increíble cámara de legisladores desagregada en “cientos de posturas” cada una por su lado como “las miles de historia de la ciudad de San Francisco” protagonizada por Karl Malden en los ’70.

La “objetividad” mediática

Los medios de comunicación imponen su bestial “diagrama institucional” bajo una horma de mercado que hoy reina soberana. Implantan su matriz de acuerdo a la programación emisora, su valor de lo que sería democracia, la virtud de un votante apolítico que en realidad no debe saber ni siquiera a quiénes elige cuando elige, porque debería votar átomos “libres” de compromisos partidarios. En esa misma dimensión mediática y formativa del espíritu (como dirían los idealistas alemanes del XIX) se organiza un mensaje a repetición con muy pocas variaciones: los gobernadores e intendentes que estructuran la política son todos “rehenes o secuaces de la chequera”, las concentraciones populares son “mercenarios a cincuenta o cien pesos por cabeza”, el Estado de nuestra democracia “una máquina que le está metiendo las manos en los bolsillos a usted señor oyente todos los días”, la adhesión de Hebe de Bonafini a Cristina Fernández “cinco palos puestos sobre la mesa”, y la Presidenta “una secretaria de Kirchner”.

Se asiste diariamente a la desmembración ideológica de lo democrático desde la absoluta irresponsabilidad de los dueños del mensaje, una suerte de aquelarre mediático disolvente de todo valor, y donde no existe propuesta alternativa ni referente ni el menor asombro ante cualquier cosa: estadio societal plausible de ser simbolizado con la pregunta con que Marcelo Bonelli inicia su entrevista con Elisa Carrió la semana pasada en A dos voces de TN: “¿Y doctora, el Gobierno sigue robando?”. O el comentario de un periodista de Radio Mitre a la tarde, Marcelo Moreno, que luego de una entrevista que me hace un programa, de escuchar mis reflexiones críticas al agro, y de cortar la comunicación, cerró el reportaje diciendo al aire: “cuando escucho a este tipo de intelectuales tengo ganas de vomitar”.

Es indudable que en el campo de la contienda política por el significado de los hechos, y sus consecuencias, es donde el Gobierno viene perdiendo terreno en manos de un poder que desgasta, desvaloriza, deslegitima, sin dar cuenta de sus emisiones y sin que nadie le pida cuentas políticas de sus responsabilidades e intereses en los marcos del conflicto. Más allá de sus errores, que los tiene abundantes en la crisis del agro, ése es el dato del presente democrático argentino: si el Gobierno no asume este desafío con el despliegue de todos sus recursos humanos, su proyecto democrático carece de la consistencia persuasiva que la época exige.

Publicado en la edición del 21 de junio de 2008 por Página 12

viernes, 21 de septiembre de 2007

"Una nunca sabe" en la Conrado


Dos acontecimientos confluyen para algarabía del arte neuquino: la reapertura de la Conrado, centro cultural y el estreno, en su escenario renovado, de una comedia dramática que aglutina a un nutrido grupo de artistas de larga, reconocida y fructífera trayectoria en la región. El sábado 22 de septiembre se estrenará la obra teatral "Una nunca sabe" con Paula Mayorga y Chana Fernández.


NEUQUEN.- "Una nunca sabe" es una comedia dramática protagonizada por Paula Mayorga y Chana Fernández, con dramaturgia a cargo de Mayorga y la colaboración del reconocido director Luis Sarlinga. La supervisión artística de la obra así como de la técnica de varieté, estuvo a cargo de Leandro Rosati.

La cita es a las 21.30 horas, en la Conrado, centro cultural, Irigoyen 138 de Neuquén capital.

Una es mujer, vieja, empleada doméstica y también es Otra, que soñaba con ser cantante, amante, feliz; ambas son voyeur y llevan en sus cuerpos las marcas del pasado que aparecen como los viejos recuerdos: a medias y con velos que lo confunden todo. Una y Otra hablan, cantan, gritan, insultan pero, sobre todo, sueñan y recuerdan. El ejercicio de la memoria suele ser el único camino que lleva a verdades ocultas largo tiempo bajo el polvo del miedo: recordar busca liberar.

Desde la cotidianeidad de la labor doméstica aparecen los temas fundamentales de esta época: el abuso, la violencia, la soledad, la explotación, la infelicidad, las suaves maneras de la hipocresía.

"Una nunca sabe" recoge los signos más característicos de la comedia dramática, inscribiéndose en el repertorio de nuevas estéticas que abrevan en el sainete, el grotesco, el varieté, con un lenguaje desprejuiciado, descarnado y, por momentos, de una ternura que desarma.


REPARTO

Actuación: Paula Mayorga & Chana Fernández

Supervisión artística y de técnica de varieté: Leandro Rosati

Libro: Paula Mayorga con la inestimable colaboración de Luis Sarlinga

Música: Mario Silveri

Diseño, realización de puesta escenográfica y vestuario: Claudia Ganquín

Operadora técnica: Mabel Bertolín

sábado, 1 de septiembre de 2007

Premio a la trayectoria literaria: diputados recibieron a escritores





NEUQUEN.- Los diputados de la comisión de Cultura, Educación y Tecnología de la Legislatura provincial recibieron el jueves 30 a escritores que impulsan el proyecto de ley de Premio a la Trayectoria Literaria presentado por el bloque del Frente Grande. El encuentro ocurrió ayer en la sala de Comisiones de la Legislatura, donde los escritores Raúl Mansilla, Tomás Watkins y Gerardo Burton expusieron ante los diputados encabezados por la legisladora Cristina Storioni (MPN) los alcances y fundamentos de la iniciativa.
Del encuentro, participaron además los diputados Raúl Radonich –Frente Grande-, Ariel Kogan –justicialismo-, Jesús Escobar –Libres del Sur-; Silvana Maestra, Irma Vargas y Alberto Molina –MPN- y Beatriz Kreitman –ARI-.
El proyecto fue elaborado por el bloque del Frente Grande con la asistencia de los escritores Macky Corbalán, Alejandro Finzi y Burton, y está avalado por la delegación neuquina de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, SEA. Mansilla y Watkins son, respectivamente, presidente y secretario de la institución en el nivel provincial.
Según explicó Mansilla, en la actualidad la SEA tiene, a menos de un año de funcionamiento, un total de 40 afiliados, que es menos de la mitad de escritores relevados en Neuquén. Además de la situación particular del escritor como creador en la sociedad moderna, Mansilla se refirió a la necesidad de un instrumento legal que permita proteger y desarrollar el oficio en la provincia.
En cuanto a la iniciativa presentada, Burton se refirió a la legislación similar existente en otras provincias argentinas, y expuso una comparación de sus contenidos. La diputada Storioni, afirmó que la próxima semana se volverá a discutir en la comisión los alcances de la iniciativa.

jueves, 9 de agosto de 2007

Premiarán a escritores neuquinos

NEUQUEN.- El bloque del Frente Grande de la Legislatura neuquina presentó el proyecto de ley para premiar la trayectoria literaria de escritores y escritoras que hayan nacido o tengan más de doce años de residencia en la provincia. El premio beneficiará a quienes tengan más de 40 años, cinco libros publicados como mínimo en cualquiera de los cuatro géneros –poesía, narrativa, teatro, ensayo literario- y consistirá en una asignación mensual vitalicia equivalente a 36 horas cátedra de nivel medio, sin antigüedad.
En rigor, se trata de unos 2.500 pesos mensuales que permitirán al beneficiario despreocuparse de las necesidades básicas de manutención –vivienda, alimentación, vestimenta- y dedicarse a su oficio. La iniciativa, que fue impulsada por los diputados Raúl Radonich y Pablo Tomasini, y que está en estudio en la comisión respectiva, surgió de una idea de Alejandro Finzi, dramaturgo, y Gerardo Burton, poeta. Ambos están radicados en Neuquén desde la década de 1980. El proyecto está inspirado en premios similares existentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Salta, entre otras jurisdicciones argentinas.
Para la selección de candidatas y cantidatos se constituirá un jurado integrado por cuatro miembros: de la secretaría de Cultura provincial, de la facultad de Humanidades de la Universidad del Comahue, de la Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina y de la filial neuquina de esa entidad.
A continuación se transcribe el proyecto que está en estudio de los diputados neuquinos:

LA LEGISLATURA DE LA PROVINCIA DEL NEUQUÉN

SANCIONA CON FUERZA DE LEY

Artículo 1.-

Créase el PREMIO PROVINCIAL A LA TRAYECTORIA LITERARIA con el fin de defender, promover, difundir y preservar la producción literaria de la provincia. El mismo se otorgará a escritoras y escritores residentes en la Provincia del Neuquén en mérito a la obra publicada, sostenida en el tiempo y de valor para la comunidad en su conjunto.

Artículo 2.-

El PREMIO PROVINCIAL A LA TRAYECTORIA LITERARIA consistirá en una asignación mensual y vitalicia equivalente a treinta y seis horas/cátedra de nivel medio sin antigüedad.

Artículo 3.-

Para obtener el beneficio los postulantes deberán cumplir los siguientes requisitos:

a) ser natural de la provincia y/o tener una residencia en la misma no inferior a doce años en el momento del otorgamiento del premio

b) ser mayor de cuarenta años

c) acreditar una trayectoria reconocida que fundamente el otorgamiento del beneficio.

d) haber publicado cinco libros como mínimo en alguno de los siguientes géneros: poesía, narrativa, ensayo literario o teatro.

e) las obras mencionadas en el inc. d) deberán haber sido escritos en lengua española u originaria del territorio argentino, incluyendo las ediciones bilingües.

f) Los libros deberán haber sido publicados de acuerdo con las normas internacionales para las publicaciones de esta clase, que incluyen: 48 páginas, impresión industrial con datos de tirada e impresor e inscripción en el Registro Nacional de la Propiedad Intelectual y en el International Standard Book Number, ISBN.









Artículo 4

El premio será otorgado anualmente y su entrega se realizará en acto público convocado con ocasión de celebrarse el Día del Escritor (13 de junio)

Artículo 5

Para la selección de los beneficiarios/as se constituirá una Comisión Interdisciplinaria integrada por un escritor/a representante de la Sociedad de Escritores Argentinos nacional, un escritor/a por la filial Neuquén de la misma entidad, un representante de la Secretaría de Estado de Cultura de la provincia y un representante de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Artículo 6

En cada edición se premiará un género diferente entre los enumerados en el Art. 3 inc. d). Los beneficiarios/as del premio quedarán inhibidos/as de presentarse nuevamente en cualquier género.

Artículo 7

El premio podrá ser declarado desierto en el caso de que el fallo de la Comisión así lo determine fundándose en la falta de postulantes o en la inadecuación a las bases del premio.

Artículo 8

Los escritores/as beneficiarios/as del Premio se comprometen a participar, en carácter de contraprestación y a solicitud del órgano de aplicación, en actividades oficiales con carácter de: jurados en concursos literarios, recitales o lecturas públicas, conferencias u otras actividades similares a las mencionadas.

Artículo 9

El órgano de aplicación será la Secretaría de Cultura de la Provincia, la que en un lapso de 120 días posteriores a la publicación de la presente ley determinará Las Bases y Reglamentaciones para su aplicación.

Artículo 10

Las erogaciones que demandará la instrumentación de esta ley serán imputados al Presupuesto de la Provincia del Neuquén.

Artículo 11 :

Comuníquese al Poder Ejecutivo.


FUNDAMENTOS

Nuestro país se ha caracterizado por producir una gran riqueza literaria que es ampliamente reconocida por su diversidad y calidad, tanto en Latinoamérica como en el mundo. Es el resultado de un gran esfuerzo cultural que debe ser reconocido como patrimonio colectivo y columna vertebral de una sociedad, ya que permanecen de ella las obras que definen sus características, su originalidad y su identidad.

Como dice el filósofo y escritor José Pablo Feinmann: “La cultura es nuestro rostro. Es eso que permite a los demás vernos y reconocernos. Somos lo que hemos ido haciendo de nosotros, y esto es la cultura: lo que hacemos de nosotros. La cultura, entonces, es una construcción. Es lo que una comunidad ha ido eligiendo, el ser que se ha ido dando y que coherentemente, ha terminado por configurar un rostro. Una identidad, si preferimos decirlo así.”

Por eso una sociedad no tiene futuro si abandona a quienes abonan con su arte el destino de un pueblo.

En este sentido los escritores/as realizan una contribución fundamental, cuya amplia significación social es recogida por la comunidad para la que los creadore/as trabajan, ya que el sello que imprimen en sus obras es la expresión de la idiosincrasia de un pueblo, en nuestro caso neuquino y patagónico.

Esta fecunda tarea realizada por los escritores/as es un verdadero oficio, una labor profesional, que requiere dedicación, constancia y continuidad.

Sin embargo son escasos los que viven de los derechos de autor que perciben por sus obras, la gran mayoría no logra vender la cantidad de libros suficientes para vivir dignamente.

La publicación de la mayoría de las obras se realiza en pequeñas editoriales independientes que en pocos casos invierten en la edición. El denominador común es que deban pagar las ediciones de sus propias obras, lo que además de limitar su cantidad y calidad, impide la adecuada distribución y difusión en los medios de comunicación, más ocupados en las modas culturales que en su diversidad y creatividad.

Por otro lado, por no tener una relación de dependencia laboral clara, carecen de beneficios jubilatorios y de servicios sociales que les brinden cobertura médica.

El prestigio que implica ser escritor/a casi nunca se corresponde con la realidad material de quienes se dedican a este oficio; salvo por su reconocimiento moral, el que muchas veces llega solo después de muerto.

Desde hace unos años, la Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina, SEA, está gestionando diversos beneficios para sus afiliadas/os. El primero fue obtener una cobertura social asistencial para los escritores/as desocupado/as o sin aportes formales. El segundo es un proyecto de ley actualmente en el Congreso nacional para lograr una jubilación para quienes no hayan aportado durante su vida como trabajadores/as activos/as.

La presidenta de la SEA, la poeta Graciela Aráoz, dijo, al fundamentar las iniciativas de la entidad que “en general, los escritores viven de otros trabajos o se hallan desocupados; sólo una mínima parte puede dedicarse a trabajos en ámbitos afines a su actividad específica.”. Agregó que muchas veces los escritores “mueren en la pobreza, olvidados, después de haber dedicado sus vidas a la literatura, dejando libros que los trascienden y, vaya paradoja, muchas veces no hay lugar donde velarlos o no tienen ni con qué pagar su propio ataúd”. Sin dar nombres de quienes murieron en la precariedad más grotesca, Aráoz aseguró que la SEA considera que existe una “postergada reivindicación para con los autores argentinos.”

En la provincia de Neuquén también existen ejemplos de lo antedicho: Milton Aguilar, Juan José Brion, Irma Cuña, entre otros; quienes al final de su vida no encontraban garantizado su sustento mínimo, más allá de las mínimas pensiones o haberes jubilatorios que percibían. Como es conocido, su producción literaria se veía obstaculizada por esa precariedad económica en que vivían.

Esta situación resiente la cultura de un pueblo, socava los cimientos de su creatividad, oscurece su futuro. La desidia con que se trata a los artistas es un reflejo de la opinión que una sociedad tiene de sí misma y de su voluntad para construir la propia identidad cultural.

No ocurre así en otras naciones donde la actividad literaria está profesionalizada y existe una carrera demostrable desde todo punto de vista, a la que contribuyen tanto editores, gráficos, agentes literarios, libreros, como instituciones oficiales -gubernamentales o no- y el público. En esos casos todos los sectores intervinientes reconocen y admiten que el trabajo literario debe ser remunerado. Sin embargo, en la Argentina en general y en nuestra provincia en particular, hasta ahora no es así.

Con los antecedentes mencionados y considerando que es un deber ineludible del Estado apoyar con fondos suficientes a nuestra cultura, defendiendo y auspiciando a los creadores/as, se propone el presente proyecto de PREMIO PROVINCIAL A LA TRAYECTORIA LITERARIA, como un aporte para resolver algunos de las múltiples dificultades por las que atraviesan.

En el articulado se definen los requisitos para acceder al beneficio, la integración del jurado que realizará la selección y el órgano de aplicación correspondiente.

La asignación económica propuesta se asocia a la remuneración percibida en el ámbito educativo bajo la convicción de la profunda imbricación que existe entre las dimensiones cultural y educativa, ya que la educación permite la apropiación de los valores culturales que una comunidad promueve como modalidad de existencia. Como sostiene el autor ya mencionado: “deseamos crear una cultura propia y educar en ella a los nuestros”, así la educación y la cultura serán pilares básicos en la construcción de una comunidad democrática e incluyente que reconoce el derecho de todos los habitantes de acceder a los bienes culturales.

jueves, 26 de julio de 2007

Rep: "Borges es como los Beatles"

Un tipo de barrio, con vacaciones urbanas en Boedo y rurales en Corrientes. Nació hace 45 años en San Isidro pero su familia se mudó de inmediato a Buenos Aires. Ahora sostiene con sus tiras y sus personajes, la vida cotidiana de muchos de sus semejantes. Es ingenioso, pero prefiere el genio. Es lúdico, pero apuesta al “rigor de la literatura”. Se trata de Rep, Miguel Repiso.


Gerardo Burton
mailto:gburton@rionegro.com.ar


Miguel Repiso, Rep, parece el abuelo andaluz que, en la siesta correntina de Santa Lucía, cerca de Goya, lo inició en las virtudes pedagógicas del caramanchón. “Si te portas mal, viene el caramanchón”, recuerda Rep que le decía su ancestro, que hacía honor al frondoso imaginario atribuido a los nacidos en esa provincia española, tan árabe y gitana.
Rep es idéntico: salta de un tema a otro, no se detiene en el juego de ingenio que utiliza términos religiosos para definir su arte –“la tira es una epifanía”, por ejemplo- y de inmediato asegura “no creer en las musas ni en que el artista sea un médium de no se sabe quién”.
Sus opiniones sobre arte y literatura, dos disciplinas que roza desde su actividad como humorista, son polémicas. Y también se define como “distinto” del resto de los dibujantes de humor. Sabe que puede abordar todos los temas, inclusive los que pueden aparecer como un tabú porque “yo acompaño en el sentimiento, salvo cuando tomo distancia”. Y, finalmente, recuerda que todo es trabajo y laboratorio, que nada es casual que la inspiración llega “cuando ya hay pensamiento e ideología”.
En Neuquén, Repiso presentó los dos libros editados por Sudamericana: “Rep hizo los barrios” (revisitado) y “Bellas Artes”. Dijo que esos dos volúmenes le interesan más que el reciente que trabajó sobre Julio Cortázar, una suerte de introducción a la literatura del escritor, con textos de Carlos Polimeni.
Alude a la presión del trabajo en su estudio de Recoleta –a 15 cuadras del barrio del Retiro, donde vive en Buenos Aires- y recuerda cuando en Página/12 le pidieron una ilustración de Palermo: “lo hice de memoria, yo estaba en Gesell y mandé el dibujo”. Después le pidieron que siguiera, y así tuvo los 47 barrios porteños –que no cien- para el libro.
Luego de agotarse la edición, lo revisó: “ahora son revisitados, porque en el medio están los noventa. Es decir, el libro empieza antes de la convertibilidad y ahora los ve después de la devaluación: la ciudad es otra desde 2001”.
En cambio, “Cortázar fue a pedido” a diferencia de los anteriores -Bukowski, “que acepté porque tenía curiosidad por su poesía”; Borges “por adhesión placentera absoluta y porque me sigue dando placer”; luego vinieron Kerouac y Gramsci. Con Borges, “no sé qué pasa, nunca se va a acabar, es como los Beatles”.
Pero Cortázar “nunca fue de mis elecciones porque yo reniego mucho del ingenio, me gusta más el genio”. Se trata de “alguien que jugaba con las formas pero no tanto con el contenido. A la literatura se le pide más rigor formalista; en la historieta es bienvenida la actitud lúdica. Uno se hace historietista o libretista, dibujante de los medios de comunicación para hacer un trabajo de evasión”.
Y en ese punto afirma no saber “adónde voy a parar. Me reconozco como un dibujante y un humorista distinto de los demás. Soy un rayano a la plástica y a la literatura. No soy Condorito ni Patoruzito”.
Consideró que “no voy a ser plástico. No sé dónde voy a ir a parar porque mi curiosidad es como un imán, y tuve la suficiente apertura como para que en mí caigan un clavo del ensayo, una tachuela de la plástica, un tornillo de la literatura, van cayendo en mi trabajo, en un imán que no tiene ninguna de esas purezas. Soy una especie de librepensador al servicio de los demás, no tengo una actitud plástica de exponer para unos pocos ni en la literatura para entrar en el canon. Mi formación es la Pequeña Lulú, Anteojito”.
Se autodefinió como “un dibujante horizontal: barrial y rural” aunque como humorista es “vertical, urbano”.
La diferencia radica en que “dibujo como un paisano, no como un exaltado urbano –Sábat, rayano con la plástica y Quino-, que hablan de los demás pero poco de sí, se enmascaran mucho. Hablar de mí es como hablar del barrio, del campo. De esas casitas bajas, agarrables, y un pueblito y un barrio en damero.”.
-¿En qué trabaja ahora?
En una selección de las tiras; tienen que quedar 150 de un total de más de tres mil. Van a publicarse pintadas. Con acuarelas, lápiz acuarelable, anilinas, todo menos computadora. Muchas de las tiras que elegí se publicaron en los diarios con colores indicados, que se les pusieron con computadora. Hay una especie de armonía temática y de sabores que va formando el libro.
-¿Cómo es eso de los sabores?
Claro, no se puede decir que hay una ideología o una temática, hay un sabor. Puede ser un sabor melancólico, o celebratorio, o indignado. Les presto mucha atención a los tonos, a los sabores, a las texturas. A veces hago un montaje, como en el caso de “Postales”.
-¿Cómo es la génesis de sus historietas?
Según el caso. Alguna nace porque escuché una palabra en el subte, otra porque cruzó un pájaro mientras miraba por el balcón, otra puede ser que estaba leyendo un libro y se me ocurrió que podía hacer algo con la revolución francesa. Otra que no tenía ni idea y me metí en la sesión de psicoanálisis de Gaspar el Revolú y lo forcé a decir algo. Hay muy fluidas, otras forzadas y otras te caen; sólo hay que poner la red.
-Está operando sobre sí mismo...
Siempre cuando trabajo lo hago. Se me ocurren cuando me pongo a trabajar. Todo el tiempo me pongo a pensar en algún tema, pero con la tira ocurre una epifanía que hay que concretar enseguida. En cambio, si estoy planeando un libro siempre estoy cambiando el tono, el punto de vista, es como una carga. El libro es distinto. La tira es más instantánea.
-¿Dónde trabaja?
En mi estudio. Nunca en una redacción. El estudio me permite saltar de una cosa a la otra, sin problemas, atender varios trabajos al mismo tiempo.
-¿Siempre hay un vínculo con la realidad social?
Es imposible que no lo haya, porque yo tengo vinculación con las distintas realidades porque es algo que me interesa en lo cual estoy inmiscuido. No puedo estar ajeno. Tengo que equilibrar mi mirada hacia adentro con la mirada hacia fuera. Yo me miro mucho por dentro pero también hacia fuera. Hay tiras para afuera y tiras para adentro. Hay tiras para adentro que a veces son incomprendidas. Muchas veces he escuchado “no te entendí” y ya me acostumbré. Cuando ocurre que, por el contrario, hago empatía con la gente por lo social, por lo colectivo, ahí no me dicen nada, salvo que haya dado una vuelta de tuerca muy zarpada a lo que pasa. Uno de los accidentes de mi trabajo es que me digan “no te entendí”.



LOS SUEÑOS DE LA RAZÓN

La cocina del artista: nada de inspiraciones ni musas; sólo trabajo. Y siempre, la razón cuyos sueños “producen monstruos”, pero en ningún caso es “una idea marciana”. Miguel Repiso aseguró que “en realidad, todo son sueños de la razón”.
-¿Hay alguna similitud entre esa epifanía de la que usted habla y la inspiración que pueden tener, por ejemplo, los poetas?
La inspiración requiere una formación, un pensamiento, una ideología. No creo en el artista-médium que aparece y que uno vaya a saber instrumento de qué fuerza divina es. No. Pienso que uno llega a ese trabajo, aparece la epifanía, aparece la musa o lo que sea, pero tiene que llegar habiendo pensado. Es como un laboratorio de lo que uno ha pensado. No es una idea marciana, no. Es la suma de lo que uno ha pensado, ha razonado y a veces aparece como un monstruo. Como esa frase de Goya sobre que el sueño de la razón produce monstruos. Todo es en realidad sueño de la razón: uno piensa, uno se indigna, uno se enamora... Una vida corriente donde aparecen las creaciones en forma de palabras y mayormente en forma de imágenes. No creo en las musas, creo en la angustia de tener que entregar, en la presión.
-Maestros...
No tengo una formación. Tengo una formación aluvional que es siempre lo que ocurre con los autodidactas. Pero maestros no reconozco la totalidad de ninguno sino muchas elecciones fragmentadas de muchos, y cada vez más. Lo que haría un copista, un plagiario: tomar unos elementos que te guíen la mano y la cabeza. De esos estamos llenos.
-En la Argentina el humor gráfico es muy fuerte, en las distintas épocas políticas.
Grandes disparadores, fuerzas motrices son Quino, Oski, mucho de Fontanarrosa, admiraciones múltiples que hay. Reniego de seguir a uno y lo que pasa es que ellos me han abierto a otros, europeos y a su vez éstos las puertas de la plástica, de la literatura. Es tan grande la influencia que son pequeñas municiones.
-Su arte es una encrucijada donde se cruzan
... los placeres de uno, sí. Qué se pueden cruzar: los placeres, el dolor. En mí es muy importante; soy humorista desde el dolor, he hecho humor con los desaparecidos; con las Malvinas, con la AMIA.
-Es que el humor permite decir cosas que de otra manera no se podrían tolerar...
Igual que con la dramaturgia; se dicen las cosas de otra manera, metafóricas, solapadas. Pasa con el arte en general. No es lo mismo una novela sobre Guernica que el cuadro de Picasso o una nota periodística; hay diferentes lenguajes pero todos están diciendo la misma cosa. Es una distancia la que pone el arte. Ahora qué distancia es, se mide con tiempo, con involucramiento. Yo no tengo la misma distancia con algo que pasa en mi barrio o en mi país que con las Torres Gemelas. Soy humorista, yo acompaño el sentimiento. No escapo al bulto. Pero con las Torres Gemelas yo tengo distancia y lo puedo expresar.

jueves, 21 de junio de 2007

Treinta guitarras para el folklore y el tango


Apareció el disco del Guitarrazo, una orquesta constituida exclusivamente por guitarristas que interpretan música argentina: tango y folclore. Nacieron hace cinco años por iniciativa de Juan Falú y Roberto Calvo, que dirige la agrupación formada por músicos que vienen de conservatorios, escuelas de música, y "muchos que son autodidactas".


Gerardo Burton

geburt@gmail.com

NEUQUEN.- En una tarde gris y fría de junio, en la sala de ensayos de la Casa del Tango del barrio porteño de Almagro, un círculo de guitarristas arranca con "Luna tucumana". Apenas finalizan la interpretación, el director del grupo, Roberto Calvo, anuncia que ya apareció el disco con 15 temas interpretados por el ensamble, un logro que lleva ya dos años de preparación y gestión.

Aplausos y felicitaciones recíprocas interrumpen por un momento el ensayo del Guitarrazo, una orquesta que pone en escena a treinta guitarristas cuyas edades oscilan entre la adolescencia y los 45 años y que interpretan música argentina, tango y folclore. El disco se presentará el viernes próximo en el auditorio de Radio Nacional -en una emisión para todo el país- y el viernes siguiente -29 de junio- en la Casa del Tango, en el mismo lugar donde ensayan hace varios años (ver aparte).

El disco, que comenzó a prepararse en el 2005, tenía "una primera fecha de edición" para septiembre pasado, pero se produjeron retrasos de orden financiero.

Hubo dos sesiones de grabación en estudio, con un paréntesis de un mes entre una y otra. "Conseguimos el dinero", dijo Calvo, "y contratamos el estudio, pero después se paralizó todo".

En marzo de este año, la discográfica EPSA decidió colaborar con el proyecto y se hizo cargo de parte de la producción y la distribución del álbum.

Así las cosas, debieron acelerar los plazos de diseño de tapa y como resultado están las dos mil copias realizadas, de las cuales una parte les queda para vender en forma directa y recuperar la inversión realizada. Con lo que se obtenga "trataremos de mejorar el nivel de instrumentos de la orquesta e incorporar, en lo posible, guitarrones y requintos", indicó Calvo.

El disco representa "el testimonio de estos cinco años de trabajo; es el reflejo de una idea y la materialización de un proyecto que nos incluye a todos nosotros. Asegura la perdurabilidad del ensamble", concluyó.

Calvo está acompañado por Román Giúdice y Eduardo Tacconi en la coordinación de ensayos y arreglos de los temas que interpreta el Guitarrazo.

El disco tiene quince temas, la mayoría pertenecientes al repertorio tradicional argentino y al tango, salvo dos que pertenecen a Giúdice -"El seguidor"- y a Calvo -"Lucía"-. Entre los principales figuran "La olvidada", una chacarera de Atahualpa Yupanqui con arreglos de Calvo; "Libertango" de Astor Piazzolla, con transcripción para guitarras a cargo también de Calvo; "La yumba", tango de Osvaldo Pugliese, transcripción de Tacconi; "La bolivianita", cueca norteña popular, también con arreglos de Calvo; "Pan del agua", rasguido doble de Ramón Ayala, con arreglos de Tacconi; "El seguidor", un gato compuesto y arreglado por Giúdice; "Campo afuera", una milonga de Homero Manzi con arreglos de Hernán Ruiz; una bella versión de "La calandria", de Isaco Abitbol y otra de "Luna tucumana", de Yupanqui. El diseño gráfico estuvo a cargo de Hugo Vietto; Mario Rentero hizo la foto de tapa y Paz Rocco las de interior y la producción general fue responsabilidad de Calvo y Giúdice.

La orquesta está compuesta por aproximadamente más de treinta guitarristas -ocho por cuerda: base, bajo, primera y segunda guitarras-, de todas las edades -el menor tiene 10 años y el mayor alrededor de 60- y de diversas procedencias. Algunos provienen de conservatorios, otros son autodidactas y cultivan estilos totalmente disímiles: rock, tango, clásico, folclore. Muchos aprendieron a leer música dentro del Guitarrazo, explicó Calvo.


CINCO AÑOS DE TRABAJO




NEUQUEN.- En el 2002, Juan Falú convocó a varios guitarristas para tocar el Pericón Nacional en ocasión de celebrar el 25 de Mayo. La idea original era interpretarlo en la Plaza de Mayo, con un ballet folclórico. Respondieron 65 guitarristas.

Durante los ensayos, y a medida que se acercaba la fecha, el escenario fue cambiando: se desechó la Plaza de Mayo y entonces se optó por la feria de Mataderos. También se descartó y entonces se decidió que el pericón se tocaría en el estudio principal de Canal 7. En este último sitio se reunieron guitarristas y parejas de baile; "el piso estaba pintado con la bandera nacional", recordó Roberto Calvo, "y todo estaba listo. Pero la emisión no se hizo, porque las autoridades del canal dijeron que el ensamble no tenía nivel televisivo".

En lugar de disolverse tras el fallido, la iniciativa continuó. Tras un período que se llamó Conjunto Argentino de Guitarras, Falú impuso el nombre de "Guitarrazo" que también era el título de un disco de Luis Salinas y Tomatito. Codirigió la primera etapa con Calvo.

Al comienzo, ensayaban en el auditorio del Centro Cultural de España en la calle Florida, gracias a un acuerdo con su entonces director, Pedro Vives. Luego pasaron a la Casa de la Música, dependiente de la secretaría de Cultura de la Nación hasta que finalmente recalaron en la Casa del Tango, en la calle Guardia Vieja del barrio de Almagro.


Publicado en el diario “Río Negro”, el 20 jun 07.